martes, 22 de diciembre de 2009

Gordo de Navidad: 78.294

“Me estás tapando los cincuentamiles”, le ha dicho en un momento puntual el presidente de la mesa al niño de la tercera tabla que ha cantado uno de los quintos premios. Pero nada como aquél supervisor de mesa de bombos que echó una bronca monumental a aquel pobre niño que se equivocó en un número y que no he podido encontrar en YouTube, pero que es impagable.
Cada año la letanía de los niños de San Ildefonso alegra un poco el día dando con su sonata cantarina una especie de pátina navideña a un Sorteo que alberga las esperanzas de mucha gente para olvidar penas, darse caprichos o amasar fortunas. No vamos a negar que es una ilusión a modo de espejismo. Como el cuento de la lechera, todos dilucidan sobre qué harían si les tocara el premio gordo. La probabilidad es mínima. Casi nula. Hay que asumirlo con realismo y estoicismo. Los números que van desde el número 00000 al 84999 escogen una casualidad real del 5,68%. Una cifra imposible, una quimera. La gente sigue haciéndose ilusiones porque cada año vemos en la televisión a unos poquísimos afortunados son fugaces protagonistas del día 22 de diciembre al aparecer enardecidos alrededor de un periodista contagiado de euforia vociferando y gritando paridas, entre cava en la cabeza y risas y cánticos, medio ebrios, de los ganadores, conscientes de que sus vidas han cambiado.
Este año, los madrileños han ganado la partida a los demás españoles. Los dos primeros premios han caído en la capital española. El Gordo, lejos de aludir a la obesidad, deja millones de euros en el 78294, el afortunado billete que, en estos momentos, quema de forma agradable en manos de los afortunados. A partir de ahora, escucharemos en televisión esas porfiadas frases que año tras año repican como los villancicos navideños; “celebrarlo”, “muy felices oiga”, “me hacía mucha falta”, “regalos para la familia”, “comprarme un piso”, “para la boda” o las mejores, la expresión jornalera de cemento y ladrillo y ex profesión de Nacho Vidal “tapar agujeros” y la que no podía faltar y que pocas veces se deja montada en el corte “mandar a tomar por culo a mi jefe”.
En cualquier caso, felicidades a aquellos a los que vivan en Bravo Murillo, en Madrid y en Getafe.
¿Algún premiado entre los lectores que quiera, de forma altruista y alegre, donar algo del premio para la producción de un exitoso y futuro proyecto cortometrajístico?