miércoles, 29 de septiembre de 2010

29-S: Huelga decir que es día de huelga

Huelga.
(De holgar).
1. f. Espacio de tiempo en que alguien está sin trabajar.
2. f. Interrupción colectiva de la actividad laboral por parte de los trabajadores con el fin de reivindicar ciertas condiciones o manifestar una protesta. Huelga ferroviaria. Huelga indefinida.
3. f. huelga revolucionaria.
4. f. Período de tiempo que media sin labrarse la tierra.
5. f. p. us. Recreación que ordinariamente se tiene en el campo o en un sitio ameno.
España (o parte de ella) inicia hoy la séptima huelga general de la democracia. Zapatero no se ha librado de la suya durante su mandato. Hay preguntas que llegan con esta paralización o conato de suspensión laboral provocada por la crisis: ¿Tiene validez real esta huelga? ¿Tendrá aceptación y seguimiento? ¿Hay efectividad en este tipo de convocatorias sindicales? ¿Servirá como acicate de cambio en la reforma laboral? ¿Se debería haber convocado esta huelga antes de aprobarse la ley? Muchas incógnitas que, seguramente, no verán satisfecha su respuesta nunca. Evidentemente el estado de escasez no va a solucionarse de la noche a la mañana, siguiendo una dura etapa de recesión económica. Muchos se preguntan sobre la inutilidad de la huelga y acerca del fracaso seguro de la convocatoria. Se tiene una sensación de que todo ello no va a servir para cambiar nada. Lo importante sería conocer la disposición de la parte política sobre las medidas o reformas estructurales para salvaguardar la salud económica del país. Da la impresión de que tanto el gobierno, como la oposición, como los sindicatos forman parte de un entramado que funciona como cortina de humo, sin soluciones a ningún conflicto, riéndose en la sombra del ciudadano trabajador. Los políticos y sindicatos actúan con fingida afectación ante la situación, escondiendo así su pasividad y escasa beligerancia ante los problemas reales de España. En conclusión, van a hacer lo que les dé la gana.
Cualquier elucidación se percibe como una pose de oratoria afectada de trascendentalismo dentro de lucha contra la crisis. Si la huelga es contraproducente o no para el país porque puede ocasionar pérdidas importantes dentro de la economía parece dar lo mismo. La sociedad actual se ha convertido en un circo de marionetas donde unos pocos viven bien a costa de los demás, donde tanto quienes salen a la calle a protestar como los que acuden a su puesto de trabajo en la jornada de hoy siguen bajo el yugo del capricho de unos cuantos que viven por encima de cualquier posibilidad ciudadana, independientemente de la corriente política y posicionamiento ideológico de su partido, con sueldos vitalicios, dietas escandalosas, franquicias y lujos varios. Situación en la que el proletariado siempre será el perjudicado. Es más importante mantener el ‘statu quo’ que solucionar los problemas reales de una sociedad en crisis. Para superar obstáculos siempre quedarán los impuestos o medidas disfrazadas de engaño. La clase política se ha desligado tanto del trabajador en su propio bienestar que todo lo que hacen o dicen suena a pura especulación, mientras gente como autónomos y pequeñas empresas sin representación sindical se vienen abajo como una montaña de naipes ante un fuerte viento y las condiciones laborales de las empresas van cayendo por los suelos sin muchas vistas de cambio. Llegados a este punto de incógnitas, lo que preocupa a la gente que no tiene un trabajo y a los que la huelga ni les va ni les viene porque carece de este débito laboral va más allá de cualquier discurso reivindicativo y no participativo como es el caso.