sábado, 25 de junio de 2011

Muere Peter Falk, el eterno detective Colombo

(1927–2011)
En los círculos de alto ‘standing’ de California se cometían asesinatos imposibles de resolver. Nadie hubiera sido capaz de llegar a la verdad. Si no fuera por la sagacidad de un hombre pequeño y hurón, de aspecto desgarbado, con una garabina que le quedaba grande y un puro inacabado, eterno y representativo de aquellos delitos sin solventar. Comenzaba así un juego de manipulación psicológica, de enfrentamiento con un criminal casi siempre educado y refinado, en un choque frontal que aludía a una batalla de clases en la que siempre ganaba el lado honesto, la ley. En el fondo, la representación de la clase trabajadora a la que pertenecía ese hombre sin nombre, pero un apellido que pasó a formar parte de los anales catódicos y brindó a su intérprete, Peter Falk, el hecho de convertirse en el actor televisivo mejor pagado a finales de los 70.
El actor del ojo cristal, bajito y más bien feo, pasó a ser una estrella memorable. Con el investigador que siempre aludía a su mujer y a su jefe y jamás aparecieron físicamente, Falk obtuvo cuatro Emmys y un Globo de Oro gracias a su más carismático detective. Sin embargo, su capacidad de registros fue ampliándose a lo largo de los años; fue nominado dos veces como secundario, por ‘El sindicato del crimen’, de Burt Balaban y ‘Un gángster para un milagro’, de Frank Capra, estuvo en películas de éxito (‘La carrera del siglo’, ‘El mundo está loco, loco, loco’ y ‘El mayor robo del siglo’), se atrevió con el cine de improvisación de su gran amigo John Cassavetes (‘Maridos’, ‘Opening night’ y ‘Una mujer bajo la influencia’ y participó en películas generacionales como en ‘La princesa prometida’. Según cuentan, fue un hombre entrañable y cercano, amante de su profesión y de la pintura. Con Falk perdemos a ese hombre que, antes de irse, decía aquello de “Bueno… si no le molesta… tengo una última pregunta… porque hay algo que no encaja”.
D.E.P.