lunes, 3 de agosto de 2009

Del 'surf' al abismo

Desde la inexperiencia, la frase “pillar una ola” es una expresión aleatoria que uno utiliza ninguna o muy pocas veces en la vida. En la jerga ‘surfera’ es mucho más común y tiene más relación con el hecho de sostenerse a una experiencia espiritual que a una expresión playera o deportiva. El equilibrio, la habilidad conjugada con la agilidad y la coordinación acontecen en elementos necesarios a la hora de adentrarse en una ola, donde la tabla es la extensión del cuerpo, asiendo los pies de la voluntad y el conocimiento para deslizarse por el mar. El surf reúne máximas y preceptos vitales, los mismos que en la vida hacen sortear las dificultades que se acometen como si de una ola sinuosa se tratara. Esta pasada semana he podido vivir de cerca mi primer contacto con esta filosofía adictiva, con los primeros escarceos sobre una tabla en nexo con el oleaje, con esa sensación de libertad, de cercanía con los elementos y de la devoción hacia un estilo de vida náutico y apasionado. En la hermosa playa de San Lorenzo, con un monitor de enfatizada cognición en varios temas existenciales y fílmicos que van más allá del surf como es nuestro grandísimo amigo Jim-Box y con la compañía en el oleaje de amistad y fraternidad de Iván Sáinz-Pardo, se sucedieron a lo largo de una tarde todo tipo de anécdotas y sensaciones comunes sobre una tabla de surf. No puedo considerarme ‘surfista’ o ‘surfero’, pero sí como un entusiasta neófito que, a buen seguro, seguirá los dogmas de esta doctrina inexplicable. Pronto, muy pronto, regresaré a impregnarme de esos ‘take off’ iniciales, de los primeros ‘bottom turns’ y quién sabe si algún ‘cut back’ o un improvisado ‘Snap’.
Han sido unos días de asueto marcados por la belleza natural de un entorno envidiable como es Asturias, tierra enraizada en la belleza de sus parajes, en la gastronomía suculenta y tradicional, en su fusión de espiritualidad y naturaleza. Siempre acompañado de Myrian e Iván, en varias ocasiones con Jimmy, éste ha sido uno de esos improvisados viajes perdurables en la memoria común, que eluden y dejan a un lado las problemáticas presentes y venideras en las que es mejor no pensar. Asturias es el marco ideal para aparcar contrariedades y fundirse, una vez más, en un espacio donde las playas, calas y acantilados se ensamblan con los conjuntos dunares, yacimientos jurásicos, paisajes protegidos y monumentos arquitectónicos y sobre todo naturales. La conciliación cantábrica ha quedado atrás para volver a la gris rutina. Es el habitual contexto al que somete la vuelta de las vacaciones. El regreso al abismo, ésta vez con una connotación más cercana a su significado práctico.