lunes, 10 de enero de 2011

Homenaje Juan Piquer Simón, icono del cine fantástico y de terror español

1935-2010
Es una pena que los medios de comunicación, en su habitual y decadente deterioro, no se hayan hecho eco de la muerte de Juan Piquer Simón, uno de los cineastas referentes del cine fantástico y de terror español. Uno de esos directores trascendentales en la consecución de un cine de género que ha sido ignorado por el gran público y por parte de la crítica. Este valenciano que nos ha dejado a los setenta y cuatro años, víctima de un cáncer, irradia el recuerdo de aquellos fans irredentos que nunca podrán olvidarle. Una pieza fundamental dentro de un estilo poco avivado, de un amor por la variedad hacia un tipo de cine que parece ajeno a lo español, como también lo han sido Paul Naschy, Jesús Franco, Leon Klimovsky, Carlos Aured o Amando de Ossorio.
Piquer Simón fue un trabajador del medio, un temerario que usaba la fantasía como arma, cuyo estilo se asentaba en la trinchera. Invariablemente de los medios y presupuestos, hizo de la ilusión su mejor aliada. La serie B fue un terreno de crecimiento personal y artístico que le valió que su nombre fuera conocido más allá de nuestras fronteras y lo que le convirtió aquí en un cineasta de culto, un realizador irrepetible. Películas como ‘Viaje al centro de la tierra’, ‘Supersonic man’, ‘Misterio en la isla de los monstruos’, ‘Mil gritos tiene la noche’ (que llegó a recaudar 25 millones de dólares sólo en Estados Unidos), ‘Slugs’, ‘La grieta’, ‘La mansión de Chtulu’, ‘La isla del diablo’, ‘El escarabajo de oro’… representan el ideal de un hombre y su lucha contra los elementos de la indolencia nacional hacia este tipo de productos audiovisuales arrinconados en la memoria. Con la inquietud del entretenimiento como fuente de energía, con afán esteticista y noble, con vocación de artesano y espíritu ambicioso en un entorno industrial que le dio la espalda, Pique Simón chocó de bruces con el desarrollismo y con el exitoso destape, que hicieron imposible el resurgir de un género irrecuperable en el clasicismo fílmico de un país que ahogó la serie B y los productos de género tan dados a la ilógica marginación. En España somos dados a ningunear figuras importantes y a exaltar otras que no merecen reconocimiento. Mitos a recuperar que han trabajado en función del amor por el cine. Gente que lo ha dado todo porque el cine español no cayera en el ostracismo y la apatía con la que sucumbe con gran facilidad. En esta categoría es donde hay que ubicar una figura importante en l a Historia del Séptimo Arte español.
El entrañable Piquer Simón arriesgó su carrera con la posibilidad de mostrar otros contextos que le equiparan a los grandes nombres del cine contemporáneo patrio. Ahí es donde merece estar, máxime con aquellas producciones donde el terror supuso un cenit con cotas insuperables, que no renunciaron a un propósito comercial alejado de lo reiterativo, sin traicionar el testimonio genérico tan fascinante como ignoto, de vocación ‘pulp’, de esencia honesta, donde horror y fantasía pudieran proponer una alternativa novedosa. El cineasta valenciano deja un buen puñado de obras a reivindicar, donde la aventura, la acción, la ciencia ficción y la hemoglobina encuentran su nobleza dentro de la cinematografía nacional. Nunca ganó un Goya, ni siquiera honorífico. Pocos se acordaban de su nombre. Tampoco hacía falta. Porque los que aman el cine de género le recordarán siempre con cariño y devoción. La memoria histórica le debe su sitio como el gran nombre de cine que ha sido. Y así debería ser.
D.E.P. maestro.