lunes, 24 de enero de 2011

'Ronin', de John Frankenheimer y los daños colaterales

Una de las últimas grandes películas del artesano de la acción y la violencia John Frankenheimer es ‘Ronin’, tremendo homenaje al ‘McGuffin’ hitchcockiano que ha dado el cine de acción en sus últimas décadas. Una maleta cuyo contenido permanece durante todo el metraje oculto y misterioso sirve como excusa para generar un trepidante ‘thriller’ a la europea que escapa a los tópicos con una facilidad sujeta al entretenimiento y suspense de una compleja historia de espionaje internacional. Un filme en el que la acción sostiene cada uno de los resortes de un argumento sin la que la severidad áspera de género puro no se sostendría. ‘Ronin’ es adrenalina sin concesiones a dobles juegos, vertida sin filtros a velocidad vertiginosa, sin los esteticismos ni las ‘moderneces’ de cámara al hombro que tanto se dan hoy en día, asumiendo el montaje con los estrictos códigos de la narración para sortear de este modo cualquier compendio neurasténico que, por infortuna, nos estamos acostumbrando a ver.
La película de Frankenheimer, digámoslo ya, es una de las joyas del cine de acción clásico más genuinas de los 90. Un canto a la visceralidad de un suspense donde cada movimiento y la utilización de la música son casi elegíacos. Estamos ante las mejores persecuciones de coches que ejemplificar los valores de dirección de una ejecución perfecta, donde todo está estudiado al milímetro y la sensación de velocidad y aceleración imponen la lógica de la perfección en cuanto a este tipo de escenas se refiere. La clave: Frankenheimer nunca rodó este tipo de escenas con una segunda unidad, sino que era él mismo quien supervisaba hasta el más mínimo detalle todo el entramado automovilístico cuidando pormenorizadamente los modelos que aparecen en el filme; en este caso los Audi S8, Mercedes 450 SEL 6.9, BMW M5 o coches de cilindrada más baja como los Peugeot 406 y 605 o Citroën XM. De hecho, la película es una de las más reseñadas en los foros de coches que subsisten en la red.
Llama la atención, no obstante, algo que no suele ser habitual en el cine de género y que Frankenheimer utiliza de un modo avieso y divertido. Se trata de los daños colaterales que provocan los disparos perdidos de los protagonistas. Las personas anónimas que caen heridas o muertas por culpa del fuego cruzado de balas o que chocan con una situación ajena a ellos que les afecta con unas consecuencias funestas. Casi con un malévolo regodeo, el cineasta extrema la violencia llevándola a límites de perversión voluntaria. Nunca en otra producción hollywoodiense personajes que apenas aparecen dos segundos en pantalla habían caído espontáneamente de forma fortuita, fruto de tropezar con una situación aciaga en el momento menos indicado. Un toque de humor retorcido que puede pasar desapercibido en un primer visionado, pero que resulta muy acorde con ese fondo de la figura del rōnin, el guerrero que no responde ante nadie cuyos objetivos se mueven únicamente por dinero y bienestar del honor, caiga quien caiga. En este aspecto destacan las sencuencias en las que Gregor (Stellan Skarsgård) apunta a una niña con una pistola de mira telescópica con el pulso firme para poner a prueba a otro de los elementos que ansían la dichosa maleta o dispara sin compasión a la bailarina Natacha Kirilova en plena función de patinaje sobre hielo.
Un trabajo de artesano por parte del gran Frankenheimer que se beneficia de la narrativa argumental de David Mamet, que aquí se esconde bajo el pseudónimo de Richard Weisz. Una fascinante historia de persecuciones, traiciones y mucha acción en hermosos cónclaves como Venecia, el anfiteatro de Arlés o las calles de París. Un ‘thriller’ con vocación europeo que mezcla de ex agentes de la CIA, de la KGB y oscuros componentes de bandas irlandesas para proponer, en su final, un ficticio acuerdo de paz entre el Sinn Féin y el Reino Unido como resultado de la muerte de Seamus, el villano de la función interpretado por Jonathan Pryce. Un extraño ‘Happy End’ que cierra las vicisitudes de un elenco muy adecuado encabezado por Robert De Niro, Jean Reno, Natascha McElhone, Sean Bean, Michael Lonsdale y los mencionados Skarsgård y Price.