domingo, 5 de septiembre de 2010

Un Mundo desde el Abismo: Sexta temporada

Tal día como hoy, hace ya seis años, se me ocurrió, llevado por un ejercicio de necesidad y actividad de escritura junto a algo de vanidad (todos los blogs lo son), comenzar una singladura por ese proceloso universo llamado ‘blogoesfera’, en aquel año un erial algo infecundo y poco difundido. Entonces se describía la plataforma como revolucionaria. Una bitácora simbolizaba una puerta abierta al mundo del ocio y la comunicación, una edad tecnológica nacida para ponerse al alcance de cualquier usuario. Todos adoraban la posibilidad de sumergirse en un inframundo lleno de virtudes y posibilidades. De repente, ‘Un Mundo desde el Abismo’ nació en pleno auge, cuando aún no se había extendido la atención de lo ‘mainstream’, con gran interrelación con otros blogueros que siguen en lo más alto del respeto de esta gigantesca secta que en pocos años pasó de gran paso dentro del mundo de la divulgación a un progresivo crepúsculo que se dio cuando los ‘blogs’ comenzaron a pasarse de moda.
Hoy en día, dentro del cómputo que simboliza el ‘Mondo Blog’ dentro de la Comunicación 2.0, del intercambio comunicativo mediante la utilización de medios sociales, ha quedado a la zaga de otra viabilidad más fácil y accesible, más cómoda e inmediata como puedan ser Facebook o Twitter. Los renovadores ‘blogueros’ de entonces, en la actualidad se perpetúan dignamente como unos viejos roqueros del medio, dinosaurios que no alcanzan a entender cómo y porqué siguen en su constante metodología e inmutable continuidad a menos que hayan encontrado una retribución económica a su esfuerzo. Dentro de los diversos fenómenos socioculturales y en constante evolución, digamos que los blogs han sido los que más efímeramente han tenido su repercusión precisamente por el paradójico incremento sin freno que ha sufrido la comunicación global dentro de los medios virtuales. Digámoslo de esta manera: hoy todo el mundo tiene un blog y es más fácil abandonarlo a su suerte sustituyendo el hábito de lectura por un botón que constate el vistazo presencial del “me gusta” antes que el detenimiento analítico o curioso del lector respecto a la página que visita. Hace cuatro o cinco años, los comentarios del cualquier blog con gran tirón se contaban por treintenas y las visitas superaban con facilidad el millar. Hoy en día los números de muchas de aquellas bitácoras de moda están por los suelos. Aunque si el tema estadístico fue considerado como un estúpido añadido en el constante hábito de publicación, es un elemento que queda de lado en el crecimiento hacia la incógnita del futuro de los blogs. Hoy en día, un ‘blogger’ tiene ese céfiro de incierto y falsamente lejano de prestigio. Pero también una nostálgica nobleza cuando los años pasan y la actividad no decae y sigue en una progresión sostenida.
Al menos es el caso que pretende seguir este veterano espacio. Mi idea era constatar un impulso, un proyecto que se alargara, al menos, un lustro. El propósito de ‘Un mundo desde el Abismo’ era sobrevivir a viento y marea cinco años. Hoy ese ciclo ha llegado a su fin. La suerte fue la de querer un blog con la función catártica que ello desempeñaría en un momento bastante confuso respecto a lo personal y más en lo que concierne al ámbito profesional. Hoy, el primer drama está más que solventado. En el segundo, aún sigo buscando mi destino, más impreciso si cabe que entonces. De una forma gratificante, después de casi mil setecientas entradas, mil setecientos ‘posts’, que han ido escribiendo parte de mi vida, me encuentro en una situación privilegiada a la hora de echar un vistazo atrás y de no saber muy bien qué hacer con toda la acumulación de temas, críticas, dossieres, artículos, reportajes, cinismos varios, reflexiones absurdas, enlaces a segundos y terceros, secciones perdidas y chorradas a mansalva que han desfilado en estos 2.189 días. Me da la sensación de ser un extraño ente, un mórbido adicto a la palabra, un amago de escritor enloquecido aquejado de una especie de Síndrome de Diógenes creativo o literario. O, tal vez, ninguna de las dos cosas. Lo bueno y lo malo de esta perspectiva es que sigo siendo una persona que no ha encontrado todavía qué tiene para decir en Internet. Llevo desde los dieciocho años escribiendo y aún no sé hacia dónde se encamina todo de lo que me rodea. El observador de la realidad y de la ficción que habita en mí descubrió un foco de salida en un nombre paradójicamente tan adecuado, al borde de un abismo insondable. Seis años después no sé aún si he caído en él o aún mantengo una esperanza de seguir mirando desde arriba. Los cinco años se han completado, han llegado a su fin, sin saber si encubro algún tipo de miedo a matar a ese otro ‘yo’ posesivo y loco o por el cariño que sigo profesando a esta rutina abismal. Por ello, ‘Un Mundo desde el Abismo’ continuará su periplo, al menos, un año más. Como la aceptación de una cláusula de prórroga.
Un aplazamiento que servirá para aumentar la continuidad y el desafío de ese ímpetu que no ha perecido en el intento. Todo lo contrario, se ha engrandecido con la idea de seguir aportando algo de subjetividad en un blog asentado en el desorden. Todo seguirá trastornado por la locura y precipitación con la siempre han nacido los ‘posts’, desde el arrebato y la inmediatez. Suscribiendo las palabras del año pasado en esta misma onomástica: “…aunque el futuro depara sorpresas imprevisibles y depende de muchos factores su continuidad. En cualquier caso, este blog forma parte de mi vida por siempre jamás e identifica la ilusión que un día, por la bobada del intento, se materializó y fue creciendo hasta ser lo que es. Un pequeño reducto donde todo el mundo es bienvenido…”.
Por ello, muchas gracias a todos los que pasasteis, los que habéis pasado y los pocos que aún os seguís pasando por este abismo que siempre será vuestro. Al menos, un año más.