martes, 14 de junio de 2011

25 años sin Borges

“Sólo aquello que se ha ido es lo que nos pertenece”.
(Jorge Luis Borges ).
Un conflicto con el tiempo, impugnar ese trayecto para detener la progresión y el desgaste avocado al fin. Borges siempre concibió una lucha obstinada por situar su obra hacia un enfoque del tiempo circular, como avance imperecedero hacia el punto de partida, donde identidad y alteridad se vieran afectadas por ese inherente sustrato filosófico que vertebró su obra; desde su icónico platonismo hasta la forma en que vivió el lenguaje y el mundo. Su vida es indisociable a las palabras y a los juegos semánticos, a la perspicacia y a la cognición meditada. Capaz de encumbrar el sortilegio literario a un entorno contracorriente, supo abrirse paso con pulso a la complejidad de persuasión ancestral que cultiva el relato sobre el lector. Por eso, Borges fue un gran fabulador, paradigma de hombre de letras que ejerce de hechicero a través de las palabras, con multitud de inalcanzables escritos que han quedado como solemnes manuales del perfecto cuentista, aquél cuya imaginación enajena la certidumbre con la perplejidad de lo fantástico. El escritor argentino fue uno de los grandes referentes contemporáneos que perfeccionó el idioma y forjó su reconocible estilo con animadversiones y lealtades. Borges se fue tal día como hoy hace un cuarto de siglo. Y el mundo literario le sigue recordando.