miércoles, 28 de octubre de 2009

Review 'La Huérfana (Orphan)'

Esta chica es un demonio
Collet-Serra regresa al cine de terror con una obra que opera con profusos estereotipos y convencionalismos y encubiertos con destreza hasta un tramo final en el que abundan elementos sorpresivos, pero de espantosa comercialidad.
Si por algo se destacó en su debut Jaume Collet-Serra, un ‘remake’ libre de ‘La casa de cera’, fue por la capacidad de este cineasta curtido en la publicidad para atemperar los aspectos más triviales del género de terror y, de este modo, despojarlo de complejos sobre el material que manejaba. El resultado es un trabajo olvidable, pero vigoroso. De esta manera se presentó como un director con pericia para conseguir atmósferas y aprovechar, con meritoria sincronía, una cierta sofisticación narrativa. Si en aquélla ocasión proponía una de terror de esencia ‘slasher’ y acnéica vista en innumerables ocasiones, lo que narra su nueva película, ‘La huérfana’, tampoco es, en absoluto, algo nuevo.
De hecho, se trata de una película que conjuga los elementos y dispositivos más que reincididos dentro del género, bien sea por la rama del ‘thriller’, a la que parece apegarse por disposición y puesta en escena, como en la de terror, con alguna argucia en forma de golpe de efecto e inquietudes varias. Se cuenta así cómo una familia acomodada, los Coleman, que acaba de perder a un bebé nada más nacer procura reestablecer el desequilibrio al que ha llevado el trágico suceso adoptando a una niña rusa de nueve años que, bajo sus impecables formas y educación exquisita, esconde una intrusa manipuladora, amenazante y sádica que pondrá el jaque la ya de por sí desquebrajada unión familiar.
Con estos fieltros genéricos trillados hasta la saciedad, Collet-Serra procura en todo momento que sus personajes no caigan en la vulgaridad de lo prosaico, sabiendo definir con soltura las personalidades aparentes de todos sus personajes, dosificando la información lentamente; desde esa madre que arrastra un sentimiento de culpabilidad y acude al psicoanalista para olvidar sus problemas con el alcohol, pasando por el padre, reprimido sexualmente y distanciado de su mujer. Y por supuesto, como es obvio, esa niña recién llegada, la malévola y sanguinaria Esther, con varios secretos ocultos por descubrir.
‘La huérfana’ va armonizando sus métodos, fusionando su progresión dramática con sus pequeñas ‘set pieces’ de sadismo infantil, explotando su tensión con audacia, caminando por senderos que van parejos al ‘thriller’ más básico y telefílmico en conjunción al drama familiar que tiene como concepto la degradación y la crisis de los valores tradicionales del seno familiar.
Durante su desarrollo, Collet-Serra sabe encubrir, o al menos trata de envolver, bajo una tensión digna y que no frena en sus primeros compases, el profuso estereotipo y los convencionalismos de una historia que, en otras manos, sería un cuento excesivamente desgastado y soporífero. Lo peor es que, en el fondo, lo es. ‘La huérfana’ posee un nutrido catálogo de temática gastada, de material tópico que sabe combinar y esconder con cierta inteligencia sus cartas. La razón de esa mínima elevación proviene de la capacidad del realizador catalán por evitar caer en sucios trucos de reiteración constante, aplicando la angustia del drama sobre lo fácil del argumento. Pese a una asumida frialdad extendida a los nevados paisajes, los personajes respiran y padecen con una credibilidad reconocible por un público que asiste con gran facilidad y atención a esa maldad infantil llevada a unos extremos moderados, siempre jugando con la sugerencia y unos registros dramáticos que convengan con lo que se cuenta.
El problema de ‘La Huérfana’ es algo que se ve venir desde sus primeros compases. Cuanto más avanzan las fechorías de esta pequeña arpía, cuanto más se conoce la oscura personalidad de Esther, más va descendiendo el filme en sus aspiraciones, haciéndose cada vez más formularia y previsible, hasta agotar sus cartas y abandonarse a una espantosa comercialidad que se prorroga en un tramo final que es, a la postre, lo peor de una cinta que iba mostrándose muy digna con sus propósitos.
Cuando se descubre el gran secreto de la, en apariencia, precoz psicópata, con un rebuscado giro de guión que intenta sorprender al público. Cuando llega esta puntual secuencia de extraña repelencia en la que la niña intenta camelarse sexualmente a su descolocado padrastro reclamando un amor imposible es demasiado tarde para seguir el elegante juego que se ha llevado a cabo. Agotadas las formalidades dramáticas, el debutante guionista David Johnson, en complicidad con Collet-Serra, desmonta su mentira y se deja caer en un final inconsecuente con los objetivos de compostura basados en la estupenda puesta en escena y en la funcionalidad de sus caracteres.
El bochorno final (e inevitable, por otra parte) está servido en esos últimos minutos de exageración, narración protocolaria y aparatosa reincidencia en los más sonrojantes errores de un filme que va autocalificándose como ordenancista respecto a múltiples cintas de género olvidables. Eso sí, el descubrimiento de ese inquietante rostro de Isabelle Fuhrman es incuestionable. La niña se merienda en cada plano a todo aquel se le ponga por delante. Es, de largo, lo mejor de un intrascendente filme que promete mucho más de lo que puede llegar a ofrecer.
Miguel Á. Refoyo "Refo" © 2009
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