jueves, 4 de noviembre de 2010

Cada diez años, Doris Day

Doris Day sigue siendo un icono de la Época Dorada de Hollywood. Hace tanto tiempo que no hace apariciones públicas y que se retiró de la profesión que muchos se sorprenden de que siga viva. Day cuenta hoy con 88 años y vive ajena al mundanal ruido del glamour de la meca de la que fue virginal y casta novia de América con aquellas comedias románticas y musicales que simbolizaron su huella dentro de los anales del cine. Doris Day poco tenía que ver con aquélla imagen de cándida e ingenua mujer. Su vida social fue tumultuosa, con una lista interminable de amantes de ida y vuelta, pasiones no correspondidas, violencia de género y una amargura que nunca dejó una estela familiar de felicidad. Se casó cuatro veces. Cuatro matrimonios destinados al fracaso; su primer marido se suicidó, el tercero le estafó todo el peculio atesorado en los tiempos fructuosos y su único hijo, Terry, cayó en el alcoholismo y murió en 2004 por culpa de de un melanoma. Fue violada por su primer agente Al Levy, al mismo tiempo que se divorciaba y volvía a casar. Antes de los 30 ya estaba consolidada una actriz de sólida reputación y convertida en estrella de culto de la canción, alzada al pináculo de las listas de éxitos de Estados Unidos con temas como ‘Sentimental Journey’, ‘It´s Magic’, ‘Secret Love’, ‘Que Sera, Sera (Whatever Will Be, Will Be)’, ‘Everybody Loves a Lover’.
Se conocía también su faceta caprichosa, de insoportable estrella que dictaba a quién quería en su cama y no cejaba en su empeño hasta conseguirlo. Tras un puñado de títulos entre los que destaca su trilogía junto a Rock Hudson con ‘Confidencias a medianoche’ (película por la fue nominada al Oscar como actriz), ‘Pijama para dos’ y ‘No me mandes flores’ y filmes junto a Jack Lemmon (‘La indómita y el millonario’), Cary Grant (‘Suave como el visón’) o James Stewart (‘El hombre que sabía demasiado’), los problemas emocionales empezaron a hacer mella en la frágil personalidad de Day. Pasó por una época de alcoholismo y degradación hasta completar su propia serie televisiva ‘El show de Doris Day’, emitida desde 1968 a 1973, fecha en la que abandonó su vida pública y su carrera para desterrarse en Carmel, California. Desde entonces poco o nada se supo de la ex estrella. Con fobia antisocial, recelo por Hollywood y un apego enfermizo hacia la defensa de los derechos de los animales, ha terminado recogiendo animales de todo tipo en medio de la noche para albergarlos en su mansión. Doris Day ha creado una burbuja de misterio a su alrededor desde que tenía 44 años, momento en que se alejó para siempre del mundo del espectáculo. Cual J.D. Salinger no se deja fotografiar, ni concede entrevistas, ni mucho menos acepta salir en televisión y tiene aversión a las cámaras. Tampoco le apetece recibir un Oscar Honorífico y ha rechazado a la Academia. Además también ha repudiado el reconocimiento Kennedy Center.
Tan sólo se puede oír su voz una vez cada diez años. Lo cierto es que este pasado fin de semana concedió su ración de esta década, en una charla de una hora grabada por Jonathan Schwartz para la WNYC. En ella habla de su carrera como actriz, pero sobre todo como cantante, así como relata su amistad con Frank Sinatra, al que define como un hombre muy “cariñoso y dulce”. También cuenta cómo una vez, cuando volvía a casa con sus amigos con quince años después de bailar en Hamilton, Ohio, sufrió un grave accidente que estuvo a punto de costarle la amputación de una pierna. Fue entonces cuando su senda artística viró hacia la canción, que le hizo actuar junto a directores de orquesta como Les Brown y Bob Crosby. Una vida de tragedia y éxito de uno de los iconos del cine clásico de los 50 y 60. Doris Day. Existen dos libros que desgranan esta apasionante de triunfos y tragedias; el libro ‘Doris Day: Her Own Story’, de A.E. Hotchner y una más reciente, ‘Doris Day: The Untold Story of the Girl Next Door’, de David A. Kaufman. La próxima entrevista, en 2020.