martes, 23 de marzo de 2010

Los diez mandamientos del Cowboy

La icónica figura del ‘cowboy’ siempre ha estado ligada, según la cultura popular, al universo del ‘western’, a su simbología de ese hombre solitario, desarraigado, inmerso en largas travesías de ‘Longhorns’ que ha pasado a la grafía general como un emblema arquetípico del individualismo norteamericano, más allá del ‘branding’, de los ranchos o de todo la cultura real a la que conlleva esta mítica figura. Alejándose en la memoria del ‘Far-West’, el ‘cowboy’ permanece atento a su revolver y a su ganado, en busca de recompensas, incluso manchando su reputación con rapacerías o estraperlos, sin quitar ojo al furtivo ataque de los indios, tomando un trago después de una dura jornada en el ‘saloon’ de cualquier ciudad sin ley en las que los bandidos amenazan con su violencia sin límites. La efigie de uno de los géneros cinematográficos por excelencia dibuja un atractivo mito que bien supieron ver maestros de la talla John Ford, Henry Hathaway, Anthony Mann, Gordon Douglas, Thomas Harper Ince, John Sturges, Delmer Daves, Budd Boetticher, Sergio Leone o Sam Peckinpah dibujando un mundo de traiciones, asolamientos, soledades y de afecciones varias.
Como es lógico, hoy en día, el cowboy desempeña su trabajo como un vaquero al uso, adoptando el término etimológico de su ocupación. Es decir, que un cowboy se dedica a cuidar al ganado cuando pasta en el ‘open range’, procurando no perder de vista ninguna res o marcándolas para delimitar la propiedad de cada rancho, así como en cada primavera (el llamado ‘spring roundup’) atrapar a los nuevos becerros con el lazo para determinar su feudo y evitar así robos innecesarios. También perpetúan su leyenda dentro de los rodeos para los llamados ‘rhinestone’ cowboys, celebraciones rurales donde se siguen manteniendo las exhibiciones de jinetes, el típico lazo para atrapar indomables terneras o el más clásico y reconocible rodeo donde los jinetes procuran no caer del lomo de broncos salvajes y toros de dimensiones descomunales. Eso sí, no puede faltar el baile típico de estas celebraciones al son de la música ‘blue country grass’ ni una buena barbacoa y tampoco, por supuesto, una rica zarzaparrilla.
Hace unas de semanas, el gobernador de Wyoming, Dave Freudenthal, firmó la llamada ‘Ética del Cowboy’, dispuesta en diez mandamientos y presentada como un código legislativo aprobado por el citado estado. Se trata de una serie de normas derivadas del libro ‘Code of the West’, del ex inversor de Wall Street James Owen. Estas directrices no son vinculantes ni conllevan sanciones penales y no pretenden sustituir a ninguna pauta del código civil. Simplemente procura rescatar el espíritu tradicional y épico del cowboy dentro de la cultura americana actual.
Los diez mandamientos son los siguientes…
1. Vivir con valentía.
2. Ejercer con orgullo el trabajo.
3. Terminar lo que uno empieza.
4. Hacer lo que sea necesario.
5. Ser duro, pero justo.
6. Cumplir las promesas.
7. Cabalgar para echar el lazo.
8. Hablar menos y decir más.
9. Recordar que algunas cosas no están en venta.
10. Saber dónde establecer los límites.
A Freudenthal se le ha olvidado uno de los más importantes: “No escupir contra el viento”.