domingo, 13 de marzo de 2011

Nostalgia en vena: 20 años del primer anillo de los Chicago Bulls

La nostalgia aflora cuando uno ve vídeos como este, cuando contempla que el tiempo pasa inexorable y deja como legado el recuerdo adolescente de una época irrepetible, del entusiasmo idealizado de un deporte que llenó aquellas tardes después de las clases de EGB. Más allá de datos históricos y de memoria numérica sobre aquel primer anillo de los Chicago Bulls en 1991, se impone la reflexión sobre el paso del tiempo. Al fin y al cabo, este tipo de evocaciones se atesoran con cariño de forma individualizada sobre acontecimientos comunes. Han pasado dos décadas, veinte años. Eran los primeros años de devoción por la NBA y el génesis del mitológico equipo de nuestros sueños, aquel comandado por Michael Jordan y Scottie Pippen, el inicio de una de las dinastías deportivas más grandes que ha dado el deporte de la canasta.
Fue la temporada en la que los Bulls exorcizaron sus debilidades de una vez por todas. Lograrían 61 victorias en la fase regular para acabar imponiéndose con una contundencia absoluta a los grandes enemigos de Conferencia, los “Bad Boys”, los Detroit Pistons. La victoria por 4-0 en la final de conferencia les pondría directamente ante el desafío definitivo: los Ángeles Lakers de “Magic” Johnson. Los fulminaron en 5 partidos (4-1) e hicieron plausible la ruptura con la potestad de aquellos años 80 dominados por los Celtics de K.C. Jones, el equipo angelino dirigido entonces por Pat Riley y en menor medida, los Detroit de Chuck Dally y anteriormente los 76ers de Billy Cunningham. Desde que el equipo de Phil Jackson obtuvo su primer título nada sería lo mismo.
Lo de anoche en el United Center de Chicago fue la recuperación, por unos instantes, de aquélla magia perdida, con algunos de los miembros de aquel equipo que hizo que mi adolescencia estuviera plena de ídolos que merecían la pena. Con los números retirados de Jerry Sloan, Bob Love, Jordan y Pippen abanderando el homenaje y ante uno de esos rivales a los que, precisamente, los Bulls han relegado a eterno secundario en las crónicas de aquellas últimas finales del quinto y sexto anillo, los Utah Jazz, la memoria y la melancolía volvieron a apoderarse no sólo de la gente que presenció la velada, sino de todos los aficionados que vivimos aquella gesta y que revivimos por unos instantes todo un vendaval de sensaciones. Todos están viejos y mayores. No parecen ellos. Es el tiempo que deja su seña de identidad. La misma que nos devuelve la sensación de rapidez con la que pasan los años. Jim Durham, la voz que tantos años anunció el quinteto de los Bulls, hizo de maestro de ceremonias. Dennis Hopson, Cliff Levingston, Scott Williams, Will Perdue, Craig Hodges, Horace Grant, Stacey King, B.J. Armstrong, John Paxon y por último, los dos héroes de la afición y de muchos de nosotros, Scottie y el eterno número 23, Michael Jordan, dejaron la impronta de una leyenda irrepetible.
Durante unos instantes, volvimos a revivir el primer éxito del equipo de Chicago. Todavía quedan por venir más reconocimientos al que ha sido uno de los mejores equipos de la Historia. “Gracias por permanecer con nosotros de nuevo en los años 90”, dijo Pippen. Jordan recordó la memoria de Johnny “Red” Kerr, jugador y entrenador de los Bulls durante los 60 que falleció en 2009. “Espero que esta noche recuerde a todos nuestros fans lo especial que aquello fue porque fue nuestro primer título”, decía Paxson horas antes del evento. No cabe duda que muchos de nosotros llevaremos por siempre aquella madrugada del 12 de junio de 1991 como una de las más emocionantes que tuvimos el privilegio de vivir en directo. Michael Jordan dejó claro que el actual equipo de los Bulls, donde Derrick Rose va camino de alzarse con un merecido MVP, no tendrá que esperar los mismos años que Jordan para conseguir un anillo “No, no creo tarde siete años en ganar”. Los Bulls actualmente se están destapando como una de las mejores franquicias con opciones reales de pensar en un título a corto plazo. Los fans del equipo lo estamos deseando. Sin embargo, no será lo mismo. Por eso, la ofrenda de anoche fue tan emotiva.