martes, 16 de marzo de 2010

Mi experiencia (de ida y vuelta) con Windows 7

Ayer tuve la feliz idea de cambiar de aires, de darle un nuevo rumbo a esa rutina binaria que va consumiendo dioptrías y horas sin interrupción. Es la vida moderna. O así lo llaman. El espacio al que estamos esclavizados y del que dependemos absolutamente. Nos hemos convertidos en las cobayas de la tecnología. En los siervos invisibles de Skynet. En fin… que me habían hablado muy bien del Windows 7, así que decidí probar fortuna. La innovación iba a dar ese soplo de vivacidad a mi CPU; que si las ventanas inteligentes, que si la rapidez en los inicios, que si funcionalidad eficiente, que librerías para desenvolver con más fiabilidad, mayor sincronización entre el usuario y el ordenado e incluso la posibilidad de una herramienta de reconocimiento de voz. Un erial.
Pues bien. Todo está muy bonito, pero el hecho de que un problema con el ClearType y con la definición de la fuente (algo que también ha pasado con el Vista) ha hecho que me vuelva al costumbrismo del Windows XP, que es el que me permite disfrutar de una escritura sin tener que dejarme los ojos en cada texto. El resultado: día y medio de pruebas, amagos de sustos y finalmente el regreso a ese contexto conocido por todos y que, hasta el momento, sigue siendo el más fiable. Lo peor: el tiempo que se ha ido, como hojas que lleva una ventisca. Mucho más de lo deseado. Es un coñazo tener que reinstalar todo otra vez de nuevo. Lo mejor: el formateo del disco principal y una velocidad recuperada que siempre viene bien.