jueves, 5 de marzo de 2009

¡A LA FINAL!

Y creímos… vaya si creímos.
Las grandes gestas vienen dadas, en ocasiones, por una cuestión de fe y de evocación histórica. San Mamés volvió a ser testigo de otra proeza futbolística, de otra de esas epopeyas que el Athletic de Bilbao casi había olvidado. La tradición devolvió al equipo rojiblanco a la final de la Copa del Rey, a su competición más carismática e identificativa. Un partido de garra y empuje, jugado con la convicción de los campeones, anulando al contrario, con la certeza de esa final que pertenece al equipo de Joaquín Caparrós. El orgullo pudo más que los pobres estatismos tácticos de un rival que no apareció ni siquiera en ráfagas. El león se comió a un lobo tratado con respeto, sin subestimar la posibilidad del sufrimiento en ningún instante, pero sabedores de que, a medida que pasaba el tiempo, la final estaba más cerca. Después de los tres goles de Javi Martínez, esa fuerza de la naturaleza llamada Fernando Llorente y el vital Toquero, el júbilo se desató en La Catedral y el césped fue invadido por los aficionados, casi con total seguridad la mejor afición del fútbol español, embargados por la euforia y el sentimiento unánime de pasión por un equipo humilde que espera una inigualable ocasión para volver a hacer historia el próximo día 13 de mayo, seguida por ése enjambre rojiblanco al que Valencia ya se le empieza a quedar pequeña. El ‘mainstream’ monopolista del fútbol en España es para los que ganan títulos con dinero y mercenarios que defienden los colores de un equipo a golpe de talón. La verdadera gloria está reservada para los que la disfrutan desde la honestidad de una tradición legendaria.
Ayer fue una noche antológica. Pero sólo debe ser el preámbulo de la gran fiesta.
¡¡AUPA ATHLETIC!! y Eskarrik Asko.