miércoles, 14 de enero de 2009

Review 'Australia (Australia)'

Autocomplacencia épica
Han pasado ya siete años desde que el cineasta Baz Luhrmann triunfara en todo el mundo gracias a su película estrella, ‘Moulin Rouge’, ejercicio visual de fastuosos propósitos a medio camino entre el pastiche posmoderno y el carácter antirealista de un cine musical carente de teatralidad y mucha pompa estética. ‘Australia’ supone el golpe de efecto del director australiano para su regreso triunfal al cine épico con grafía de descarada superproducción.
En este caso, Luhrmann es consciente de que su finalidad es una ostentosa ofrenda a los hitos cinematográficos del pasado, al cine clásico y espectacular de cineastas como David Lean. Y lo hace con una consabida historia ambientada en los albores de la II Guerra Mundial, la de una señorita refinada inglesa que hereda una enorme propiedad en el norte de Australia, donde vive una historia de amos junto a un rudo conductor de ganado que le prestará su ayuda más allá de los confines del mundo. Pese a que contiene toda la parafenalia fílmica y la megalomanía típica del cineasta y la falta de interés dentro de un guión lineal y sin sorpresas, el pulso narrativo y el sentido del espectáculo de Lurhmann hacen que ‘Australia’ avance a lo largo de sus casi tres horas con un ritmo diligente, aunque acuda con frecuencia al montaje y a la música para conseguir esa pretendido ceremonia ‘bigger than life’.
Al cineasta y sus tres coguionistas poco le importa el contenido político o histórico entre británicos y nativos o y su mística aborigen, puesto que lo único que parece satisfacerle es la plétora de cine manierista, modernizado por lo artificial de muchas de sus secuencias románticas, embellecidas por la postproducción o por la impostura en la que cae cuando en vez de cine con alma se tiende a la exhibición cinematográfica. ‘Australia’ está atiborrada de falsa grandiosidad escénica, en la que sobreabunda el melodrama, la autocomplacencia conceptual y la artificiosidad de un guión con falta de composición algo más profunda que la que pretende aportar el filme.
Ni siquiera la apagada voluntad de Nicole Kidman y Hugh Jackman hacen que la historia se asuma con seriedad y se intuya claramente como lo que es: como un capricho de su director, que está más ensimismado en llevar a cabo un personal ‘Lo que el viento se llevó’ patrio que un producto con algo de brillantez y honestidad, por mucha excentricidad y magnificencia que impere en el total de esta fallida cinta.
Miguel Á. Refoyo "Refo" © 2009