viernes, 4 de diciembre de 2009

Review 'Cuento de Navidad (A Christmas Carol)'

Tenebroso cuento navideño
Fiel al espíritu de la obra de Dickens, Robert Zemeckis ofrece otro de sus virtuosos ejercicios visuales a modo de montaña rusa que no encuentra ningún tipo de magia y carece de emoción.
Esta nueva adaptación del atemporal ‘Cuento de Navidad’ sigue manteniendo y desarrollando la imaginería que un día Charles Dickens convirtiera en una de las fábulas más apasionantes de la literatura. Continúa imborrable la figura de ese desagradable anciano avaro e inclemente llamado Ebenezer Scrooge, el viejo que recibe la visita de tres fantasmas que le mostrarán pasado, presente y futuro y le ofrecerán la oportunidad de enmendar los errores de su patética vida. Su réplica enardecida a la voz de “¡paparruchas!” ante cualquier alegato navideño sigue inmune al paso del tiempo. Tampoco faltan su amenazador socio fantasmal Jacob Marley, la radiografía a la pobreza de la familia Cratchit, con el pequeño y enfermo Tiny Tim, así como la ironía del sobrino Fred o la asistenta Mrs. Dilber. Nada ha cambiado y Robert Zemeckis se rige milimétricamente al texto ‘dickensiano’ por excelencia. Pero lo cierto es que el director de ‘Regreso al futuro’ lo exprime para ofrecer otra nueva tentativa, ésta vez mucha más ostentosa, de su perseverancia a la hora de perfeccionar la innovación tecnológica que aporta el ‘performance capture’, con las mimas técnicas que ya desarrollara en ‘Polar Express’ y ‘Beowulf’.
Zemeckis se ha transformado, con su obstinación por renovar la animación tradicional, en un ‘outsider’ dispuesto a no aceptar las normas del cine ‘mainstream’, por mucho que esta nueva película lleve el sello de Disney. Y se sale por una tangente que escapa a los convencionalismos del cine comercial al uso. ‘Cuento de Navidad’ sería la prolongación del virtuosismo de Zemeckis en esta rama de la animación por ordenador. Como cabía esperar, se dan cita todo tipo de ejercicios imposibles en una montaña rusa de sensaciones y planos ilusorios que superan los límites de la expresividad de una cámara convencional, en un modelo de exhibicionismo tecnológico que sirve como lucimiento del cineasta a la hora de explotar con lucimiento y sabiduría las virtudes del 3D.
La fábula navideña y la tortura pesadillesca de Scrooge se ve salpicada de excesos acrobáticos, de largos planos secuencia con inacabables vuelos fantásticos y un tono de barroquismo mágico ensombrecido por la propia esencia de la aventura de este viejo cascarrabias. Por otra parte, a Zemeckis le siguen poniendo (y mucho) los viajes ‘espacio-temporales’. Y eso es algo que se deja ver en esta cinta adherida a dos ideas contrapuestas; la del modelo voluble de narrativa que responde más al capricho de un visionario, así como la que revela un persistente afán por concretar la evolución de las técnicas de 3D anticipadas por su énfasis de revolucionar non sólo el cine de animación, si no con miras más ambiciosas.
Destaca así la abrumante puesta en escena por los rincones de un Londres victoriano enfriado y desabrigado que refleja a la perfección el riguroso retrato de la sociedad británica durante la Revolución Industrial del siglo XIX, en la que se incrementaron las diferencias sociales entre ricos y pobres. Para Dickens la historia de Scrooged siempre tuvo un cariz de pesadilla antes que el de una fábula amable y navideña, de ahí que al Londres de Zemeckis le afecte una contracción que elude la belleza y estética navideña para fraguar su narración dentro de una gama cromática oscura y apagada. La sociedad vive rodeada de miseria y tristeza, sin poder hacer nada para que la esperanza no sea machacada por la avaricia y la crueldad que representa Scrooge.
‘Cuento de Navidad’, en este sentido’, es una película de riesgo. Y lo es porque antepone sus objetivos de fidelidad a la obra de Dickens en el flanco más sórdido de la historia. De este modo, en algunos instantes la fábula de Zemeckis parece desviarse hacia los preceptos de una cinta de terror incómoda y lóbrega, excesivamente adulta para los propósitos de una película familiar de este calado. Cierto es que no se aleja en ningún momento del hálito que posee la perdurable obra literaria de Dickens, pero está llevada tan al extremo que puede llegar a aterrar a los más pequeños, que flipan con los gélidos vaivenes de golpes de efecto, de sustos inesperados con ráfagas morbosas y ásperas, sin mostrar nunca un tono amable o cordial. Tanta es la frialdad con la que es mostrada la evolución personal de Scrogge a través de los viajes en el tiempo, que se echa de menos una pasión que nunca ve la luz, desplegando una magia impávida, muy visual y estética, pero despojada de cualquier tipo de emoción. Y, lo que es peor, sin ningún tipo de espíritu navideño.
‘Cuento de Navidad’ funciona cuando alude a las pequeñas aportaciones de la novela en su vena más macabra, como cuando, en su final, Scrooge, de rodillas ante el fantasma del futuro conoce los monstruos humanos con forma infantil que simbolizan la ignorancia y la necesidad, en la soledad de la infancia del protagonista o en la variedad espectral de inflexión amenazadora cuando el relato necesita ser emotivo y cercano. Por eso, todo lo concerniente a esa vida juvenil de adicción al trabajo en la que Scrooge deja pasar la oportunidad de vivir junto a su amor Bell (que como personaje es ninguneado por Zemeckis) o incluso, y esto es grave, cuando se tiene que enternecer a la platea con la enfermedad del pequeño Tiny Tim y la tragedia de los Cratchit, el filme se resiente con la acentuación de los matices oscuros. Únicamente, la genialidad de Alan Silvestri salpica con algo de sortilegio una sensacional acción que siempre va por delante de la narración. Tampoco hay nada que objetar a la multi-interpretación de Jim Carrey, que sabe extraer a los expresivos matices de sus personajes renderizados una gran labor interpretativa, así como los secundarios, los grandes damnificados de la película, puesto que apenas tienen tiempo en pantalla para hacer más que asomar presencialmente.
Puede que ‘Cuento de Navidad’ sea, posiblemente sea una de las adaptaciones más fieles de la novela de Dickens que se hayan consolidado dentro del séptimo arte. Sin embargo, quiere ser tan explícita y ferviente que se olvida de tributar algo de la emoción final que exige el relato, por mucho que se fortalezca la fuerza moral del legendario cuento navideña.
Miguel Á. Refoyo "Refo" © 2009
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