miércoles, 2 de marzo de 2011

‘Alan Moore: La Autopsia del Héroe’, de J.J. Vargas: la disección de la obra de un mito

A fines de la década de los 70, en Estados Unidos, el mundo del cómic no atravesaba uno de sus mejores momentos. El esquematismo y la reiteración de formulismos dentro del género acabaron por agotarse dentro de los límites del ‘mainstream’ dejando un halo quebradizo en la categoría del tebeo de superhéroes. La irrupción de Alan Moore identificó el lenguaje narrativo del cómic con el potencial real de la literatura y su influencia, relacionando ambos recursos y metabolizándolos en un revolucionario estilo que cambió el Noveno Arte hacia unos derroteros innovadores, sin perder la identidad de sus precedentes, imponiendo un equilibrio entre la estructura llevada a cabo por el nuevo maestro a medio camino entre la planificación y el estándar norteamericano. Moore, como bien explica entre líneas el libro de J.J. Vargas, extrajo al típico esterilizado superhéroe de pulcritud moral y firmeza heroica hacia un contexto donde la realidad se mostraba auténtica, sórdida y sádica. Fue el excéntrico autor británico quién despojó al cómic de su vertiente ‘teenager’ para otorgarle sobriedad y también densidad poliédrica necesaria para su cambio. Moore ha pasado a la historia como una de las figuras más trascendentes del arte y su insurrección hacia los métodos establecidos hicieron de él un genio inmortal que aplicó sus hallazgos a medida que avanzaba, asimilando sus propios recursos narrativos, para renovar el cómic con sus planteamientos y fórmulas guionísticas. Alan Moore, más allá de eso, siempre se ha mantenido como un creador íntegro, comprometido con el medio y con la inextinguible capacidad de descubrir nuevos modelos de reutilizar sortilegios literarios dentro del cómic.
Dolmen Editorial editó hace unos meses, en su colección Pretexto, un estupendo ensayo monográfico titulado ‘Alan Moore: La Autopsia del Héroe’, de J. J. Vargas. No se trata de una obra hagiográfica sobre la figura del mito (“Alan Moore no es dios”, afirma el autor cordobés), sino una insistente disección del mundo referencial de un hombre donde se pretende sustraer la complejidad del universo de Moore y acercarlo, de un modo ligero, al aficionado neófito que quiera entrar en la sustancia narrativo del icono del cómic. Estamos, por tanto, ante un elucidario elocuente que particulariza una obra más allá de la biografía personal de su autor. Con gran profundidad de análisis y razonamiento, Vargas procura no perder de vista un complicado intento de consumar una reinterpretación del héroe contemporáneo y dar la pautas para concebir al superhéroe desde una perspectiva anexa a las imposiciones revolucionarias de este guionista inglés. Por eso, tras unas breves pinceladas biográficas de Moore, como esa renuncia a trabajar como empleado de un subcontratista del sistema local de gas o la descripción de un joven artista negociando su contrato en una cabina de teléfonos porque no tenía teléfono en su domicilio, entramos en un ámbito detallista y entusiasta iluminado por reflexiones y argumentos, anécdotas y curiosidades acerca de la carrera de Alan Moore.
Capítulo a capítulo Vargas va desgranando, sin abandonar un cierto ápice de ironía y sentido del humor, en su formalidad de prosa amena y ágil, los inicios dentro del cómic ‘underground’, de aquel ‘Roscoe Moscow’, en Sounds o su paso por 2000AD y principales editoriales británicas y estadounidenses para establecer su apoteosis con sus más conocidas obras maestras. Capítulos que subrayan las diversas jerarquías entre trabajos como ‘El Capitán Britania’ o ‘La balada de Halo Jones’, así como una completa autopsia a ‘La cosa del pantano’ para DC, donde se alude por primera vez a John Constantine, ‘Mad love’, la incompleta ‘Big numbers’, ‘A Small Killing’ o ‘Lost Girls’. Tampoco olvida sus obras nutricionales (económicamente hablando) realizadas para Image Comics o sus cometidos más conocidos dentro la línea America´s Best Comics como ‘The League of Extraordinary Gentlemen’ para cerrar con una investigación a fondo del personaje Tom Strong y su brillante sección ‘Preguntas sin responder’, donde le vincula a figuraciones de Unamuno y peculiaridades de Doc Savage. ‘Autopsia del héroe’ concluye con un cúmulo de cuestiones replicadas acerca de ‘Promethea’ y ‘Top 10’. Sin olvidar sendos capítulos dedicados a la iniciática ‘Capitán Britania’ o ‘La Broma Asesina’.
Por supuesto, la dilección detallista se dilata en su profundización dentro de las reflexión y estudio de obras cumbre como ‘V de Vendetta’, From Hell’ (cuyo epígrafe ‘Arquitectos del tiempo’ avanza la minuciosa disertación de ese “melodrama en dieciséis partes”) y esa revolucionaria obra de realismo psicológico que es ‘Watchmen’, a la que reverencia y estudia con pasión y coherencia providente. Y lo hace desde los rígidos códigos de respeto que respira un ensayo total sobre el autor, definiendo la novela gráfica de Moore y Dave Gibbons como una historia cuya “coralidad alimenta el concepto de que ‘el poder conlleva a una gran responsabilidad’, en el diseño de un conciso caleidoscopio de enfoques que implican posturas no precisamente opuestas ante la justicia y el orden, sino compatibles en determinados puntos y divergentes en otros tantos”.
Vargas no deja nada al azar, hilvanando conjeturas y hechos, con un admirable estilo literario que muestra oficio e intención imparcial en la subjetividad con la que recaba con dimensión crítica dentro de su obra. Se trata de un ensayo de procesos y claves para entender la entidad fractal a la que pone a prueba la realidad con una retrospectiva a modo de inspirador viaje por la obra íntegra del guionista británico, uno de los exponentes más claros de genio del Siglo XX. La magnífica exploración de una figura de relevancia contemporánea como la de Alan Moore se completa con un nutrido número de dibujos, viñetas y bocetos que traducen y consuman la vocación hermenéutica y completiva de una obra modélica sobre el nigromante de Northampton. Se puede decir que sea la obra definitiva sobre el autor. Sin embargo, es lo más parecido a ello, ya que será muy difícil encontrar un texto con tanto acierto exegético como lo es el de Vargas.