viernes, 18 de diciembre de 2009

Navidad Abismal 2009

No vamos a negarnos. Ya está aquí la Navidad. Otra vez. De hecho, lleva estando desde principios de noviembre, cada año más anticipada, con diversos tipos de excusas. En esta ocasión ha sido la crisis, que ha adelantado la estela de guirnaldas (de bajo consumo, eso sí) para fomentar el gasto del consumidor, reticente ante la situación económica del mundo y de un bolsillo bastante mermado a lo largo del año. Está visto que estas fechas desprenden una doble variante; la de aquellos que hacen aflorar las emociones negativas y agudizan un sentimiento de tristeza y aversión con connotaciones familiares y la de los que se dejan llevar por el sentido lúdico de la tradición y disfrutan sin complejos de todo tipo de desenfreno dispendioso, de constante convite, de cenas copiosas de empresa, con amigos, de reencuentros que acaban hasta las tantas abrazando negligentemente farolas con una botella o una copa de la mano.
Los tiempos parecen dejan entrever una mirada catastrofista que no deja mucho espacio para el optimismo. Existe un síndrome apocalíptico que empaña este tipo de jolgorios. Parece ser que hay que estar preocupado por la situación de crisis, por la gripe A, por el calentamiento global con el futuro del mundo al cual se le ponen supuestas fechas de caducidad, previsiones planetarias desfavorables, sin precedentes, que planean sobre las mentes más realistas y sobre los cálculos científicos menos confiados ¡Paparruchas! ¡Es Navidad!
Ante aquéllos que proclaman la Navidad como una época especial, existen otros que se empecinan en promulgar que no es más que una campaña de mercadotecnia sin sentido. En cualquier caso, como se viene señalando en este espacio abismal, el concepto de Navidad está más allá de la parafernalia consumista. Y es que la confusión atávica ante el inexorable ciclo vital, del invierno y del verano, ha creado celebraciones de solsticios para todos los gustos. Y hay que asumirlo. Y lo que es más importante, llevarlo al extremo. Lo divertido de todo es ser cínico, socarrón y saber disfrutarlo con divertimento y alegría. La Navidad es la época ideal para reírse con más fuerza de aquellos a los que no les gustan y a los que le quieren cambiar el nombre a la celebración por la absurda denominación de “fiesta de invierno”.
Tampoco es momento de reflexionar sobre su génesis católico, ni de conjeturar sobre lo que en realidad se celebra, ni de aludir a cualquier residuo de antiguas fiestas paganas de los nórdicos o aquella celebración romana en honor a Saturno. Lo importante es celebrarlo y pasarlo bien, de ingerir sin freno opulentas cenas y comidas con compañeros, amigos y familiares. De dejarse de malos rollos y el odio en Nochebuena, de seguir comiendo y bebiendo en Navidad. Cómo no, continuando con más brío en Nochevieja, engarzando la comida de Año Nuevo con cenas de antiguos compañeros y habituales cogorzas semanales....
La Navidad continuará siendo esa extraña pero entrañable fiesta arraigada a las guirnaldas, al muérdago, a las luces de colores, a los villancicos, a las olvidadas panderetas, a la botella de anís y al cuchillo para hacerla sonar, a los petardos de 15, a los belenes de todo tipo, al sorteo de lotería más seguido del año, a un pequeño pino talado violentamente para goce efímero de la vista, a Raphael cantando 'El Tamborilero', al aburrido mensaje del hombre que mandó callar a Hugo Chávez, a los regalos del gordo de rojo y los Reyes Magos, al champán, al marisco, al despilfarro generalizado, a la sonrisa cínica o sincera y a la predisposición de los buenos sentimientos convertidos a la mínima de cambio en encendida mala hostia. Eso es la Navidad.
Y no queda más que celebrarla, con gracia y salud, en la medida de lo posible. Por eso, desde estas líneas os deseo una FELIZ NAVIDAD 2009, año que despide otra década, ya metida de lleno en aquel futuro que imaginábamos cuando éramos pequeños y que no es ni tan avanzada ni tan espectacular como la pintaban. Más bien todo lo contrario. Pero de esto ya habrá tiempo de hablar antes de que acabe el año. Hasta entonces, seguid mi consejo: disfrutar y divertíos hasta que parezca pecado.
Abrazos para todos.
¡Jo, jo, jo!