viernes, 7 de mayo de 2010

Review 'Más allá del tiempo (The time traveler's wife), de Robert Schwentke

Empalagosa paradoja espacio-temporal
La cinta del alemán Robert Schwentke es una arquetípica historia de amor imposible plagada de convencionalismos románticos y melodramáticos.
Los viajes en el tiempo, las paradojas espacio-temporales siguen siendo uno de los subgéneros que no se agotan bajo diversas revisiones y modificaciones. La posibilidad de estos viajes, de alterar cuánticamente las líneas de tiempos sugiere gran variedad de alternativas narrativas dentro de la ciencia ficción. Muchos filmes de hoy en día siguen discurriendo por las dudas e incógnitas de estos planteamientos teóricos sobre la relatividad de la cronología. ‘Primer’, ‘Idiocracy’, ‘El efecto mariposa’, la española ‘Los Cronocrímenes’ o ‘Land of the Lost’, son algunos de los ejemplos de esta continuidad genérica. ‘Más allá del tiempo’ es la adaptación cinematográfica de la interesante novela Audrey Niffenegger. Como viene siendo habitual en Hollywood, el atractivo y la fuerza literaria aquí pierden su eficacia y gracia bajo la adaptación de Bruce Joel Rubin, el mismo guionista de ‘Ghost’ (con la que ésta tiene varios puntos en común) y el director alemán afincado en Hollywood Robert Schwentke (cuyo anterior título yanqui ‘Plan de vuelo: desaparecida’ tampoco es una garantía).
La historia gira en torno a Henry, un hombre que por un ‘crono-deterioro’ genético viaja en el tiempo constantemente contra su voluntad, danzando adelante y atrás a través de los años y viviendo en diversos tiempos en los cuales aparece completamente desnudo. En uno de ellos conoce a una niña, Clare, que será, en un futuro, la mujer de la que se enamore. Ella, desde niña, le espera para vivir una extraña historia de amor en el que la felicidad se va desvaneciendo tan rápido como él se disipa en el tiempo. El filme se construye sin centrarse en los incontrolables viajes temporales, ni el traumático efecto en la vida de Henry de estas alteraciones. A Schwentke lo que le interesa es seccionar los elementos genéricos para ofrecer un edulcorado drama de pasión, donde importa la perspectiva de esa niña hecha mujer que, desde el día en que conoce por primera vez a Henry, va enamorándose de un ideal, de un hombre incapaz de modificar su futuro con el que puede tener un romance de brevedad esperada. Algo así como sucedía con Benjamin y Daisy en ‘El curioso caso de Benjamin Button’, de David Fincher, por lo especial y las contrariedades de un acontecimiento biológico y ficcional fuera de todo raciocinio. Lo que Joel Rubin y Schwentke nos están contando, a fin de cuentas, es que este amor tan abstracto tiene el destino marcado por su incorruptibilidad pese al tiempo.
‘Más allá del tiempo’ es, por lo tanto, una previsible historia de amor de dos seres que llevan queriendo toda la vida. Así que el factor de paradoja temporal se excluye progresivamente, incluso en la duda que origina la facilidad con la que este traumatizado hombre logra vestirse en un par de segundos cada vez que aparece en cualquier tiempo de sus trayectos temporales. El material podría haber ofrecido un oscuro relato de amor, de escepticismo existencial, incluso una delirante comedia de indeliberadas infidelidades y otros subtextos maliciosos. Obviamente, siendo como es una producción manufacturada en Hollywood, con su estética, puesta en escena y algún que otro destello autoral y de lucimiento por parte del director, sigue unas estrictas reglas invariables al simple melodrama al uso, de esa arquetípica historia de amor imposible para impresionar a la “novia” de turno por parte del espectador más consecuente.
‘Más allá del tiempo’ comienza con arranque desdibujado, bastante diluido y confuso en el reduccionismo genético con el que el protagonista comienza sus involuntarios escarceos con el desplazamiento por diversos años de su vida en una insólita estructura causal del espacio tiempo que rige su vida. Como no podría ser de otro modo, esta actividad termina por sugerir que los hechos que acontecen dentro del tiempo son inevitables y suceden en todas sus líneas temporales. Aún así, aquí Henry puede ir al pasado a explicarse a sí mismo su defecto genético, pero nunca se ha visto más veces para hablarse del que será el amor de su vida o en plena conversación con una niña de seis años en pelota picada. Por eso, cuando ella aparece, él no sabe quién es, contrariamente a haberla visitado en cuantiosas ocasiones a lo largo de sus viajes a un mismo espacio; el campo anexo a un bosque donde vive la familia de la chica.
También se especifica, en palabras del personaje, que es imposible cambiar la providencia de los actos. Eso sí, cuando en uno de sus viajes sobreviene con un billete de bonoloto premiado, la cosa se vuelve más fácil para su enamorada. Y para él, claro que sí. Cualquiera con 5 millones de dólares podría permitirse desaparecer en el tiempo y aparecer desnudo planteándose dudas existenciales y matrimoniales. Siguiendo este hilo de absurdas incoherencias, hay varias preguntas lanzadas por el crítico del ‘New York Post’ Kyle Smith bastante curiosas: “Cuando la pareja protagonista se conoce, ella es una niña y él está desnudo ¿De verdad no se lo cuenta a sus padres? Tampoco tiene ninguna duda en comprometerse con él ¿Es que acaso no ha conocido a cualquier otro chico en 15 años para esperar tanto tiempo a ese bicho esquemático que aparece con el culo al aire en su jardín? Es más… ¿cómo este tipo puede tener un trabajo de bibliotecario cuando desaparece súbitamente?”. Son incongruencias que, sin molestar o entorpecer el argumento, van minando la credibilidad de lo que se está viendo en pantalla.
No todo iba a ser tan desastroso dentro de una película olvidable y más que errónea. La cinta contiene algunos detalles curiosos e interesantes alrededor de la surreal trama fantástica, como la obstinada voluntad de normalidad y rutina que se empeña en seguir un personaje absolutamente significativo, ésa dificultad para seguir un proceso romántico al uso, constantemente alterado por las imprevistas desapariciones de Henry y la insatisfacción que provoca en su amor de toda la vida, la concesión a cerrar el círculo de amistades a aquellos que conocen su extraño problema… Pero, sobre todo, ése ciclo en el que Clare queda embarazada en varias ocasiones para abortar inesperadamente y la multiplicidad de personajes que incluso coinciden en el mismo lugar y esfera cronológica. No sólo Henry, sino ese cigoto que viajó en el tiempo y aparece personificado en Alba, la hija que juega consigo misma en el jardín de casa.
A Schwentke le pesa demasiado la lentitud de la narración (por lo redundante de sus efectismos), así como el hieratismo en el desarrollo emocional, que es solventado con una urgencia hipnótica, que es vistosa, pero nada más. Y eso que en este delirio romántico tanto Eric Bana como Rachel McAdams están a una altura dramática más que digna. ‘Más allá del tiempo’ está plagada de convencionalismos románticos y melodramáticos, que no puede remediar una funesta sensiblería empalagosa. Y lo que es peor, no sabe dar rienda suelta a su oscuro y enrevesado fondo retorcido. Un pastel hipertrofiado que deja funcionar segundos antes de presentar su menú de postre inacabable. Por eso a uno le queda esa sensación de insípido dulzor al estilo de ‘En algún lugar en el tiempo’, de Jeannot Szwarc o ‘Una casa en el lago’, de Alejandro Agresti que echa a perder esa interesante reflexión final con un falso ‘happy end’ que determina que Henry debe vivir el “pasado” y sus pocos momentos de felicidad de un “presente” en el que se deben superar las carencias y mirar hacia el “futuro” con la esperanza de volver a ver, aunque sea por unos segundos, al factor referencial del relato.
Miguel Á. Refoyo "Refo" © 2010
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