martes, 22 de septiembre de 2009

Review 'Hazme reír (Funny People)'

De cómo el humor brillante puede llegar a aburrir
Apatow reincide en su dificultad a la hora de equilibrar una comedia que aspira a ser gamberra, pero que insiste en mostrarse como un fresco sentimental con aspiraciones de asignatura moral, lo que acaba por dar al traste cualquier acierto.
Se escribió en este espacio abismal a tenor de la estupenda comedia ‘Resacón en Las Vegas’ sobre lo que muchos han venido en llamar la ‘Nueva Comedia Americana’, esa especie de reinvención y reescritura del género que se formula como una nueva subdisciplina de un género que exprime los cánones clásicos para llevar a cabo ejercicios donde la universalidad de la comedia se fusione a la empatía con todo tipo de situaciones identificables llevadas al extremo, sin perder de vista, a poder ser, el tono de reflexión moral. Judd Apatow es, sin lugar a dudas, la cabeza visible de este movimiento. Surgido del todopoderoso ‘late night’ de la comedia americana, ‘Saturday Night Live’, de su inspiración han salido dos películas como director (‘Virgen a los 40’ y ‘Lío embarazoso’) y otras tantas como productor y guionista (‘Supersalidos’, ‘Dewey Cox’, ‘Paso de ti’, ‘Zohan: licencia para peinar’, ‘Superfumados’ o ‘Año uno’).
El secreto de su éxito reside, básicamente, en la conjunción de la ironía con la que se analizan los comportamientos humanos de la ‘post juventud’ contemporánea unido a un humor soez de tintes masculinos enclavados en situaciones de replanteamientos vitales. El ‘estilo Apatow’ sabe confabular la incorrección política con los formulismos de la comedia, acoplando los dispositivos del género al servicio de historias con incuestionables planteamientos de seriedad argumental. Sin embargo, todas sus películas, bien sean como director así como las que produce, tienen un problema común: van extinguiendo su eficacia por una imprecisa directriz que aspira a la trascendencia de su discurso, disminuyendo el ritmo y el humor que acaba por alargar las situaciones hasta el tedio insoportable. Un hecho que suele afectar al último tramo de sus historias.
‘Hazme reír’ no es muy diferente a todos estos conflictos. Se podría decir que es su cinta más ambiciosa. También la más personal. Eso sí, es la que más evidencia todos los errores y diatribas expuestos anteriormente. La historia se centra en George Simmons, un insolente humorista, bastante mezquino y egocéntrico que ha logrado convertirse en una superestrella mediática gracias a sus números cómicos. Cuando le diagnostican una grave enfermedad terminal, llega la hora de replantearse su vida y la actitud ante aquéllos que le rodean. Obviamente, como en toda comedia, este dramatismo se verá alterado cuando Simmons se entere de que el proceso de deterioro físico se ha paralizado y que su vida vuelve a estar a salvo. Apatow, de nuevo, tiene la oportunidad de lograr esa ardua composición de solubilidad entre la comedia gamberra, el fresco urbano y sentimental con aspiraciones de asignatura moral. Pero, de nuevo, echa por tierra cualquier intención con la solemnidad que irrumpe cuando llega la hora de pasar al punto de giro que cambie las cosas de forma radical.
Su primera parte atesora una ejemplificación de lo que ha hecho del cineasta un genio de la comedia, en su entrañable autopsia a la profesión del comediante, del ‘stand up’ genérico, del mundo de los clubes donde grandes talentos vuelcan sus monólogos al público. El inconveniente llega cuando Apatow, consciente de que ha superado con acierto un arranque más que brillante, se muestra sentencioso a la hora de hablar de la muerte y arguye, a modo de drama emocional, sobre los peligros de la fama y de la soledad en la que se ven sumidos aquellos que la conocen. El gran problema del filme, al fin y al cabo, es que Apatow se toma demasiado en serio a sí mismo y a su guión.
Otra vez tenemos al antihéroe ‘apatowiano’ que tiene que abordar el difícil paso a la madurez, al ámbito adulto en el que tomar decisiones serias y complejas, para dejar a un lado el socialmente extendido complejo de Peter Pan. Llegados a ese punto, se aborda la necesidad de enmienda de los errores y de las segundas oportunidades. Como siempre en las películas de Apatow, todo parece ir fluyendo con gran ritmo, con un compás de comedia bien dibujado, hasta que el argumento se va dilatando paulatinamente hasta revertir la comedia en soporífera reiteración inacabable. Los ciento cincuenta interminables minutos se van hundiendo en el estilo uniforme e inexpresivo de sus imágenes, forzado al mismo tiempo con un sentimentalismo dramático que ocasiona un parón de terribles consecuencias.
Lo que iba siendo una comedia de jugosa dimensión genérica empieza a pulular por digresiones sin consistencia que chocan frontalmente contra todo su grosor cómico, acabando por definirse como una pedantería pastelosa que se consume en sí misma, sin perder de vista la concesión a las variantes románticas ideadas para todos los públicos. Llega un instante en que Apatow no sabe muy bien qué hacer, si seguir con esa amistad entre Simmons y su condiscípulo Ira, jugando con todo tipo de guiños fílmicos y los esperados chistes sobre miembros viriles o hacer evolucionar, de forma sobrecargada, el tempo emocional del filme en función de un personaje totalmente anodino representado en el antiguo amor del cómico que pretende recuperar.
La incapacidad del cineasta hace que la película funcione cuando se ríe de sus personajes, pero a la hora de recrearse con la comedia en otros terrenos llevan a ‘Hazme reír’ a un contexto desastroso. No le vale de mucho el apoyo de personajes secundarios como Jonah Hill y Jason Schwartzman, que se encargan de poner el punto cómico a una situación que va menguando su efectividad o de sacar muy guapa a su insoportable mujercita Leslie Mann, a la que roba todo el protagonismo un esforzado Eric Banna, utilizados ambos con infructuosa funcionalidad para fortalecer su moraleja aleccionadora. Así como los cameos de Budd Friedman, Monty Hoffman, Sarah Silverman, Eminem, Ray Romano, Owen Wilson o Junstin Long, que quedan muy bien de cara a la galería, pero que no contribuyen a nada.
Eso sí, hay que destacar la labor interpretativa de Adam Sandler, que aprovisiona su rol de varios ángulos interpretativos en las dos personalidades que salen a flote y que recuerdan a sus mejores interpretaciones en ‘Punch Drunk Love’ o ‘En algún lugar de la memoria’. También le va a la zaga el siempre descompensado Seth Rogen, que aquí traza un entrañable personaje con entrega y aparente comicidad. Por lo demás, ‘Hazme reír’ es cine autocomplaciente y arrítmico, carente de la necesaria naturalidad y espontaneidad que abusa de los arquetipos y los tópicos.
Una película intrascendente y previsible, que no sabe estructurar con lógica su narración, incapaz de progresar dentro de las oscilaciones emocionales de sus personajes. Apatow va dejando claro que, o se replantea muy seriamente la superficialidad de sus propósitos, o el éxito de sus comedias tiene los días contados. De hecho, ‘Hazme reír’ ha sido un fracaso tanto de taquilla como de crítica en Estados Unidos. Por algo será.
Miguel Á. Refoyo "Refo" © 2009
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