miércoles, 22 de diciembre de 2010

79.250: El Gordo y la felicidad

“¡Ni una puta perra!” es la frase recurrente que mi padre heredó de mi abuelo y que se hace extensible a mí. Se pronuncia en mi familia anualmente, siguiendo la tradición de adversidad en los juegos de azar. Cada 22 de diciembre, cuando el sorteo de Navidad termina y, haciendo cálculos, uno se da cuenta de que lo poco que ha jugado no sirve para nada es el momento de elucidar con esta frase tan castiza. Bueno, en principio, estos rollos alimentan la ilusión. Que de eso también se vive. O eso dicen. Es entonces cuando sólo te queda ver cómo el Gordo se va a otra ciudad, a otras manos, a otra gente que es feliz por momentos y que luego sale en televisión medio etílica, diciendo paridas y bajo el desenfreno de una complacencia y ventura que pocos consiguen saborear en primera persona. Esta mañana, en el Palacio de Congresos de Madrid, lugar elegido tras más de cuarenta años organizando este popular evento en el salón de sorteos de la calle Guzmán el Bueno, concretamente a las 11.13 horas, Iván Quintero, un niño con un aire a “El Bola” que evidencia y personaliza el mal que está haciendo Cristiano Ronaldo a esta sociedad y Adreas López, un chaval más circunspecto y espigado, han cantado el premio gordo: el 79.250.
Alicante, Barcelona, Cerdanyola del Vallés (Barcelona), Garachico (Tenerife), Cáceres, Éibar (Guipuzcóa), Zaragoza, Alcorcón (Madrid), Madrid capital, Molina de Segura (Murcia) y Saldaña (Palencia) han sido las localidades que en estos momentos están celebrando que exista una pequeña ventana a la crisis. Los demás, han visto cómo la esperanza depositada en una posible y lejana etapa de respiro, saliendo de la asfixia económica para olvidar penas, darse algún capricho o la recurrente frase de albañilería “tapar agujeros” se han diluido con la misma facilidad que el día a día te devuelve a la dura realidad. Hoy en día, tal y como está el panorama gris y turbio, sin posibilidad de escape a la ruina y a la tragedia, lo más cabal es que aquellos que tengan la suerte de tener un trabajo y una remuneración mensual levanten la copa la copa de cava y brinden porque ellos son los verdaderos afortunados. Esperemos que la suerte se esconda detrás de algunos otros acontecimientos mucho más prosaicos que hacerte rico jugando a un juego prácticamente imposible.
A los premiados, muchas felicidades. A los que no, estáis acostumbrados. Así que Feliz Navidad a todos.