jueves, 28 de mayo de 2009

Álex de la Iglesia, presidente

Álex siempre ha sido bastante contestario hacia aquéllos sectores críticos que van contra el cine español, que comparan cifras de cintas foráneas y se escudan en argumentos antediluvianos y reiterativos. A partir del 21 de junio Álex de la Iglesia pasará a ser el nuevo Presidente de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España, ya que representa la única candidatura presentada para presidirla junto a la directora y actriz Icíar Bollaín y el director de producción Emilio Pina.
En principio, su objetivo, patente en su cine corrosivo y heterogéneo, es lanzar y apoyar un cine de género enfocado a llegar al público, dejando atrás cualquier prejuicio y localismo, arrojando algo de luz a proyectos que se consideran no tan españoles en su esencia. No en su lengua, sino en designios comerciales. La solución, según sus propias palabras: “pasa por intentar que nuestro cine sea menos español”. El cine español nunca ha sido un producto de mercado que pueda venderse en el circuito internacional. Es uno de los factores que hay que procurar cambiar. Eso sí, sin perder la identidad de nuestro cine. Hay que apoyar la cinematografía nacional, obviamente, pero con posibilidades a abrir puertas a la coproducción con otros países que deriven en grandes superproducciones. Como se escribió hace tiempo en este mismo blog, “no hay que ceñirse a la idea chovinista apoyada en la teoría de la defensa de un excelente cine nacional que sufre en detrimento de un siempre oportunista cine norteamericano”.
El cine como mercancía industrial en España nunca ha funcionado. Para Álex ha llegado el momento de pasar a la acción e implicarse para que las cosas cambien. Es algo necesario que venía pidiendo una transformación hace tiempo. Por primera vez en la historia de la Academia, un presidente refuerza los intereses comunes de un colectivo que debe despojarse de sus miedos y asumir riesgos. Hay que exigir un compromiso con el cine español. Primero y fundamental, por parte del público, sí, pero mucho más por la parte de quienes lo hacen. Esperemos que la entrega de tiempo y esfuerzo que invertirá el director de ‘El día de la bestia’ en esta titánica empresa signifique el principio de una etapa positiva para nuestro cine. Si esto no es así, recemos todos juntos para otra período de cataclismo cinematográfico dentro de nuestras fronteras. Lo más imperante que Álex tiene en sus manos es el marrón de desarrollar esa nueva Ley del Cine aprobada hace tiempo y que necesita un buen meneo logístico para que funcione como debe.
Suerte con todo, amigo.