jueves, 9 de septiembre de 2010

Mundobasket Turquía 2010: El amargo despertar del sueño

Ayer fue un día muy triste. Una de esas jornadas aciagas que los aficionados al baloncesto no querían haber vivido. Sin embargo, sucedió. El encanto y la ilusión de este apasionante deporte que, en los últimos años ha entregado a la afición española los mejores y más recordados logros de la historia reciente, ayer se vinieron abajo como una montaña de naipes mal colocados. Las derrotas contras Francia y Lituania ya hicieron presagiar que el devenir de los acontecimientos no iba a ser del todo satisfactorio para un plantel de jugadores que, digámoslo ya, no ha estado a la altura de las expectativas. Ha sido un Mundial extraño desde su comienzo, desde que Francia despertara las primeras dudas respecto a las posibilidades reales del conjunto de hombres seleccionados por Scariolo. La selección española ha echado de menos su mejor juego, su ambición fundamentada en recursos ganadores y ha dejado ver hendiduras, viéndose afectados tremendamente sus valores técnicos, jalonados con erróneas decisiones estratégicas, titubeos varios y, sobre todo, falta de coherencia en las verdaderas posibilidades de un equipo que nunca se ha terminado de creer sus posibilidades de éxito dentro de un torneo tan exigente como es un Mundial.
La España de Turquía ha mostrado, desde una dolorosa perspectiva subjetiva, la descompensación de un equipo con fallas en su estructura, una falta de nivel defensivo, de bloque, limitado en su creatividad y energía atacante que ha dado como consecuencia la frustración de la precipitación a la hora de dilucidar sobre la autoconfianza, forjando un juego conservador y especulativo. A España le ha faltado agresividad y certidumbre. Pese a la sobresaliente y habitual garra de Juan Carlos Navarro (el gran jugador español del torneo) y la consolidación de Fran Vázquez (que visto una impecable progresión inalcanzable para el resto de compañeros), ha habido trabas y deficiencias en el juego de gente habituada a la compensación y corrección como Rudy, Garbajosa, Ricky, Marc, Felipe… Falta de fe, falta de fuerza. Estaba claro que algún día la catástrofe tenía que llegar. No hay que ser condescendientes: ha sido un fracaso y una decepción. Un palo gordo. Sin embargo, no se le puede reprochar ni la intensidad ni el compromiso de estos chicos. No ha podido ser. Llegarán mejores tiempos. Hay continuidad y cantera para seguir manteniendo la ilusión. Eso sí, es cierto que estas señas de identidad no han estado del todo finas, permaneciendo ajenas a las características que han denominado a los ‘Golden Boys’.
Las ausencias tampoco pueden ser la excusa. El ciclo no ha acabado, pero está cerca de su fin. Eso está claro. La renovación es necesaria. Y debe hacerlo desde sus cimientos; primero con la marcha de ese sinvergüenza y cáncer del combinado nacional que es Jose Luis Sáez, que debe renunciar a la comodidad de la federación y hacer un favor a este deporte. Segundo, con el éxodo fulminante de un entrenador como Scariolo, fundamental responsable de esta derrota. Esto, es así. Lo de ayer sólo fue la gota que colmó el vaso. Serbia supo jugar a ganar y terminó haciéndolo, pese a los estimables esfuerzos de una España que fue a remolque en casi todo el partido y lo pagó con la eliminación. No hay que buscar subterfugios. Si no hubiera sido Serbia habría sido Turquía. Es la primera vez desde 2004 en que esta selección no participará en unas semifinales de un gran campeonato. Va llegando la hora del reciclaje y del cambio, aunque no hay porqué perder la fe en este grupo. No pasa nada. Los que amamos este deporte sabemos que hay un porvenir para seguir creyendo en futuros éxitos. El triple imposible de Teodosic fue el jarro de agua fría que nos hizo despertar de un sueño. Son cosas que pasan en baloncesto.