miércoles, 11 de marzo de 2009

‘Con pelos en la lengua’: Desvergüenza de tres en tres

Tres al precio de uno. De esta forma, la serie ‘Con pelos en la lengua’ ha ido consolidándose como una de las apuestas más solventes de la nueva moda de ‘sitcoms’ y miniseries que proliferan por Internet, canal heredero de la televisión en unos contenidos cada vez más proclives al cambio, a la calidad y al riesgo. Las aventuras sexuales (o desventuras, más bien) de Pablo, Cris y Marcos han demostrado que, exprimiendo las posibilidades de la Red, desde su utilización como plataforma de emisión, así como base operacional de todo el tinglado de promoción cuidado al detalle (con la creación de páginas en las denominadas redes sociales multitudinarias Facebook y Tuenti), son uno de los caminos a seguir dentro del audiovisual en España. Un universo ideal para que las mentes creativas sin muchos recursos pero con gran talento e imaginación consigan desbancar, poco a poco, la atención del ostracismo televisivo hacia Internet.
Marcos es un gay demasiado gay como para cumplir su promesa de celibato temporal, porque además es un seductor capaz de añadir conquistas sexuales con una pasmosa facilidad. Cris es una joven virgen que ha tomado la firma decisión de dejar de serlo. Sin mucha suerte, ya que en su búsqueda y aprendizaje no logra sus fines. Pablo, un ‘pringao’ sin suerte, traumatizado con el sexo desde que, según la leyenda, un par de tías buenas le violaran en el servicio del colegio. Ahora está loco por follar, pero la adversidad parece cebarse con él. A través de estos tres personajes, ‘Con pelos en la lengua’ se asienta en el falso documental, intercalando los testimonios directos a cámara de los personajes con sus desastrosas vidas sentimentales y sexuales, para echar un vistazo a algunos patrones sociales que imperan hoy en día dentro de un tema cada vez menos controvertido como es el sexo que se apoyan, con gran acierto humorístico, en unos secundarios excepcionales. Su éxito está en saber romper esquemas, en saber convertir esos diálogos lúbricos en comedia con absoluta facilidad, accediendo con ello a la identificación respecto el espectador por la empatía y el preciso dibujo que han sabido hacer de cada personaje. La serie, detrás de la cual se encuentran Felipe J. Luna y Cristóbal Garrido, impone una extraordinaria capacidad de síntesis, un ritmo de montaje virtuoso, guiones inteligentes y un humor multigenérico en el que cabe desde la discreción hilarante hasta la zafiedad de brocha gorda.
‘Con pelos en la lengua’ ironiza con un acercamiento sólido y entrañable hacia cuestionamientos emocionales y íntimos de toda índole llevados con estilo primoroso, con definición de trascendencia y desprejuicio. Ningún episodio traspasa los tres minutos, lo que facilita la algazara visual y narrativa, sin apenas tiempo para asimilar lo que ha sucedido. En pocas palabras: es una serie que se hace corta. Pero es su gran virtud. Las pequeñas dosis de ‘Con pelos…’ la hacen tan llamativa y adictiva. Hoy acaba la primera temporada de esta apuesta que ha golpeado con fuerza dentro de esas series que cada día proliferan en Internet y que ha sabido ser diferente, insólita y con la vocación de compromiso respecto a su temática volcada sin coacciones y fresca desvergüenza. Y seguro que sólo es el principio.
- PRIMERA TEMPORADA disponible en su web oficial.