lunes, 2 de febrero de 2009

XXIII Premios Goya: Más esfuerzo, mismo resultado

Otro año más, los premios de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España, más conocidos como premios Goya alcanzaron su 23ª edición. La noche televisiva se cerró con 600.000 espectadores y tres puntos más de audiencia respecto a la edición anterior. Podría considerarse como un éxito, aunque tales números se configuran como los discursos de hipocresía, de bastante falsa modestia y de solapadas verdades que se escucharon en la noche de ayer. Aludiendo a la crisis económica, el cine español sigue argumentando, como eterno escudo, que está constantemente en crisis, como una reiteración que no responde a los números que se consiguen gracias a los filmes patrios estrenados. Sin embargo, el hecho de que ninguna película española estrenada en 2008 haya dejado su impronta entre las diez más vistas es un síntoma que debería hacer reflexionar.
Por supuesto, en la gala de los Goya este tema se pasó de puntillas porque, obviamente, no hay que deslucir la fiesta. Este año Carmen Machi, intentando alejarse de su encasillado personaje de ‘Aída’ sin poder evadirlo por completo, fue la maestra de ceremonias de una una noche que, en un concepto global, respondió a una sorpresiva actitud de solventar con divinidad este tipo de acontecimiento que suele caer en el ostracismo y, muchas veces, en el ridículo. Por supuesto, que hubo momentos de vergüenza ajena, pero es justo recompensar con algún adjetivo positivo alguna que otra parte del guión y reconocer (también con algún que otro borrón) la estupenda realización vista en el Palacio de Congresos de Madrid. El escenario, representado por unas enormes escaleras rojas, recibió el descenso de Machi recordando en la memoria al televisivo ‘Ahí te quiero ver’, conducido por la que ha sido y será la mejor anfitriona de este tipo de ‘saraos’: Rosa María Sardá. El inicio fue prometedor, aunque esa conexión con Maribel Verdú, para promover un ‘running gag’ sin gracia, sobró.
El guión, aludiendo a las películas nominadas y a las actrices con candidatura a mejor intérprete femenina, se benefició de varios golpes de humor sustentados en el juego de palabras o en la alusión del género de espías como favorito de los políticos presentes en la sala. Sin embargo, la pleitesía provinciana y populista hacia aquellos cineastas que han rodado en España, por encima del cine español de este año o la previsible y bochornosa reverencia a la figura de Benicio del Toro, fue mermando el buen comienzo de estos Goya, terminó por ofrecer una gran ración de “más de lo mismo”, que se unió a esa incursión metida con calzador de la victoria de Rafael Nadal en el Open de Australia, refiriéndose a ella como un filme de ‘acción’. Pese a la mejora, se necesita creer en el potencial de estos premios como espectáculo digno. Y esto, unido al progresivo decaimiento de la gala, deja claro que no es así.
Como hace algunas ediciones, el beso en la boca parece que vende. Por eso, Machi se respaldó del guión y pudo darse un buen morreo con Jose Coronado y Santi Millán, los primeros presentadores del premio a Jordi Dauder, que encauzó la noche de premios para ‘Camino’, la gran triunfadora de la velada. En su discurso, aludió a Javier Fesser y a la lucha contra los fundamentalimos que existen en España. Más allá de los palos verbales al Opus Dei que salpicarían el evento, la ramplonería discursiva hizo acto de presencia demasiado pronto. El Goya al mejor vestuario para Lala Huete por ‘El Greco’ trajo, por medio de un portavoz con problemas para leer correctamente, el primer manifiesto contra la piratería. Huete aseveraba mediante la temblorosa voz de su emisario que está en el paro porque hay mucha gente que se descarga cine a través del ordenador, y que éstos son los verdaderos culpables de la situación del séptimo arte español. La misma soflama de siempre, pero vía fax. No es porque se haga mal cine en este país, es porque la gente piratea. Uno no puede dejar de imaginarse a todos esos deleznables seres diabólicos y perniciosos que utilizan programas como Ares, Emule, Bittorrent, Azureus… ansiosos y vehementes por bajarse archivos audiovisuales como el ‘El Greco’, la película invisible de Yannis Smaragdis que, curiosamente, es de 2007 y gana premios como película de 2008. Lo siguiente fue una muestra de interacción con Benicio. A través de la utilización de la música para presentar dos tipos de situaciones contrapuestas con la misma frase, Carmen Machi dio la pauta de lo que iba a ser el resto de la gala: un sonrojante vasallaje de adulación al carisma del actor puertorriqueño, que incluso le robó protagonismo a la estrella española de la noche Penélope Cruz.
Roque Baños dejó el mejor discurso de la noche por su premio a la excelente partitura de ‘Los Crímenes de Oxford’ y, por primera vez, la cámara busca el rostro de un Alberto Iglesias que aplaudía desde la butaca y quedandose sin premio. Uno de los puntos positivos de esta edición ha sido la coherente decisión de añadir ‘sketchs’ de esos prodigios del humor que son los chicos de ‘Muchachada Nui’ abanderados por Joaquín Reyes. Sus vídeos fueron, de largo, lo más destacado dentro de la comicidad que se busca en los Goya, demostrando que su profesionalidad y talento están por encima de cualquier cosa. Incluso cuando entregaron el galardón al mejor cortometraje de ficción estuvieron a la altura con su ‘gag’ de ‘Los 4 fantásticos’. La entrega de premios por parte de actores, actrices, futuras promesas con Goya prematuro, presidentes de fútbol o directores fue bastante anodino.
El horrible peinado de la presidenta de la Academia Ángeles González-Sinde no restó intrascendencia a su galopante sosería, a su falta de carisma y a la letanía de otro discurso con el que empezó haciendo la pelota a los cargos políticos presentes en el acto, llevándolo por un cauce muy emotivo, recordando a Azcona y a Berlanga para señalar fechas de películas antológicas de estos dos maestros en las que tabién se hablaba de crisis… Sin embargo, pasó enseguida a la soflama sobre la piratería y los operadores, exigiendo poco menos que la cárcel para los que se descargan películas americanas de multinacionales a través de la red desde casa. Lo de siempre. Y todo leído con abrumante insulsez. Para qué se va a aprender lo que le han escrito los de la SGAE.
Pasado el sofoco y la pavura presidencial, uno de los momentos más conmovedores de la noche fue el Goya de Honor a Jesús Franco, al tío Jess, un hombre de cine curtido en mil batallas, controvertido agitador de conciencias y transgresor que ha hecho de su filmografía un catálogo de rarezas, de grandes y pequeñas películas, de joyas ‘freak’, de arte underground, pero siempre honesto consigo mismo y con su particular arte. Casi llora al comenzar su discurso y acordarse de Juan Antonio Bardem y recitó uno de los discursos más bonitos de los últimos años, donde no faltó el recuerdo a la Filmoteca de París, a su inseparable y descocada Lina Romay y a toda la chavalada que intenta hacer cortometrajes. Fue extraño que Santiago Segura le presentara y Pedro Temboury, su más fiel discípulo, le entregara el cabezón con sigilo mientras el recinto se rendía con una ovación al gran Jess. Y fue cuando, con insultante actitud y desdén, Verónica Echegui era pillada 'in fraganti' comiéndose el morro con el pavo de turno, haciendo caso omiso y perdiendo el respeto a un director con 200 películas. La Juani sacó su poca clase, a su ‘poligonera’ sin vergüenza, en el momento más álgido de la noche, mancillando la ofrenda a uno de los grandes del cine español.
Los Goya iban cayendo para ‘Camino’, mientras que José Luis Cuerda subía a por el único premio para ‘Los Girasoles ciegos’, más por recordar la memoria de Azcona que por merecimiento. Fue el momento de ‘El truco del manco’ y Juan Manuel Montilla, “El Langui”, que subió de forma casi consecutiva; primero a por el Goya a la mejor canción y después a por el de mejor actor revelación. Las pasó putas con tanta escalera, pero demostró que cualquier barrera se puede superar con esfuerzo y espíritu de superación. Fue la gran ganadora de la noche junto a Camino. El debut de Santiago Zannou también se llevó el de mejor director novel y dejó a Nacho Vigalondo con las manos vacías por el riesgo de su primera película ‘Los Cronocrímenes’. Zannou hizo pleno a las tres candidaturas.
Para entonces las lágrimas de Nerea Camacho por su Goya como mejor intérprete revelación se contrastaron con la cabronada de los señores que retransmitieron la gala, que cercenaron sin pudor los discursos de los chicos de ‘Héroes. No hacen falta alas para volar’ y ‘El lince perdido’. Se conoce que para los de TVE la animación y los documentales no son importantes. Fue entonces cuando todo se entorpeció, cuando Benicio del Toro aparecía en pantalla cada dos o tres minutos, cuando José Corbacho tomó protagonismo e hizo que las buenas sensaciones se tornaran en bochorno, cuando a los de realización se les empezó a ir la mano, cuando Pilar Bardem y Jesús Bonilla aterieron el ambiente con un número grotesco y cuando un ‘sketch’ de Muchachada dejaba la metáfora perfecta de las producciones españolas sobre una mesa de cristal en el transcurso de una conversación entre un joven director interpretado por Carlos Areces y un productor al que daba vida Raúl Cimas. La autoparodia de Manuela Velasco con una puesta en escena de ‘[REC]’ tampoco fue mejor. Sólo Penélope Cruz, que ganó el de mejor actriz de reparto, le dio un poco de ‘glamour’ a la noche acordándose, además, de Azcona y Fernán-Gómez.
Quedaba poco para el final y el pescado estaba vendido. Javier Fesser subió a por su Goya como mejor guión original y no se olvidó de darle otro palo al Opus Dei, recordando que en el transcurso de la escritura del guión encontró decenas de testimonios de gente maravillosa atrapada injustamente en la institución creada por Escrivá de Balaguer, ni de recordar a Alexia González-Barros, ni a su equipo o a su familia. Una enorme Concha Velasco y el multimedia productor Enrique Cerezo tampoco ayudaron a levantar el declive. Fue entonces cuando ese momento que se venía gestando desde el inicio llegó; Benicio del Toro salió a por su premio por ‘Ché, el argentino’ y su discurso se adecuó conforme al signo de decadencia de la gala. Reconoció no haber visto ninguna película española de las nominadas, empezó a divagar dando muestras que no es que se hubiera preparado algo para quedar bien, sino que el Goya parece que también le daba un poco igual. Agradeció educadamente a los nominados, a la Academia y a Sean Penn, que no pudo escuchar el lamentable chiste de Machi sobre su última película dirigida por Gus Van Sant y con Harvey Keitel desagraviado. A Benicio se le vio, según rumores, con la mente más puesta en la entrepierna de Ana de Armas que en otra cosa.
Aitana Sánchez Gijón le dio el Goya a Fesser como mejor director para, segundos después, conocer sobre el escenario que ‘Camino’ era, justamente, señalada como la mejor película española de 2008. González-Sinde quiso ser aún más protagonista y salió a dar el premio más importante de la noche. Lo hizo con cambio de vestido, pero no de peinado satánico. Y otorgó a Luis Manso y Jaume Roures el Goya a la Mejor Película. Manso agradeció siguiendo las pautas de lo previsible, por su parte, Jaume Roures, dueño y señor de Mediapro, empezó un discurso aludiendo a Penélope Cruz, que una vez le dio un Goya y… no sé qué más, porque la ceremonia estaba clausurada y debía acabar ya. ‘Camino’ había ganado 6 Goya, ‘El truco del manco’ era la sorpresa y otro año más, la gala deja la misma sensación de “quiero y no puedo”. Aunque hay que reconocer que, al menos en esta 23ª edición, se puesto un poco más de empeño.
LO MEJOR
- Roque Baños, siempre.
- Carmen Elías, estaba radiante. A su edad, es un ejemplo de distinción, de belleza y de talento.
- Los chicos de Muchachada Nui.
- La emoción sincera de Nerea Camacho al recoger su Goya como mejor actriz revelación. Eso sí, su traje más que de alta costura era una putada.
- El tío “Jess” y Lina Romay.
- La elegancia y sigilo con el que Penélope siguió la gala pese a quedar en un segundo plano, gracias a la monopolización televisiva de Benicio del Toro. Es una de las grandes.
- María Botto, toda ella(s).
- El discurso de la salmantina Isabel de Ocampo al recoger su Goya al mejor corto de ficción animando a esos jóvenes talentos que luchan por sacar adelante sus proyectos y que se caen con una facilidad terrible.
LO PEOR
- Ese vídeo de Maribel para explicarnos que estaba acabando una obra de teatro y luego iba.
- Muchos momentos de patético ridículo, explicados perfectamente en la amena retransmisión de Chico Santamano.
- El instante ‘James Bond’ con Fernando Guillén-Cuervo bajando las escaleras en plan ‘star’ por el papelón que hace en ‘Quantum of Solace’.
- El vaivén de modelos y vestidos dentro, fuera, en medio de la gala…
- Los cortes de realizacióna algunos de los premios. Indignante.
- Ángeles González-Sinde.
- La sobriedad de Santiago Segura, que estuvo muy serio y conciso a la hora de presentar a Jesús Franco.
- Que realización enfocara a Chus Gutiérrez en el momento en que Fesser ponía a parir al Opus ¿acaso pertenece a esta tela de araña religiosa?
- El traje de Paz Vega, a medio camino entre una cebolla y un algodón de azúcar. La peor forma de disimular su embarazo.
- Que Álex de la Iglesia no se llevara ni el premio a la mejor dirección ni el de guión adaptado junto a Jorge Guerricaechevarría, que ya va siendo hora de reconocerle como uno de los mejores guionistas de este país.