lunes, 23 de mayo de 2011

Una noche memorable para el reencuentro con la infancia

Este fin de semana ha sido uno de los más emotivos y especiales que he tenido la oportunidad de experimentar en muchos años. Este pasado sábado 21 de mayo tuvo lugar una cena que reunió a algunos de los antiguos compañeros y compañeras con los que compartí los mejores años escolares de mi vida. Fue una década inolvidable desde su inicio, cuando teníamos cuatro años, hasta 1989, año de nuestra separación. Hasta entonces había visto esporádicamente a unos cuantos de un modo efímero y transitorio, a otros tantos los sigo viendo cada semana porque continuamos una relación de amistad que va más allá del espacio y el tiempo. Sin embargo, el hecho de poder volver a reunirnos ha sido un privilegiado viaje a nuestra infancia, ocasión única de recuperar un fragmento importante de la nostalgia y la reminiscencia de nuestras vidas comunes, confluidas en un vendaval de agradables sensaciones y charlas. El reencuentro con los compañeros de aquélla letra “A” del Colegio Montessori se ideó hace muchísimos años, pero ha sido necesaria la comunicación 2.0 y cierto esfuerzo basado en un arduo trabajo de investigación (eso sí, muy agradecido) para llevarlo a cabo.
Y por fin ocurrió. En pleno corazón de Garrido, el barrio que nos vio ir y venir, cerca de donde se ubicaba aquel centro docente, se produjo esta esperada reunión que recobró aquellos días desde una perspectiva totalmente distinta como la que impone la madurez y la distancia. El reto se había hecho posible y, de repente, nos encontramos hablando de nuestras vidas, de nuestra situación actual y de nuestro tránsito vital hasta llegar al día de hoy. Recordamos con melancolía los tiempos en que éramos niños, trufados de múltiples anécdotas, algunas muy rememoradas, otras diluidas en el olvido que salieron de nuevo a la luz, cantando las canciones de Don Luis, recopilando información sobre los demás profesores y compañeros, haciendo memoria de un tiempo pasado que, en una sola una noche, nos devolvió a la niñez, al afecto y amistad pretérita que rescató, entre risas y complicidad, la relación perdida durante tantos y tantos años en una retrospectiva alucinante y entusiasta. No me lo pasaba tan bien desde hacía mucho. La diversión se vinculó a un nudo emocional muy fuerte, a la necesidad de recuperar el tiempo perdido, de compartir tantas décadas de vacío con esas personas tan familiares a pesar del transcurso de los años. Veinticuatro amigos acudieron desde todas las partes, encantados con la idea de reestablecer la huella borrada, de disfrutar de una excursión más todos juntos. Algunos no pudieron asistir, a otros se ha hecho imposible encontrarlos. Eso sí, por el momento, la experiencia ha sido tan positiva y entrañable, que ya hay planes para otra próxima, donde esperamos estar todavía muchos más compañeros de aquella clase.
Desde aquí sólo os doy las gracias por acudir a la llamada y por haber hecho de esta velada uno de los más conmovedores encuentros que he tenido el privilegio de vivir. Os quiero mucho a todos compañeros y espero volver a veros muy pronto; Diego, Raúl, Rafa, Mercedes, Silvia, Emma, Cristina, Marta, Álvaro, Nacho, Carlos, Juanan, José Alberto, José Luis, Roberto, Luis, Alma, Mari Mar, Teresa, Eva, Roberto Carlos, Susana, Mauri… Muchas gracias por el esfuerzo.