martes, 3 de noviembre de 2009

José Luis López Vázquez, el adiós de una leyenda del Cine Español

1922-2009
El triste momento de una pérdida como la de José Luis López Vázquez no puede evadirse así como así. Es imposible evitar las referencias inolvidables, sus interpretaciones, su esencia como parte fundamental del mejor cine español que se ha hecho y se hará nunca en este país. Lo más bonito de todo es poder encomendar a la memoria pequeños recuerdos personales vinculados a algunas de sus películas más recordadas películas. Hizo muchas, más de 250; algunas olvidables, otras magníficas, unas cuantas de inalcanzable trascendencia. Siempre será el antológico Gabino Quintanilla de ‘Plácido’, de Berlanga, cuya vinculación a su cine va pareja a la maestría de muchos de los más grandes filmes españoles de todos los tiempos. Y ‘Plácido’ podría ser la más portentosa que ha dado la Historia fílmica ibérica.
López Vázquez también fue Don Fidel en ‘Los Jueves, milagro’, el pusilánime Rodolfo dispuesto a casarse con una anciana para conseguir una vivienda en ‘El Pisito’, de Marco Ferreri, pero además el familiar Juan, el padrino “Búfalo” de ‘La Gran Familia’, Antonio Rodríguez, el hermano mayor de José Luis en ‘El Verdugo’, el pelota Fernando Galindo de ‘Atraco a las tres’, de Forqué, donde coincidiría con esa pareja indisociable que es Gracita Morales, con la que compartió más de una treintena de títulos (‘Sor Citroen’, ‘Chica para todo’, ‘¡Cómo está el servicio! o la trilogía de Operaciones -‘Operación secretaria’, ‘Operación Cabaretera’ y ‘Operación Mata-Hari’, todas ellas de Mariano Ozores). También el heredero del Marqués de Leguineche en la ‘Trilogía Nacional’. Fue tantos y tantos… El gran actor consolido su figura como mito de una tipología cinematográfica que se forjó a través del humor negro y el sarcasmo, de los contrasentidos de un absurdo solidificado en el mundo cotidiano, que aparecía distorsionado como yuxtaposición con la realidad metafóricamente esperpéntica que fue la que marcó una tradición irrepetible asociado siempre al rostro de José Luis López Vázquez.
El actor siempre estuvo al servicio del personaje, incluso por encima, porque su fuerza y talento eran tales que bastante una sola frase para cautivar al espectador y ensombrecer al protagonista de turno, para hacer que la identificación de aquélla España retardada en el tiempo con sus entrañables roles maravillosamente miserables fuera instantánea, personificando las ambiciones del poblador más mediocre hispánico, con una vis cómica inabordable. López Vázquez fue la quimera de la comedia, el actor capaz de hacer creer cualquier papel de un género que subvaloró (como tristemente viene siendo habitual con los grandes genios de la comedia) un talento descomunal.
Sin embargo, se supo poner serio, tributando al cine unos atributos dramáticos soberbios, bordados sin aparente dificultad. Como sólo los grandes genios del oficio saben operar cuando hay que abandonar la comedia y pasarse al drama. ‘Peppermint Frappé’ le coligaría a Saura, otro de los grandes nombres que supieron extraer lo mejor del actor, a la que seguirían ‘El jardín de las delicias’, ‘La prima Angélica’ o ‘Mamá cumple cien años’ o a Pedro Olea con ‘El bosque del lobo’ o a Jaime de Armiñán que le concedería uno de sus mejores y más recordados papeles; ‘Mi querida señorita’. Su voluminosa obra interpretativa se nutre de una infinidad de títulos a las órdenes de cineastas como Pedro Lazaga, Manuel Gutiérrez Aragón, Joaquín Molina e incluso George Cukor. Aunque siempre le recordaremos en la imperecedera ‘La Cabina’, de Antonio Mercero. Hombre de teatro, amante de la interpretación despojada de efectismos, el virtuosismo que concede la humildad y la capacidad sin límites fueron sus más poderosas armas. La intuición y la grandeza siempre estuvieron de parte de esta leyenda que ha dejado un poco más huérfano al cine español de esos mitos que no volverán a darse.