martes, 20 de julio de 2010

Harvey Pekar: el individualista marginal

1939-2010
La semana pasada fallecía Harvey Pekar, uno de los padres del cómic ‘underground’, aunque más que alternativo o ajeno a seguir modas voluntariamente, abogó por reflejar con su propia realidad un contexto marginal que fraguó sus mejores tiras dentro del cómic independiente yanqui. Pekar fue el héroe invisible, aquel que se atrevió a abrir una nueva vía dentro del cómic que parecía improcedente en un cosmos tebeístico plagado de superhombres con poderes y aventuras ilusorias. En 1976 comenzó la que sería su gran aportación al cómic norteamericano con la serie ‘American Splendor’ cuyos guiones serían llevados a viñeta por Robert Crumb, que supo ver el potencial de aquellos guiones que narraban las propias vivencias de Pekar, reflejando de un modo satírico, sostenido sobre el crudo sarcasmo y la frustración, el estilo de vida de la clase obrera americana con todas sus imperfecciones y defectos.
El talento de Pekar fue capaz de crear y fomentar un universo propio, una idiosincrasia de excentricidad sin límites, para exponer como catarsis la insoportable rutina, cristalizada con ingenio, en un paradigma de autocrítica que involucraba, sin concesiones a la condescendencia, el ácido humor del derrotado sin renunciar al patetismo de la autocrítica más cruel. Trabajó toda su vida como empleado de un hospital local de Cleveland (Ohio). La mediocridad y el sentido del absurdo siempre han sido el sustrato necesario para poder ofrecer esa imposible unión a la hora de abordar la trascendencia existencial de la autobiográfica ‘American Splendor’ y el humor ciertamente cabrón. El pesimismo y la desmoralización son elementos básicos no en la obra de Pekar, si no como condicionamientos que evocan la verdad sobre la vida misma, los mismos que trataron de llevar el cómic entendido como cultura del proletariado, asequible para todo tipo de lectores. Se ha escrito en infinidad de ocasiones, y con motivo de su muerte que Pekar era un gruñón misántropo, un cascarrabias que supo ver la parte negativa de la cotidianidad, pero lo cierto es que, más allá de valoraciones sobre su perspectiva negativa del mundo, era un individualista con una especial curiosidad sobre la vida real que se vive cada día en la calle.
El padre generacional de autores de la talla de Daniel Clowes o Peter Bagge y su particular visión del mundo, desde la incómoda posición del crítico ácido y antipático, se granjeó algo de fama extra como invitado ocasional en el show de David Letterman ‘Late Night’ de la NBC. Pekar supuso un halo de frescura al programa. Su participación en forma de diálogo con Letterman dejó auténticas reliquias catódicas, hasta que Pekar, siempre identificado con el trabajador, se dejó llevar por las protestas de los currelas y el sindicato de la cadena y puso a parir a la General Electric, una de las principales fuentes económicas de la NBC. Además de trabajar al lado de Crumb, Pekar tuvo cómplices como Gary Dumm, Haspiel Dean, Friedman Drew o Rick Gear y recientemente con Richard Corben, Joe Sacco o David Lapham para materializar sus obsesiones naturalistas y mostrar, siempre con una portentosa honestidad consigo mismo, el cinismo de saberse un perdedor que asume su lugar en un mundo empañado por el ostracismo del día a día y fiel reflejo de algunos de sus mejores logros: ‘Our Cancer year’ (que podría traducirse como ‘El año de nuestro cáncer’), escrita con su esposa Joyce Brabner, que narra sus vivencias y miedos tras ser diagnosticado de cáncer linfático en 1990 y ‘El derrotista’, ilustrado en su totalidad por Dean Haspiel, su mejor y más lúcido relato autobiográfico.
Con la muerte de Pekar se va esa voz de la conciencia social aparentemente pesimista. El mundo del cómic pierde así a uno de sus valedores más neuróticos, resentidos y geniales capaces de ver la mezquindad, de evidenciar lo miserables que son nuestras vidas llenas de defectos y dificultades, pero a su vez escrutar, con gran acierto y reflexión triste y entrañable, lo que supone levantarse cada día para vivir un automatismo inalterable, como lo supo expresar en sus críticas en forma de manifiestos realistas sobre temas reales que afectan a gran parte del sector laboral estadounidense en sus columnas de ‘Down Beat’ y ‘The Austin Chronicle’.
D.E.P.