domingo, 30 de mayo de 2010

Se ha ido Dennis Hopper, el rebelde más sedicioso de Hollywood

1936-2010
Cuenta Peter Biskind en su archiconocido e imprescindible libro ‘Moteros tranquilos, toros salvajes’ que el impacto de ‘Easy Rider’ provocó un movimiento sísmico dentro del sistema hollywoodiense nunca antes visto. Dennis Hopper fue catapultado al éxito pasando a ser un icono de la contracultura como lo eran John Lennon, Abbie Hoffman y Timothy Leary. Por aquel entonces el signo de Hopper era el de una divinidad que empezaba a caer en la grandilocuencia, la megalomanía y la grandeza autoasumida en una espiral de sexo, drogas y fiestas salvajes. Life le llamó “el director más potente de Hollywood”, un realizador capaz de revolucionar el cine con la desvergüenza de los genios. En el apartado más disoluto, incluso se atribuía el mérito de haber puesto de de moda la cocaína entre los hippies. “No había cocaína en la calle antes de mi película”. Para Hopper fue una revelación: “mientras filmábamos podíamos sentir que el país entero estaba en llamas. Los negros, los ‘hippies’, los estudiantes… Yo quise introducir ésa sensación en los símbolos de la, película, como la gran moto del Capitán América –esa hermosa máquina cubierta de de barras y estrellas y con todo el dinero en el tanque de gasolina, es América-. La sensación de que en cualquier momento podíamos volar en pedazos ¡Bum! Una explosión. Como al final de la película”.
Con Hopper además de un gran actor se va una figura imprescindible para asumir que un día el cine dejó sus estilemas arcaicos y abrió la veda de una generación que daría algunas de las mejores obras maestras de finales de los 70 y definiría el futuro inmediato de aquellos años. Con él se va una leyenda de la rebeldía y del desprecio hacia las normas. Un genio que llenó páginas con sus historias personales y profesionales dentro de una vida marcada por el exceso.
D.E.P.

viernes, 28 de mayo de 2010

Review 'Two Lovers (Two Lovers)', de James Gray

Rígida melancolía y poética sensorial
La dotada personalidad cinematográfica de James Gray es capaz de trazar una fascinante construcción introspectiva a unos personajes inmersos en una tragedia anímica con oscilaciones afectivas hacia las soluciones erróneas.
Con sólo cuatro películas en su filmografía James Gray se ha confirmado como uno de los directores más interesantes del cine norteamericano de la última década. Su condición contracorriente, su pulida estética y metodismo fílmico abogan por la verdadera libertad creativa para plasmar historias alejadas de cualquier convencionalismo, sin dedicarse a descomponer el género en el que aplica su depurado estilo formal, pero partiendo de sus bases a la hora de reflejar en pantalla sus planteamientos narrativos. Tachado por parte de la crítica como ‘posmodernista’, aunque lo hagan en un extremo mucho más moderado que a cualquier “auteur” que se separe de las líneas prescritas por Hollywood, Gray ha sabido distanciarse de las etiquetas, determinando sus rasgos a una agradecida heterogeneidad enfocada hacia un tono minimalista, en el que exponente de contención e independencia se basa en la discreción y el ‘antiefectismo’, convirtiéndose en un ejemplo de cineasta arriesgado e inclasificable.
Para ‘Two lovers’, cinta que llega con dos años de retraso a las pantallas españolas, James Gray toma la novela corta de Fiodor Dostoievski ‘Noches blancas’ como vínculo dramático para contar el conflicto de Leonard Kraditor, un personaje oscuro y bipolar, incapaz de virar el rumbo de su rutinaria vida que intenta torpemente suicidarse al comienzo de la cinta. Su actitud cobarde y sus fantasmas interiores no le dejan saber muy bien qué es lo que quiere en esta vida, permaneciendo atormentado con una traumática relación perdida con su ex prometida. Leonard vive con sus padres en Brighton Beach víctima de sus propias obsesiones entendidas como mala suerte. En un esfuerzo por lanzar algo de luz a su vida, sus padres, Reuben y Ruth, le presentan a Sandra, la hija de unos amigos que se dedican a la limpieza en seco con la que parece conectar en seguida. Sin embargo, Leonard conocerá simultáneamente a Michelle, que vive en el mismo edificio de apartamentos. A partir de ese momento, los acontecimientos se bifurcan en dos opciones bien distintas.
‘Two lovers’ urde desde el comienzo un drama cuya materia gravita constantemente en la importancia de las decisiones, pero a la vez en la dualidad, en la disyuntiva de una condición ética y existencial propuesta a un joven perdido en su frustración. Por un lado está la morena Sandra, como mujer ideal cuyos principios sentimentales se ciernen a la coherencia y al amor recíproco. Ella posee un perfil clásico de mujer amante y sumisa, comprensiva y tierna. El escenario familiar y rutinario que tanto apesadumbra al protagonista. Por el otro, Michelle es la imagen idealizada y turbadora de un sueño inalcanzable y, a su vez, una vía de escape, la libertad que promete una vida alejada de la herencia familiar de un negocio aburrido. Dos ideales confrontados, el amor pragmático desagraviado contra el platonismo de otro no correspondido, puesto que Michelle está enamorada de un hombre casado que no cumple su promesa de dejar a su familia por ella. Es la falta de decisión de Leonard y la de Michelle lo que les une, lo que un momento concreto del drama atisbe una felicidad ilusoria y una liberación hacia la autonomía vital.
Con todo ello, Gray va trazando una fascinante construcción introspectiva al alma de sus personajes, siempre en los límites contextuales y temáticos de los melodramas sentimentales, sin exceder en emociones, vinculando el sustrato dramático a la tranquilidad y a la madurez con la que fluyen los comportamientos de esos seres heridos, que subsisten entre su fragilidad y sus anhelos, que necesitan, en definitiva, aferrarse a una relación. Por poco futuro que ésta pueda tener.
En ‘Two lovers’ destaca el uso de los fundamentos del realismo naturalista para avivar un extraño halo de clasicismo que empapa cada uno de los fotogramas de este fantástico filme. El resultado es la consumación de una rígida melancolía, de una poética sensorial que responde a un cine que ya no se hace. A veces, Gray imprime cierto grado de frialdad, convenientemente adecuada a las necesidades narrativas, con un cromatismo de apariencia caduca y neutra, donde el escueto intimismo estético se pone de manifiesto con el gran trabajo de Joaquín Baca-Asay en continuo contraste de interiores de luz templada y acogedora con los exteriores de tonos azulados y urbanos.
Otro de los grandes temas sobre los que gira la fimografía de Gray es la familia. Y en ‘Two lovers’ vuelve a ser imperante la importancia argumental con la que se resuelve el drama. La familia de Leonard serviría para granjear esa falsa seguridad en la que parece vivir el problemático joven, desdoblado con la promesa de un futuro mejor en el momento en que comienza a salir con Sandra, puesto que el padre de ésta promete una fusión de empresas y de familias. Aquí, todo el mundo en la película quiere lo mejor para sus hijos, ya que el padre de Sandra vislumbra un futuro prometedor a la pareja, pero nunca poniendo a su hija como parte de un trato con su futuro yerno. Y la madre, sobreprotectora y cautelosa, que quiere ver cómo su único hijo aproveche la oportunidad de construir una familia sólida a partir de sus raíces. Lo que no quita para que, en un instante crucial del filme, asuma las decisiones erráticas de su vástago si con ellas será feliz. Es una secuencia magnífica, donde la matriarca, que ha sido descrita como algo celosa y preventiva se revela como una persona capaz de volcarse por medio del amor, la comprensión y la lástima hacia su hijo.
Gray sabe disponer de todas las aristas y pautas del melodrama sin ninguna superficialidad, desnudando las sombras de quienes están inmersos en tan infortunado trance. Tiene tintes de tragedia anímica con oscilaciones afectivas hacia las soluciones erróneas. Y no se olvida de puntuar geográficamente la personalidad de su narración, haciendo de ese contexto neoyorquino de Brighton Beach, en Brooklyn, al que el realizador es tan afín, un espacio de reclusión del que escapar. La labor guionística de Richard Menello y del propio James Gray rezuma verdad, auspiciado por la sobriedad con la que se entregan los personajes a una trama diáfana, sin recovecos a las sorpresas o los puntos de giro inesperados.
No sería un filme tan sobresaliente sin la riqueza de unas interpretaciones que exteriorizan una ostentación de mimo por parte del realizador. Joaquin Phoenix prevalece como un actor magnífico, capaz de provocar todo tipo de sensaciones muy bien compensadas por la armonía de Vinessa Shaw y la magnética inestabilidad que deja ver una inspirada Gwyneth Paltrow, así como los secundarios, Moni Moshonov, Isabella Rossellini, Bob Ari o Elias Koteas, artífices de algunos de los momentos más importantes de la cinta.
A simple vista, ‘Two lovers’ podría verse como un itinerario parsimonioso por los problemas emocionales que invocan irremediablemente a la melancolía y a la angustia. Lo es. Pero también es una disección sobre los cimientos del deseo, su naturaleza y sus riesgos, que no olvida el destino marcado por la coherencia. Mientras medita con el lirismo, también engrandece su estela al desfilar por la humildad y sencillez con la que está narrada esta sugestiva obra. La misma que se concentra en la cruel realidad de una azotea, donde dos almas a la deriva están destinadas a un final infeliz.
Miguel Á. Refoyo "Refo" © 2010
PRÓXIMA REVIEW: 'Prince of Persia: Las arenas del tiempo (Prince of Persia: The Sands of Time), de Mike Newell.

miércoles, 26 de mayo de 2010

El usador de palabras

En Laugharne, cerca de una casa levantada a orillas de un estuario en el corazón de Gales, el poeta pasó horas viendo las crecidas invernales del río Towy. Vio muchas veces cómo se anegó el jardín, jugando a encadenar patronímicos o tal vez sólo nombres que versificaran cada una de las colinas que se veían al este, en la ribera opuesta del río.
Un mal día, por aquellos parajes, no hubo presencia humana, nadie que observara el paraíso. La habitación donde el hombre de rizos rojos desplegó su talento, se llenó de polvo y silencio. Una botella de whisky medio vacía sepultaba su triste pesar sumida en el afonía de una boca que jamás volvería a beber de ella.
Lejos de allí, Stravinski se quedó sin las palabras del borracho irredento y Swansea lloró su muerte. Años después, un cantante tomó su apellido para pasar a ser hu heredero con una guitarra a cuestas.
Dijo en una ocasión Dylan Thomas que no era un poeta, que era un simple usador de palabras.

Mi incuria y 'Lost'

Sé que mucha gente acudió al Abismo el pasado domingo con la intención de encontrar algún texto, reflexión o simplemente un pequeño vestigio relacionado con el final de una serie tan generacional como ‘Lost’. La verdad es que así debería haber sido. Se trata de un problema de actitud, de incuria voluntaria debido a la adicción que despierta, a la necesidad poderosa de querer un nuevo “chute”, de ese compartido desasosiego que provoca la obsesión por ver más y más. Mi periplo en ‘Lost’ acabó, de forma provisional, en la tercera temporada. Mi desafío, en aquel momento, era esperar a que la serie terminara por completo para poder disfrutarla de un tirón, inoculando visualmente todo el suspense, el drama, las aventuras, las paradojas y la tensión progresiva que no he podido dosificar como el resto de la gente. Ahora llega el momento de meterme de lleno en el laberinto y dejar llevarme. No he sido un 'lostie' comprometido con la causa. Ha sido un error. Lo reconozco. Y pido disculpas por ello. Sin embargo, subsanaré algún día semejante anacronismo para con este fenómeno dentro de este espacio abismal.
Únicamente sólo puedo recomendaros que leáis el titánico esfuerzo del gran Noelio en su ejemplar y mítico blog 'El Emperador de los Helados' sobre el final de la serie.

sábado, 22 de mayo de 2010

Review 'Un ciudadano ejemplar (Law Abiding Citizen)', de F. Gary Gray

Una venganza agigantada
La película de F. Gary Gray comienza con un hálito antisistema hacia cauces de denuncia a un sistema judicial ineficiente y acaba como una risible muestra de montaña rusa de feria de trampas insostenibles.
Las historias de venganza paterna, reescritas una y mil veces, tienen un patrón reconocible: un protagonista que, en apariencia, lleva una vida normal y apacible, modélica y envidiable, de repente, ve sacudida su felicidad por la irrupción en su vida de un siniestro acontecimiento que supone la injusta pérdida a manos de un villano o grupo de ellos a los que perseguirá para desagraviar tan aciago infortunio. Desde aquel resentido y mítico icono de los 70, Paul Kersey, que personificó Charles Bronson en ‘Death Wish (El justiciero de la ciudad)’, de Michael Winner, pasando por el inolvidable Max Rockatanski de ‘Mad Max’, de George Miller, la infausta ‘Gladiator’, de Ridley Scott… y tantas y tantas otras hasta un puñado de títulos recientes en la que el protagonista también veía asesinado(a) a su primogénito(a) como en ‘Sentencia de muerte’, de James Wan, ‘Venganza (Taken)’, de Pierre Morel y la muy reciente ‘Al filo de la oscuridad’, de Martin Campbell, con Mel Gibson.
‘Un ciudadano ejemplar’ entra en la primera categoría. Su intención, a priori, es la de poner en tela de juicio un sistema judicial ineficiente y alejado de la coherencia legal, de cómo la Justicia pisotea al ciudadano de a pie y se pone de parte de corruptelas, quinquis, gente de mal vivir y criminales, dejando a quien comete el delito sin sufrir el castigo que debería, con total impunidad en otro de los muchos ejemplos (que de hipotéticos no tienen nada) de procesos judiciales irregulares. No hay que ir muy lejos ni en el tiempo ni en la geografía para poner ejemplos claros de estas tácticas judiciales, por ejemplo, aquí en España, con conocidas sentencias que ni los propios padres de una víctima asesinada ni la opinión pública alcanzan a entender, mientras el criminal se mofa de todos con arrogancia y prepotencia.
¿Qué hacer ante tal iniquidad? ¿Tomarse la justicia por la propia mano? La cinta de F. Gary Gray sigue ese hálito antisistema, que tiene un componente fatalista y dramático con la historia de Clyde Shelton, un hombre que en los primeros compases del filme observa impotente cómo su mujer y su hija son asesinadas por dos ladrones que emplean una incalificable violencia al violarlas y dejarle moribundo. Por supuesto, Clyde (interpretado por Gerard Buttler) se afianzará la empatía con el espectador desde un primer momento. Lógico, si uno piensa que en su misma situación le gustaría ir ejerciendo la justicia ciega con la misma rotundidad y ejemplaridad (aunque sea sangrienta e inhumana) con la que va aleccionando a todo aquel que estuvo salpicado en el caso del asesinato de su familia. Por otra parte, está la figura del Fiscal del Distrito de Filadelfia, interpretado por Jamie Foxx, un arrogante abogado que antepone el trabajo a la familia y que años atrás pactó con el abogado de los asesinos con la condición de que uno de ellos acabara cumpliendo la pena capital, mientras otro, con el testimonio de acusación, ha quedado en libertad antes de lo previsto.
Lo importante es mostrar a un tipo muy cabreado sometiendo disciplina de mano dura contra una justicia que maniobra saltándose las oquedades legales. Y que mejor manera que hacerlo… desde la cárcel (sic). La primordial jugada en la que se basa ‘Un ciudadano ejemplar’ es la de revelar a este justiciero como el reverso “positivo” de la moneda en la que elaboran sus hazañas los ‘psycho-killers’, asesinos en serie dispuestos a cobrarse víctimas con un placer por la sangre, sólo que aquí se sustituye la enfermiza delectación con el mal por otra enfermedad llevada al extremo, la de la rabia de cobrarse la vida de aquellos que no cumplieron con la labor de salvaguardia de los derechos de aquellos que perdieron la vida ante un asesinato. El ojo por ojo de toda la vida, sí, pero mostrando al héroe como un asesino que va a más en su macabro plan de castigo.
F. Gary Gray comienza con un pulso firme, capaz de generar un apreciable suspense y una sensación de desasosiego, de cuidado interés hacia la historia. En los primeros compases, la tensión se hace palpable y todo parece funcionar como una pieza de relojería. Pero poco le dura la habilidad elegante de su atmósfera, del oficio de un director de género. Cuando Clyde empieza su venganza, el guión se convierta en una montaña rusa de feria con trampas insostenibles, al antojo del libreto de Kurt Wimmer, que convierte al padre coraje en una máquina de matar con actos que van desde lo realista a lo risible y estrambótico. Es una pena que la película se deje llevar por la ‘semi-fantasía’ de la ficción que rodea a ese hombre con sed de venganza, con las incoherencias que se van fraguando según avanza el relato.
Se trata, en realidad, de un “arma secreta” gubernamental, un ingeniero tecnológico superagente que ha trabajado para la CIA como espía en misiones en la que ha ejercido de fantasma asesino. Es decir, un “cerebro” capacitado para eliminar cualquier pista y matar a gente a distancia, que ejerce de terrorista, pero de los “buenos”. Es una especie de John Kramer, más conocido como Jigsaw, proponiendo juegos de astucia y pactos para evitar más muertes de prestidigitador. Incluso en los careos entre Buttler y Foxx la cosa se pone del todo absurdo, como un sucedáneo casi grotesco de ‘El silencio de los corderos’ o ‘Seven’. Por eso, cuando Clyde es recluido en una celda de máxima seguridad, se permiten el lujo de no vigilarle las 24 horas del día, por mucho que se esté cargando a medio sistema judicial de Filadelfia.
¿Qué significa esto? Que llegado un punto de la acción, la artificiosidad con la que están buscados los giros no se los cree ni el Tato. Así es ‘Un ciudadano ejemplar’. Tampoco ayuda el sensacionalismo moral con el que se manejan las posturas encontradas de sus protagonistas y esa torpe resolución al más puro estilo ‘thriller’ imposible de acción bifurcada en buenos y malos. De hecho, parte de la gracia de la función está en ese juego que puede resultar en su conclusión una verdadera tomadura de pelo.
Hay algo indeterminado a la hora de recapacitar en torno al filme. Se trata de su mensaje, que vendría a ser, cuanto menos, controvertido y muy ambiguo en sus dogmas y conclusiones, arbitraria y desquilibrada en su funcionalidad de ‘thriller’ que se vuelca en cierto segmento de la película en espectáculo de explosiones y acción sin mucha enjundia. Tanto el guionista como el director juegan a la mezcla de géneros, a que su filme parezca un remedo desdibujado de algunos de los títulos mencionados en el inicio de este texto, donde el resentimiento y la represalia del personaje principal parecen disiparse por el ímpetu explayado e insaciable hacia la matanza sangrienta.
Lo más curioso de todo es de qué manera en un país donde se empieza a cuestionar la legalidad de la Justicia y donde la violencia sigue siendo el principal valedor de ésta, el mensaje deja una confusa y muy peligrosa prédica sobre esa venganza como método ante la negligencia. Y eso, que aquí la vida vacía de este vengador hace que la otra, la del fiscal del distrito, cambie de rumbo hacia la honestidad. Un ‘happy end’ formulario, muy conservador y bastante indigno con todo el entramado desplegado en su inicio. Aunque, tal y como se las gastan en Hollywood, es de lo más lógico y normal. Y he ahí lo comprometido del asunto.
Miguel Á. Refoyo "Refo" © 2010
PRÓXIMA REVIEW:'Two Lovers (Two Lovers)', de James Gray.

viernes, 21 de mayo de 2010

Fran Yeste se va del Athletic

Si hace tan sólo una semana, Joseba Etxeberría dejaba el Athletic Club de Bilbao por la puerta grande tras quince años en las filas del club bilbaíno, hoy es Fran Yeste, otro estandarte de los colores de San Mamés quien deja el equipo en el que ha desarrollado su toda su carrera futbolística. La diferencia; mientras “Etxebe” ha abandonado el club de su vida con aplausos y lágrimas, con la concordia de la parroquia ‘athleticzale’ en pie y el reconocimiento público, Yeste lo hace por la puerta de atrás, con una controvertida situación de negociaciones que han derivado en la marcha final del jugador basauritarra.
Era un secreto a voces. El ‘10’ rojiblanco deja el Athletic después de 19 años vinculado al club donde pasó de ser una jovencísima promesa a erigirse como una de las joyas más brillantes que ha dado Lezama. Su fútbol ha cautivado por su elegancia, por su magia, por ese toque de balón limítrofe a lo quimérico e imposible. Sin embargo, el polémico carácter de Yeste y su discutible actitud no han dejado alumbrar del todo a ese jugador distinto, tan diestro y técnicamente inconmensurable. Sus pretensiones financieras y la actitud displicente de los directivos han podido finalmente con el tira y afloja de los últimos meses. Cuando marcó su último y maravilloso gol con la camiseta del Athletic en el Santiago Bernabeu ni siquiera lo celebró. La marcha de Yeste supone la pérdida de un talento nato que deja de ser “león” prematuramente. Su furia y rebeldía dieron nuevo aires a un equipo clásico, dinamizando con su juego el centro del campo, con un insólito desparpajo y una seducción hacia la grada que dejó con aquellos cortes de pelo o crestas insolentes, celebraciones estrambóticas o aquélla vez a la hora de celebrar su golazo contra el Trabzonspor cuando, ante la mirada atónita de la platea, se bajó los pantalones para mostrar unos calzoncillos con los colores y el escudo del equipo.
Yeste se proclamó Campeón del Mundo con la sub’20 en Nigeria y fue la apuesta de Txetxu Rojo que le hizo ir asumiendo el mando del equipo y consagrarse como una referencia del marco rojiblanco. Pero su evolución se frenó después de una maravillosa temporada 2003/04, metiendo al equipo en la UEFA y destinado a ser uno de los grandes jugadores de este país. Sus constantes problemas de pubis, sus recaídas, sus cacareadas escapadas en la noche de Bilbao y su devaluada condición de ganador en horas bajas empezaron a ensombrecer ese progreso que nunca llegó. A pesar de ello, su clase y capacidad de entender el fútbol quedarán en el recuerdo de un equipo que sigue admirando las maneras de este joven guerrero que hoy ha dejado de ser uno de los referentes para convertirse en otro ídolo que se marcha. Con el carpetazo final a las negociaciones de renovación, el Athletic da por zanjado el que podría haber sido el culebrón veraniego. Ahora Yeste continuará con su carrera, pero será en otro equipo.

martes, 18 de mayo de 2010

Muere Ronnie James Dio

1942-2010
La desgarrada poesía de una voz contundente del metal se ha apagado para siempre. El mundo oscuro de los cuentos de hadas y brujería se ha quedado sin uno de sus narradores más patibularios y emblemáticos. El gran Ronnie James Dio, el hombre que logró hacer olvidar al totémico Ozzy Osbourne en los Black Sabbath, nos ha dejado tras intentar superar sin éxito un cáncer de estómgado. Y lo ha hecho dejando un legado musical que recorre cuatro décadas a través de grupos inolvidables como Elf, Rainbow, los mencionados y míticos Black Sabbath, Dio y Heaven and Hell. Canciones como ‘Long live rock n’ roll’, ‘Holy Driver’, ‘Rainbow In The Dark’, ‘Mistreated’… se escuchan hoy como ofrendas a un grande de la música.
D.E.P.

lunes, 17 de mayo de 2010

Día de (sin) Internet

Hoy es el Día de Internet. Se supone que se trata de una jornada festiva cuyo objetivo es acercarse y celebrar un acontecimiento tan trascendental como la instauración de Internet. Se supone, porque si bien es cierto que Internet se ha convertido en una herramienta indispensable llena de posibilidades, también lo es que se trata de una virtuosa afección de exigencias encubiertas, de coacción de ocio que usurpa tiempo libre a otras aficiones antes primordiales. Hay que celebrar la importancia de las Tecnologías de la Información y la Comunicación, pero sin olvidar los riesgos “idiotizantes” al que conlleva el exceso de Internet en nuestras vidas. La popularización de Internet ha supuesto una potente ventaja que abre una puerta infinita a la información, de forma libre y gratuita. Y, a su vez, está granjeando un imparable progreso a hacer vulnerables y desprotegidos a los usuarios que consideran Internet como una de las actividades más satisfactorias de diversión. Por eso ¿por qué no hacer de este día una celebración totalmente antónima? Es decir, con la llegada del sol y el buen tiempo, aparcar nuestra curiosidad binaria y dedicarnos a disfrutar del mundo real; de una caña con un pinchito, de un libro bajo el árbol de un parque, de un paseo por la ciudad... En cuanto, acabe estas líneas, es lo que haré.
Feliz Día de Internet… sin Internet.

sábado, 15 de mayo de 2010

El adiós deportivo de Joseba Etxeberría

Hace quince años, allá por 1995 Joseba Etxeberría fichaba por el Athletic Club de Bilbao por 550 Millones de las antiguas pesetas. Una gesta convertida en el fichaje más caro de la liga española y, en aquel momento, el más costoso de la historia del fútbol. Por aquel entonces “El Gallo”, como se le conoce cariñosamente en San Mamés, tenía 17 años y venía de consolidarse como una figura emergente y de gran futuro al proclamarse máximo goleador del mundial sub-20 de Qatar. Desde entonces el juego eléctrico por la banda derecha del club ha dejado 104 goles en sus 514 partidos de liga. Esta tarde la leyenda de este chaval de Elgoibar ha puesto punto y final a una brillante carrera donde ha demostrado la valía de un jugador intenso, que desbordaba con su rapidez y desparpajo. El eterno dorsal 17, el número mágico compartido, lucirá en la elástica rojiblanca por última vez y la capitanía será cedida a otro jugador la temporada que viene. En el minuto 72 del partido contra el Deportivo de La Coruña se ha producido el instante de su adiós. Ha sido enormemente emotivo. San Mamés le ha despedido con la enorme ovación, en pie, como se despide a los grandes nombres de este deporte. Etxebe no ha podido contener la emoción y las lágrimas han brotado de sus ojos. Como a un niño que se le quita un juguete, fundiéndose en un conmovedor abrazo con el resto de sus compañeros. Ha recordado a otro momento en el que Joseba dejó ver su rostro bañado en lágrimas, reflejo del sentimiento profundo por estos colores en la Final de la Copa del Rey el pasado mayo de 2009.
Todos han reconocido su esfuerzo y vinculación. Sin ir más lejos, este último año, en el que ha cedido sus emolumentos a la Fundación del club, otro gesto de su lealtad y cariño al equipo que le recibió como una estrella prometedora y le despide como una leyenda viva del club. Se marcha sin ningún título en su haber, pero con la certeza de inscribir una era llena de episodios inolvidables, de recuerdos futbolísticos de alta jerarquía y de sobrellevar con orgullo el escudo cuando los tiempos no fueron afines a la celebración. La creatividad y el dinamismo con el bordó las tardes de gloria, el temple con el que asumió la capitanía, en las victorias y en las derrotas, hacen que la marcha de este jugador dejen un hueco muy difícil de llenar. La catedral despide, por tanto, a un ídolo de casta, de los que ya no quedan. A un emblema al que hay que agradecerle su compromiso, su valor y su juego. Con Joseba Etxeberría se va un noble futbolista, un "león" al que la afición ‘athleticzale’ recordará en el repaso de la Historia de este club de 112 años de antigüedad.
Por todo ello, gracias Joseba ¡Askarrik Asko!
Nunca te olvidaremos.
Aquí el entrañable documental ‘El último canto del Gallo’, de Koldo Urriz y Agustín Benito para Etb que recorre los recuerdos y la carrera de este inolvidable jugador a través de imágenes y testimonios de algunos de sus compañeros y rivales.

Review 'Iron Man 2 (Iron Man 2)', de Jon Favreau

Otro divertimento de festín
Jon Favreau prolonga las reglas del primer ‘Iron Man’ en una secuela que, a pesar de ciertos problemas y defectos, sigue la vía del desprejuicio como virtud para ofrecer un espectáculo de esparcimiento sin pretensiones.
El primer ‘Iron Man’ se desvinculaba de la nueva tradición de superhéroes por varias razones. Entre otras, que su ímpetu comercial no desdeñaba el hecho de transitar por lugares comunes del subgénero, combinado un plausible esfuerzo por evitar la previsibilidad y dotar de sustancia tanto a la historia como a la narración. Después de embolsarse más 320 millones dólares en 2008 sólo en Estados Unidos, su director, el también actor Jon Favreau tenía muy claro que, para evitar el desastre de otras sagas que han caído en el error de dejar de lado sus secuelas (entre ellas, el horrible tercer ‘Spider-man’ de Sam Raimi), debía seguir unos procedimientos similares a los de su antecesora en un itinerario primordial que no traicionara la receta de calco hacia la simplicidad de su primera parte. Y ‘Iron Man 2’, en principio, no desarticula esta teoría, aunque no lo logre con total convención.
La historia continúa más o menos donde lo dejó su antecesora. El multimillonario Tony Stark acaba de anunciar al mundo que es el heroico Iron Man. La revelación no es del agrado de todos. Ivan Vanko (un gran Mickey Rourke), un físico moscovita con dientes de metal y pinta de enorme portero de prostíbulo de mala muerte que vive en un chamizo, quiere vengar la muerte de su padre porque considera que la familia Stark es la responsable de que fuera encarcelado en un ‘gulag’ y abandonado a la bebida en un Moscú de la era Putin despojado de su mérito científico. Es el primer elemento atractivo de esta nueva entrega; esa nostalgia de recuperación por parte del guionista Justin Theroux de la iconografía de villanos soviéticos, heredados de la Guerra Fría, olvidando, de algún modo, la actualización terrorista de los tiempos que corren.
En esos vértices de nostalgia genérica transcurre esta película donde la carrera sobre los avances armamentísticos son el núcleo de las disputas, con un complejo trasfondo socio-político y militar e industrial, en el que un Gran Premio de Mónaco brilla como un prontuario del glamour algo añejo o una Exposición de 1964 como punto culminante de un desarrollo actualizado. Por supuesto, en ‘Iron Man’ tampoco falta el factor de drama que preocupaba a Stark, su vulnerabilidad bajo la protección de acero. En esta continuación sigue siendo un enfermo con graves problemas de salud, un personaje que sufre de megalomanía y una alteración tóxica en la sangre. Es una lástima que, de nuevo, se haya dejado escapar el rastro de aquel mítico “demonio en la botella” de Layton y Romita. La adicción y sus fantasmas parecen no tener espacio en un ‘blockbuster’ familiar. Algo que, sin bien es lógico, determina el encauzamiento que tomado la serie en su adaptación cinematográfica.
Otro factor que no deja ser curioso es cómo la trama comienza con un senador americano reclamando en una audiencia del comité del Senado el testimonio de Stark para que revele los secretos de su arma para abrir nuevas vías armamentísticas al mundo, ya que países enemigos están probando su tecnología para conseguir prototipos similares a la estructura de bioelectricidad y robótica utilizada en Iron Man. La combinación entre patriotismo y capitalismo está llevada con inteligencia en estos compases del filme, con Stark aclamado por la caterva de seguidores de su creación jactándose de haber privatizado la paz mundial. Es el simbolismo de un corporativismo contracorriente que recuerda al lema acuñado por Bertrand Russell “la paz era nuestra profesión”.
Pero existe un antagonismo velado de Stark. Y lo hace de la mano de otro personaje, de Justin Hammer que, lejos de parecerse al sagaz y siniestro empresario del cómic, caricaturiza aquí al rival envidioso que ansía llegar a ese progreso técnico de su competidor. Este enfrentamiento recuerda (como analiza, entre otras muchas clarividencias subversivas y con rotunda brillantez, el texto del blog ‘The Hard Men Path’) a la conflagración tecnológica que llevan a cabo Steve Jobs y Bill Gates. Como fábula sociopolítica ‘Iron Man 2’ procura resultar reveladora o, al menos, deliberada hacia un discurso más profundo de lo que aparenta, entrelazando con algo de variedad en otros temas de actualidad, como que Pepper Potts sea nombrada como presidenta de la compañía Stark, cuña del progreso femenino en puestos de poder.
Pero lo cierto es que, si bien Favreau sigue en esa línea de desparpajo fílmico y todo sugiere entretenimiento sin complejos, a esta película le fallan mecanismos que provocan un resultado no tan convincente como su anterior muestra de estilo. No en vano, las afectaciones ponderativas en la espectacularidad de muchas de secuencias de acción rayan lo frívolo y excedido; desde ese deleite por la destrucción de coches de F1 en la primera lucha de Vanko y Starks/Iron Man, como en el duelo entre éste y los múltiples Iron Soldiers o en el tramo final, donde el dispendio y la ostentación digital llegan a su culmen con el duelo con Whiplash y el Hombre de Acero luchando por ponderar el honor de sus respectivos padres que no es más que otra muestra de superficialidad que intenta sobredimensionar sus líneas argumentales.
Pese a ello, el sentido del humor funciona a ratos. Aunque se desequilibre en ocasiones, debido a que el sutil sarcasmo se confunde en muchos momentos con el chiste zafio, con la funcionalidad del guiño bufonesco. Muchas de las acciones que hacen avanzar (o entorpecer) la trama carecen de toda lógica –como esa pelea escandalosa que tiene lugar en la mansión de Stark entre éste (borracho y vestido con el traje de Iron Man) y su amigo James Rodhes enfundado en otro prototipo similar denominado Mark II. Además, sus personajes secundarios permanecen en el limbo abandonados a su propia suerte en la dejadez y la insignificancia; Scarlett Johansson está muy ‘brutota’ como “Black Widow”, pero poco tiene que aportar dentro de la trama o el Nick Furia de Samuel L. Jackson que es casi imperceptible. Por otra parte, otros personajes que deberían tener cierto peso como Pepper Potts o el exagerado Hammer terminan sucumbiendo a la redundancia presencial. En ‘Iron Man 2’ es un problema el hecho de que vayan dando algo de carrete a demasiados personajes improductivos que van finalmente pierden su magnitud hasta la falta absoluta de importancia dentro de algunas tramas inconclusas o, directamente, inservibles.
Dejando el abuso de interfaces de anticipación tecnológica a un lado o los protagónicos efectos computarizados que desempeñan una función dilatada dentro del cómputo global de la historia (algo que no sucedía en la primera toma de contacto con el superhéroe), la pregunta es: ¿dónde reside entonces la mayor eficacia de esta secuela? Pues en los mismos aciertos del desprejuicio con el que se está conformando la saga; en el ritmo de montaje y en las ganas de entretenimiento, que sabe eludir el exceso de introspección especulativa cuando es necesario, en sus canciones de AC/DC, The Clash, Queen o Daft Punk, pero sobre todo, en el irresistible talento y atractivo de Robert Downey Jr., que sabe dotar con sutileza las peculiaridades de sus personajes. Es decir, que si bien no se percibe a primera vista, Stark, en manos del actor desprende en todo momento ese halo de canalla de bebedor y narcisista autodestructivo que se evidenciaba en las páginas de los cómics.
‘Iron Man 2’ es, con todos sus defectos, un placentero divertimento de festín, en una saga que renuncia (por el momento) a la moda del 3D y que agradece la concesión a la ingenuidad por parte del espectador que se deje llevar por los cielos, más bien de discreta brillantez, por los que surca este superhéroe dentro de una secuela estimable, aunque no aguante una comparación en términos cinematográficos con su impecable precedente y que deja abierta la puerta no sólo a una tercera entrega, si no a un compendio superheroico que proporciona otro par de guiños (esta vez al ‘Capitán América’ y a ‘Thor’) de lo que será un conjunto completamente interrelacionado del Universo Marvel y que tendrá como colofón ese armatoste fílmico que se titulará ‘The Avengers’.
Miguel Á. Refoyo "Refo" © 2010
PRÓXIMA REVIEW: 'Un ciudadano ejemplar (Law Abiding Citizen), de F. Gary Gray.

jueves, 13 de mayo de 2010

Antonio Ozores, el actor cómico entrañable

1928-2010
Conocí personalmente a Antonio Ozores en el Festival Guijuelo Pata Negra de 2005. Le ofrendaban un homenaje a toda una carrera. Fue muy por encima, con un breve saludo y una conversación de cortesía. Sin embargo, sirvió para acercarme unos segundos a ese actor infatigable que tiene su hueco en la memoria colectiva de muchas generaciones. Este hombre afable y atento ha sido uno de los actores cómicos más grandes del cine español. Es imposible no recordarle en tantas y tantas películas con su singular voz, con su esbelta figura algo desgarbada, con esa sonrisa eterna y talento para hacer reír que le viene de estirpe, de una respetada saga de actores y artistas que llevan consigo la nobleza de una profesión por la que han dado todo.
A lo largo de su extensa carrera fue intérprete de teatro (200 obras), de televisión, escritor, director, colaborador radiofónico… Pero sobre todo actor cómico de cine, el mismo que pasaría a ser figura insustituible, sobre todo las décadas 50, 60 y 70; primero con el desarrollismo, después con el post-franquismo, con películas a las que la crítica nunca ha confiado su simpatía (sobre todo, las de su hermano Mariano). Muchísimas cintas que siguen viviendo en el recuerdo de un cine que, al fin y al cabo, escribió los mejores números para la cinematografía española en muchas décadas. Hasta 160 títulos acumuló en una carrera.
Con su fallecimiento deja grabada la magia de un rostro entrañable, de tipo cercano, con un halo de bondad y proximidad. Un cómico que supo asumir su aparente encasillamiento con una decencia y una profesionalidad admirable, sabiendo crear un humor surreal y original, único, con una forma de expresarse entorpecida, balbuceando e inventando sobre la marcha palabras para rematar la frase con aquel “¡No, hija, no!”, frase histórica de la televisión dentro del mítico ‘Un, dos, tres…’. Antonio Ozores es parte fundamental del cine español. Una figura importante que deja con su marcha los recuerdos de un actor excepcional al que hay que agradecerle su imperecedera comicidad y simpatía. La divinidad del absurdo y del humor pierde parte de su encanto con su muerte.
¡Hasta siempre, gran “Pirulo”!

martes, 11 de mayo de 2010

Frank Frazetta: el adiós del Gran Genio de la ilustración

1928-2010
El día de ayer fue triste para el mundo de la ilustración y el cómic. El genio Frank Frazetta falleció a la edad de 82 años en Fort Myers (Florida, Estados Unidos). Frazetta comenzó muy pronto en el universo de la ilustración, destacando como una joven promesa que se afianzó en su carrera como uno de los más grandes nombres de la ilustración de la segunda mitad del siglo XX y, desde hace mucho tiempo, como uno de los mejores de todos los tiempos.
Emprendió su trabajo en el mundo del cómic, donde se diversificó en todos los géneros posibles; ‘western’, ciencia-ficción, historias de misterio y cualquier tema contemporáneo que le propusieran, ya fuera en D. S. Publishing, Magazine Enterprises y sus primeras grandes portadas para EC, Toby Press y Prize Publications. Se dice, incluso, que rechazó varias ofertas de la todopoderosa Disney. La serie de ‘Li´l Abner’ de Al Capp, donde Frazetta ejerció de autor en la sombra, sus insuperables portadas de Buck Rogers para Famous Funnies, ilustraciones satíricas para la revista Playboy con ‘Li'l Annie Fannie’ gracias a la devoción por su trabajo por parte del gran Harvey Kurtzman, fueron algunos trabajos que acrecentaron su nombre y bagaje en un mundo de competencia y talento en los albores de los grandes nombres dentro del arte.
Frazetta pasará a los fastos del arte como un irrepetible icono de la lustración, dueño y señor de un estilo prodigioso y elegante, lleno de contundente acción y dinamismo, dotado de una influencia onírica que no impide el realismo de sus trazos con una plasmación anatómica perfecta, capaz de lograr atmósferas y sensaciones que recuerdan a los grandes maestros de la pintura clásica. Su dominio del dibujo, del color y de todos y cado uno de los efectos cromáticos, merece un destacado estudio y un privilegiado santuario de admiración incansable por parte de todos los amantes de la belleza artística.
Frazetta marcaría un antes y un después cuando encontró la iconografía mitológica que reflejó en las cubiertas de tantos ‘covers’ clásicos como los de Conan, Buck Rogers, Vampirella, Blazing Combat, Thunda, Tarzán, Flash Gordon y un largo etcétera que serían la inspiración directa de otros genios de la ilustración como Boris Vallejo, Jeff Jones, Simon Bisley, Bernie Wrightson… Cuando en 1962 Roy Krenkel le pide ayuda para acabar unas portadas para unos libros de Edgar Rice Burroughs para la editorial Ace Paperbacks, sus ilustraciones se hacen un reclamo comercial instantáneo. En los 70 y gracias a la serie de ‘Conan’, se venden miles de ejemplares con aficionados atraídos por sus cubiertas de los libros de Robert E. Howard.
Fue la época más gratificante para este genio artístico, puesto que todo tipo de pósters, porfolios, ‘art-books’, pictoriales, dibujos y sus series ilustraciones con algunas de las ‘pin-ups’ más apetecibles e inalcanzables de la época dejaron un tránsito de éxito y fama para un ilustrador transformado en un autor de culto. La caricatura de Ringo Starr, los carteles de películas como ‘¿Qué tal, Pussycat?’, ‘After the Fox’ y sobre todo el de ‘El baile de los Vampiros’ también son trabajos reconocidos en la industria del ocio. En 1980 uniría su fuerza junto a otro maestro, Ralph Baski, para crear la mítica ‘Tigra: hielo y fuego’, cinta de animación envuelta en la magia de Frazetta. Fue un fracaso comercial absoluto, lo que no dejó que la estela de este genial dibujante no siguiera acaparando elogios por esa vida dedicada a su arte que fue recogida en esa trilogía fundamental sobre el genio: ‘Icon: A retrospective by the Grand Master of Fantastic Art’, ‘Legacy: Selected paintings and drawings by the Grand Master of Fantastic Art’ y ‘Testament: The life and art of Frank Frazetta’, así como en el interesante documental ‘Frazetta: Paining with fire’, de Lance Laspina.
En los últimos años, además de sus problemas de salud acarreados por la exhalación de un aguarrás en mal estado allá por 1986 y que debilitaron la salud del artista todos estos años, las propiedades y el museo de Frazetta han sido motivo de disputa entre sus cuatro hijos tras la muerte de su esposa Ellie (como contaban hace bien poco en Comic Verso). Problemas que fueron subsanados con el comienzo de la venta de algunos de los originales más valorados de la colección personal de Frazetta. Se cuenta, como curiosidad, que el guitarrista de Metallica Kirk Hammett llegó a pagar 1.000.000 de dólares por su mítica obra ‘Conan the Conqueror’.
El gran genio nos ha dejado. Y con él una inmensa obra de encomiástico valor, de virtuosa maestría que se antoja muy difícil de superar. Nos ha dejado el que será maestro de maestros. Sin duda alguna.
Aquí os dejo un enlace a una entrevista con el gran maestro del foro 'The Conan Completist'.
D.E.P.

Adaptaciones, los pitufos y Sofía Vergara

De unos años hasta ahora, la actualidad cinematográfica no deja de resultar, o bien de ser previsible o, a su vez, de sorprendernos. Si no tuviéramos suficiente con la horda de secuelas, adaptaciones de cómics (‘Thor’, llevada a la pantalla por Kenneth Branagh o ‘Capitán América, de Joe Johnston entre otros), ‘remakes’ de filmes que ya han tenido su reconocimiento internacional (versiones angloparlantes de ‘Déjame entrar’, con Matt Reeves en el ajo o la saga ‘Millenium’, que se atribuye supuestamente y por rumores a David Fincher), la ficción televisiva con barrunto nostálgico, obviamente, sigue por esos derroteros. Todos conocemos que ‘El Equipo A’ es ya una realidad que llegará a España el mes que viene con esos cuatros veteranos de Vietnam perseguidos por un delito que no habían cometido y viajaban en una furgoneta negra tuneada que sabían de chapistería y armamento como los que más. Liam Neeson, Bradley Cooper, Sharlto Copley y Quinton “Rampage” Jackson son los nuevos rostros fílmicos de las aventuras de aquellos héroes invencibles que eran capaces de disparar varias ráfagas de balas y hacer volar multitud de camiones dejando su ‘body count’ a cero.
Por sorprendente que parezca, hay otra adaptación que lleva sonando varios años y que, según parece, es una realidad en marcha. En este mismo blog hace cinco años ya se advertía de la locura insana que proyectaba una película de ‘Los Pitufos’, aquellos simpáticos ‘gnomos’ azules que fueron tachados de apólogos del comunismo. Raja Gosnell es el encargado de la dirección de una cinta protagonizada por Neil Patrick Harris y Jayma Mays, dando vida a una pareja que ven cómo cambia su vida con el descubrimiento de estos pequeños y azulinos seres asexuados. Hank Azaria es el malvado mago de cejas pobladas Gargamel. Katy Perry doblará a Pitufina y hay otras voces conocidas, entre otras, la de Alan Cumming, dando voz al Pitufo Fortachón o Paul Reubens como Pitufo Bromista. Menos mal que el rumor que aseguraba que se iba a escuchar a Quentin Tarantino como Pitufo Filósofo no se ha materializado (aunque hubiera sido curioso). La noticia de estos días es que en esta enloquecida función también participa la espectacular modelo colombiana Sofía Vergara que es la que sí hace ‘pitufar’ al personal con sus curvas de escándalo.

viernes, 7 de mayo de 2010

Review 'Más allá del tiempo (The time traveler's wife), de Robert Schwentke

Empalagosa paradoja espacio-temporal
La cinta del alemán Robert Schwentke es una arquetípica historia de amor imposible plagada de convencionalismos románticos y melodramáticos.
Los viajes en el tiempo, las paradojas espacio-temporales siguen siendo uno de los subgéneros que no se agotan bajo diversas revisiones y modificaciones. La posibilidad de estos viajes, de alterar cuánticamente las líneas de tiempos sugiere gran variedad de alternativas narrativas dentro de la ciencia ficción. Muchos filmes de hoy en día siguen discurriendo por las dudas e incógnitas de estos planteamientos teóricos sobre la relatividad de la cronología. ‘Primer’, ‘Idiocracy’, ‘El efecto mariposa’, la española ‘Los Cronocrímenes’ o ‘Land of the Lost’, son algunos de los ejemplos de esta continuidad genérica. ‘Más allá del tiempo’ es la adaptación cinematográfica de la interesante novela Audrey Niffenegger. Como viene siendo habitual en Hollywood, el atractivo y la fuerza literaria aquí pierden su eficacia y gracia bajo la adaptación de Bruce Joel Rubin, el mismo guionista de ‘Ghost’ (con la que ésta tiene varios puntos en común) y el director alemán afincado en Hollywood Robert Schwentke (cuyo anterior título yanqui ‘Plan de vuelo: desaparecida’ tampoco es una garantía).
La historia gira en torno a Henry, un hombre que por un ‘crono-deterioro’ genético viaja en el tiempo constantemente contra su voluntad, danzando adelante y atrás a través de los años y viviendo en diversos tiempos en los cuales aparece completamente desnudo. En uno de ellos conoce a una niña, Clare, que será, en un futuro, la mujer de la que se enamore. Ella, desde niña, le espera para vivir una extraña historia de amor en el que la felicidad se va desvaneciendo tan rápido como él se disipa en el tiempo. El filme se construye sin centrarse en los incontrolables viajes temporales, ni el traumático efecto en la vida de Henry de estas alteraciones. A Schwentke lo que le interesa es seccionar los elementos genéricos para ofrecer un edulcorado drama de pasión, donde importa la perspectiva de esa niña hecha mujer que, desde el día en que conoce por primera vez a Henry, va enamorándose de un ideal, de un hombre incapaz de modificar su futuro con el que puede tener un romance de brevedad esperada. Algo así como sucedía con Benjamin y Daisy en ‘El curioso caso de Benjamin Button’, de David Fincher, por lo especial y las contrariedades de un acontecimiento biológico y ficcional fuera de todo raciocinio. Lo que Joel Rubin y Schwentke nos están contando, a fin de cuentas, es que este amor tan abstracto tiene el destino marcado por su incorruptibilidad pese al tiempo.
‘Más allá del tiempo’ es, por lo tanto, una previsible historia de amor de dos seres que llevan queriendo toda la vida. Así que el factor de paradoja temporal se excluye progresivamente, incluso en la duda que origina la facilidad con la que este traumatizado hombre logra vestirse en un par de segundos cada vez que aparece en cualquier tiempo de sus trayectos temporales. El material podría haber ofrecido un oscuro relato de amor, de escepticismo existencial, incluso una delirante comedia de indeliberadas infidelidades y otros subtextos maliciosos. Obviamente, siendo como es una producción manufacturada en Hollywood, con su estética, puesta en escena y algún que otro destello autoral y de lucimiento por parte del director, sigue unas estrictas reglas invariables al simple melodrama al uso, de esa arquetípica historia de amor imposible para impresionar a la “novia” de turno por parte del espectador más consecuente.
‘Más allá del tiempo’ comienza con arranque desdibujado, bastante diluido y confuso en el reduccionismo genético con el que el protagonista comienza sus involuntarios escarceos con el desplazamiento por diversos años de su vida en una insólita estructura causal del espacio tiempo que rige su vida. Como no podría ser de otro modo, esta actividad termina por sugerir que los hechos que acontecen dentro del tiempo son inevitables y suceden en todas sus líneas temporales. Aún así, aquí Henry puede ir al pasado a explicarse a sí mismo su defecto genético, pero nunca se ha visto más veces para hablarse del que será el amor de su vida o en plena conversación con una niña de seis años en pelota picada. Por eso, cuando ella aparece, él no sabe quién es, contrariamente a haberla visitado en cuantiosas ocasiones a lo largo de sus viajes a un mismo espacio; el campo anexo a un bosque donde vive la familia de la chica.
También se especifica, en palabras del personaje, que es imposible cambiar la providencia de los actos. Eso sí, cuando en uno de sus viajes sobreviene con un billete de bonoloto premiado, la cosa se vuelve más fácil para su enamorada. Y para él, claro que sí. Cualquiera con 5 millones de dólares podría permitirse desaparecer en el tiempo y aparecer desnudo planteándose dudas existenciales y matrimoniales. Siguiendo este hilo de absurdas incoherencias, hay varias preguntas lanzadas por el crítico del ‘New York Post’ Kyle Smith bastante curiosas: “Cuando la pareja protagonista se conoce, ella es una niña y él está desnudo ¿De verdad no se lo cuenta a sus padres? Tampoco tiene ninguna duda en comprometerse con él ¿Es que acaso no ha conocido a cualquier otro chico en 15 años para esperar tanto tiempo a ese bicho esquemático que aparece con el culo al aire en su jardín? Es más… ¿cómo este tipo puede tener un trabajo de bibliotecario cuando desaparece súbitamente?”. Son incongruencias que, sin molestar o entorpecer el argumento, van minando la credibilidad de lo que se está viendo en pantalla.
No todo iba a ser tan desastroso dentro de una película olvidable y más que errónea. La cinta contiene algunos detalles curiosos e interesantes alrededor de la surreal trama fantástica, como la obstinada voluntad de normalidad y rutina que se empeña en seguir un personaje absolutamente significativo, ésa dificultad para seguir un proceso romántico al uso, constantemente alterado por las imprevistas desapariciones de Henry y la insatisfacción que provoca en su amor de toda la vida, la concesión a cerrar el círculo de amistades a aquellos que conocen su extraño problema… Pero, sobre todo, ése ciclo en el que Clare queda embarazada en varias ocasiones para abortar inesperadamente y la multiplicidad de personajes que incluso coinciden en el mismo lugar y esfera cronológica. No sólo Henry, sino ese cigoto que viajó en el tiempo y aparece personificado en Alba, la hija que juega consigo misma en el jardín de casa.
A Schwentke le pesa demasiado la lentitud de la narración (por lo redundante de sus efectismos), así como el hieratismo en el desarrollo emocional, que es solventado con una urgencia hipnótica, que es vistosa, pero nada más. Y eso que en este delirio romántico tanto Eric Bana como Rachel McAdams están a una altura dramática más que digna. ‘Más allá del tiempo’ está plagada de convencionalismos románticos y melodramáticos, que no puede remediar una funesta sensiblería empalagosa. Y lo que es peor, no sabe dar rienda suelta a su oscuro y enrevesado fondo retorcido. Un pastel hipertrofiado que deja funcionar segundos antes de presentar su menú de postre inacabable. Por eso a uno le queda esa sensación de insípido dulzor al estilo de ‘En algún lugar en el tiempo’, de Jeannot Szwarc o ‘Una casa en el lago’, de Alejandro Agresti que echa a perder esa interesante reflexión final con un falso ‘happy end’ que determina que Henry debe vivir el “pasado” y sus pocos momentos de felicidad de un “presente” en el que se deben superar las carencias y mirar hacia el “futuro” con la esperanza de volver a ver, aunque sea por unos segundos, al factor referencial del relato.
Miguel Á. Refoyo "Refo" © 2010
PRÓXIMA REVIEW: 'Iron Man 2 (Iron Man 2), de Jon Favreau.

martes, 4 de mayo de 2010

Los textos y los Cheetos

Hay veces que uno se descubre a sí mismo como una visión bastante desdibujada de lo que hubiera creído en otras épocas. Se ha vuelto un poco serio. Y esto, en los días que corren, no es una buena empresa. Es un problema. Y bastante notable. Desde que la vida es vida y la crisis asola el existencialismo de aquellos que no reconocen que las oportunidades se han perdido, me encuentro un poco indeciso sobre qué voy a hacer o sobre qué voy a escribir. Antes todo era más fácil. El hada venía sin avisar y, de repente, uno tenía un texto enorme que presentar con una extraña vergüenza orgullosa. Con desenvoltura, perspicacia e incluso con algo de fortuna. Otras veces, las cosas venían dadas por la providencia, otras por la casualidad, por la simple parida de la escritura automática, incluso por la necesidad. Hay que seguir observando al mundo que nos rodea con cierto aire de escrutinio crítico, de no dejar de ser, de no renunciar a todo aquello que fue, que es o que vaya a ser. Supongo, a mi entender, que hay personas a las que ya no les tutela ningún tipo de ley. Pero hay otras que siguen creyendo que no tiene mucho sentido hacer lo que hacen, que añoran seguir creyendo en lo que realmente creen. Hay que volver a los estados más beneficiosos del absurdo. Es decir, casi todos. Supongo, también, que todo esto no tiene mucho sentido. Sin embargo, era ponerme a escribir otra crítica de cine, un recuerdo de nostalgia o, por el contrario, desempolvar algunas de esas viejas neuronas que se han salvado de la fatalidad de la cerveza, mucho más apaciguante y hermosa en sus promesas cumplidas. Sin venir mucho a cuento, la idea ha sido algo así como lo que lleva a mucha gente a dedicarse a buscar formas religiosas en los Cheetos. Y, finalmente, las encuentran. O como aquellos otros que ofrecieran a través de E-Bay una bolsa vacía del mismo ‘snack’ y hubiera gente que pujara. El mundo está loco y no debemos olvidarnos de enloquecer de vez en cuando y divertirnos con la experiencia.