jueves, 16 de septiembre de 2010

'World's Greatest Dad', pequeña joya de un cine cáustico y mordaz

Sobre la hipocresía y el poder de la sugestión
La falsa idealización y la manipulación para despertar la hipocresía y la admiración de los que te rodean. De cómo las mentiras y las apariencias son una simbología velada del triunfo social. La película del dinamitador Bobcat Goldthwait ‘World’s greatest dad’ se concibe como un ejercicio de sadismo catártico, tremendo manifiesto sobre las miserias del mundo en que vivimos. La concatenación de penurias diarias, la humillación constante de una compañera que juega con sus sentimientos, la esencia de ‘loser’ irreparable se transforma en una tragedia personal que abre un mundo de posibilidades al éxito y a la admiración. Es un analítico y certero vistazo a la sociedad de hoy, donde la fisonomía de lo popular hace preguntarse sobre la reevaluación de lo verdaderamente significativo que se sustrae de la usura ética que nos rodea.
El personaje de Lance Clayton representa las sombras de la infelicidad colectiva, con ese hijo despreciable aficionado a la pornografía anormal y alumno proscrito de actitud egoísta e intolerante con los esfuerzos de un padre al que menosprecia. A pesar de ello, Clayton siente hacia su vástago un afecto y un débito que van más allá de ese desprecio y parsimonia, siendo capaz de salvaguardar su dignidad y reputación cuando éste muere ahogado accidentalmente durante la peculiar técnica de masturbación de asfixia autoerótica, la misma que acabara con la vida de David Carradine. Es entonces cuando el filme de Goldthwait lanza su bomba expansiva, cuando el perturbador humor negro golpea sin concesiones la conciencia del espectador, normalizando lo grotesco, dibujando para ello una rutina cargada de tenebrosidad, una tela de araña pringosa y repugnante que socialmente puede ser llamada incluso heroísmo.
La oscuridad de la tragedia se convierte en lumínica comedia gracias a esa portentosa maestría de Robin Williams con una interpretación polifacética, memorable, que brilla en los parámetros del exceso y la contención. ‘World’s greatest dad’ supura fuera de los límites establecidos, en su coherente mirada a un universo adolescente moldeable por tendencias sociales y figuras de culto ‘teenager’. De pronto, un bastardo ignominioso y mezquino puede transformarse en un beatífico paradigma del Holden Caulfield moderno y su sentido de la angustia adolescente. Los sentimientos humanos son el cebo para el comercio, para la fama y para la autoindulgencia.
La sátira tóxica apunta sus dardos a la celebridad, a la hipocresía y al poder de la sugestión que convierte la maldad intrínseca en su valor de choque, con una agudeza sin piedad, de tono nihilista, que sabe ridiculizar el duelo colectivo y la comercialización de los ‘mass media’ hacia la instrumentalización de la muerte. De paso, se repudia cualquier tipo de pantomima humana a la hora de buscar profundos significados en toda tragedia. Estamos ante una desconocida película de culto que juega con su fondo perverso a retraer la hilaridad de sus intencionales situaciones sobre el suicidio y la validez de las personas para esconder un discurso escaldado por una gran dosis de deformación moral. El drama puede convertirse en comedia de una forma inteligente, a su vez incómoda. No dejéis pasar la oportunidad de ver esta pequeña joya cáustica.