sábado, 9 de octubre de 2010

'La mirada circular': tragedia de terror y supervivencia

Es difícil escribir sobre un proyecto en el que uno ha estado involucrado, que ha visto nacer y crecer y que ha sido rodado delante de sus ojos. No obstante, siguiendo los designios ‘hegelianos’ procuraré ser subjetivo ante la objetividad y objetivo ante la subjetividad según sea posible. Siempre hacia la realidad. Este lunes tendrá lugar la presentación internacional de ‘La mirada circular’, el nuevo cortometraje de Iván Sáinz-Pardo, Dirk Soldner y “Jim-Box” que han vuelto a unir en este nuevo trabajo después de su excelente y exitoso ‘La Marea’. Y lo hace en el marco incomparable de privilegio que es, nada más y nada menos, que en la Sección Oficial del Festival Internacional de Cinema Fantastic de Catalunya Sitges 2010 que tiene lugar estos días en la localidad del Garraf. ‘La mirada circular’ es un ‘thriller’ que tiene como núcleo la exploración de la violencia que se presenta como irracional e injustificada, de súbito, cercenando la fábula en dos, directo a la yugular del espectador al que no deja respiro. La cercanía con la que se presentan su argumento y los elementos que lo componen; un juego, unos bocadillos, una familia feliz, un día de playa… se transforma con extrañeza onírica en una tragedia de terror y de supervivencia, donde la claustrofóbica es la unidad modular que favorece las intenciones de opresión que se persiguen desde el comienzo de la trama. No se dan más pautas. La tensión es el objetivo. Y se consigue con creces. El corto se centra así en un centelleo de emociones que van de la sonrisa, a la curiosidad, de la transcendencia de un comentario hasta romperse con la pesadilla de una persecución de antología.
‘La mirada circular’ descontextualiza su género para escarbar en cuestiones más profundas, que ofrece una visión terrorífica sobre un tema que es la esencia de su discurso y que, a la postre, será definitivo para el aplauso o el rechazo. Ya se avisa desde estas líneas, que el discurso no será plato de buen gusto para todos los públicos. No obstante, los directores saben jugar con el espectador, con su conciencia y con su estado anímico. Lo importante es la implicación directa del que mira, formulando un juego de múltiples facetas donde lo interno únicamente varia según se acepte el ángulo con el que se aprecie. Hay una esforzada identidad metalingüistica que recorre la historia, como parte de un proceso de ficción y realidad, de imaginación cíclica que anticipa todo el entramado argumental antes de comenzarlo, con una sutilidad capaz de crear una atmósfera incomoda. El guión de Sainz-Pardo desentierra los miedos tradicionales surgidos de una incógnita a modo de juego infantil para edificar una extraña pesadilla de verdugos y víctimas.
Por poner algún inconveniente, se echa en falta una dosis más sádica y realista de desgarro y dramatismo, sobre todo de pánico interpretativo a la hora de agarrotar con la terrible historia que se cuenta. Por ello, el terror queda algo deslustrado, pero cuando se vincula al dominio de los resortes genéricos, éste logra su imposición en la gran ejecución narrativa envolvente, con la soberbia música de Philipp F. Kölmel, marcando la pauta y en ese montaje frenético que no da tregua para que la asfixia y el temor del relato no encuentre ningún tipo de catarsis. Algo que sucederá en ese gran desenlace que se despliega en otro más, abriendo nuevos enigmas sobre la propia percepción de lo visto. ‘La mirada cicular’ vendría a formular un extraño puzzle en el que los movimientos internos del guión pueden ser modificables, sin embargo lo axiomático, la intención de su guionista y realizadores, es evidenciar que la violencia no lo es. Un corto en el que el tema fundamental es la muerte, que vertebra el relato con las dudas y las evidencias a las que nos quieren llevar los autores, integrardas en una mirada esférica que pone en duda lo objetivo. Una narración que depende y sostiene su interés en un armazón argumental que estalla en un giro final y que dilucida el misterio y abre algún otro con una loable complejidad. Se le puede atribuir cierto maniqueísmo en su espíritu de respeto hacia una materia que suscita debates sociales acerca de su incoherencia o justificación. Argumentos, no obstante, que sirven como vehículo para poder teorizar sobre la sociedad moderna, sus costumbres, sus vicios y posibles consecuencias. Un corto que no dejará indiferente a nadie que lo disfrute.