lunes, 29 de noviembre de 2010

Los 37 y el Gobierno; el teatro anticipado antes del hundimiento económico

El pasado sábado tuvo lugar en el Palacio de La Moncloa el encuentro entre el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, con treinta y siete máximos representantes de las mayores compañías españolas, los grandes “peces gordos” de la trastienda económica. Juntos departieron sobre la terrible situación que asola España, sobre el riesgo de que el reciente fantasma irlandés pueda alcanzar los intereses de la nación y, sobre todo, de que si esto ocurre las grandes empresas tengan salvaguardadas las espaldas en un tira y afloja acerca de la urgencia del contexto, con especial hincapié en el sector financiero y la reestructuración de las cajas. El sector financiero es lo suficientemente harapiento como para que haya una seria preocupación, debida, en gran parte, a las consecuencias que ha provocado la burbuja inmobiliaria y de crédito que ha exprimido el país en los últimos años. Existe una ineludible presión sobre los tipos de deuda. La única solución: financiación externa para enfrentarse a estos espinosos problemas. Digámoslo de esta manera tan agreste: España (y a su vez Portugal) es un grano en el culo del sistema financiero europeo, un foco de preocupación para los miembros del mercado, incómodos ante el asolador panorama que se vislumbra.
Desde el exterior, esta reunión no ha sido más que un aspaviento de consolidación, una impostura de falso optimismo por parte de sus responsables, un movimiento de actitud y de exhibicionismo. En definitiva, una farsa con intenciones catárticas. Por supuesto, las empresas, aunque incómodas, están en mejor situación para afrontar lo que venga que el ciudadano medio que, como siempre, será el que pague las consecuencias de aquellos que sustentan la peana de la marioneta que representa el pueblo. Las consecuencias de una probable catástrofe económica que lleve a España a seguir los pasos de Grecia y de Irlanda afectarán, en último caso, a los pobres pobladores de la estepa ibérica. Los mismos que padecerán el tijeretazo del salario mínimo, la subida del IVA, el recorte adicional al sueldo de los empleos públicos y el descenso en el gasto social y de inversión. Obviamente, a los empresarios que asistieron el sábado, a los gobernantes y, en general, a los acomodados políticos, todo esto les afecta de un modo simbólico. Como si fueran los Soprano de un teatro público. En el fondo, sea cual sea el futuro económico de la nación, ellos seguirán viviendo bien, muy bien, indiferentes al ruido que se va a levantar. Eso sí, poniendo cara de preocupación e intentando vender humo y esperanza. Ajeno a todo, aquel patrono seguirá llevando a la abuela a Misa y si te he visto no me acuerdo. Esta es la auténtica realidad del pueblo en esta triste Pre-Navidad que desempolva los peores augurios y que hacen uno sólo el deseo a pedir en Fin de Año.