domingo, 19 de diciembre de 2010

Review sucinta de 'Biutiful', de Alejandro González Iñárritu

Tremendismo a flor de piel
La carrera de Alejandro G. Inárritu viene marcada por los estigmas narrativos de su primera y excepcional ópera prima ‘Amores perros’. A través de sus siguientes trabajos, ‘21 gramos’ y ‘Babel’, el cineasta mexicano ha porfiado esa tendencia a la narración discontinua, en la que abogar por el nerviosismo de cámara bajo una atmósfera desangelada y sucia que explora la soledad afectiva de unos personajes olvidados, cuyas familias están escindidas por el dolor y que sobreviven en una sociedad llena de obstáculos en la que la incomunicación es el peor y más pesado de los lastres. Alejado de esa narración afásica y entrecortada de Guillermo Arriaga, Iñarritu asume la labor del guión abandonado a la suerte de un solo personaje, Uxbal, un enfermo terminal cuya caducidad física se consume bajo el crepúsculo moral que rodea su entorno.
Parece que el director está estancado en unos moldes caracterizados por los cánones estéticos que formula en su mensaje social de miseria acuciante. La cinta explota un dolor lleno de insufrible moralismo en el seguimiento de un hombre sumido en un misérrimo trance vital que, a pesar de los muchos problemas que asolan su miserable existencia, lucha por ser mejor persona y asumir la recta final con la coherencia ética y la corrección que se espera de un padre de familia ejemplar.
Llega un momento, en el que todo el peso argumental recae en los hombros de un Javier Bardem que se convierte en el epicentro de la película, transmitiendo con su desnudez emocional la importancia narrativa de todo el tinglado. El actor español se queda sin halagos ante un trabajo memorable, lleno de dureza y complejidad, con un desgarro que toca la fibra del espectador y llena la pantalla con otra de sus lecciones de magistral interpretación. La pena es que esto no sea suficiente para salvar del descalabro a una cinta como ‘Bituful’.
Tanto sufrimiento y tanta búsqueda de emoción a flor de piel le pasa factura. Se queda sin espacio, por ejemplo, para profundizar en la corrupción y usufructo de empresarios con respecto a la economía sumergida y acaba por ser un ejercicio sobreexpuesto al dramón, donde termina por pesar más su desequilibrio y su tono pretencioso que el alcance del dolor multicultural y la crítica apagada que se pierde en sus mediocres subtramas. Con ello, ‘Biutiful’ termina por ser un amago de lacrimógena ‘tear jerker’ social escandalosamente reiterativa y tremendista.
Miguel Á. Refoyo "Refo" © 2010
PRÓXIMA REVIEW: 'Balada triste de trompeta', de Álex de la Iglesia.