viernes, 2 de julio de 2010

Review 'Un sueño posible (The Blind Side)', de John Lee Hancock

Redimiendo el sueño americano
John Lee Hancock adapta un cuento de filantropía conservadora, que rebosa altruismo ejemplarizante y pone de manifiesto, entre líneas, cierto sentimiento de culpa inscrito en la sociedad norteamericana actual.
Dentro de los parámetros del melodrama existe una directriz que suele funcionar en los circuitos comerciales estadounidenses. Podríamos hablar de un subgénero genuinamente yanqui, que confina a lo telúrico sus dramas vivificantes, que estimulan la creencia de un ideal de bondad humana que procede de esa tipología de fábulas que giran en torno a un pobre desfavorecido que, a través de la fe y el tesón, ve cómo su vida cambia hasta llegar a realizar su sueño, por muy imposible que éste pueda parecer. Si a esto se le añade la etiqueta “basado en hechos reales”, el éxito puede estar garantizado. Es lo que le ha pasado a ‘The Blind Side’, adaptación de la novela homónima de Michael Lewis. Una película, en principio, ajena a las movidas taquilleras, pero que dio el campanazo y se colocó como el ‘sleeper’ del año al conseguir más de 250 millones de dólares en el box-office.
‘The Blind Side’, que en España se ha subtitulado ‘Un sueño posible’ (dejando claras las intenciones de la cinta), está basada en la vida de Michael Oher, una estrella afroamericana de la Briarcrest Christian School que debutó con los Baltimore Ravens y se consolidó como el ‘right tackle’ titular de esta franquicia en el siempre difícil universo de la NFL. Es una historia con un chico negro de buen corazón, que podría ser un personaje antagónico al interpretado por Gabourey Sidibe en ‘Precious’, pero con mejor suerte. La comparación no es gratuita. Ambos son grandotes, afroamericanos, maltratados y analfabetos funcionales que provienen de una familia donde las drogas y la violencia subyacen al amparo de un barrio intimidante.
En esta cinta de John Lee Hancock, “Big Mike”, como se le conoce cariñosamente al protagonista, vive prácticamente como un “sin techo” y sin encajar en el nuevo colegio al que asiste. Sin embargo, en su camino se cruzan Leigh Anne y su familia, los Tuohy, que ejercen de modélicos republicanos y cristianos evangélicos para sacar a este negro encantador de la marginalidad. Oher encuentra el cariño y la confianza para despuntar no sólo en el fútbol profesional, sino para adquirir una educación junto a una familia en la que termina por sentirse integrado, que le quiere y le acepta hasta adoptarlo legalmente.
A priori esta fábula de superación personal podría desatender la lógica disección entre realidad y ficción, debido al cuestionamiento de veracidad que puede provocar al hablar sobre héroes inmersos en batallas solventadas a través de valores universales como evidencia de que el sueño americano sigue vivo. Una vez sabido que se trata de una historia real, ‘The Blind Side’ propone, sin contemplaciones ni digresiones dramáticas, un cuento de filantropía conservadora, que rebosa altruismo ejemplarizante y pone de manifiesto, entre líneas, cierto sentimiento de culpa inscrito en la sociedad norteamericana actual, de carácter arcaica, pero activa en los modelos de aceptación de los marginados.
Es la forma que tiene el arquetipo yanqui de ofrecer este tipo de inventario con moraleja, que sermonea sobre la jerarquía que tienen en la vida valores como el esfuerzo personal, el trabajo en equipo y la importancia categórica de la familia. Sólo así un mamotreto con andares de oso, introvertido y silencioso con cara afable y buenos modales es capaz de pasar de caminar calándose hasta los huesos con una bolsa de plástico en la que lleva sus enseres y que lava su ropa de repuesto en una lavandería pública a dormir en una mansión de lujo, entrar en las vidas de una acomodada familiar bienpensante y además de obtener la bendición de la adopción consiga ser una superestrella del deporte más seguido en Estados Unidos. Es el cine ‘bigger than life’. Las odiseas en las que prevalece el poder de la fraternidad, la perseverancia, la misericordia, la solidaridad…
Una historia de lugares comunes en el sondeo vital de aquellos peces fuera del agua que consiguen integrarse dentro de unos Estados Unidos que continúan siendo la tierra de las oportunidades. Hancock integra este cuento moral con una relación entre habilidades humanas y deportivas. Es decir, que el hecho de que “Big Mike” obtenga un alto valor en instinto de protección en el colegio le sitúa en una posición natural para hacer de él un excelente defensor de línea. Los dos mundos colisionan para crear un efecto de fuego artificial admirable, tan condescendiente como sugestivo. Y por esos cauces se mueve constantemente el desarrollo de ‘The Blind Side’. En sus niveles progresivos, el deporte y la educación son mecanismos utilizados como instrumento para alcanzar el sentimiento colectivo y el afán de perfeccionamiento con los que se llega a la consecución de la victoria.
Hancock, muy versado en este tipo de películas que mezclan deporte y valores (como bien evidenció en ‘The Rookie’), habilita términos y secuencias de fútbol americano para que el público siga la historia sin perderse. Precisamente, en esa esfera deportiva es donde mejores resultados obtiene el filme, en esa digresión sobre el “lado ciego” que da título a la cinta, a la función del ‘tackler’ como jugador de relevancia que protege la parte más vulnerable del ‘quarterback’, en su analogía entre equipo y familia. La progresión de Oher como persona y como jugador es, además de la médula dramática, la baza más destacada de una película de esta índole.
Pero ‘The Blind Side’ es tan rectilínea y circunscrita a los decretos de un discurso moral(ista) e indulgente con su contenido que cualquier insubordinación hacia un tipo de doble sentido queda anulada por esa exposición cristalina, que quiere creerse un mundo perfecto de lapidarias sonrisas y compasión inspiradora. Ni siquiera cuando “Big Mike” vuelve a su peligroso barrio suburbial, que se puede ver como una versión antitética, acomodaticia y dúctil de la serie ‘The Wire’ o ese arco dramático que suscita las dudas en el protagonista sobre el hipotético aspecto de caridad de la familia de adopción conllevan a una fluctuación hacia otro derrotero temático. Cualquier matiz negativo sería percibido como alteración de la utópica realidad de los barrios bajos y los ‘ghettos’ que aquí nos venden. Tampoco en la complejidad de hipótesis sobre las posibilidades de superación en la vida del joven, condicionada al altruismo y mecenazgo de los blancos republicanos y el enrarecido entorno multirracial pueden alterar la idiosincrasia espiritual de la cinta.
Podría percibirse cierto tono de maniqueísmo ideológico. Tal vez. Pero no es lo que se debe sacar en conclusión. Al menos, no es lo que Lee Hancock quiere que el público piense. Aquí todo se mueve por las líneas del citado ‘bigger than life’, única motivación de la que no se separa ni ápice la cinta de un narrador que cumple su función con una invisibilidad muy agradecida. Y cuando hay confrontación de ideas, personificado en el desatinado personaje de esa profesora demócrata a la que da vida Kathy Bates lanzada a la educación de la joven promesa, se elude con una correlación armónica por el bien de la historia. ‘The Blind Side’ tiende hacia un intuitivo cariz donde los pretextos se edulcoran desde el origen de la novela. No quiere ser melindroso, pero lo es. Esto no quiere decir que se caiga en el sentimentalismo, ni en la simpleza voluntarista. Lo más virtuoso de la película, y a la vez lo que hace que no se convierta en el típico telefilme de sobremesa, es que el melodrama está equilibrado, sin tribulación exagerada ni gazmoñerías varias. En ese sentido, estamos ante un entretenimiento de buenas intenciones impecable y bien trazado. Siempre que podamos obviar esos enflaquecidos toques de comedia que provienen de ese resabido hijo pequeño de la familia (Jae Head) que se arroja al amor fraternal de su nuevo “hermano” y se convierte, llegado el punto, en el agente deportivo de la promesa del fútbol tratando con los entrenadores de las universidades en absurdos adeudos para él y toda la familia.
Como colofón, sería injusto no destacar la gran labor de Sandra Bullock como principal valedora del filme, dotando a un personaje de fuerza combativa, de mujer ‘hiper-pija’ pero entrañable, de fascinante voluntad de hierro y el sentimiento maternal. Su Oscar puede parece exagerado, pero nunca ilícito. Su interpretación ganadora de este reputado premio es muy similar (en fondo y forma) a la de Julia Roberts de ‘Erin Brockovich’, pero está por encima de, por ejemplo, la Reese Witherspoon de ‘En la cuerda floja (‘Walk the Line’)’. Aunque es cierto que si hay que destacar el trabajo de Bullock, también lo es el sensacional retrato que hace Quinton Aaron de Michael Oher, aprovechando su corpulencia y su expresividad entrañable. Sin olvidar la breve e intachable aportación de Adriane Lenox como madre adicta al crack de este futuro jugador mediático.
No es que vaya a pasar como una película muy destacable, pero ‘The Blind Side’ no es mala película. Por mucho que sea éticamente loable y políticamente correcta, estamos ante una cinta que se deja ver con condescendencia, que gustará a aquellos que busquen un cine ejemplarizador sobre instructivas historias que versan sobre la bondad humana, inculcada de una emoción que no mira la clase o la raza, sólo a la familia y sus valores.
Miguel Á. Refoyo "Refo" © 2010
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