domingo, 19 de diciembre de 2010

Blake Edwards: otra sonrisa de Hollywood apagada

1922–2010
La comedia perdió el pasado viernes otra parte fundamental para entender la comedia y su evolución dentro del cine. Desde que comenzara como guionista de Richard Quine y debutara con deslucidas películas para gloria del cantante Frankie Laine, el gran Blake Edwards emprendió su carrera dentro de los límites del aprendizaje, de la constante mezcla de géneros, de un potencial cómico inabordable. Muy amigo del ‘slapstick’, afianzado en una tradición clásica que le vincularía por parte de la crítica como heredero del mismísimo Ernst Lubitsch, no fue un director al que le gustaran las etiquetas, de ahí que obras maestras como ‘Días de vino y rosas’ o ‘Desayuno con diamantes’ escapen de la comedia hacia el melodrama más gris y descorazonador. Nos regaló al genio insustituible de la comedia norteamericana: el magnánimo Peter Sellers (la saga de ‘La Pantera Rosa’ o la antológica ‘El guateque’), siempre buscando el contraste entre el pretensión egoísta de la personalidad humana y la anarquía existencial que rodea al individuo para ser feliz con su habitual juego de espejos de la comedia y la realidad que hacía de las desgracias una comedia sin fin. Siempre elegante con la cámara, con un cine de emoción que marcó su estilo dejan un poso de tristeza en el mundo del cine en un año especialmente cruel con las desapariciones de grandes nombres del Séptimo Arte. ‘Peter Gunn’, ‘Operación Pacífico’, ‘Vacaciones sin novia’, ‘S.O.B. Sois honrados bandidos’, ‘¿Víctor o Victoria?’, ‘Micki y Maude’, ’10, la mujer perfecta’, ‘Una cana al aire’ o ‘Asesinato en Beverly Hills’ son algunas películas que conforman una pequeña muestra de su contribución como ese cineasta respetado y adorado por todos. El hombre que supo sacar con su genio una sonrisa con su sátira y talento.