lunes, 25 de mayo de 2009

Michael Haneke: experiencia radical

Ayer ‘Das weisse Band’, de Michael Hanake, se llevó la Palma de Oro del 62º Festival Internacional de Cine de Cannes. Ayer, otra vez, otra película de este intransigente cineasta volvió a dejar claro el asombro y la radicalidad que provoca su cine. Si por algo se caracteriza el director de ‘Funny games’ es por la difícil aproximación a su particular universo cinematográfico. Las imágenes de Haneke, envueltas en un estilo fraccionado y aislado, se imponen con insensibilidad y frialdad a un espectador que debe dejarse llevar en sus juegos narrativos que exigen un alto grado de interpelación entre el filme y el público. Es la consolidación de una inteligente búsqueda de la reflexión del que mira, sin ningún tipo de acatamiento al didactismo indulgente, arrancando interrogantes, sin ofrecer ninguna explicación demostrativa. El mundo fílmico de Haneke es opresivo. Para él, la realidad debe ser expuesta en un tono donde la ficción es una excusa metalingüística de la realidad donde, a menudo, el plano secuencia sirve para definir su proceder visual, la contigüidad encontrada paras seguir a los personajes con espeluznante realismo, desprendido de cualquier fragor emocional que desarticule sus estudiadas intenciones de observación depravada que constatan el apego del cineasta alemán por la ambigüedad.
Su cine se basa en el acercamiento casi entomológico a la culpabilidad, a la incomprensión, a la soledad y la incomunicación en una sociedad que engendra una forma de violencia contenida que tiene que reventar en algún momento. El objetivo es la confrontación del hombre moderno a su responsabilidad individual dentro de un orden asfixiante y de apariencias, puesto que, de algún modo, cualquier elemento desestabilizador derroca los pilares consolidados de las familias, del individuo como dispositivo de un todo que se viene abajo con gran facilidad. La sobriedad invisible y la audacia argumental esconden una enfermiza turbiedad imperceptible que desemboca en la catástrofe moral y psicológica de su extraña fauna humana. Haneke ejecuta un cine que cuestiona no sólo los propios límites de la narración convencional, sino la naturaleza y la fiabilidad de sus imágenes, ya sea dietéticas o no. El cine de Michael Haneke se transforma siempre en una experiencia radical que nunca puede dejar indiferente.