viernes, 4 de febrero de 2011

La triste muerte de un recuerdo: La Salle ha sido destruida

Hoy es uno de los días más tristes que recuerdo. No por la pérdida de nadie, que muchas veces este blog parece un obituario. Por eso, no estoy triste por la muerte de Maria Schneider, aunque siempre la recordaré como una actriz maldita que descubrió al mundo aquella escena de la mantequilla y dio vida a la rebeldía del momento en un tempestuoso viaje de retraimiento, tribulación, vacío existencial y autodestrucción junto a Marlon Brando en un París gris y funesto. Bueno, un poco sí, pero no es debido a eso. Hoy es un día particularmente triste por una noticia local, de esas que igual pasan desapercibidas para el resto de salmantinos. Se trata de la demolición del edificio de las Dependencias Municipales de La Salle. Allí fue donde se rodó ‘El Límite’ allá por 2002, donde las imágenes del recuerdo empiezan a diluirse bajo la nostalgia de una época de ilusión y esperanzas que se ha quedado rezagada en el tiempo. Mi vínculo sentimental con este destartalado inmueble, con ese museo de los horrores inmundo y desamparado se ha fortalecido con los años y la nostalgia hipnótica provocada desde el primer momento en que lo vi, cuando Eugenio Mira rodaba allí su cortometraje ‘Fade’.
Desde entonces, no he podido quitármelo de la cabeza y he escrito fábulas y proyectos situados en aquel lugar, específicamente para cerrar mi deuda no sólo con otro rodaje que me hiciera regresar después de nueve años, sino por sentir todas aquéllas sensaciones dentro de una ubicación terrorífica e inquietantemente entrañable. Las telarañas, el silencio sepulcral, la mugre y el éter insano del costado perteneciente a la inhóspita Iglesia, que fue reconvertida en los 70 en Psiquiátrico y más tarde en hura de ‘homeless’, ‘okupas’… para pasar a ser festín de misas negras y demás barbaries, dejó en mí una huella profunda, de extraño apego a las hoy desvencijadas instalaciones llenas de pasillos laberínticos acuciados por una atmósfera terrible y enferma.
Me da lástima y me enfurece porque, además del hecho en sí, del derribo de un edificio que podría haber servido de plató para muchos más rodajes, museo, centro cultural o cualquier otro símbolo relacionado con el ocio, tenía planeado rodar allí dos cortometrajes de los tres proyectos que me traigo entre manos. Dentro del alma más triste y sobrecogedora de la legendaria construcción estaba definido el ambiente de ‘Schmerzlos’, centrado en las peleas ilegales y escrito por Iván Sáinz-Pardo y ‘3665’, fábula futurista sobre los recuerdos. Para ambos habrá que buscar minuciosamente otro lugar en caso de que se lleven a imagen. Sin embargo, sé que no será lo mismo. Algo que me entristece, porque La Salle era como un arquetipo de casa del terror, de muerte y aislamiento, de alienación y soledad, de profético Apocalipsis.
Narré con todo tipo de detalle las sensaciones y experiencias que viví en mi regreso a este edificio en octubre de 2009, en un post titulado ‘Regreso a La Salle’, haciendo un repaso de sus lúgubres historias internas, leyendas silenciadas, descripciones espeluznantes de su esencia, de la realidad de un edificio que, en el aquel momento sentí que pretendía decirme algo y no sé exactamente qué fue. Hoy lo sé. La Salle dejaba ver, por su extraño sonido y calma escalofriante, que quedaba muy poco tiempo para su muerte y me advertía, con una malsana brisa, que nuestro reencuentro no se volvería a producir nunca. La Salle ha muerto y una pequeña parte de mí se va con ella. Hasta siempre.
Galería de fotos de las entrañas de la antigua capilla de La Salle.