miércoles, septiembre 30, 2009

'Un mundo desde el Abismo' en el Congreso Comunicación 3.0 sobre nuevos modelos comunicativos

Hace cinco años decías que tenías un ‘blog’ y la gente no sabía muy bien a qué te referías. Hoy es absurdo señalarlo porque sea da por hecho que, o bien todo el mundo tiene uno, o se conoce de sobra el término. Diez años en el mundo de Internet le han bastado a este nuevo entorno de comunicación y ocio para ver un crecimiento desmedido, dejando un efecto de masificación que comenzó a darse desde 2006 apróximadamente. Según Technorati, se crean en el mundo 1,5 blogs nuevos por segundo. Otros tantos mueren cada día por inercia o por incuria de sus autores. Los ‘blogs’ nacieron con vocación de intimidad, como un cuaderno de bitácora donde expresar libremente aquello que viniera en gana. Años después, la moda está establecida y lo divertido de este entorno de comunicación de masas cada vez más arraigada a nuestra lectura diaria es que se contagien con todo tipo de géneros. El ‘blog’ es el nuevo formato de comunicación que responde a un modelo de información libre y generalizada que forma parte de nuestro día a día. Se ha formado un ecosistema digital imparable y en continua evolución que ha pasado a transformar la Comunicación de Masas y el mundo del ocio en una Comunicación de Red Global.
Mañana comienza en Salamanca el Congreso Comunicación 3.0 sobre nuevos modelos comunicativos. Un evento que tratará de ahondar en la cada vez más frecuente relación entre medios de comunicación y los últimos cambios tecnológicos de Internet, como las redes sociales o la web 2.0. Serán dos días para reflexionar sobre ese paulatino alejamiento conceptual entre información y comunicación, que tiene que ver, fundamentalmente, con cuestiones técnicas en relación a los nuevos formatos de difusión. Las jornadas consistirán en conferencias y mesas redondas en las que participarán profesionales de reconocido prestigio. Esta última categoría no es la mía, pero estaré en la mesa inaugural este mismo jueves, departiendo junto a Alberto Marcos, uno de los organizadores y gran profesional de los medios, que moderará la sesión, y Ricardo Mena, una de las más instruidas personalidades dentro del mundo del cómic a través de su mítica Cabezabajo.
Eso sí, por la tarde, el Congreso se elevará a la esplendidez con la presencia del genio Ramon Trecet, un mito de la información, un ‘crack’ sin precedentes que marcó un antes y un después en la vida de aquéllos que seguíamos en nuestra infancia la NBA en el nunca olvidado ‘Cerca de las estrellas’. Elena Villegas y José Francisco Merino (Universidad de Salamanca), María Garrido (Universidad Pontificia), Alejandro Ugarrio (MARCA.com), Ruth Méndez (Telecinco), Miguel Manso (Cuatro), Alberto Cañabate (Invertia), Pilar Bernal (Telecinco) y David Cacho (La 7 Noticias) son los demás ponentes de este Congreso que tendrá lugar en Salamanca (Hospedería de Fonseca) los días 1 y 2 de octubre de 2009.

martes, septiembre 29, 2009

'El lector (The Reader)': Fantasmas del pasado

“La conciencia es cobarde y la culpa que no tiene fuerza para impedir, rara vez es lo suficientemente justa como para acusar” es una frase de origen inglés que se podría aplicar a la recuperada película ‘El lector’ meses después de su estreno en las salas cinematográficas. Stephen Daldry recompone una visión nada complaciente a la historia de posguerra y consecuencias del conflicto mundial sobre Alemania y su pasado nazi con una historia que se mueve entre cuatro décadas en las que se narra la historia de pasión y amor de Michael Berg, un inocente joven de quince años y una misteriosa mujer llamada Hannah Schmitz que ha superado los 35. Pronto la pareja comenzará a mantener habituales relaciones sexuales solidificadas con la lectura por parte del joven de obras de Homero, Twain, D.H. Lawrence, Goethe, Tolstoi, Schiller o Chejov que ella escucha atentamente. Un buen día, ella desaparece y él sigue su camino hacia el mundo adulto con el despertar sexual cumplido y el aprendizaje romántico inamovible a través de los años. El reencuentro de ambos años llegará en un tribunal. Él asiste como oyente y estudiante de derecho por la Universidad de Heidelberg. Ella sentada en el banquillo de los acusados como partícipe de actos criminales relacionados con el nazismo y el Holocausto. La introspección, en lo dramático y en lo ideológico, sigue fiel al texto de la obra Bernhard Schlin. Daldry y su guionista David Hare, siguen el proceso del distanciamiento temporal, el sentimiento de culpa, la parálisis emocional y el marasmo moral que desencadena este encuentro.
Más allá de esa relación de amor y sexo entre los dos personajes principales, ‘El lector’ lanza cuestiones de gran calado intelectual que determinan apuntan a la responsabilidad y culpa colectiva de un pueblo con respecto a su pasado. Se inscribe así en unos planteamientos de disidencia emocional al interior de un país y los sucesos pretéritos que sucedieron a un nivel histórico y mundial. Más concretamente, al Estado alemán y los campos de concentración nazis. Durante el juicio, Michael no puede mirar en ningún momento a la mujer que despertó su inicio sexual y primer amor, eludiendo con ello el pasado, sin asumir su vínculo con aquéllos tiempos de felicidad y calor femenino, avergonzado por el nexo que le une a esa mujer a la cual no puede pero quiere olvidar, como también su distanciamiento a su hogar y a su familia por esa huída del pasado. Hannah, por el contrario, afirma en el juicio que consintió que casi tres centenares de judíos murieran bajo el fuego porque era posible actuar de otro modo, ya que hubiera supuesto un caos insostenible. La actitud de Hannah es coherente por lo que respecta más al miedo por la burocracia nazi que por una intención criminal. Algo, obviamente, que desglosa cierta controversia ya no sólo en los magistrados y la opinión popular, sino en el posicionamiento del espectador ante la situación del personaje y la reflexión de doble rasero sobre el Holocausto.
Esta idea deviene en coartada a la hora de simbolizar en esta mujer la ingenuidad e ignorancia de un pueblo alemán también sometido durante el nazismo, pero que hace avergonzarse a las nuevas generaciones por lo acontecido. La historia de amor imposible se muestra como una alegoría de la incapacidad de aceptar la verdad histórica de toda la Alemania de una época concreta. Él deja escapar la oportunidad de asumir su pasado, ocultando datos que podrían haber salvaguardado la libertad de su ex amante (ella es analfabeta y por lo tanto es imposible que redactara las consignas nazis) por vergüenza y por las dudas morales. Mientras, ella aprovecha su segunda oportunidad para aprender a leer y a escribir, precisamente el lastre que le ha llevado a la cárcel por eludir la vergüenza de hacer público su incultura. ‘El lector’, es así una historia sobre la diferencia entre generaciones con respecto a un tema tan escabroso y polémico como el genocidio alemán.
Stephen Daldry se vuelve a mostrar diestro a la hora mantener la tensión e interés de una historia melodramática que nunca cae en la sensiblería. Y lo hace jugando con la música, la impecable fotografía y cuidada dirección de producción con un uso del tempo disminuido en celeridad que utiliza un montaje discontinuo, a modo de ‘flashback’ que da sentido a una historia sobre el pasado y el presente. El joven David Cross como Michael, Ralph Fiennes dando vida al mismo papel en su madurez y sobre todo, ese portento de la interpretación llamado Kate Winslet hacen posible la cercanía (a veces excesivamente fría) de esos personajes que, por uno otro motivo, buscan el perdón y la redención.
Miguel Á. Refoyo "Refo" © 2009

domingo, septiembre 27, 2009

Review 'Malditos bastardos (Inglorious Bastards)'

Tarantino, el cine y el lenguaje
Con una forma inesperada de asumir el belicisimo, Quentin Tarantino es consciente de su propio compromiso con la significación del cine y ofrece una película que no responde a ningún condicionamiento ni cinematográfico, ni histórico, ni fílmico.
Cada vez que Quentin Tarantino estrena una película se convierte en uno de los acontecimientos más importantes del año. Con ‘Malditos Bastardos’, la cosa no iba a ser muy diferente. Con una breve pero antológica filmografía, Tarantino ha conseguido ejecutar una metamorfosis cultural y visual dentro del Séptimo Arte, ya que en su impenitente camino hacia la postmodernidad, ha ido evolucionado hacia una corrección dialógica y cinéfila sin precedentes. Sin embargo, Tarantino ha sabido desigualar ésas dos vertientes, conciliando gran variedad de subgéneros provenidos de los clásicos de serie B y donde es fundamental el procedimiento modernista de la intertextualidad genérica, cuyo objetivo es releer y reinterpretar.
Con su nuevo filme, el cineasta de Knoxville reformula las bases de un género tan complejo como es el cine bélico, pero, al contrario de lo que se pueda pensar, deja de lado su pastiche referencial y evoca sólo la flagrancia espiritual de cineastas como Samuel Fuller, Lewis Milestone, William A. Wellman, Robert Aldrich, Andrew Marton, Mark Sandrich o Brian G. Hutton. El reciclaje autoral, por tanto, queda mucho más diluido, a pesar un intencional testimonio ‘exploit’ que tiene su origen en los ‘macaroni combat’ generado a raíz de influencias como Ignazio Dolce, Alberto De Martino, Umberto Lenzi, Antonio Margheriti, Gianfranco Parolini, pero sobre todo el filme ‘Aquel maldito tren blindado’, de Enzo G. Castellari que ofrenda en su título americano ‘Inglorious Basterds’. La reinvención a partir de materiales envejecidos está, en esta ocasión, muy por debajo de la necesidad de atribuir un modelo hermenéutico donde el poder mediador de la imagen y, sobre todo, de la palabra en el proceso de construcción de sentido fílmico es más importante que nunca. Queda constancia con ello de que, para Tarantino, el cine continúa siendo una práctica de liberación creativa llevada al extremo, pero a su vez, el cine ha tomado una apostura más severa y trascendente.
El espectador no se encuentra ante un filme de guerra al uso. No hay batallas, ni estrategias, ni movimientos combativos que recuerden históricamente a la conflagración global. El acercamiento a los diversos convenios temáticos y estéticos propios del género llegan desde un punto congénito. O ni siquiera eso. De este modo, la película arranca con un dilatado prólogo en una campiña francesa donde se presenta a Hans Landa (arrebatador y deslumbrante Christoph Waltz), uno de los villanos más atractivos y poderosos vistos en mucho tiempo en una pantalla de cine, con un largo diálogo que evidencia el devenir narrativo de la historia. Se trata así de una cinta bélica, sí, estrictamente libre, pero que no responde a ningún condicionamiento ni cinematográfico, ni histórico, ni fílmico, donde los actos delimitados y ritos cinéfilos de Tarantino definen su propia condición de autor posmoderno.
Nada es lo que parece. Una vez metidos en esta nueva aventura, todo es apariencia. El grupo de “bastardos”, que se muestra tan eficaz dentro de la pantalla, se reduce a algunos escarceos (apenas veinte minutos) dentro de la trama, quedando una sensación de prurito en cuanto a las aventuras de estos judíos que matan y torturan nazis a la vez que arrancan su cabellera como homenaje a los apaches y como trofeo de sus tropelías bélicas de sangrienta venganza. Sabe a poco la brutalidad y desparpajo con la que actúan el grupo de Aldo Raine (Brad Pitt), Donny Donowitz (Eli Roth), Hugo Stiglitz (Til Schweiger) y los demás soldados asesinos y antihéroes. Tarantino traiciona todas las expectativas bélicas y se centra en la línea medular de su filme, la de Shosanna (Mélanie Laurent), una joven judía que escapó de la matanza de su familia por parte de Landa y sus nazis y que, años más tarde, es elegida por un “heroico” soldado alemán que quiere que se estrene en su cine la última película de la UFA protagonizada por él mismo. Con este hecho, ambas tramas se vinculan en una doble venganza; la de la joven francesa judía, que pretende desagraviar a su familia y la de los “bastardos”, que son enviados por los americanos para llevar a cabo la “Operación Kino” contra Hitler (Martin Wuttke), Joseph Goebbels (Sylvester Groth) y los altos mandos alemanes.
‘Malditos Bastardos’ es la película más abstracta e intertextual del frenético orbe fílmico de Tarantino. Como viene siendo habitual dentro de sus películas, el diálogo es la base que orquesta todos los demás recursos. La conversación entre sus personajes, el cara a cara, es el elemento centralizador de las acciones, el poder discursivo a modo de largas disquisiciones verbales inscriben la importancia de la progresión argumental y de la tensión del momento. La digresión, el énfasis verborreico, es el encargado de esconder los verdaderos propósitos que se llevan a cabo en el devenir del relato, la inflexión necesaria para que la trama vaya avanzando en esa estupenda estructuración literaria de cinco capítulos, donde los personajes amplifican su categoría a medida que se magnifica el diálogo. Desde el inicio campestre, hasta el ‘set piece’ de la taberna de La Louisiane por parte de los “bastardos” y el topo de los aliados explicita que el lenguaje es el elemento más importante de la cinta. Posee así una función única y exclusivamente en progresión hacia un final provocador y laxativo, que concede al director la coyuntura para dar rienda suelta a sus obsesiones cinéfagas. La tensión se revierte en la catarsis de esa (justificada) venganza final.
Junto con ‘Jackie Brown’, ‘Malditos Bastardos’ es la película más madura de Tarantino. Una película que habla sobre el cine y el lenguaje como hilos conductores de la narración. Ya no sólo porque el catálogo de personajes esté circunscrito al séptimo arte; Shosanna es dueña de un cine, el soldado que se enamora de ella es actor (Daniel Brühl), uno de los infiltrados que opera con los “bastardos” es crítico de cine (Michael Fassbender) y el contacto es una famosa actriz llamada Bridget von Hammersmarck (Diane Kruger), sino que el trasfondo estético, tanto en el diseño de producción como en el estilo visual, vuelve a encumbrar el prototipo de codificación del cineasta a la hora de aglutinar filias y referencias, de exponer con natural soltura sus voluntades y ofrendas. Pero esta vez lo lleva a cabo sin subvertir sus fuentes, siguiendo las normas ‘no escritas’ y los códigos cinematográficos. El cine, de un modo metalingüistico, es, a ojos de su creador, un arma en sí misma utilizada de forma proselitista, como sangriento correctivo y venganza, como un sueño convertido en pesadilla.
Por supuesto no falta el recurso musical, de anacronismo acentuado por un sentido de la lírica que se extiende a la imagen, que toma prestado al habitual Morricone, pasando por Bernstein, Tiomkin o la canción ‘Putting Out the Fire’, de David Bowie para ‘El beso de la pantera’ de Schrader. El oficio acumulado por Tarantino concede su obra más redonda en cuanto a dirección se refiere. También la más libre, que no se ciñe a ningún condicionamiento en la epopeya fabulista sobre un contexto histórico como es la II Guerra, en una reinterpretación gamberra e insurrecta que va sin artificios a la hora de impulsar con descaro su esencia ficcional. ‘Malditos bastardos’ arranca con el sobreimpreso “érase una vez… en la Francia ocupada”. Y la historia es transformada en metonimia imposible, con un irreal discurso que define el cine como herramienta a la hora de cambiar la memoria y que tampoco tolera lo que vendría a llamarse experimento metacinematográfico.
A veces, se deja lleva por una descompensación de tiempo, otras, a la cinefilia más gamberra que busca complicidad respecto al espectador. En particular, en la utilización de la violencia que roza el paroxismo y la parodia del humor negro, con la explicitud gráfica que tanto le gusta mostrar al director y que se espera con énfasis por sus adeptos. Es un sello de garantía, de personalidad intrínseca. En su visión fílmica, Tarantino es consciente, más que nunca, de su propio compromiso con la significación del cine, de la enfocada conexión de estereotipos genéricos con la impronta de clasicismo que se ciñe a su lenguaje formal en una modélica operística que se concentra como apoteosis de su cine en el clímax final.
‘Malditos Bastardos’ es CINE, con mayúsculas. El director continúa ejerciendo de portentoso prestidigitador que se divierte y hace divertir a su público, sin perder su vena más cínica, con un conocimiento absoluto del medio capaz de combinar fórmulas aparentemente incompatibles, cuya autoindulgencia quede fraguada en un inagotable sentido de la manumisión muy controvertida. Tanto que hasta se toma la licencia de poner en boca de Aldo Raine, dirigiéndose a Smithson Utivich (B.J. Novak), la rúbrica que define esta cinta como su mejor obra maestra. Algo que, como en todas las películas destinadas a ello, sólo el tiempo podrá certificar o refutar.
- Dossier Tarantino (I).
- Dossier Tarantino (II).
- Dossier Tarantino (y III).
Miguel Á. Refoyo "Refo" © 2009
PRÓXIMA REVIEW: 'Gordos', de Daniel Sánchez-Arévalo.

jueves, septiembre 24, 2009

Guinness celebra su 250 aniversario

Hoy se celebra el Arthur’s Day. O lo que es lo mismo, la fecha en que la factoría Guinness celebra del ‘Día Grande’ de sus celebraciones con motivo del 250 aniversario del nacimiento de una empresa dedicada a suministrar la mejor y más conocida ‘stout’ irlandesa. Se trata de una celebración ecuménica, repartida por seis capitales repartidas por todo el globo. Sesenta artistas actuando con música en directo en un solo día, en cinco ciudades de todo el mundo. Las elegidas para este evento han sido Kuala Lumpur, Nueva York, Yaundé y Lagos y, cómo no, Dublín, la capital imperecedera de esta cerveza considerada como un orgullo y símbolo nacional dentro y fuera de sus fronteras. Allí, se celebra una fiesta por todo lo alto desde la propia fábrica de St. James’s Gate extendida hasta todos los ‘pubs’ de la ciudad. La fiesta se propaga por todo el mundo, en las principales cervecerías y ‘pubs’ del mundo, donde también se brindará en tan señalada ocasión con concursos y sorteos de todo tipo.
Según cuenta la Historia, ya se celebraba un festival veraniego en St. Jame’s Gate, lugar donde se venera la tradición de raigambre cervecera toda la feligresía de Guinness que asiste a Dublín. Se podría establecer el año 1693 como uno de los posibles orígenes del levantamiento del imperio afianzado por Arthur Guinness, que adquirió los derechos de la cervecería situada en esta antigua iglesia de la mano de Sir Mark Rainsford. Lo que primero fue una exquisita ‘porter’ conocida como ‘entire butt’ pasó, con los años, a compartir catálogo con la clásica ‘Irish Ale’ que devino en una variante denominada ‘stout’, término designado para describir un sabor más fuerte e intenso que la ‘porter’. La Guinness es uno de los placeres más distinguidos para el paladar de un buen cervecero, con ese característico sabor proveniente de la cebada tostada que se mantiene sin fermentar, extensible a su gruesa y cremosa espuma como resultado de una mezcla de nitrógeno importantísima en su contribución que hace destacar esta cerveza negra por encima de las demás. Ése proceso de pasteurización y filtración del agua procedente de Wicklow Mountains, con la cebada, la malta, el lúpulo y la levadura, refinado todo con ictiocola, ofrece uno de los más sugerentes néctares que se identifica por un color negro intenso y su sabor único.
Las celebraciones de Arthur’s Day recuerdan que justo hoy, 24 de septiembre, se cumplen 250 años desde que Arthur Guinness firmara el contrato de arrendamiento de la fábrica de St. James’s Gate por 9.000 años a razón de 45 libras por año. Diez años después, en 1769, Arthur Guinness exportó su producto por primera vez, cuando envió seis barriles de cerveza a Inglaterra. Fue el comienzo de la internacionalización de un producto que sigue manteniéndose como uno de los más demandados que recuerden los fastos.
A las 17:59 horas, en un evidente guiño numérico al año 1759, habrá que alzar una Guinness bien fría y esperar esos 119,5 segundos que necesita una pinta para estar en su punto y brindar por la creación de uno de los placeres más satisfactorios llegados de Irlanda.
¡Hoy más nunca “Sláinte Mhath”!

martes, septiembre 22, 2009

Review 'Hazme reír (Funny People)'

De cómo el humor brillante puede llegar a aburrir
Apatow reincide en su dificultad a la hora de equilibrar una comedia que aspira a ser gamberra, pero que insiste en mostrarse como un fresco sentimental con aspiraciones de asignatura moral, lo que acaba por dar al traste cualquier acierto.
Se escribió en este espacio abismal a tenor de la estupenda comedia ‘Resacón en Las Vegas’ sobre lo que muchos han venido en llamar la ‘Nueva Comedia Americana’, esa especie de reinvención y reescritura del género que se formula como una nueva subdisciplina de un género que exprime los cánones clásicos para llevar a cabo ejercicios donde la universalidad de la comedia se fusione a la empatía con todo tipo de situaciones identificables llevadas al extremo, sin perder de vista, a poder ser, el tono de reflexión moral. Judd Apatow es, sin lugar a dudas, la cabeza visible de este movimiento. Surgido del todopoderoso ‘late night’ de la comedia americana, ‘Saturday Night Live’, de su inspiración han salido dos películas como director (‘Virgen a los 40’ y ‘Lío embarazoso’) y otras tantas como productor y guionista (‘Supersalidos’, ‘Dewey Cox’, ‘Paso de ti’, ‘Zohan: licencia para peinar’, ‘Superfumados’ o ‘Año uno’).
El secreto de su éxito reside, básicamente, en la conjunción de la ironía con la que se analizan los comportamientos humanos de la ‘post juventud’ contemporánea unido a un humor soez de tintes masculinos enclavados en situaciones de replanteamientos vitales. El ‘estilo Apatow’ sabe confabular la incorrección política con los formulismos de la comedia, acoplando los dispositivos del género al servicio de historias con incuestionables planteamientos de seriedad argumental. Sin embargo, todas sus películas, bien sean como director así como las que produce, tienen un problema común: van extinguiendo su eficacia por una imprecisa directriz que aspira a la trascendencia de su discurso, disminuyendo el ritmo y el humor que acaba por alargar las situaciones hasta el tedio insoportable. Un hecho que suele afectar al último tramo de sus historias.
‘Hazme reír’ no es muy diferente a todos estos conflictos. Se podría decir que es su cinta más ambiciosa. También la más personal. Eso sí, es la que más evidencia todos los errores y diatribas expuestos anteriormente. La historia se centra en George Simmons, un insolente humorista, bastante mezquino y egocéntrico que ha logrado convertirse en una superestrella mediática gracias a sus números cómicos. Cuando le diagnostican una grave enfermedad terminal, llega la hora de replantearse su vida y la actitud ante aquéllos que le rodean. Obviamente, como en toda comedia, este dramatismo se verá alterado cuando Simmons se entere de que el proceso de deterioro físico se ha paralizado y que su vida vuelve a estar a salvo. Apatow, de nuevo, tiene la oportunidad de lograr esa ardua composición de solubilidad entre la comedia gamberra, el fresco urbano y sentimental con aspiraciones de asignatura moral. Pero, de nuevo, echa por tierra cualquier intención con la solemnidad que irrumpe cuando llega la hora de pasar al punto de giro que cambie las cosas de forma radical.
Su primera parte atesora una ejemplificación de lo que ha hecho del cineasta un genio de la comedia, en su entrañable autopsia a la profesión del comediante, del ‘stand up’ genérico, del mundo de los clubes donde grandes talentos vuelcan sus monólogos al público. El inconveniente llega cuando Apatow, consciente de que ha superado con acierto un arranque más que brillante, se muestra sentencioso a la hora de hablar de la muerte y arguye, a modo de drama emocional, sobre los peligros de la fama y de la soledad en la que se ven sumidos aquellos que la conocen. El gran problema del filme, al fin y al cabo, es que Apatow se toma demasiado en serio a sí mismo y a su guión.
Otra vez tenemos al antihéroe ‘apatowiano’ que tiene que abordar el difícil paso a la madurez, al ámbito adulto en el que tomar decisiones serias y complejas, para dejar a un lado el socialmente extendido complejo de Peter Pan. Llegados a ese punto, se aborda la necesidad de enmienda de los errores y de las segundas oportunidades. Como siempre en las películas de Apatow, todo parece ir fluyendo con gran ritmo, con un compás de comedia bien dibujado, hasta que el argumento se va dilatando paulatinamente hasta revertir la comedia en soporífera reiteración inacabable. Los ciento cincuenta interminables minutos se van hundiendo en el estilo uniforme e inexpresivo de sus imágenes, forzado al mismo tiempo con un sentimentalismo dramático que ocasiona un parón de terribles consecuencias.
Lo que iba siendo una comedia de jugosa dimensión genérica empieza a pulular por digresiones sin consistencia que chocan frontalmente contra todo su grosor cómico, acabando por definirse como una pedantería pastelosa que se consume en sí misma, sin perder de vista la concesión a las variantes románticas ideadas para todos los públicos. Llega un instante en que Apatow no sabe muy bien qué hacer, si seguir con esa amistad entre Simmons y su condiscípulo Ira, jugando con todo tipo de guiños fílmicos y los esperados chistes sobre miembros viriles o hacer evolucionar, de forma sobrecargada, el tempo emocional del filme en función de un personaje totalmente anodino representado en el antiguo amor del cómico que pretende recuperar.
La incapacidad del cineasta hace que la película funcione cuando se ríe de sus personajes, pero a la hora de recrearse con la comedia en otros terrenos llevan a ‘Hazme reír’ a un contexto desastroso. No le vale de mucho el apoyo de personajes secundarios como Jonah Hill y Jason Schwartzman, que se encargan de poner el punto cómico a una situación que va menguando su efectividad o de sacar muy guapa a su insoportable mujercita Leslie Mann, a la que roba todo el protagonismo un esforzado Eric Banna, utilizados ambos con infructuosa funcionalidad para fortalecer su moraleja aleccionadora. Así como los cameos de Budd Friedman, Monty Hoffman, Sarah Silverman, Eminem, Ray Romano, Owen Wilson o Junstin Long, que quedan muy bien de cara a la galería, pero que no contribuyen a nada.
Eso sí, hay que destacar la labor interpretativa de Adam Sandler, que aprovisiona su rol de varios ángulos interpretativos en las dos personalidades que salen a flote y que recuerdan a sus mejores interpretaciones en ‘Punch Drunk Love’ o ‘En algún lugar de la memoria’. También le va a la zaga el siempre descompensado Seth Rogen, que aquí traza un entrañable personaje con entrega y aparente comicidad. Por lo demás, ‘Hazme reír’ es cine autocomplaciente y arrítmico, carente de la necesaria naturalidad y espontaneidad que abusa de los arquetipos y los tópicos.
Una película intrascendente y previsible, que no sabe estructurar con lógica su narración, incapaz de progresar dentro de las oscilaciones emocionales de sus personajes. Apatow va dejando claro que, o se replantea muy seriamente la superficialidad de sus propósitos, o el éxito de sus comedias tiene los días contados. De hecho, ‘Hazme reír’ ha sido un fracaso tanto de taquilla como de crítica en Estados Unidos. Por algo será.
Miguel Á. Refoyo "Refo" © 2009
PRÓXIMA REVIEW: 'Malditos Bastardos', de Quentin Tarantino y 'Gordos', de Daniel Sánchez-Arévalo

lunes, septiembre 21, 2009

Eurobasket 09: Otra exhibición de los 'Golden Boys'

El 29 de Junio de 2008, la selección española de fútbol ganaba una de las dos Eurocopas que tiene en su haber. El gol de Fernando Torres fue celebrado por todo el país como si de un acontecimiento más categórico que histórico se tratara. En cierta forma lo era. Todos salimos a la calle para celebrar la gesta. La gente se saludaba sin conocerse, se abrazaba al son de unos cánticos unificados, las bocinas de los coches repicaban con el convulso sonido del triunfo y todos, en congregación multitudinaria, saltaban con una consigna común de conmemoración deportiva. Unas mil personas se reunían en el habitual centro de celebraciones deportivas de Salamanca. Ayer, con un logro similar (incluso más encomiable) resultante de la consecución de la medalla de Oro en el Europeo de Polonia promovida por esa generación de jugadores denominados ‘Golden Boys’, nos aglutinábamos la friolera de ¡cuatro personas!. Así de triste.
Ya lo dijo Pepu Hernández bien alto y claro en aquélla explosión de júbilo de Plaza de Castilla en Madrid hace tres años cuando esta misma selección ganó el Mundobasket de Japón. Sólo una palabra: “!Baloncesto!”. Con ella reivindicó la merecida repercusión mediática de un deporte que ha entregado a la afición española los mejores y más recordados logros de la historia reciente del deporte español. La generación capiteneada por ese coloso imponderable que es Pau Gasol sigue suscitando con gestas como la de ayer el impulso de este apasionante y esplendoroso deporte, inspirado en una actitud sin fin de seguir creciendo y lograr objetivos tan importantes como el conseguido ayer. Por medio de unos reconocidos valores sustentados en la profesionalidad, el sacrificio, la generosidad, la confianza y el respeto, esta selección enorgullece a un deporte que lleva siendo un referente primordial del deporte nacional.
Ajenos a las críticas de los primeros encuentros, donde la selección decreció en sus expectativas, el equipo ha ido recomponiéndose y superando sus errores hasta recuperar las cualidades de adalides estratosféricos, emprendiendo cada partido con una escala de juego envidiable que ha terminado por ofrecer un vendaval de sensaciones, de júbilo, de espectáculo y furia imparable. La intensidad y el compromiso de estos chicos siguen siendo sus señas de identidad, las mismas que les han llevado a convertirse en uno de los mejores equipos de baloncesto de la Historia y una carrera de éxitos inabordable. La progresión de este Europeo ha sido del todo meritoria. Desde las primeras impresiones negativas y alguna derrota que trufaron de incertidumbre la opinión popular y cuestionó la supremacía de este equipo, hasta la sensación de poder a base de recitales de juego, de la misma energía y tesón que lleva definiendo a esta selección desde hace años. España es Campeona del Mundo y de Europa de Baloncesto. Eso es algo incuestionable.
Sus valores técnicos, estratégicos y, sobre todo, progresivos de sus últimos choques evidencian que las dudas se superan con reflexión y esfuerzo, los que han concretado paulatinamente a lo largo del Europeo. Su progresión responde a las ganas de mejora inextinguibles, a los retos que se superan con victorias y determinan la actitud de esta generación admirable. Cualquier desajuste, mal día o fallos por parte de alguno de ellos, han sido corregidos por el ímpetu común en dirección a una única consecuencia: la medalla de Oro. Y así ha sido. Pau y Marc Gasol, Ricky Rubio, Juan Carlos Navarro, Felipe Reyes, Rudy Fernández, Jorge Garbajosa, Álex Mumbrú, Carlos Cabezas, Raúl López, Sergio Llull y Víctor Claver han ido de menos a más, sin dar el brazo a torcer, llegando a una final en plena forma, imparables. El resultado ha sido otra lección de maestría, sin dar opción a los serbios, que sucumbieron ante la apisonadora española.
En la final de ayer, Pau Gasol, MVP y máximo anotador del torneo, demostró una potestad fuera de lo normal, de auténtica estrella dotada de una autoridad incontestable, a la que se unieron el resto de compañeros que muy pronto se fueron en el marcador ante la mirada atónita de los Krstic, Perovic, Tripkovic o Tepic, que fueron anulados con una facilidad pasmosa. En la memoria colectiva queda el recuerdo de aquélla final de Japón en 2006, donde la selección destruyó con un juego similar las expectativas de Grecia. España era la España de siempre, aquélla que nos ha malacostumbrado a la victoria, a los paseos triunfales que ha transformado este tipo de difíciles gestas en éxitos asumidos como cotidianos.
ESPAÑA, 85 - SERBIA, 63. Otra cifra imposible que demuestra que esta generación con un futuro sometido a las bajas de sus grandes figuras, seguirá imponiendo su ley, creciendo en estado de ánimo, el mismo que se recuperó la segunda semana de Europeo y despejó cualquier duda respecto a esta selección histórica que estamos viviendo y disfrutando como locos. En el Spodek de Katowice se escribió otra página de éxito, otra demostración de capacidad de trabajo, de unidad, de sacrificio y de superación. Nos estamos acostumbrando fácilmente a la gloria. Y es un sueño que no queremos que acabe nunca.

viernes, septiembre 18, 2009

Arranca la 57ª edición del festival donostiarra

Hoy ha comenzado la 56ª edición del Festival Internacional de Cine de San Sebastián. Ante la crisis económica que asola al mundo, Donosti abre sus puertas tirando la casa por la ventana y acercando lo que un día convirtió a la Zinemaldia en un referente festivalero entre los mejores eventos cinematográficos del mundo con el ‘galmour’ necesario para este tipo de cenáculo. La jugada va en contra, parcialmente, de los designios fílmicos del festival, puesto que desaparece una de las retrospectivas. Sin tener en cuenta que a su vez se recortará mucha reunión social con piscolabis y barra libre. Abrirá el festival ‘Malditos Bastardos’ el mismo día de su estreno en España, sólo que allí, será el propio Quentin Tarantino (que llegó ayer al María Cristina) y el actor Brad Pitt quienes presenten con todas las galas esta esperada historia bélica del director de ‘Pulp Fiction’. Alguna de las figuras destacadas que presentarán película en un envidiable entorno como es el Kursaal son Naomi Watts, Terry William, Robert Duball, Jim Jarmusch, Ang Lee, Atom Egoyan, Michael Winterbottom, François Ozon, Tom DiCillo, Jacques Audiard, Johnnie To, John Madden, Samira Makhmalbaf y Bong Joon-ho. El público también ha respondido, puesto que se han vendido más de 65.000 entradas. El premio Donostia 2009 recae en un veterano actor de la talla de Sir Ian McKellen, al cual se le reconoce una impecable carrera. Este año sólo uno. Por aquello de la mencionada crisis.
Más allá de lo que pueda deparar, como cada año, recuerdo todo lo vivido en este certamen durante los ocho años en los que asistí como acreditado. Un montón de recuerdos que siguen invariables, por mucho que pase el tiempo.
Echo de menos la Bella Easo, sus bares, sus pinchos (sobre todo los del Casa Vergara), su ambiente de fiesta, la maratonianas sesiones de cine, las charlas, la playa de la Concha, los bocadillos del Juantxo… Donosti sigue siendo el festival en el que crecí, en el que escribí mis mejores crónicas y donde los recuerdos se acumulan y se van perdiendo en el pasado con el inexorable paso del tiempo. Espero volver algún día.

miércoles, septiembre 16, 2009

Muy pronto... 'La carretera'

"Al despertar en el bosque en medio del frío y la oscuridad nocturnos había alargado la mano para tocar al niño que dormía a su lado. Noches más tenebrosas que las tinieblas y cada uno de los días más gris que el día anterior. Como el primer síntoma de un glaucoma frío empañando el mundo. Su mano subía y bajaba al compás de la preciada respiración. Retiró la lona de plástico y se puso de pie envuelto en aquellas prendas y mantas pestilentes y buscó algún atisbo de luz en el este pero no lo había. En el sueño del que acababa de despertar vagaba por una gruta y el niño lo llevaba de la mano. La luz de los dos bailaba en las húmedas paredes de roca caliza. Como peregrinos de fábula engullidos y extraviados en las entrañas de una bestia granítica. Humeros de piedra donde el agua goteaba y cantaba. Tañendo sin tregua en el silencio los minutos de la tierra y sus horas y días y años. Hasta que se hallaban en una enorme estancia de piedra donde había un lago antiguo y negro.
Y en la orilla opuesta un ser que levantaba su chorreante boca del gour y miraba hacia la luz con unos ojos tan blancos y ciegos como los huevos de araña. Balanceaba su cabeza a ras de agua como para captar el olor de aquello que no podía ver. Agazapado allí, pálido y desnudo y translúcido, sus huesos de alabastro grabados en sombra en las rocas que tenía detrás. Sus intestinos, su palpitante corazón. El cerebro que latía dentro de una empañada campana de cristal. La criatura movía la cabeza de lado a lado y luego soltaba un gemido grave y daba media vuelta y dando tumbos se alejaba silenciosamente hacia la noche".
...así comienza una de las mejores novelas de los últimos tiempos: ‘La carretera’, de Cormac McCarthy.
El año pasado esta excepcional obra tuvo una reseña abismal. Su adaptación a la gran pantalla llega a España el próximo 14 de octubre. La dirige John Hillcoat y está protagonizada por Viggo Mortensen, Kodi Smit-McPhee, Charlize Theron, Robert Duvall y Guy Pearce.

martes, septiembre 15, 2009

El triste adiós de Patrick Swayze

1952-2009
No pasará a la Historia del Cine como uno de los actores más reconocidos de su generación, ni como un intérprete excesivamente dotado para el drama o la comedia. Sin embargo, Patrick Swayze logró despuntar con un carisma y un atractivo heterogéneo que le convirtieron en un actor icónico, en un reclamo alejado del habitual halo de estrella hollywoodiense que se contrastaba con su fuerte atracción hacia el público más diverso. Swayze tenía ese “algo” canalla que cautivaba a las mujeres y encontraba la complicidad masculina sin ningún esfuerzo. Hombre de talento y potencial prolífico y múltiple (fue deportista universitario de éxito, actor, bailarín…), su carrera estuvo trufada de éxitos y fracasos. Parte de ese magnetismo macarra luciría con su máximo esplendor en ‘Rebeldes’, de Francis Ford Coppola, formando parte de aquel desterrado y prometedor grupo de jóvenes denominado ‘Brat Pack’ junto a Tom Cruise, Rob Lowe, C. Thomas Howell, Matt Dillon, Ralph Macchio y Emilio Estévez. Swayze, lejos de aprovechar el tirón efervescente de la etiqueta de la generación de moda, alcanzó la fama con la recordada la televisiva serie bélica e histórica que fue ‘Norte y Sur’, donde dio vida a Orry Main, un joven de familia adinerada del Sur que tiene que luchar en la Guerra de Secesión contra su mejor amigo, que defiende el bando del Norte. Antes, dejó para el recuerdo un filme que no hay que olvidar: ‘Amanecer rojo’, de John Millius.
En 1987, a Swayze le llegaría el éxito fulminante con la película ‘Dirty Dancing’, donde manifestó sus aptitudes para el baile en la historia aparentemente edulcorada del patito feo interpretado por Jennifer Grey y que incluía la diferencia de clases y un tema recurrente en aquellos años como era el aborto. Su banda sonora continúa siendo una de las más vendidas de todos los tiempos. Por entonces, el actor era una estrella. Sus títulos siguientes, ‘Con su propia ley’ y ‘De profesión, duro’, dejarían la simiente elección errónea de su posterior carrera. No obstante, sus papeles más recompensados fueron el de Sam Wheat en ‘Ghost’, su mayor éxito comercial y tal vez su interpretación más reconocida junto a Demi Moore y Whoopi Goldberg y ese inolvidable Bodhi, un surfista de patrones liberales que se dedica a robar bancos con los “Ex Presidentes” y disfrutar la vida en ‘Le llaman Bodhi’, una de las mejores cintas de acción de los 90. Desde entonces, su filmografía acapara títulos bastantes prescindibles. En parte, porque Swayze se alejó del cine. A excepción de su arriesgada ‘A Wong Foo, gracias por todo, Julie Newmar’, ningún filme puede destacarse hasta la llegada de ‘Donnie Darko’, en la que Richard Nelly exprimió su estela de actor de culto que aprovechó Greg Marcks en ‘11: 14. Destino fatal’. En Broadway llevó a escena el musical ‘Chicago’ y en 2006 trabajó en el musical ‘Guys and Dolls’ en el circuito teatral de Londres. Hasta que en enero de 2008 se le diagnosticó un cáncer de páncreas que ha terminado con su vida a los 57 años de edad.
Swayze no cejó en el empeño de seguir trabajando hasta su hora final. A pesar del sufrimiento y merma física provocada por la terrible enfermedad, rodó ‘The Beast’, una serie para A&E TV y escribió sus memorias junto a su mujer desde 1975, Lisa Niemi. Swayze, al igual que Bodhi, cogió ésa última ola que acabó con él, haciendo lo que más le gustaba.
D.E.P.

sábado, septiembre 12, 2009

Review 'Mapa de los sonidos de Tokio (Map of the sounds of Tokyo)'

La resonancia de un declive paulatino
Isabel Coixet, muy fascinada por la cultura y por la ciudad de Tokio, firma su película menos genuina, donde fluyen los estereotipos visuales de lirismo sensual y concentra muy poca credibilidad en el drama de sus personajes protagonistas.
Muy lejos ha quedado la Isabel Coixet de sus comienzos, de aquélla autora que fue concibiendo el cine como colisión con la intimidad de unos sentimientos a flor de piel, escondidos en un embalaje de cine independiente al más puro estilo americano (debut cinematográfico aparte). Desde ‘Cosas que nunca te dije’, posiblemente su mejor filme hasta el momento, la cineasta catalana apostó por un esteticismo y el estilo ajeno a los límites nacionales para acercarse con soltura a la inspiración ‘underground’ foránea en hábiles análisis acerca de la soledad, el amor y el destino. Con ímpetu introspectivo y personal, su cine siempre ha codiciado traspasar fronteras, en una actitud fílmica intercultural, con ambición ecuménica, lanzándose a sus característicos flujos emocionales que entremezcla, con mayor o menor suerte, la deliberación filosófica con sus cuestionamientos finales sobre los laberintos del corazón.
Por desgracia, en un declive paulatino, los filmes de Coixet ha ido abogando cada vez más por directrices que tienen que ver más con la expresión visual y estética de una directora que por el crecimiento como guionista. Y esto ha dado como consecuencia que su cine se haya vuelto algo pretencioso y sublimado en su forma, pero vacío en su contenido. El yacimiento emocional de aquéllas ‘Cosas que nunca te dije’, ‘A los que aman’ y ‘Mi vida sin mí’ se ha ido diluyendo y forzando una carrera excesivamente artificial, manierista, que no dejan de ser meros ejercicios de estilos.
‘Mapa de los sonidos de Tokio’ se engloba en este último tramo de trabajos fallidos. La historia ya impone un esfuerzo por parte del espectador a creer esa inercia hacia lo inverosímil surgida de la imaginación de Coixet; Ryu es una joven japonesa hermética y silenciosa que lleva una doble vida, trabaja en una lonja de pescado y a la vez se dedica a asesinar ejecutivos de alto ‘standing’. El conflicto se produce cuando recibe un el encargo de eliminar a un vendedor de vinos catalán al cual su suegro culpa del suicidio de su hija. Ryu, en vez de llevar a cabo su cometido, mantiene una apasionada aventura sexual en una habitación de hotel que simula un vagón del metro de París. Por supuesto (no podía ser de otro modo), los personajes están avocados a la tristeza, son seres solitarios incapaces de expresar sus sentimientos, torturados en su interior. David, que tiene una tienda de vinos llamada ‘Vinidiana’ (ojo al homenaje ‘buñueliano’), se carcome por dentro por no haber entendido a su esposa asiática y que ésta haya acabado con su vida. Por su parte, Ryu siente remordimientos por cada hombre al que asesina como sicaria y acude todos los domingos a adecentar sus tumbas. Entre ellos se establece una conexión sentimental que explota en el desahogo sexual.
Entre medias, un narrador, ingeniero de sonido, se dedica a extraer cualquier eco que desprenda la ciudad nipona, enfatizando con sus frases en “Off” lo que ya hemos visto en pantalla y que da como consecuencia un continuo aire de impostada trascendencia. Un ejemplo se revela en la sinopsis oficial, donde éste narrador es descrito como “el mudo testigo de esta historia de amor que se adentra en las sombras del alma humana allá donde sólo el silencio es elocuente”. Es una muestra del sutil barrunto semántico que exuda la nueva película de Coixet. Por si fuera poco, lo más novedoso es el desventurado cóctel de géneros a modo de ‘wok’ en el que todo vale, que roza (y cae muchas veces) en la más absurda extravagancia y que desprende una historia de pasión y necesidades que se mueve entre el suspense introspectivo y el drama. Es la forma que tiene la realizadora catalana de dejar a un lado el realismo de sus dramas anteriores y adentrarse en lo que, para ella, simboliza lo que podríamos llamar como ‘thriller’ romántico y erótico.
El principal problema es que Coixet se presenta incapaz de profundizar en el dolor de sus personajes, en su interior deteriorado por la culpa, en sus personalidades movidas por un continuo trance. Aquí es mucho más importante la fascinación por la cultura y por la ciudad de Tokio, por sus luces y sombras, que quedan muy bien sobre el papel para aportarles a los personajes un tono de frialdad enigmática. Una mirada de turista recién llegada a la que le encanta el ‘sushi’, el ‘ramen’ y ‘sashimi’, que aspira a mezclar, sin suerte, la aventura nipona de Sofia Coppola en ‘Lost In Translation’, con del espíritu colorista y flemático de Wong Kar Wai, los propósitos fílmicos de Hou Hsiao-Hsien o la actitud reflexiva sobre la necesidad y el sexo lenitivo de Bertoluci. Además, Coixet ha declarado más de una vez sentirse inspirada por la literatura de Haruki Murakami y Banana Yoshimoto. Su cine se ha caracterizado por ser muy literario, pero aquí esas ínfulas narrativas se desechan por la propensión de Coixet a unirse a una moda, a una descripción geográfica y visual muy ‘cool’, donde ni siquiera falta un corte de Antony and the Johnsons para terminar de ser todo lo guay que suspira ser.
Cuando uno se enfrenta a ‘Mapa de los sonidos de Tokio’ tiene la sensación de haber visto anteriormente de arriba abajo el filme, siendo ésta su película menos genuina, demasiado morosa de estilos ajenos y exóticos, plagada de estereotipos visuales de lirismo sensual que no dejan de ser un ejemplo de extravagancia caprichosa con aire transfronterizo. En todo momento, el relato está fraccionado y resulta impreciso, devenido en búsqueda de un dramatismo inconexo. La artificialidad y falta de veracidad con la que se dibujan y desarrollan sus personajes, así como la organización del deslucido tinglado argumental, terminan por hacer del conjunto un desastroso cómputo fílmico que se lanza directamente a los tópicos de la comida y el sexo, del enfrentamiento entre culturas y cierto romanticismo ramplón. Ni siquiera Sergi López y Rinko Kikuchi (que es la que más se esfuerza en que todo parezca real), pueden hacer mucho por aportar a su escasa química cierta credibilidad.
Tampoco y por muy cuidado que esté el sonido diegético de la ciudad (ganador de un premio en Cannes), con sus susurros, preparación de comida, tráfico, viento, sonidos de la ciudad o los jadeos de los encuentros amorosos, no logra componer la atmósfera necesaria para que éste se convierta en un personaje más de la película. Vale que Coixet no haya perdido un ápice de su valorada puesta en escena, elegante y visceral, aquí rayana en el ‘video-clip’. Ni que siga manteniendo una especial dote para el sutil simbolismo, con pulcros movimientos de cámara y alguna que otra excelencia en su personal mirada cinematográfica. Pero lo cierto es que ‘Mapa de los sonidos de Tokio’ es la confirmación de que su cine ha perdido frescura y autenticidad original y la sublimación de todos sus defectos acumulados en sus últimas producciones.
Nos queda, por tanto, una historia fatalista y previsible, de desenlace trágico, que quiere ir sobre la autodestrucción romántica, la muerte, la soledad, la incomunicación o el amor. Lo peor de todo es que termina siendo un catálogo de fingimientos prosopopéyicos y artificios perfilados con suntuoso atavío fotográfico, con mucha vocación de intensidad y de romanticismo en una historia de amor imposible con paisajes emocionales muy vistosos, sí, pero también totalmente estériles.
Miguel Á. Refoyo "Refo" © 2009
PRÓXIMA REVIEW: 'Hazme reír', de Judd Apatow

miércoles, septiembre 09, 2009

¡Gracias, señor Arthur!

Esta mañana, a muy primera hora, suena el timbre del interfono. No tardo en descubrir que se trata de un trabajador de la empresa de la compañía de transporte urgente de paquetería Nacex. Sé muy bien de qué se trata, así que la expectación irrumpe en forma de alegría. No soy dado a participar en concursos de ningún tipo. Y menos si se trata de enviar un sms para obtener un improbable premio. Sin embargo, hace un par de meses, siguiendo los consejos de los amigos del mítico bar EKU, decidí apostar por ese fantástico Reloj Time Force Rafa Nadal Edición Limitada que abandera el 250 aniversario de la cerveza irlandesa Guinness. Desde St. James's Gate Brewery, a punto de celebrar dicha fecha, ha llegado uno de esos relojes del sorteo, directamente a mi casa. Un solo mensaje mediante una tarjeta con un código alfanumérico enviado al número 5870 me ha proporcionado este peluco ‘Black Limited Edition’.
El día 24 de septiembre estad atentos al Abismo porque celebraremos este aniversario dedicándole un artículo al ‘Arthur’s Day’, homenaje internacional al descubrimiento de Arthur Guinness en forma de una de las cervezas más distinguidas y deliciosas del mundo.
Sláinte Mhath!

lunes, septiembre 07, 2009

Marvel/Disney Hybrids

Hace tan sólo una semana, una de las noticias del día fue la millonaria adquisición de Marvel por parte del Imperio Disney. Entre los fans de los cómics, en seguida se especuló con la infantilización del ‘portfolio’ de más de 5000 personajes de la empresa dedicada al Noveno Arte poniendo el grito en el cielo con la improbable fusión, lanzando teorías sobre una posible mezcla entre los dibujos clásicos de Disney y los superhéroes de Marvel. Las reacciones se encaminaban a un híbrido de absurda simbiosis entre ambos estilos que ha dado para no pocas chanzas.
La página ‘worth1000’, que centra sus esfuerzos en reunir talentos de Photoshop que se encargan de realizar algunos de los ‘fakes’ y fotomontajes más impresionantes de la red han dejado, como siempre, el listón muy alto en su concurso sobre este Mix ‘Disney-Marvel’.
He aquí algunos de sus divertidos ejemplos.

sábado, septiembre 05, 2009

Quinto cumpleaños abismal

Quién me lo iba a decir. Exactamente hace cinco años, un 5 de septiembre de 2004, nacía con ciertas dudas e incoherencia ‘Un Mundo desde el Abismo’. “A partir de ahora tengo el privilegio de ir aportando pequeñas reflexiones, mis críticas, reportajes, relatos, paranoias, movidas, pensamientos infectos y neuras en este espacio dedicado a desvaríos varios, cultura inmunda y disgregaciones sin mucho sentido” fueron algunas de las primeras palabras que se grabaron en el absurdo primer 'post' de este blog que ha ido creciendo poco a poco, moviéndose al son de la evolución del género informático. Han sido muchas las horas y los días de edición manual de los textos y las fotos, de momentos de soledad delante de la pantalla en los que he disfrutado escribiendo todo tipo de textos.
Todavía hoy, cinco años después, no sé muy bien qué función tiene este apartado abismal, ni qué interés dispensa tanto a los lectores esporádicos como a aquéllos que pierden el tiempo atendiendo a mis monomanías escritas que empezaron con un signo desordenado, sin voluntad de trascender, formando su ideología en una sola idea: la diversión. En un principio, este abismo de ideas descompaginadas iba a ser una cosa personal, pero en un par de días, la cosa cambió, mutando a todos los géneros posibles, encontrando en el cine su razón de ser, como en mi vida diaria, pero procurando acaparar cuantas todas áreas posibles.
En este periplo, ‘Un Mundo desde el Abismo’ ha sufrido numerosos cambios, alguno de ellos algo innovador, dinamizados siempre a la búsqueda de una adaptación estética que fuera siempre en conjunto con la comodidad de lectura, pensando siempre en la facilidad con respecto al que lee este blog. Sin embargo, por muchas transformaciones que haya sufrido, nuevas secciones, pérdidas de otras… el espíritu de fondo sigue siendo el mismo. Este año se ha inaugurado REFOyo.com, hermanado al impulso y alma abismal, siendo una extensión más de aquélla idea puesta en marcha hace cinco años.
1.518 entradas lleva contabilizadas Blogger desde entonces. No llega por poco, pero echando cuentas, sale casi a una por día. Obviamente, el flujo ha descendido en los últimos tiempos, pero sigue constante e invariable. De momento, la intención es que este ‘blog’ siga muchos años más. Aunque el futuro depara sorpresas imprevisibles y depende de muchos factores su continuidad. En cualquier caso, este blog forma parte de mi vida por siempre jamás e identifica la ilusión que un día, por la bobada del intento y la inspiración de Rafa Gil, padrino de excepción del Abismo, y de los logros espectaculares de Myrian, se materializó y fue creciendo hasta ser lo que es. Un pequeño reducto donde todo el mundo es bienvenido. Por ello, muchas gracias a todos los que habéis pasado por aquí.

jueves, septiembre 03, 2009

Review 'Resacón en Las Vegas (The Hangover)'

Disección de una noche loca
Convertida en una de las comedias más taquilleras de los últimos tiempos, la cinta de Todd Phillips es una descacharrante película que, en esencia, tiene más de cine negro que un seguimiento con los convencionalismos propios del género.
La denominada ‘Nueva Comedia America’ está de moda. O eso es lo que parece gracias a varios de sus estandartes vinculados a una renovación de la tradición de la comedia hollywoodiense. Con Judd Apatow a la cabeza, seguido por referentes dentro del género actual como Ben Stiller, Jared Hess, Adam McKay, Jon Hurwitz y Hayden Schlossberg, los hermanos Paul y Chris Weitz, Greg Mottola… entre otros, recrean los estilemas clásicos y convencionales del género tamizándolos con cierta purga formal, con la intención de proponer un enfoque sardónico sobre los inicios del mundo adulto contemporáneo, en una clara resistencia a abandonar la adolescencia y con una carente falta de madurez. La universalidad de la diversión y la empatía con todo tipo de situaciones identificables llevadas al extremo, con cierto tono de reflexión moral sobre los actos, suelen ser los elementos que hacen que estas comedias que aciertan al ensamblar los mecanismos del género al servicio de historias con incuestionables planteamientos.
Uno de sus más destacados representantes es Todd Phillips, un autor y especialista de género que ha ido forjándose una reputación con una evolución sin altibajos, que va desde ‘Road Trip (Viaje de pirados)’ hasta ‘Escuela de pringaos’, pasando por títulos más o menos simpáticos como ‘Aquellas juergas universitarias’ o la gamberra adaptación de la televisiva ‘Starsky y Hutch’. Pero la consolidación del que puede ser el autor menos pretencioso de esta generación de cineastas adscritos a la mencionada ‘Nueva Comedia Americana’ le ha llegado en forma de rotundo éxito. Su última película ‘Resacón en Las Vegas (‘The Hangover’ –‘La Resaca’ en su título original-)’ se ha convertido en el ‘sleeper’ del verano, llegando a ser la comedia más taquillera de la historia del cine en los Estados Unidos con la temida calificación “R” para adultos y superando los 260 millones de dólares. Todo un logro para una comedia de estas características.
La sinopsis de esta estupenda comedia puede llevar a los recelos: Cuatro amigos deciden celebrar la despedida de soltero de uno de ellos en Las Vegas con la intención de pasar una de esas noches de excesos donde darlo todo. Este tipo de argumento es uno de los temas más tradicionales cuando se quiere hacer de la comedia una plétora de burdas situaciones que hagan referencia a un tipo de humor que exalte la masculinidad, que busque la complicidad del espectador menos exigente cuando se trata de celebrar la identidad hombruna con ‘gags’ que apelen al desenfreno de la testosterona.
Sin embargo, el gamberrismo soterrado de ‘Resacón en Las Vegas’ no va por esos derroteros. Tras un fugaz brindis en el ático del lujoso hotel Caesars Palace, despiertan con una monumental y amnésica resaca para descubrir la habitación destrozada, con un tigre de Bengala en el baño, un bebé en un armario, una gallina correteando por la habitación, un diente de menos y lo peor de todo, que el novio ha desaparecido.
La gran virtud del filme, lo que hace que estemos ante una comedia con actitud de trascender y aportar algo de originalidad al género es la magistral elipsis que olvida la noche de desenfreno y se centra como objetivo primordial en la reconstrucción de una velada loquísima, sin ningún tipo de recuerdo, en la recapitulación sobre los movimientos nocturnos que desembocaron en la pérdida de un amigo y la inconsecuente retahíla de situaciones que se motivan su búsqueda. No importa tanto el qué ha sucedido, sino el cuando, el dónde y el cómo. Lo maravilloso del guión firmado por Stuart Beattie, David Elliot y Paul Lovett es que el dispositivo argumental se estructura de una forma lineal, encadenando nuevas piezas que van construyendo el puzzle del desmadre, sin tener que recurrir a los típicos ‘flash-backs’.
De este modo, se permite al espectador compartir ese absurdo ensayo de hipótesis sobre el paradero del cuarto integrante de este viaje de pirados a la esencia más rigurosa y característica de una ciudad de neones, juego, vicio y pecado como Las Vegas. En ese sentido, ‘Resacón en Las Vegas’ tiene más de película de cine negro (en lo que concierne a las pesquisas por conocer lo que ha sucedido en la noche de cogorza inmensa) que con los convencionalismos propios del género. Phillips sabe jugar a la perfección sus cartas y lleva al público por los cauces de un itinerario de locura extrema, encadenando un ritmo de acción formidable, amén de los giros constantes que se van dando en las pesquisas de estos tres amigos en busca de la verdad, plagando el relato de un tono absurdo que crece en contexto y propósitos, realzando la parodia con violencia (física y situacional) y surrealismo a raudales, abordando sus referencias cinematográficas sin ningún pudor, sin esquivar sus designios cómicos.
De ahí que funcionen tan bien sus episódicos tramos; ésa visita al hospital con el impagable Dr. Walsh, la posterior visita a una capilla llamada ‘Best Little Wedding’ en un coche de policía robado, el cameo antológico de un Mike Tyson enamorado de la música de Phil Collins, el chino amanerado que salta del maletero del Mercedes Benz 280 Cabriolet que resulta ser un capo mafioso asiático, alguna escena de brutalidad policial con armas Taser de descargas eléctricas… Todo sazonado con chistes sobre anillos y el Holocausto, recreaciones de ‘Rain Man’, de Barry Levinson, en los suntuosos casinos o el portentoso comentario acerca de la excesiva sensibilidad yanqui después del 11-S.
Todd Philips ha sabido aportar equilibrio a la comedia, que no se basa en los golpes de efecto del ‘gag’, sino que se preocupa por enlazar su parte gamberra, moderando la tentación de caer en la vulgaridad, con la ambición emocional que poco tiene que ver con la corrección política. ‘Resacón en Las Vegas’ enreda la madeja de los malentendidos, de la demencia provocada por la pérdida de memoria debido a ésa especie de droga escopolamina, provocando todo tipo de confusiones y acontecimientos inesperados que marcarán la pauta de esta divertida comedia en la que, por extraño que parezca, hay escasez de elementos machistas y vulgares.
El desmadre queda para la imaginación, retratada en unos créditos antológicos a modo de ‘Slideshow’ final con instantáneas donde la locura y la dipsomanía evidencian explícitamente todo aquello que Phillips ha ahorrado en la narración. Al director parece importarle más la diversión y la comedia en estado puro que los austeros entresijos de la amistad, su significado y la aceptación de la madurez que tanto tiene que ver con las comedias ‘post-adolescentes’ que últimamente sazonan el género con alguna idea brillante llevada a cabo desastrosamente, fundamentalmente en la figura de Judd Apatow.
Muy lejos de la comedia romántica y ñoña, esta descomunal lección de comedia, no esconde dobles intenciones, ni lecciones morales que hagan avanzar a un estamento adulto a sus protagonistas. Sin reflexionar acerca de ningún tipo de comportamiento social o actual, ni de intenciones que pretendan unir lo chocarrero y lo sentimental, Todd Phillips evade la presuntuosidad de algunas nuevas comedias que aspiran a ser “inteligentes”, sin tener que recurrir a ciertos planteamientos que se van apagando en su ensimismamiento por ir trascendiendo con cierta distinción. Aquí sólo hay un objetivo: una intención abrasiva e inmoderada por llegar a la diversión en estado puro.
‘Resacón en Las Vegas’ es una carrera contrarreloj de desmadres y sorpresas, que recubre su contenido con irreverencia, utilizando lo tópico y lo original con el fondo caótico del ‘Afterhours’, de Scorsese, para encontrar otro de sus muchos atributos positivos en la química e interacción de sus tres pilares interpretativos, Bradley Cooper, Zach Galifianakis y Ed Helm, así como todos y cada uno de los secundarios que tienen especial relevancia en una película que dignifica el género y la convierte no sólo en la comedia más agradecida y deslumbrante de este largo verano, sino en una de las obras cumbres de la comedia contemporánea. Un ejemplo a modo de espejo en el que el género actual debería mirarse.
Miguel Á. Refoyo "Refo" © 2009
PRÓXIMA REVIEW:'Mapa de los sonidos de Tokio', de Isabel Coixet

martes, septiembre 01, 2009

Disney y la compra multimillonaria de Marvel

2.800 millones de euros han tenido la culpa. Los mundos del cómic y del entretenimiento se tambalearon ayer cuando se anunció la compra de factoría Marvel Entertaiment Group por parte de la todopoderosa Disney. Los rumores y conjeturas comenzaron a correr como la pólvora, por blogs y medios digitales, desatando todo tipo de comentarios y controversias al respecto por parte de aficionados y conocedores del universo cómic. Los ‘fans’ más apocalípticos en seguida comenzaron a hablar de ‘crossovers’ absurdos entre personajes célebres de una y otra categoría, de hipotéticas acciones que degeneraran el producto de una línea de cómics histórica y venerada para el aficionado. Sin embargo, las consecuencias de esta monstruosa transacción son imprevisibles.
No hay porque pensar en que con esta compra Disney vaya a adulterar los contenidos tebeísticos de Marvel, ni que infundan sobre ellos el temible infatilismo arcaico del imperio del tío Walt. Disney logra así consumar una estrategia que venía buscando desde hace tiempo, la de abarcar un segmento demográfico de audiencia que no ha logrado mantener en estos últimos tiempos: la de los jóvenes adolescentes de género masculino que renuncian, como es lógico, a la línea infantil y femenina seguida en productos como la insoportable Hannah Montana o los infames Jonas Brothers. Los amantes del Noveno Arte no tienen porqué preocuparse, puesto que tanto las licencias como los contratos ya existentes no se verán afectados por la venta. Si DC Comics fue absorbida por AOL-Time Warner atendiendo al filón que suponen los filmes de superhéroes, Marvel encuentra en Disney un demostrado potencial de expandir la creación de contenidos y licencias de negocio. No hace mucho tiempo, dentro de los emporios cinematográficos Touchtone fue un valor de Disney, al igual que Miramax o recientemente Pixar.
Nada tiene porqué cambiar, aunque haya que quien piense que el conflicto no llegará tanto por el nivel creativo, sino por un entorno burocrático. Tampoco es para tanto. Marvel se beneficiará del control como primera potencia en la red mundial de parques temáticos de Disney. Eso, es seguro. A cambio, se amplifican las posibilidades de los cómics de Marvel en su distribución internacional. Tampoco es que Marvel haya sabido desarrollar la calidad de algunas de sus adaptaciones del tebeo a la gran pantalla; ‘Electra’, ‘El motorista fantasma’, ‘Los 4 fantásticos’, ‘Spiderman 3’ o ‘Lobezno’ son claros ejemplos de ello. En cualquier caso esta mediática sinergia empresarial sigue siendo impredecible.