miércoles, 29 de septiembre de 2010

29-S: Huelga decir que es día de huelga

Huelga.
(De holgar).
1. f. Espacio de tiempo en que alguien está sin trabajar.
2. f. Interrupción colectiva de la actividad laboral por parte de los trabajadores con el fin de reivindicar ciertas condiciones o manifestar una protesta. Huelga ferroviaria. Huelga indefinida.
3. f. huelga revolucionaria.
4. f. Período de tiempo que media sin labrarse la tierra.
5. f. p. us. Recreación que ordinariamente se tiene en el campo o en un sitio ameno.
España (o parte de ella) inicia hoy la séptima huelga general de la democracia. Zapatero no se ha librado de la suya durante su mandato. Hay preguntas que llegan con esta paralización o conato de suspensión laboral provocada por la crisis: ¿Tiene validez real esta huelga? ¿Tendrá aceptación y seguimiento? ¿Hay efectividad en este tipo de convocatorias sindicales? ¿Servirá como acicate de cambio en la reforma laboral? ¿Se debería haber convocado esta huelga antes de aprobarse la ley? Muchas incógnitas que, seguramente, no verán satisfecha su respuesta nunca. Evidentemente el estado de escasez no va a solucionarse de la noche a la mañana, siguiendo una dura etapa de recesión económica. Muchos se preguntan sobre la inutilidad de la huelga y acerca del fracaso seguro de la convocatoria. Se tiene una sensación de que todo ello no va a servir para cambiar nada. Lo importante sería conocer la disposición de la parte política sobre las medidas o reformas estructurales para salvaguardar la salud económica del país. Da la impresión de que tanto el gobierno, como la oposición, como los sindicatos forman parte de un entramado que funciona como cortina de humo, sin soluciones a ningún conflicto, riéndose en la sombra del ciudadano trabajador. Los políticos y sindicatos actúan con fingida afectación ante la situación, escondiendo así su pasividad y escasa beligerancia ante los problemas reales de España. En conclusión, van a hacer lo que les dé la gana.
Cualquier elucidación se percibe como una pose de oratoria afectada de trascendentalismo dentro de lucha contra la crisis. Si la huelga es contraproducente o no para el país porque puede ocasionar pérdidas importantes dentro de la economía parece dar lo mismo. La sociedad actual se ha convertido en un circo de marionetas donde unos pocos viven bien a costa de los demás, donde tanto quienes salen a la calle a protestar como los que acuden a su puesto de trabajo en la jornada de hoy siguen bajo el yugo del capricho de unos cuantos que viven por encima de cualquier posibilidad ciudadana, independientemente de la corriente política y posicionamiento ideológico de su partido, con sueldos vitalicios, dietas escandalosas, franquicias y lujos varios. Situación en la que el proletariado siempre será el perjudicado. Es más importante mantener el ‘statu quo’ que solucionar los problemas reales de una sociedad en crisis. Para superar obstáculos siempre quedarán los impuestos o medidas disfrazadas de engaño. La clase política se ha desligado tanto del trabajador en su propio bienestar que todo lo que hacen o dicen suena a pura especulación, mientras gente como autónomos y pequeñas empresas sin representación sindical se vienen abajo como una montaña de naipes ante un fuerte viento y las condiciones laborales de las empresas van cayendo por los suelos sin muchas vistas de cambio. Llegados a este punto de incógnitas, lo que preocupa a la gente que no tiene un trabajo y a los que la huelga ni les va ni les viene porque carece de este débito laboral va más allá de cualquier discurso reivindicativo y no participativo como es el caso.

domingo, 26 de septiembre de 2010

Multitudinaria afluencia en el aniversario catódico del año

Las previsiones se desbordaron el pasado jueves. La celebración abismal de la serie ‘Búscate la vida (Get a life)’, fue un éxito descomunal de visitas. Desde el 23 de septiembre la entrada de la serie de Chris Elliott ha sido visitada por más de 8.000 personas, teniendo su pico más alto el mismo día de la onomástica catódica con una cifra de 4.089 visitantes que se pasaron por ‘Un Mundo desde el Abismo’ para unirse a la celebración por medio del amplio texto que conmemoraba esta serie mítica. Un éxito popular que supone una de las más altas cotas de audiencia generada por este blog en mucho tiempo. Pese a no ser el balance máximo de gente acumulada en un mismo día y en un texto concreto, es de las más multitudinarias dentro de los seis años de vida de este espacio bloguero.
Además de suponer un incentivo y algo de bravata de cara a la galería, el hecho despierta el júbilo no por la cifra en sí, sino por el número de gente que se ha hermanado a través de la admiración hacia una serie como ‘Búscate la vida’ y ha celebrado junto a este servidor el vigésimo cumpleaños de esa serie que en España va más allá de un fenómeno de culto de minorías. Más bien, todo lo contrario. A las cifras me remito.

jueves, 23 de septiembre de 2010

‘Búscate la vida (Get a life)’: La mejor serie de la Historia cumple 20 años

La anarquía delirante de un humor irrepetible
Hoy es un día especial. Uno de esos en los que hay que celebrar una onomástica señalada y única dentro del calendario de celebraciones que, a buen seguro, será olvidada por los amantes de la saturación catódica que, aferrados a la nueva revolución de las series televisivas del momento, desconocen este inadvertido cumpleaños que vale la pena festejar por todo lo alto. Os preguntaréis de qué demonios estoy hablando, qué hay que ofrendar con tal énfasis y significancia. Pues bien, amigos. Hoy, día 23 de septiembre se celebra el vigésimo aniversario de la primera emisión de la que es, posiblemente, la mejor serie que ha desfilado por la parrilla en los fastos de la Historia. Sin parangón ni aparentes ponderaciones excesivas. Me refiero a ‘Búscate la vida (Get a Life)’, una ‘sitcom’ (si se puede englobar en tal categoría) que supuso un antes y un después en la mitología colectiva. Un punto y aparte en los anales de la pequeña pantalla.
Todos y cada uno de los espectadores que adoraron en su momento (y lo seguirán haciendo por siempre jamás) a Chris Peterson siguen sin encontrar algo parecido, un referente legatario de uno de los pináculos más absolutamente magistrales vistos hasta la fecha. Esta serie, fuera de toda duda una de las más genuinas al calificarla con la fácil etiqueta “de culto”, permanece de un modo perenne como referencia cultural de todas las programaciones que la han sucedido. Tan sólo 35 episodios repartidos descompensadamente en dos gloriosas temporadas que dejaron una impronta universal, minoritaria, sí, pero histórica e irreemplazable en los corazones de todos aquellos que, después de los años y del abrumante salto de calidad que dado el entorno televisivo moderno, seguimos pensando que no ha habido otra serie que haya podido reemplazar la grandeza de esta locura única y esencial en la adolescencia de una generación que no ha podido olvidar a aquel treintañero medio albino y medio calvo, con barba, algo orondo y con cara y actitud de idiota; el añorado Ser Supremo que respondía al nombre de Chris Peterson.
Su hacedor y máximo exponente fue el actor, cómico y guionista Chris Elliott, que elaboró esta paródica ‘sitcom’ junto a su amigo y compañero en el ‘Late Night with David Letterman’ Adam Resnick. Juntos unieron sus fuerzas a David Mirkin, también guionista y a la postre productor de ‘Los Simpson’, para lograr colarle una enloquecida idea la Fox a principios de los 90. Una auténtica excentricidad que nace del divertimento puro y sin límites, una serie que tenía en su argumento su mejor descripción para el delirio: un hombre algo inepto y entrañable que vive con sus padres y se gana la vida de ‘paperboy’, el repartidor de periódicos del barrio, montado en su bicicleta y habiendo alcanzado la cúspide laboral al convertirse el jefe de tres chavales de diez años que están a su cargo. Chris Peterson vive en Greenville ajeno a su condición de ‘white trash’ junto a unos progenitores que siempre van en pijama y bata, Fred y Gladys (interpretados por Bob Elliott –padre en la vida real de Chris Elliott- y Elinor Donahue, respectivamente), sin importarle realmente que todos piensen que es un pringado insensato.
La vida de Chris podría definirse como la de un ‘loser’ feliz, inconsciente de su estulticia y satisfecho con su propia estupidez. En el fondo, ‘Búscate la vida’ era fiel reflejo llevado al extremo de la parodia del inextinguible ‘peterpanismo’, donde un personaje estrambótico hacía las delicias de los telespectadores a los que acostumbró a un surrealismo bizarro revolucionario, que sustentaba su entidad humorística en la imprevisibilidad de las situaciones y argumentos, en una delirante entelequia deliciosamente subnormal. Todos recordaremos aquella cabecera con el tema de R.E.M ‘Stand’ siguiendo a Chris en el suburbio residencial repartiendo periódicos a diestro y siniestro hasta chocar con un coche debido a la distracción provocada por una exuberante mujer que se agachaba a recoger el diario matinal recién arrojado al suelo.
Durante la primera temporada, Chris aparecía en sus andanzas y desventuras junto a Larry Potter (Sam Robards), su mejor amigo y confidente, que ejerce de conciencia y nudo con la realidad. Un personaje que subsiste en una vida análoga a la Chris, puesto que es un hombre enclaustrado en la etapa adulta; con dos hijos, una casa que pagar, un trabajo absorbente y una mujer que es el Némesis de su amigo, Sharon (Robin Riker), una bruja que ejerce de simbología castradora, representación del estado de ergástulo existencial que configura el personaje enemigo de Peterson en su mundo feliz e inocentemente incoherente. No extrañó que el bueno de Potter un buen día decidiera dejar todo e irse a vivir la vida en libertad gracias a un estúpido consejo de Chris.
Durante la segunda temporada, cuando la anarquía parecía ser el patrón del humor argumental, aparece el personaje de Gus Borden (el no menos antológico Brian Doyle-Murray -hermano de Bill Murray-), el hombre que le alquila su garaje maloliente para emprender su falsa situación de soltero emancipado, un ex agente de la ley que fue expulsado del cuerpo por orinarse en un superior durante una borrachera y que para Chris es un idolatrado modelo a seguir pese a su condición de renegado sociópata. Esta nueva etapa resulta ser de una libertad insultante, donde la locura alcanza sus cotas de máxima entelequia en el delirio y la aberración extrema del disparate, con una inmunidad ante las normas televisivas que no se han vuelto a ver desde entonces. La locura y el absurdo fueron creciendo en un progreso sin dilación hacia un fascinante histerismo en el que absolutamente todo era válido. Destacan entre los nombres guionísticos los de Charlie Kaufman, la perturbada mente creadora de ‘Cómo ser John Malkovich’ o ‘Adaptation’, que firmó dos capítulos, al igual que Marjorie Gross, que también aportó su ingenio a otra serie de culto como fue ‘Seinfeld’.
Sin embargo, el éxito de la serie no hubiera sido posible sin su verdadera alma, su núcleo cómico lleno del talento inusitado y excepcional del mítico Chris Elliott. Formado en el National Theater Institute, durante los 80 fue uno de los más aclamados colaboradores del Show de David Letterman para la NBC, donde llevó a un nivel de humor más allá sus colaboraciones, ‘gags’ y parodias del ‘late night’ con un estilo distintivo, fuertemente insólito, pero sobre todo hilarante y desconcertante. Fragmentos como ‘The Guy Under the Seats’, ‘The Fugitive’, ‘The Regulator Guy’ y sus imitaciones de Marlon Brando, Jay Leno, Marv Albert o Morton Downey Jr. son parte de la historia catódica americana. Antes de ‘Búscate la vida’ a Elliott pudimos verle como secundario en películas como ‘Abyss’, de James Cameron, dentro del tríptico ‘Historias de Nueva York’, de Woody Allen, Francis F. Coppola y Martin Scorsese o en ‘Hunter’, de Michael Mann, aunque desplegaría su vis cómica en papeles tras su paso por la serie en cintas como ‘Atrapado en el tiempo’, de Harold Ramis, ‘Vaya par de idiotas’, ‘Algo pasa con Mary’ y ‘Osmosis Jones’, de los hermanos Farrelly y personajes episódicos en diversas ‘sitcoms’ americanas o dando voz a unos de los roles de la serie de animación ‘Dilbert’. También protagonizó una joya de culto titulada ‘Caos en el alta mar (Cabin Boy), de Adam Resnick con producción de Tim Burton que se subordinó a los designios de ‘Búscate la vida’, pero sin lograr la grandeza de aquélla. Además, Peterson escribió el libro ‘Into Hot Air: Mounting Mount Everest’, parodia de aventuras y supervivencia que urde una trama a costa de las organizaciones benéficas de celebridades donde el mismo Elliott dirige un equipo de famosos en una desastrosa expedición hasta el pico más alto del mundo.
Su mayor logro, a pesar de todo, sigue siendo Chris Peterson, aquel hombre alopécico y fondón, pusilánime y llorón, que se amedrentaba ante los desafíos y retos, accedía a cualquier proposición, por excéntrica que ésta pareciera y actuaba de forma infantil e incoherente con una conducta abstraída a su burbuja de genial tontería idotizada. La serie asumió desde su inicio una capacidad de riesgo que no tuvo límites, en una paradigmática muestra de provecho de la estolidez humana, de la risa ilimitada en su variada y variable temática sin pies ni cabeza, donde la mordacidad de matices zafios, de ‘gags’ imposibles, hicieron de la burla desquiciada e incongruente una muestra imposible de humor dentro del propio humor, que sabía reírse de sí mismo, sin elucidaciones intrínsecas sobre su naturaleza o su razón de ser.
‘Búscate la vida’ ha sido, probablemente, la serie más extravagante y original de cuantas han poblado la parrilla catódica desde el invento del aparato receptor, logrando una idiosincrasia genuina del absurdo, transformándolo en universo simplista, pero a su vez, lleno de implicaciones arrolladoras y cómplices con un espectador que se volcó con el desparpajo de un personaje idiota, entrañable y necio al que se le cogía cariño con una extraña y fulminante empatía. La serie de Elliott rehusaba al mensaje, a la moralina, destrozando consigo los condicionamientos básicos del guión televisivo y pasándose los cánones y las normas elitistas que delinean cada trama de las ‘sitcoms’ por el forro, ridiculizando el didactismo con una maravillosa e irrepetible ilógica que traicionó como nunca (para jolgorio del fan) la cordura y la realidad en un frenético y entusiasta atentado contra el sentido común.
Aquélla extravagancia alterada, adalid de la chorrada sin venir a cuento, las frases míticas, las situaciones improbables, los ‘gags’ gloriosos, la constante insinuación y homenaje al SCI-FI de muchos de sus títulos (‘Repartidor 2000’, ‘Neptuno 2000’, ‘La acampada del 2000’, ‘Cronosync 2000’, ‘Novia 2000’) invoca momentos indescriptibles, por el humor, la diversión, el sedimento que aferra imágenes y párrafos a la memoria colectiva de aquel icono que admiraba a los fétidos y rudos obreros de la construcción, se hizo amigo íntimo de un alienígena desagradable y violento llamado V.O.M.I.T.ÓN., que trabajó como gigoló de una vieja bañada en perfume, de modelo de la agencia ‘El guapo’ para triunfar bajo el apodo de ‘Chispas’ o como inspector de sanidad que se deja sobornar por cinco pavos y luego inculpar a toda una mafia. Siempre echaremos de menos a ese iluso bobalicón que fue ‘vouyeaur’ acosador y acosado, actor teatral del espectáculo musical ‘Zoo sobre ruedas’ y viajó en el tiempo para evitar lo inevitable o acometió una aventura existencial en busca de unos supuestos padres dentro de una comunidad ‘amish’. Peterson, el mismo que visitó la gran ciudad y perdió la cartera para convertirse en un héroe, capaz de enfrentarse a unos gamberros macarras a los que intenta llevar por el buen camino o mantener una relación de amor romántica de matrimonio que empieza y acaba, descrita con su tópica problemática, en veinte minutos. Durante aquellos célebres treinta y cinco episodios, Chris tan pronto luchaba contra un novedoso repartidor de periódicos robotizado, se carteaba con una peligrosa reclusa que iba a visitarle, como se fabricaba un submarino doméstico en la bañera familiar o estaba a punto de perecer intoxicado junto a Borden por residuos nucleares para descubrir, uno, que era un diestro ‘speller’ a la hora de deletrear palabras y, otro, un portento para los origamis.
En este sentido, ‘Búscate la vida’ tuvo, en algunos de sus más míticos episodios, el tema recurrente de la violencia y la muerte, donde Chris fallecía al final de muchos capítulos, una y otra vez, de múltiples formas, que recuerdan al ‘slaptick’ extraído de cualquier y perverso ‘cartoon’ animado. Hasta en doce episodios llegó a palmarla; cayéndole una roca gigante en la cabeza, de vejez, de amigdalitis, por herida de arma blanca, atropellado, asfixiado con cereales, estrangulado, víctima de una explosión o finalmente cayendo de un avión en una cama mullidita pero cargada de explosivos. Hoy, celebrando ese vigésimo aniversario, uno recuerda, al son de ese baile culón del ‘Alley Cat’, de Bent Fabric, tantas imágenes y diálogos que serían imposibles de reproducir, incluso los más evocados. ‘Búscate la vida’ finalizó el 8 de marzo de 1992, en un antológico episodio doble que terminaba generando expectativas y dudas sobre una posible continuidad. Nunca sucedió el milagro.
En España se estrenaría gracias a la apuesta de una cadena en ciernes como Canal + en 1992 y sería repuesta, posteriormente, en 1995. Desde entonces nada ha vuelto a ser igual. Por mucho que nuestros ojos hayan visto, nada ha logrado esa sensación de fiesta continua, de diversión sin freno y absoluta genialidad como aquélla. Una serie de culto que tiene devotos en todo el mundo. Una obra maestra irrepetible que pervive en la memoria de sus acólitos como el mayor logro de la televisión por su carácter anticonvencional y contracorriente. Una ilusión que (y antes de seguir enhebrando adjetivos ponderativos) recordaremos con afecto y fervor. El mismo que Peterson al definir a su amigo extraterrestre: “Visitante de Otro Mundo que Impacta en la Tierra... Ocho Nabos”.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

Review 'Bright Star (Bright Star)', de Jane Campion

La hermosa profundidad de un cine poético y sensorial
La directora de ‘El Piano’ recrea, bajo una cuidada sensibilidad artística y estética, el romance conclusivo del poeta John Keats y Fanny Brawne en una cinta romántica, trágica y lírica que respira autenticidad despojada de cualquier atisbo de sentimentalismo o superficialidad.
Jane Campion ha compuesto una filmografía bastante irregular desde que saltara a la fama internacional con ‘El Piano’, la que es su gran película hasta el momento. Tras la fama y la reputación de aquella memorable y atípica historia de amor prohibido, enmudecido por el silencio y los prejuicios sociales, con la que fue la primera y única mujer hasta el momento en conseguir la Palma de Oro a la mejor película, Campion regresa a los entornos literarios de ‘Retrato de una dama’ y olvidarse así de su infructuoso periplo por argumentos más actuales en los que la cineasta ha sufrido los varapalos de la crítica y el largo exilio hasta su regreso detrás de las cámaras. Para la ocasión Campion ha recurrido al amor pasional del poeta inglés John Keats mantenido en los últimos tres años de su vida con su vecina, la joven Fanny Brawne. Basado en varias fuentes como la biografía escrita por Andrew Motion o ‘Vida y cartas de John Keats’, el filme retrata el drama histórico y romántico del encuentro de dos almas creativas, puesto que ella ejercía de costurera que encontró su expresión artística en el diseño de su propia ropa rompiendo los cánones de una época de estrictos modelos sociales.
Se trata de un viaje evocador al nacimiento y consolidación de una atracción romántica, de sus devaneos en forma de misivas de contenido íntimo para perfilar el retrato de John Keats a través de los ojos de Brawne, con todo el sedimento dramático que va salpicando una historia de amor empapada por la improbabilidad, la intensidad y el desamparo que motivan las incógnitas circunscritas a la realidad social que les separa. ‘Bright Star’ elabora, bajo una cuidada sensibilidad artística y estética, una recreación contextual ceñida al espíritu decimonónico, a la disertación intrínseca que une la personalidad contradictoria y enigmática del poeta y el reivindicativo feminismo para vivir en contra de los modelos establecidos en la sociedad inglesa del siglo XIX de una chica avanzada a su tiempo. Para ello, Campion se somete a un conocido lirismo más sutil de lo habitual, enfocando la necesidad del relato a la reclusión emocional de la que Keats emerge para darse cuenta de su amor por la joven Brawne, con la difícil tarea de evitar el reduccionismo a la hora de ilustrar este segmento de la vida del célebre y malogrado poeta.
La película va moldeando sus logros en una magnífica conjunción de profundidad con la que se muestran los recovecos sentimentales de un amor imposible y la delicada sutileza con la que avanza la relación entre dos personajes que se van entregando a un primer amor lleno de obstáculos. Campion sabe manejar bien los mecanismos del drama, cultivados con delicadeza, al borde de la frialdad con la que se aproxima emocionalmente al devenir de los acontecimientos, aplacando en todo momento el fervor con el que hace que su tragedia respire verdad, sin sentimentalismos lacrimógenos o de superficialidad. Todo lo contrario. Si por algo destaca ‘Bright Star’ es por su complejidad interna, la que respeta los movimientos, a priori, fluctuantes de sus personajes, por la magnitud en el invisible proceso creativo y significado de la poesía dentro de la historia, sacando todo el lirismo de secuencias como aquélla en la que, tras separarse por primera vez de su amado, Brawne llena una habitación de mariposas como símbolo de resurgimiento tras permanecer tantos años en estado de pupación, en una metamorfosis de un amor destinado al fracaso, en su contemplación de la belleza visionaria de la evanescencia que supone el encontronazo con la emoción del corazón.
La realizadora neozelandesa trasmite con naturalidad y sin ningún tipo de afectación, el portentoso detallismo llevado a imagen con verdadero sentido clásico, sin demostraciones autorales o de estilo, cautivando con la belleza a la que se llega con serenidad y contención dentro de unos parámetros que no rehúsan de los tópicos ni del ideario romántico. El ‘leit motiv’ del filme no abusa de abstracciones, ni de exaltación del amor y sabe distinguir cuidadosamente los versos enunciados con la precisión exacta para conjugar la agitación al describir las miradas, las palabras, las caricias o los castos besos que dan como consecuencias la magnitud a los sentidos. La misma con la que Campion sabe ambientar el paso de las estaciones, la candencia luminosa u oscura que determina esa acertada tónica que da la suficiente importancia a su escenografía, que engloba su recreación concretada en unos espacios restrictivos a las emociones de sus personajes y representada en esas dos casas vecinas en Hampstead Village. Por ello, cabe destacar la gran aportación de la diseñadora de vestuario Janet Patterson y director de fotografía Greig Fraser, así como la melancólica música de Mark Bradshaw.
En este proceso, la pareja de enamorados se conoce, se acerca, se aleja, incluso se promete, sin embargo, no puede consumar su amor porque Keats se siente incapaz de darle a Brawne el necesario estatus que ella merece. Junto con ese desencadenante tuberculoso que impregna la cinta con la tragedia anticipatoria, Campion no se distrae cuando se trata de aproximarse a un estado de ánimo emocional que florece en la idealización de las letras llenas de magia poética de Keats para irradiar las sombras de una enfermedad que va apagando la llama de la vida y avivando la del amor. ‘Bright Star’ excluye cualquier morbo, así como rechaza la cercanía entre sus personajes, expresando toda la pasión a través de cartas y de versos, con un ritmo lánguido y tono triste.
Esta fantástica historia de amor evocadora, delicada y sensitiva recurre al alma que le ponen sus intérpretes, Abbie Cornish y Ben Whishaw. Ella, afortunado descubrimiento, con esa fuerza y delicadeza que remite directamente a la aparentemente frágil Ada McGrath de ‘El Piano’ en su lucha por el amor y la libertad. Él por ese quebradizo físico y mirada vulnerable. Ambos realizan dos plausibles muestras de contención, de interpretación suculenta y meritoria, a la que no es ajena un Paul Schneider que da vida a Mr. Brown, amigo y protector de Keats, que tiene algunos de los mejores momentos de la película.
‘Bright Star’ supone una de las más conseguidas historias románticas de la temporada (aunque llegue con bastante retraso a nuestra cartelera), que lleva sus límites hasta la enfermedad, a la indecisión no consumada de lo platónico impedido por la necesidad. La descripción de un amor incierto golpeado por la infección y los obstáculos sociales. La obra de Campion es auténtico cine poético de poderoso e incuestionable carga visual lleno de sentimiento.
Miguel Á. Refoyo "Refo" © 2010
PRÓXIMA REVIEW: 'El Gran Vázquez', de Óscar Aibar.

lunes, 20 de septiembre de 2010

Trustworthiness of Beards: Ponga una barba en su vida

Desde pequeño siempre quise tener una barba señorial y elegante como Orson Welles. Grandes nombres de la historia han definido su rasgo físico inconfundible por la barba; desde Jesucristo, El Cid, Grigori Rasputin, Charles Darwin, Charles Dickens, Karl Marx, Fidel Castro, Stanley Kubrick, Osama Bin Laden hasta Santa Claus o los ZZ Top han lucido este distintivo en forma de crin facial prominente y distinguida. En torno a este vestigio estético se han erigido diversas supersticiones y relatos, como la atribución de sabiduría y respetabilidad, de potencia o impotencia sexual, de estatus social, de falta de higiene, de excentricidad o de compromiso religioso. Por ejemplo, los egipcios eran acérrimos enemigos de la barba, enfrentados a los semitas de Babilonia y Mesopotamia o a los hebreos, que lucían unas barbazas del quince. La historiografía de la barba pasa de la devoción por este uso fisonómico hasta la demonización que apuntaba que la barba era un signo de decadencia. Hoy en día, el hecho de lucir barba parece que queda como una moda pasajera, un signo de identidad o una cómoda costumbre que supone una forma de ahorrar tiempo, ya que se dice que si alguien llega a los ochenta años con barba habrá ganado casi tres mil horas respecto a los que se afeitan a diario.
Click en la imagen para agrandar.
No obstante, hay quien dice que los hombres con barba tienen menos probabilidad de casarse y que, normalmente, ejercen profesiones en las que no se exige buena presencia. Incluso hay estudios falseados que apuntan a que los barbudos tienen un mayor riesgo de derrames cerebrales o infartos de miocardio producidas por concentraciones de hormonas sexuales circulantes en el cuerpo que podrían influir en el proceso de formación del ateroma, una placa de grasa que se deposita en las arterias. Todos los tópicos que abogan por el progresismo de las barbas, aquellas tendencias que denotan un prototipo de capacidad intelectual o de dejadez a lo Joaquin Phoenix siguen siendo pura apología de extraña inventiva acerca de este estilo masculino. Tal vez no sea cuestión de llegar a ser como el veterano Karl-Heinz Hille, varias veces campeón internacional del concurso imperial de barbas y bigotes, pero la barba sigue siendo un símbolo reconocible y personal en todo aquel que la luce. Existen ciertos modelos de jerarquía y modelos de barba, multitud de categorías para definir los estilos dentro de esta desambiguación que estuvo muy de moda en la Francia del reinado de los Valois, pero sin duda una de las más divertidas ha llegado de la mano de Matt McInerney y su ‘The Trustworthiness of Beards’, que muestra el índice de confianza en su variedad genérica que tiene en su jerarquía desde los que poseen una barba entera e incluso de filósofo que son dignos de confianza o cuestionables cuando lucen una barba a lo 'amish', a la amenaza que suponen los que tienen barba únicamente en el cuello o la simbología funesta del bigote hitleriano. De todo hay. Puedo sentirme a gusto sabiendo que mi barba pertenece al primer grupo.

jueves, 16 de septiembre de 2010

'World's Greatest Dad', pequeña joya de un cine cáustico y mordaz

Sobre la hipocresía y el poder de la sugestión
La falsa idealización y la manipulación para despertar la hipocresía y la admiración de los que te rodean. De cómo las mentiras y las apariencias son una simbología velada del triunfo social. La película del dinamitador Bobcat Goldthwait ‘World’s greatest dad’ se concibe como un ejercicio de sadismo catártico, tremendo manifiesto sobre las miserias del mundo en que vivimos. La concatenación de penurias diarias, la humillación constante de una compañera que juega con sus sentimientos, la esencia de ‘loser’ irreparable se transforma en una tragedia personal que abre un mundo de posibilidades al éxito y a la admiración. Es un analítico y certero vistazo a la sociedad de hoy, donde la fisonomía de lo popular hace preguntarse sobre la reevaluación de lo verdaderamente significativo que se sustrae de la usura ética que nos rodea.
El personaje de Lance Clayton representa las sombras de la infelicidad colectiva, con ese hijo despreciable aficionado a la pornografía anormal y alumno proscrito de actitud egoísta e intolerante con los esfuerzos de un padre al que menosprecia. A pesar de ello, Clayton siente hacia su vástago un afecto y un débito que van más allá de ese desprecio y parsimonia, siendo capaz de salvaguardar su dignidad y reputación cuando éste muere ahogado accidentalmente durante la peculiar técnica de masturbación de asfixia autoerótica, la misma que acabara con la vida de David Carradine. Es entonces cuando el filme de Goldthwait lanza su bomba expansiva, cuando el perturbador humor negro golpea sin concesiones la conciencia del espectador, normalizando lo grotesco, dibujando para ello una rutina cargada de tenebrosidad, una tela de araña pringosa y repugnante que socialmente puede ser llamada incluso heroísmo.
La oscuridad de la tragedia se convierte en lumínica comedia gracias a esa portentosa maestría de Robin Williams con una interpretación polifacética, memorable, que brilla en los parámetros del exceso y la contención. ‘World’s greatest dad’ supura fuera de los límites establecidos, en su coherente mirada a un universo adolescente moldeable por tendencias sociales y figuras de culto ‘teenager’. De pronto, un bastardo ignominioso y mezquino puede transformarse en un beatífico paradigma del Holden Caulfield moderno y su sentido de la angustia adolescente. Los sentimientos humanos son el cebo para el comercio, para la fama y para la autoindulgencia.
La sátira tóxica apunta sus dardos a la celebridad, a la hipocresía y al poder de la sugestión que convierte la maldad intrínseca en su valor de choque, con una agudeza sin piedad, de tono nihilista, que sabe ridiculizar el duelo colectivo y la comercialización de los ‘mass media’ hacia la instrumentalización de la muerte. De paso, se repudia cualquier tipo de pantomima humana a la hora de buscar profundos significados en toda tragedia. Estamos ante una desconocida película de culto que juega con su fondo perverso a retraer la hilaridad de sus intencionales situaciones sobre el suicidio y la validez de las personas para esconder un discurso escaldado por una gran dosis de deformación moral. El drama puede convertirse en comedia de una forma inteligente, a su vez incómoda. No dejéis pasar la oportunidad de ver esta pequeña joya cáustica.

martes, 14 de septiembre de 2010

La leyenda de Rafa Nadal no tiene límites

¿Hasta dónde llega la capacidad de superación de un mito deportivo? Ayer, Rafa Nadal ratificó su estela de grandeza al ganar su primer US Open, subiendo un peldaño más en el olimpo tenístico al lado de gente como Fred Perry, Don Budge, Rod Laver, Roy Emerson, Andre Agassi y Roger Federer, los únicos en poseer los cuatro Grand Slams. Como apunta Kevin Mitchell en el diario ‘The Guardian’ el 6-4, 5-7, 6-4, 6-2 ante Novak Djokovic de ayer “apenas refleja la profundidad y la calidad de un partido de tenis que se parecía más a una pelea por el título mundial de los pesos pesados”.
Casi cuatro horas de emoción interrumpidas por otras dos a causa de la lluvia. Sólo perdió un set, algo que sólo Neale Fraser lograra hace 50 años. Apoyada en un equipo de personas que realizan un prodigioso trabajo en la sombra, la constancia y la tenacidad de Rafa siguen fortaleciendo lo físico y lo mental en un jugador cuyos límites aún siguen siendo una incógnita. La grandeza asentada en la sencillez de una persona destinada a hacer grande una disciplina de vaivenes, de dureza y esplendor interrumpido o efímero, donde sólo los más privilegiados y dotados son los que se sobreviven en la sustento de la gloria, auguran un futuro cercano donde Nadal, gracias a ese constante esfuerzo por mejorar y por el elegante respeto a los rivales, perpetuarán su condición de leyenda del deporte.
Las virtudes de los grandes, aquéllas por las que un mito es recordado con admiración como símbolo de su generación, convergen en la figura de un chaval de Manacor que sigue sus pasos para ir fulminando los récords de un Federer que ha dejado definitivamente su preeminencia a un heredero con más ambición, más preparado en todos los terrenos, para ir alcanzando cualquier gesta que se le ponga por delante, perseverando en su imparable consolidación como uno de los mejores deportistas de élite de la Historia.
Este 2010 es el regreso del Número Uno al gobierno de la corona mundial, en el que ha conquistado de manera consecutiva Roland Garros, Wimbledon y el Abierto de Estados Unidos. Nadal se ha convertido con sólo 24 años en el referente del tenis moderno, en el centro de todas las miradas. Ahora, sólo queda seguir viendo su progresión y disfrutando del espectáculo de fuerza y tesón al máximo nivel.

lunes, 13 de septiembre de 2010

Crónica sintética del Mundial de Turquía 2010

Turquía 64 - USA 81. Dieciséis años después desde su última vez, el mayorazgo del baloncesto, el cetro del deporte de la canasta, regresa a la selección de Estados Unidos capitaneada por un nombre absolutamente trascedental en el devenir de los acontecimientos: Kevin Durant. El resto, mejor olvidarlo.

domingo, 12 de septiembre de 2010

Muere Claude Chabrol, preceptor de la revolucionaria 'Nouvelle Vague'

“Mi propósito es mostrar la locura de la gran burguesía. La mayor parte de los grandes burgueses están locos. La burguesía es una clase, pero también un estado del espíritu y la clase perdurará menos tiempo… Y como la mayor parte del tiempo esos burgueses y sus mujeres no se hablan más que en las comidas, los horrores que se dicen resultan aún más extraordinarios. Sencillamente, como no tienen nada que decirse, su monstruosidad resurge cuando abren la boca”. Son palabras de Claude Chabrol, que ha fallecido hoy en París a los 80 años. Chabrol fue uno de los más aventajados creadores de la ‘Nouvelle Vague’, el primero de la revista ‘Cahiers du Cinemà’ que logró debutar tras las cámaras. La película fue ‘Le Beau Serge’. Desde entonces, su continuidad y ritmo de trabajo jamás decrecieron. Un autor real, genuino, que siguió los preceptos simbólicos y argumentales del maestro Hitchcok, del que se confesó fiel y gran admirador. Chabrol deja como legado una de las carreras más interesantes y coherentes no ya sólo de esta privilegiada y célebre generación de cineastas, sino del cine francés contemporáneo. ‘Les bonnes femmes’, ‘El bello Sergio’, ‘La mujer infiel’, ‘El carnicero’, ‘Los primos’, ‘Relaciones sangrientas’, ‘Nada’, ‘Al anochecer’, ‘Un asunto de mujeres’ o en los últimos años ‘La ceremonia’, ‘No va más’, ‘Gracias por el chocolate’, ‘La flor del mal’ y ‘La dama de honor’ son un pequeño ejemplo de su portentosa cinematografía.
Las obsesiones de Chabrol se centraron en una constitutiva y taxidérmica exploración de la clase burguesa, siempre desde un prisma de hipocresía social hacia el cinismo que provoca una materia moralmente cuestionable que, en muchas ocasiones, le sirvieron como elemento para incidir en la exploración del suspense, género predilecto del maestro que se ha ido. Su visión de esos defectos conlleva consigo un catálogo de sucesos, guiños y comentarios inscritos en una insustancial apariencia que terminan por explotar con consecuencias inesperadas, dicotomías perversas de superficialidad y precipicios éticos incluidos dentro de un entorno de ficciones llenas de ardides, en constante búsqueda de la complicidad provocadora con el espectador. Con su muerte la cinematografía queda huérfana de uno de sus creadores más excepcionales capaz de reflexionar con tanta brillantez que sirven de ejemplo para el pensamiento existencial: “la estupidez es infinitamente más fascinante que la inteligencia. Ésta tiene límites, pero la estupidez no”, dijo una vez este gourmet sibarita amante del buen yantar.

'Balada triste de trompeta', la película española más esperada del año

Después de que Álex de le Iglesia haya reventado el Festival de Venecia con sendos premios a Mejor Director (León de Plata) y mejor guión, ‘Balada Triste de Trompeta’ se erige como una de las películas más esperadas del año. La visión ácida y oscura de esa parte de nuestra historia pretérita tamizada por el filtro de la violencia y el rencor, del humor negro lleno de pesimismo sobre dos payasos pesadillescos enamorados de la misma trapecista, la película más personal y lóbrega del realizador de ‘Muertos de risa’ se presenta como esa propuesta del cine español capaz de levantar las mejores expectativas del cine patrio en este descafeinado 2010.
Hay unas ganas terribles de poder saborear esta nueva y ya exitosa obra. El problema: se estrena el 17 de diciembre en las salas de toda España. Pocas veces antes una película patria había despertado tanta curiosidad y apetencia.

viernes, 10 de septiembre de 2010

'La mirada circular' en Sitges

A principios de junio asistí a dos de las jornadas del rodaje de ‘La mirada circular’ a echar una mano a tres creadores metidos en un berenjenal, una conflagración fílmica que pocos son capaces de abarcar. Iván Sáinz-Pardo, Dirk Soldner y “Jim-Box” volvían a unir sus fuerzas para rodar otro nuevo trabajo después de su excelente y exitoso ‘La Marea’. En esta ocasión, ‘La mirada circular’ se fraguó con el esfuerzo y tesón de jornadas maratonianas apoyadas únicamente en un equipo técnico de tres personas, tres realizadores que pusieron lo mejor de sí mismos para demostrar que la persistencia y la ilusión son capaces de crear todo aquello necesario para levantar y sacar adelante una compleja producción trabajada desde el límite hasta el agotamiento físico y mental, en una demostración de cine “guerrilla” con muy bajo presupuesto.
Se trata así de un cortometraje de 11 minutos, rodado a seis manos, de nuevo en Gijón y alrededores. ‘La mirada circular’ muestra una corta pero a su vez sugerente sinopsis: “Una familia convencional. Un lugar maravilloso. Un bonito día. Una pesadilla perfecta.”. El corto ha sido seleccionado en la sección oficial a competición de la 48ª edición del Festival Internacional de Cinema Fantastic de Catalunya Sitges 2010, que tendrá lugar entre los días 7 y 17 de octubre. El cortometraje se proyectará junto a una selección de las mejores producciones internacionales de género fantástico.

jueves, 9 de septiembre de 2010

Mundobasket Turquía 2010: El amargo despertar del sueño

Ayer fue un día muy triste. Una de esas jornadas aciagas que los aficionados al baloncesto no querían haber vivido. Sin embargo, sucedió. El encanto y la ilusión de este apasionante deporte que, en los últimos años ha entregado a la afición española los mejores y más recordados logros de la historia reciente, ayer se vinieron abajo como una montaña de naipes mal colocados. Las derrotas contras Francia y Lituania ya hicieron presagiar que el devenir de los acontecimientos no iba a ser del todo satisfactorio para un plantel de jugadores que, digámoslo ya, no ha estado a la altura de las expectativas. Ha sido un Mundial extraño desde su comienzo, desde que Francia despertara las primeras dudas respecto a las posibilidades reales del conjunto de hombres seleccionados por Scariolo. La selección española ha echado de menos su mejor juego, su ambición fundamentada en recursos ganadores y ha dejado ver hendiduras, viéndose afectados tremendamente sus valores técnicos, jalonados con erróneas decisiones estratégicas, titubeos varios y, sobre todo, falta de coherencia en las verdaderas posibilidades de un equipo que nunca se ha terminado de creer sus posibilidades de éxito dentro de un torneo tan exigente como es un Mundial.
La España de Turquía ha mostrado, desde una dolorosa perspectiva subjetiva, la descompensación de un equipo con fallas en su estructura, una falta de nivel defensivo, de bloque, limitado en su creatividad y energía atacante que ha dado como consecuencia la frustración de la precipitación a la hora de dilucidar sobre la autoconfianza, forjando un juego conservador y especulativo. A España le ha faltado agresividad y certidumbre. Pese a la sobresaliente y habitual garra de Juan Carlos Navarro (el gran jugador español del torneo) y la consolidación de Fran Vázquez (que visto una impecable progresión inalcanzable para el resto de compañeros), ha habido trabas y deficiencias en el juego de gente habituada a la compensación y corrección como Rudy, Garbajosa, Ricky, Marc, Felipe… Falta de fe, falta de fuerza. Estaba claro que algún día la catástrofe tenía que llegar. No hay que ser condescendientes: ha sido un fracaso y una decepción. Un palo gordo. Sin embargo, no se le puede reprochar ni la intensidad ni el compromiso de estos chicos. No ha podido ser. Llegarán mejores tiempos. Hay continuidad y cantera para seguir manteniendo la ilusión. Eso sí, es cierto que estas señas de identidad no han estado del todo finas, permaneciendo ajenas a las características que han denominado a los ‘Golden Boys’.
Las ausencias tampoco pueden ser la excusa. El ciclo no ha acabado, pero está cerca de su fin. Eso está claro. La renovación es necesaria. Y debe hacerlo desde sus cimientos; primero con la marcha de ese sinvergüenza y cáncer del combinado nacional que es Jose Luis Sáez, que debe renunciar a la comodidad de la federación y hacer un favor a este deporte. Segundo, con el éxodo fulminante de un entrenador como Scariolo, fundamental responsable de esta derrota. Esto, es así. Lo de ayer sólo fue la gota que colmó el vaso. Serbia supo jugar a ganar y terminó haciéndolo, pese a los estimables esfuerzos de una España que fue a remolque en casi todo el partido y lo pagó con la eliminación. No hay que buscar subterfugios. Si no hubiera sido Serbia habría sido Turquía. Es la primera vez desde 2004 en que esta selección no participará en unas semifinales de un gran campeonato. Va llegando la hora del reciclaje y del cambio, aunque no hay porqué perder la fe en este grupo. No pasa nada. Los que amamos este deporte sabemos que hay un porvenir para seguir creyendo en futuros éxitos. El triple imposible de Teodosic fue el jarro de agua fría que nos hizo despertar de un sueño. Son cosas que pasan en baloncesto.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

La culpa de todo, la tiene...

berrido.
(De berrar).1. m. Voz del becerro y otros animales que berrean.
2. m. Grito desaforado de persona.
3. m. Nota alta y desafinada al cantar.

domingo, 5 de septiembre de 2010

Un Mundo desde el Abismo: Sexta temporada

Tal día como hoy, hace ya seis años, se me ocurrió, llevado por un ejercicio de necesidad y actividad de escritura junto a algo de vanidad (todos los blogs lo son), comenzar una singladura por ese proceloso universo llamado ‘blogoesfera’, en aquel año un erial algo infecundo y poco difundido. Entonces se describía la plataforma como revolucionaria. Una bitácora simbolizaba una puerta abierta al mundo del ocio y la comunicación, una edad tecnológica nacida para ponerse al alcance de cualquier usuario. Todos adoraban la posibilidad de sumergirse en un inframundo lleno de virtudes y posibilidades. De repente, ‘Un Mundo desde el Abismo’ nació en pleno auge, cuando aún no se había extendido la atención de lo ‘mainstream’, con gran interrelación con otros blogueros que siguen en lo más alto del respeto de esta gigantesca secta que en pocos años pasó de gran paso dentro del mundo de la divulgación a un progresivo crepúsculo que se dio cuando los ‘blogs’ comenzaron a pasarse de moda.
Hoy en día, dentro del cómputo que simboliza el ‘Mondo Blog’ dentro de la Comunicación 2.0, del intercambio comunicativo mediante la utilización de medios sociales, ha quedado a la zaga de otra viabilidad más fácil y accesible, más cómoda e inmediata como puedan ser Facebook o Twitter. Los renovadores ‘blogueros’ de entonces, en la actualidad se perpetúan dignamente como unos viejos roqueros del medio, dinosaurios que no alcanzan a entender cómo y porqué siguen en su constante metodología e inmutable continuidad a menos que hayan encontrado una retribución económica a su esfuerzo. Dentro de los diversos fenómenos socioculturales y en constante evolución, digamos que los blogs han sido los que más efímeramente han tenido su repercusión precisamente por el paradójico incremento sin freno que ha sufrido la comunicación global dentro de los medios virtuales. Digámoslo de esta manera: hoy todo el mundo tiene un blog y es más fácil abandonarlo a su suerte sustituyendo el hábito de lectura por un botón que constate el vistazo presencial del “me gusta” antes que el detenimiento analítico o curioso del lector respecto a la página que visita. Hace cuatro o cinco años, los comentarios del cualquier blog con gran tirón se contaban por treintenas y las visitas superaban con facilidad el millar. Hoy en día los números de muchas de aquellas bitácoras de moda están por los suelos. Aunque si el tema estadístico fue considerado como un estúpido añadido en el constante hábito de publicación, es un elemento que queda de lado en el crecimiento hacia la incógnita del futuro de los blogs. Hoy en día, un ‘blogger’ tiene ese céfiro de incierto y falsamente lejano de prestigio. Pero también una nostálgica nobleza cuando los años pasan y la actividad no decae y sigue en una progresión sostenida.
Al menos es el caso que pretende seguir este veterano espacio. Mi idea era constatar un impulso, un proyecto que se alargara, al menos, un lustro. El propósito de ‘Un mundo desde el Abismo’ era sobrevivir a viento y marea cinco años. Hoy ese ciclo ha llegado a su fin. La suerte fue la de querer un blog con la función catártica que ello desempeñaría en un momento bastante confuso respecto a lo personal y más en lo que concierne al ámbito profesional. Hoy, el primer drama está más que solventado. En el segundo, aún sigo buscando mi destino, más impreciso si cabe que entonces. De una forma gratificante, después de casi mil setecientas entradas, mil setecientos ‘posts’, que han ido escribiendo parte de mi vida, me encuentro en una situación privilegiada a la hora de echar un vistazo atrás y de no saber muy bien qué hacer con toda la acumulación de temas, críticas, dossieres, artículos, reportajes, cinismos varios, reflexiones absurdas, enlaces a segundos y terceros, secciones perdidas y chorradas a mansalva que han desfilado en estos 2.189 días. Me da la sensación de ser un extraño ente, un mórbido adicto a la palabra, un amago de escritor enloquecido aquejado de una especie de Síndrome de Diógenes creativo o literario. O, tal vez, ninguna de las dos cosas. Lo bueno y lo malo de esta perspectiva es que sigo siendo una persona que no ha encontrado todavía qué tiene para decir en Internet. Llevo desde los dieciocho años escribiendo y aún no sé hacia dónde se encamina todo de lo que me rodea. El observador de la realidad y de la ficción que habita en mí descubrió un foco de salida en un nombre paradójicamente tan adecuado, al borde de un abismo insondable. Seis años después no sé aún si he caído en él o aún mantengo una esperanza de seguir mirando desde arriba. Los cinco años se han completado, han llegado a su fin, sin saber si encubro algún tipo de miedo a matar a ese otro ‘yo’ posesivo y loco o por el cariño que sigo profesando a esta rutina abismal. Por ello, ‘Un Mundo desde el Abismo’ continuará su periplo, al menos, un año más. Como la aceptación de una cláusula de prórroga.
Un aplazamiento que servirá para aumentar la continuidad y el desafío de ese ímpetu que no ha perecido en el intento. Todo lo contrario, se ha engrandecido con la idea de seguir aportando algo de subjetividad en un blog asentado en el desorden. Todo seguirá trastornado por la locura y precipitación con la siempre han nacido los ‘posts’, desde el arrebato y la inmediatez. Suscribiendo las palabras del año pasado en esta misma onomástica: “…aunque el futuro depara sorpresas imprevisibles y depende de muchos factores su continuidad. En cualquier caso, este blog forma parte de mi vida por siempre jamás e identifica la ilusión que un día, por la bobada del intento, se materializó y fue creciendo hasta ser lo que es. Un pequeño reducto donde todo el mundo es bienvenido…”.
Por ello, muchas gracias a todos los que pasasteis, los que habéis pasado y los pocos que aún os seguís pasando por este abismo que siempre será vuestro. Al menos, un año más.

Desde Turquía: Absurdos Kvasniova

Durante el partido del pasado jueves entre España y Canadá, se da una situación que viene siendo habitual en las retransmisiones de la Sexta con motivo del Mundobasket que se está celebrando estos días en Turquía. Marc Gasol tiene un roce con uno de los componentes del equipo canadienses y reclama algo al árbitro. En la marabunta de diálogo muchas veces sin sentido a la que nos llevan la extraña trinidad formada por Mel Otero, Juan Antonio San Epifanio y Juanma López Iturriaga, el primero de ellos parece solicitar a la colaboradora de pista más información sobre este pequeño incidente.
Otero le pregunta a Karina Kvasniova si ha oído algo al respecto de la queja del hermano mediano de los Gasol al colegiado. La reportera deportiva lituana contesta, con toda su pachorra: “No, no he podido oír nada. Pero hay buen ambiente en el banquillo de Canadá, hay caras de alegría y parece que se lo pasan bien”. Una apreciación que, obviamente, no despeja la duda generada por la acción y reprobación del jugador español y que añade ilógica a la situación, máxime cuando Canadá perdía ya de ocho puntos. Es el ejemplo más paradigmático de las absurdas aportaciones de esta periodista rubia, con voz estridente y chillona, que, se supone según se lee en su curriculum, que cubrió la Eurocup de baloncesto de 2007, 2008 y 2009 para la cadena Eurosport en París. O al menos, eso dicen.
Andrés, algunos te echamos mucho de menos.

sábado, 4 de septiembre de 2010

Review 'Salt (Salt)', de Phillip Noyce

La ilógica como excusa para el divertimento
A pesar de resultar superficial, ‘Salt’ no termina por ser una necedad por el oficio de Phillip Noyce en un trabajo sumamente entretenido e inteligentemente diseñado que se mueve con tanta rapidez y habilidad que hace olvidar el absurdo desaguisado que supone el filme.
Angelina Jolie parece empeñada en convertirse en la abanderada y modelo femenino del cine de acción del Hollywood actual. Su aspiración por convertirse en un icono dentro del género, en una heroína de armas tomar, sigue su curso tras muestras de ahínco como ‘Tomb Raider’, ‘Sky Captain y el mundo de mañana’, ‘Mr. & Mrs. Smith’ o ‘Wanted’. En este caso lo hace con ‘Salt’, un ‘thriller’ de espionaje donde los síntomas del engaño van muy por delante de lo creíble, anticipándose el ardid sobre lo que se está contando, para jugar con el espectador en una doble articulación de mentiras y falsas apariencias encauzadas hacia la sorpresa final. La cinta del veterano Phillip Noyce asume su previsibilidad sin prejuicios, bamboleada por los movimientos tácticos de un personaje que traspasa la línea de lo inconcebible, pero que nunca resulta inoperante o aburrido. El núcleo de la historia es tan sencillo como superficial, sometiendo a la protagonista a una inclemente ventisca de acción donde los saltos, las carreras, los disparos y las peleas vienen a ser el único condicionante del escueto metraje de la película.
La Jolie da vida en esta ocasión a Evelyn Salt, una agente de la CIA que, tras permanecer en cautiverio y ser torturada por miembros de las fuerzas militares de Corea del Norte, regresa a casa junto a su marido para ser acusada instantáneamente por un desertor ruso de estar trabajando como agente doble que tiene como encargo asesinar al presidente de Rusia durante su próxima visita de Estado con motivo del funeral del vicepresidente de los EE.UU. en la Catedral de San Bartolomé de Nueva York. Por si eso fuera poco, cuando los acontecimientos den un giro en el juego de artificios que supone su trama, Salt deberá evitar que asesinen al Presidente de los Estados Unidos en un bunker y detener un ataque nuclear contra Arabia Saudita, que se saldaría con la muerte de nueve millones de musulmanes que volarían por los aires, cabreando así a todo árabe viviente y dando inicio a un cataclismo bélico sin precedentes.
Por supuesto, en esta tesitura enredada y dificultosa, la heroína reúne una serie de actitudes que caracterizan su condición de superagente, dibujada con la personalidad de un rol de cómic experimentada en la supervivencia con extraordinarias cualidades. De ahí que, cual sofisticado McGiver, pueda armar un ‘bazooka’ con accesorios de oficina, escapar de la sede central de la CIA sin mucho esfuerzo, trepar por las cornisas de un edificio con una mochila en la que no faltan disfraces, armas de todo tipo, una araña venenosa de su marido aracnólogo y un ‘perro patada’ y salir indemne. Obviamente, esta tipología de ‘action hero’ puede escapar con pasmosa destreza simplemente con una pistola de descargas eléctricas sobre un oficial en estado de shock cuando es arrestada por la policía y va en un coche escoltado por otros tantos.
Tal vez, el elemento más interesante (y a la vez anacrónico y podría decirse que improcedente) es la reconversión del villano global que vuelve a ser, después de muchas décadas, la amenaza rusa, rescatando aquellos fantasmas de espionaje entre KGB y CIA, en una cruenta lucha que revive la Guerra Fría, dejando a un lado la modernidad terrorista de los tiempos que corren y heredando una iconografía de malvados soviéticos que han sido programados desde su infancia para atentar contra mandatarios gubernamentales de todo el mundo, al más puro estilo del espíritu de Ira Levin con la fisonomía rusa de unos niños que parecen sacados del ‘The Midwich Cuckoos’, de John Wyndham. Evelyn Salt vendría a ser un oportuno simulacro, bendecido por su amor a la patria yanqui, de Anna Chapman, esa modelo pelirroja que fue detenida en Estados Unidos hace un par de meses acusada de espionaje enviada por el Kremlin para destapar secretos militares y de estado. Con eso, en la cinta de Noyce escrita por Kurt Wimmer, la historia se reescribe apuntando, por ejemplo, a que Lee Harvey Oswald fue instruido desde pequeño en la antigua URSS para regresar a América en 1962 y atentar contra J.F. Kennedy a favor de los intereses soviéticos. Con absurdos elementos como este, ‘Salt’ no sabe sacar partido de una posible crítica hacia los servicios de inteligencia americanos, ya que se recrea más en seguir la línea argumental de ‘El fugitivo’, de Andrew Davis (ese personaje acusado injustamente que huye mientras intenta demostrar su inocencia) que con las trémulas cabriolas visuales y drama interno de héroes modernos como Jason Bourne o el ‘revival’ de James Bond.
Aquí la instrospección humana del personaje viene dada por episódicos recuerdos a modo de ‘flashbacks’ melifluos e inconsecuentes, desprovistos de toda emoción y risibles, acerca del inicio de la relación entre la espía y su marido. ‘Salt’ es un constante desafío a la lógica, ya no sólo de las leyes físicas con sus imaginativas fantasmadas, sino en las decisiones tomadas a la ligera por su protagonista, no tanto por la importancia de las mismas dentro de la estructura lógica del guión, como de la extravagancia con las que se marcan, con caprichosa voluntad, indicando por dónde tiene que moverse el personaje y actuar según una ruta de absurda incoherencia.
Si por algo ‘Salt’ no termina por ser una necedad desacertada, aunque tenga mucho de ello, es por que el oficio de Phillip Noyce tras la cámara, que disimula en parte la catástrofe, apreciándose cierta cohesión en el ‘modus operandi’ con el que resuelven las escenas de acción, con una virtud y garantía de calidad, como extensión a aquellas adaptaciones de las novelas de Tom Clancy que perpetuó hace ya alguna década junto a Harrison Ford dando vida a Jack Ryan en sus juegos patrioteros. ‘Salt’ termina por resultar un trabajo sumamente entretenido e inteligentemente diseñado, que se mueve con tanta rapidez y habilidad que hace olvidar con destreza el desaguisado de la trama que se está contando, con acción superpuesta al nulo diálogo de relleno o digresiones sobre culpabilidades o inocencias.
También ayuda a la satisfacción, una vez más, la presencia estimulante de Jolie asumiendo su rol de máquina de matar a favor de la justicia y la salvaguardia. ‘Salt’ es una película que exige mucho de su físico y adopta su enigmático rostro para encandilar al público y sostener el protagonismo como principal efecto especial. Ella es el único vehículo de interés (muy bien flanqueada por Liev Schreiber y Chiwetel Ejiofor) y sabe distraer con convicción y profesionalidad digna de alabar en su enésima demostración de exhibición física.
Miguel Á. Refoyo "Refo" © 2010
PRÓXIMA REVIEW: 'Bright Star (Bright Star)', de Jane Campion.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

'Spot' Movistar e Imagenio Temporada 2010-2011: El hijo despreciable

Con el nuevo anuncio futbolero o futbolístico de Movistar e Imagenio que incluye el paquete básico con el canal GOL TV para esta nueva temporada, se recupera a su vez SMP (Siniestro Mundo Publictario), otra sección de este blog perdida en los abisales fondos del olvido. El anuncio transcurre de la siguiente manera; durante toda la vida un padre ha inculcado a su vástago el amor y la afición por los colores de un equipo que les ha unido a través de los años, más allá de la habitual relación paternofilial en esa bonita identificación hereditaria de la pasión por el fútbol y por una misma bandera. Nos muestra cómo el padre ha ido contagiándole su afecto hacia el equipo de su vida, convirtiéndolo también en el de su hijo. Viajes nostálgicos en microbus, amargas decepciones, inolvidables alegrías y celebraciones, fiestas de cumpleaños temáticas, esconder esa camiseta en el bar cuando los ultras rivales entran en el mismo establecimiento e incluso confabulándose para dejar a la madre plantada con la comida recién puesta en la mesa por ir a ver el fútbol. Viejos recuerdos ahora ya caducos grabados en una memoria compartida y añorada.
La idea es clara; el fútbol establece lazos de concordia y refuerza el vínculo generacional entre padres e hijos. Sin embargo, lo que parece un afectuoso ‘spot’ se les escapa de las manos en su actualización, en la traslación al presente, en el reflejo de este padre e hijo hoy en día. El primero, ya anciano, desea asistir con su hijo como cada año, como cada jornada, al estadio donde han vivido tantos instantes memorables. Éste, acomodado en la indecencia del ingrato le espeta sin ningún rubor: “Papá, vamos a hacer que el estadio venga a casa”. Y uno dilucida: Pero vamos a ver cabronazo… Tu padre, insisto, ¡¡TU PADRE!!, ese entrañable hombre que ha vivido tanta historia de afición por el club de vuestros amores junto a ti, que ha rehusado el hecho de ir con sus amigotes al fútbol por compartir su tiempo contigo, que se ha dejado el sudor de su trabajo en una cantidad de dinero considerable en los desplazamientos con la afición para que tú vivieras esos momentos de gloria, que te ha hecho socio del equipo desde pequeño, que ha puesto su empeño en estar juntos cada domingo en el estadio para seguir compartiendo el sentimiento por el club de vuestra vida y que, ya mayor, te está pidiendo volver al estadio… ¿Se lo estás negando? ¿Se puede tener mayor desafección y egoísmo en un claro gesto de desprecio por un padre?
Ahí el pobre hombre, emocionado e impaciente por volver al campo, por seguir la liturgia futbolística de cada domingo junto a ti, vas tú, acomodado de mierda y tienes la desfachatez de objetar a tu progenitor esa tradición que os une. Normal que el padre le mire con un rostro de incertidumbre y decepción cuando su hijo le pone una bufanda y deja a su pobre padre en el sillón viendo el partido en casa. Despojándole de la dignidad del aficionado real y transformando a su viejo padre en un aficionado televisivo al que ni siquiera le pone una miserable cerveza y una tapa para seguir, con la frialdad de la emisión televisiva, ese partido que este hombre podría recordar como el día en que perdió la relación con un hijo que no se merece. Así es Imagenio, Gol TV. y la representación de un primogénito insensible y desleal a los sentimientos de un padre. Esto es lo que profesa alguna publicidad disfrazada de sentimentalismo barato.