sábado, 7 de agosto de 2010

Review 'El Equipo A (The A-Team)', de Joe Carnahan

Juego de trileros
Sin traicionar la fidelidad a la serie catódica de los 80, el filme de Carnahan juega a la nostalgia modulando el ‘remake’ en función de la adrenalina, de la pirueta espectacular, preeminente y amplificada.
“En 1972, un comando compuesto por cuatro de los mejores hombres del ejército americano fueron encarcelados por un delito que no habían cometido. No tardaron de fugarse de la prisión en la que se encontraban recluidos. Hoy, buscados todavía por el gobierno, sobreviven como soldados de fortuna. Si usted tiene algún problema y se los encuentra… quizá pueda contratarlos”. Hoy en día este encabezamiento despierta la nostalgia televisiva de una generación que esperaba las tardes de aquellos calurosos veranos para ver ‘El Equipo A’. Las aventuras de John Hannibal Smith (George Peppard), el sargento M.A. Baracus (Mr.T), el capitán Howling “Mad” Murdock (Dwight Schultz) y el teniente Templeton Face “Fenix” (Dirk Benedict) pasaron a ser un clásico instantáneo dentro de la programación televisiva de los 80 atravesando América en una furgoneta GMC Van negra con aquella mítica franja roja que es hoy todo un icono.
Durante cinco temporadas, este grupo de fugitivos que se vieron obligados a convertirse en mercenarios para poder sobrevivir pasó a ser un referente dentro de la televisión de la época. Por supuesto, el paso de los años no le ha venido muy bien a una serie demasiado infantil e inocente para los tiempos que corren, por eso Hollywood, siguiendo una costumbre habitual, ha trasladado la historia a la actualidad, como no podía de ser de otro modo, en un ‘remake’ para el cine. El relevo lo toma un reparto heterogéneo formado por Liam Neeson, Bradley Cooper, Sharlto Copley y Quinton Jackson. Curiosamente, el primer escollo que podría producir un grave trastorno en su actualización es solventado con gran facilidad. El grupo de actores que sustituyen a los originales exhiben una química fascinante y dejan rápidamente la estela del recuerdo para hacerse con los roles de forma instantánea.
‘El Equipo A’ arranca desde su inicio con cierta libertad a la hora de entallarse en el espíritu de la serie, alejándose de lo visto, pero sin perder de vista la esencia intacta de aquélla, sin apenas variar en su determinación ajustada a los parámetros de la acción bienintencionada y referencial de su referente. Importa mucho el honor del Ranger, la lealtad, la autenticidad del soldado, la justicia y, en último término, la camaradería. En este aspecto, la disposición temática de la serie televisiva permanece intacta al desarrollar, siempre siguiendo un rudimento transversal, a estos patriotas antihéroes fuera de la ley.
En este nuevo ‘Equipo A’, nada parece tomarse en serio más allá de la circunscripción de un director como Joe Carnahan a los vicios más comunes del género, donde la acción predomina por encima de cualquier condicionamiento dramático o argumental, sin buscar una profundidad que vaya más allá del retazo psicológico ya conocido a través de la serie; un dirigente perspicaz, un chico guapo y listo, un divertido demente y un negro tatuado con miedo a volar y malas pulgas. A una película como esta se va a divertirse y si los personajes se perfilan como entes totalmente unidimensionales, mejor que mejor. Da igual que la actualización de los icónicos personajes ex combatientes de Vietnam les convierta en veteranos de la Guerra de Irak y con ella se perciba cierto toque de anacronismo. En parte, beneficia a esa vocación de nostalgia que tiene el filme, manifestando en todo momento el cariño y la sumisión hacia el material que se reivindica.
Así, la cinta de Carnahan contiene algunos guiños, a medio camino de la caricatura y el respeto, que sutilizan esa afectividad con el pasado, como que M.A. siga compadeciéndose de los tontos, que Hannibal no haya perdido su sarcasmo (aunque mucho más circunspecto), que Fénix sea capaz de ligarse a una reportera francesa en unos cuantos segundos o que a Murdock se le vaya la pinza en cualquier momento (impagable su reinterpretación de ‘Braveheart’). Cosas como, por ejemplo, que a M.A. le narcoticen para volar siguen estando presentes dentro de esta revisión. Eso sí, tampoco hacía falta describir el origen de tal aversión o que, en un momento determinado, se dilucide sobre aquella cándida violencia a través del mismo personaje, que cuestiona la violencia para volver a ella invocando las enseñanzas de Gandhi (sic).
‘El Equipo A’ de 2010 vendría a ser un antes del grupo, un vistazo atrás a las circunstancias de su encuentro, de los lazos que se van fraguando durante su estancia en el ejército y sus primeras hazañas como fugitivos federales en busca y captura que son traicionados por la CIA y buscados por el Departamento de Defensa. Y todo por la búsqueda de redimir el honor perdido y la limpieza del nombre del grupo en pos de recuperar unas planchas para falsificar dólares que han sido objeto de tráfico ilícito en la Guerra de Irak. ‘El Equipo A’ sería un ‘cross-cut’ entre la exposición del plan trazado, las trampas y cambios que se dan sobre un supuesto tablero con vasos y bolas debajo y la ejecución efectiva de la misma. Tanto para el espectador como dentro del filme, la evocación evidenciada es la de un juego de trileros embaucadores que dejan ver sus bazas según se van aconteciendo los hechos. La película juega a eso, a divertir y engañar. Y es, en síntesis, lo que viene a proponer Fénix; una distracción, con sorpresa, evasión y un descubrimiento final. Por eso, siguen funcionando tan bien (ahora como en los 80) esos falsos ‘flashbacks’ de ejecución del plan que en realidad podrían ser ‘flashforwards’ de lo que va a suceder con un montaje envidiable.
La cinta de Carnahan está modulada en función de la adrenalina, de la pirueta espectacular, preeminente y amplificada, donde la realidad se deja a un lado para inclinar la balanza hacia lo hiperbólico, con secuencias imposibles llenas de explosiones y un constante sonido a arma automática y disparo sin freno. Por eso, cuando se ha visto un tanque caer en paracaídas desde un avión militar y disparando en pleno descenso para lograr caer en un lago alemán, uno está preparado para cualquier cosa, teniendo como traca final una apoteósica ‘set-piece’ modélica y enardecida en el Puerto de Los Ángeles. Hay una frase dentro del filme que define la intención medular de la película: “El exceso está subestimado”. Y es a lo que responde esta curiosa y descerebrada ‘serie B’ de gran presupuesto.
Por lo demás, todo sigue intacto, la búsqueda de justicia y solidaridad de grupo, la acción y la comedia en un coctel que encuentra en la testosterona, las bravatas masculinas y el ruido que se sucede en las escapatorias imposibles la razón de ser de un divertimento de alto nivel. Eso sí, se echan de menos algunos matices que, de haber secuelas (que seguro que las hay) no pueden faltar, como esos trajes de lagarto de Hannibal y su condición de “rey del disfraz”.
También el poco protagonismo que tiene un icono tan importante como furgoneta negra GMC Van se añora. ‘El equipo A’ es una sorpresa que está confeccionada seriamente con un dominio del ritmo y del montaje frenético que ejerce como variación grandilocuente de su germen catódico más acorde a los tiempos que corren, donde la acción tiene su valor cuanto más se fructifique el delirio autoconsciente y el empaque caótico que dé como resultado una prestidigitación ante un truco de vacile con gracia.
Miguel Á. Refoyo "Refo" © 2010
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