jueves, 13 de mayo de 2010

Antonio Ozores, el actor cómico entrañable

1928-2010
Conocí personalmente a Antonio Ozores en el Festival Guijuelo Pata Negra de 2005. Le ofrendaban un homenaje a toda una carrera. Fue muy por encima, con un breve saludo y una conversación de cortesía. Sin embargo, sirvió para acercarme unos segundos a ese actor infatigable que tiene su hueco en la memoria colectiva de muchas generaciones. Este hombre afable y atento ha sido uno de los actores cómicos más grandes del cine español. Es imposible no recordarle en tantas y tantas películas con su singular voz, con su esbelta figura algo desgarbada, con esa sonrisa eterna y talento para hacer reír que le viene de estirpe, de una respetada saga de actores y artistas que llevan consigo la nobleza de una profesión por la que han dado todo.
A lo largo de su extensa carrera fue intérprete de teatro (200 obras), de televisión, escritor, director, colaborador radiofónico… Pero sobre todo actor cómico de cine, el mismo que pasaría a ser figura insustituible, sobre todo las décadas 50, 60 y 70; primero con el desarrollismo, después con el post-franquismo, con películas a las que la crítica nunca ha confiado su simpatía (sobre todo, las de su hermano Mariano). Muchísimas cintas que siguen viviendo en el recuerdo de un cine que, al fin y al cabo, escribió los mejores números para la cinematografía española en muchas décadas. Hasta 160 títulos acumuló en una carrera.
Con su fallecimiento deja grabada la magia de un rostro entrañable, de tipo cercano, con un halo de bondad y proximidad. Un cómico que supo asumir su aparente encasillamiento con una decencia y una profesionalidad admirable, sabiendo crear un humor surreal y original, único, con una forma de expresarse entorpecida, balbuceando e inventando sobre la marcha palabras para rematar la frase con aquel “¡No, hija, no!”, frase histórica de la televisión dentro del mítico ‘Un, dos, tres…’. Antonio Ozores es parte fundamental del cine español. Una figura importante que deja con su marcha los recuerdos de un actor excepcional al que hay que agradecerle su imperecedera comicidad y simpatía. La divinidad del absurdo y del humor pierde parte de su encanto con su muerte.
¡Hasta siempre, gran “Pirulo”!