martes, 3 de agosto de 2010

Cartel Ferias y Fiestas Salamanca 2010, de Tomás Hijo

Uno se va quedando sin halagos lisonjeros para describir el talento creativo de un hombre como Tomás Hijo. Hacía tiempo que no se aludía a su figura en estos procelosos terrenos abismales. Concretamente, desde aquel post con motivo de ese cortometraje de culto titulado ‘La mosca que mordió a Dios’, que sucedió a una obra maestra del cortometraje nacional como es ‘El morajuelo’. Y no será porque este artista salmantino no haya seguido desarrollando una interesante carrera extendida a diversos ámbitos plásticos y artísticos. Desde entonces, Tomás (o TOX, como nos gusta llamarle a unos cuantos) ha seguido una férrea trayectoria en paralelo, en el mundo de la literatura, donde además de multitud de cuentos y artículos en todo tipo de publicaciones de prestigio o su colaboración en el programa de Cuatro ‘Cuarto Milenio’, ha publicado varios e interesantes libros entre los que destaca, sobre todo, ‘El libro negro de las leyendas urbanas, los bulos y los rumores maliciosos’ (Editorial Styria), muy recomendable y divertido compendio de quinientas leyendas urbanas apiñadas en un libro que pormenoriza todo tipo de mitos, supersticiones, historias sobrenaturales, habladurías, conspiraciones y versiones no oficiales sobre sucesos que han ido incrementando la alteración de una posible realidad, con miedos y paganismos de toda índole llevados a la condición de crónica crédula.
Este artista total; escritor, cineasta y profesor en la Universidad de Salamanca, ha destacado siempre por una faceta en la que es también un maestro: la ilustración. Dotado con un estilo reconocible y fascinante, la obra de Hijo destaca por la significación inevitable de las fábulas y ficciones tradicionales, que imponen una alegoría hemerológica sobre acontecimientos y personajes que forman parte de la raigambre popular o anónima y que construyen entelequias plasmadas con una expresividad identificable y llena de matices que atestan de color y personalidad sus ilustraciones y dibujos de gran calado barroco. Esta lúcida aptitud para captar la belleza del arte, la tradición y la vida se concentra en el cartel anunciador de las Ferias y Fiestas de Salamanca 2010, que tendrán lugar del 7 al 15 de septiembre. Habitualmente, se tiene una percepción de abandono a la calidad de este tipo de anuncios, pero este año es diferente. La inspiración somática de un mito de las fiestas de la ciudad como son los cabezudos es el elemento estimulante y protagonista del cartel. Con su habitual composición detallada y simbolista, Tomás Hijo ha sabido captar el miedo y la atracción hacia estas figuras míticas dentro de la costumbre festiva, en la que unas cabezas realizadas en cartón-piedra con un armazón de hierro recorren las calles de la ciudad ataviados con fustas y palos, al compás de una charanga, persiguiendo a los más pequeños, que provocan y huyen espantados ante la amenaza de ser reprendidos y azotados por estas siniestras figuras. A pesar de lo que pueda parecer, en los ‘padrelucas’ (que deriva del clérigo local ‘Padre Putas’) se funden lo festivo y lo grotesco, identificando una tradición arcaica e inamovible en la memoria de las generaciones de charros que han acelerado su paso en la travesía de estas icónicas figuras que representan, para unos, la inmoralidad o la herejía y, para otros, la naturaleza sometida a Dios.
En cualquier caso, el artista salmantino no olvida los detalles congénitos a la ciudad helmántica; la fachada del Ayuntamiento de la Plaza Mayor, desde donde se ofrenda el pregón y testigo de la Historia de las ferias y fiestas, con el suelo de un teatro de entelequia y sencillez que acerca estas fiestas a sus gentes, sin olvidar la ‘Mariseca’ emblema exhibido durante este periplo. Tampoco las figuras de cabezudos más representativos de la ciudad. Tomás Hijo ha logrado la hazaña de cautivar inmediatamente la atención y la imaginación del espectador viandante con su perspectiva de composición, color e imaginería legendaria y popular.