miércoles, 31 de diciembre de 2008

Resumen Abismal del 2008 Cinematográfico

TOP TEN 2008
10. 4 MESES, 3 SEMANAS, 2 DÍAS (4 luni, 3 saptamini si 2 zile), de Cristian Mungiu.
El filme es un duro viaje, muy cerca en su metodología y espíritu al docudrama, a uno de los períodos más negros de la historia de Rumanía, mediante la adaptación a la gran pantalla de algunas de las leyendas urbanas más conocidas y difundidas durante los interminables años que se prorrogó el régimen dictatorial comunista de Nicolae Ceaucescu a finales de los 80. Un relato testimonial sobre aquélla época que es mostrada desde la desnudez de dobleces en su parte técnica, rechazando incluso partes de la naturaleza cinematográfica como pueda ser la iluminación, la música, la planificación en busca de un conseguido tono inflexible, donde prevalezca la contundente mirada directa del espectador.
Si bien es cierto que a ratos, ese tono de crudeza insinuante funciona perfectamente, sobre todo, en un primer tramo de brutal coherencia e incómoda aprehensión de los acontecimientos, allí donde las dos chicas, acorraladas, terminan cediendo a la espiral degradación acuciadas por la situación desfavorable, también lo es la tendencia de Mungiu hacia el fácil recurso del morbo cuando, con toda su explicitud, muestra el lastre vital en forma de feto humano sin vida, renunciando a la conceptualización analítica del filme y cediendo, en último término, al impacto y a la búsqueda de significaciones que van más allá de lo mostrado.
9. TROPIC THUNDER (Tropic Thunder), de Ben Stiller.
‘Tropic Thunder’ no pierde la oportunidad de evidenciar las miserias de la gran industria cinematográfica, radiografiando entre risas y cachondeo la estupidez y los intereses que mueven muchas veces el séptimo arte, la esencia del ‘blockbuster’ llevado al absurdo y los entresijos hiperbolizados de los grandes estudios. El filme pone en todo momento en tela de juicio los condicionamientos del ‘star system’ con una amplia gama de ‘gags’ y situaciones que obligan a descifrar su vitriólica condición de provocación a través de un guión funcional, que comprime sus debilidades y multiplica sus virtudes para ofrecer un espectáculo manifiestamente descomunal, exagerado y desquiciado.
Una fantástica comedia que hace un guiño a la confusión entre realidad y ficción, entre la película que han ido a rodar y la cinta que hemos visto. Ambas no difieren en absoluto de los resultados prometidos. Con ello, Stiller también hace una valoración de su propia profesión actoral, dando prioridad a la honestidad por encima del artificio al que conlleva la interpretación. Una ácida crítica a la que aportan el punto necesario de juerga colectiva sus protagonistas.
8. CAMINO (Camino), de Javier Fesser.
‘Camino’ se adentra en los oscuros cauces de una doctrina cuestionada desde la quietud, sin caer en la provocación. Fesser ofrece así una portentosa historia que, más allá de fijar su mirada en el anverso y el reverso del Opus Dei, supone una fábula fantástica sobre la independencia , la bondad humana, el amor y la muerte. Una experiencia vital y emocional irrepetible. Una película intensa, valiente y entregada, que rebasa los límites de lo emocional hasta llegar al paroxismo, que muestra esta agonía con una minuciosidad visual creada a partir del sentimiento.
Estamos ante una obra magna, de esas que huelen y subliman verdad. Ficción creada a partir de realidad, ‘Camino’ radiografía ciertas creencias y maneras de vivir donde cada personaje describe variantes dentro de la referencia social que utiliza, desde la creencia y desde la duda. Javier Fesser ha rodado su mejor película hasta la fecha y uno de los ejemplos más palmarios de grandeza del cine español en mucho tiempo.
7. EL TREN DE LAS 3:10 (3:10 to Yuma), de James Mangold.
La versión actualizada de ‘El tren de las 3:10’ no es un ‘remake’ como tal, sino una reinterpretación del mismo argumento que recoge esa mística de valoración dicotómica que utiliza los estereotipos del ‘western’, a sabiendas del tópico, pero otorgándoles una sobriedad más que apreciable. El filme de James Mangold supone así una inesperada sorpresa que describe todo aquello que debe divulgar un buen filme del Oeste; una fábula donde mito e historia se agrupan en una cohesión donde la moralidad y la epopeya conviven en conflicto bajo los relieves de un paisaje en la que la aventura y la acción proponen diatribas tan salvajes como trascendentes.
La obra de Mangold está desprovista de la lacónica crepuscular de algunos de los ‘westerns’ revisionistas actuales. Preocupa, por encima de la proliferación de panorámicas paisajistas, la descripción de los personajes por encima del horizonte, planteando incertidumbres y reflexiones que tienen su mejor soporte en unos brillantes diálogos acerca de la dialéctica sobre la ética, la vida y la muerte. Todo ello, sin olvidar el cuidado por la acción y la coreografía de la violencia en la que no faltan asaltos a diligencias, tiroteos y la tensión hacia su inesperado final, donde la dicotomía del bien y el mal se ve extrañamente sacudida por el curso de los acontecimientos.
6. LA NIEBLA (Stephen King’s The Mist), de Frank Darabont.
‘The Mist’ parte como un sincero homenaje (en fondo y en forma) a las narraciones de terror de los años 50 que tanto proliferaron en los medios cinematográficos y literarios. Partiendo de esta base, el filme se resguarda en todo momento en ése espíritu de serie B, con cierta nostalgia, donde los subtextos y segundas lecturas quedan dinamitadas por la única idea con la Darabont ha elaborado su película; estamos ante una película de terror al uso, sin ningún tipo de alarde ni ambición.
Darabont opta por el verbalismo de la acción, dando prioridad a la psicosis colectiva y dejando en un segundo plano la ciencia ficción y el terror como maravillosas aportaciones a la identidad del planteamiento genérico. Y lo hace sin renunciar a inquietantes elementos descriptivos y momentos de terror y acción que jalonan la historia y dan sentido a la propuesta. Su película es un rotundo ejercicio de terror en el que el director de ‘La Milla Verde’ utiliza la introversión del discurso terrorífico muy por encima de los mecanismos típicos del género, creando una sobresaliente obra de culto y, de paso, la mejor adaptación de una novela de Stephen King al cine.
5. LA CUESTIÓN HUMANA (La Question Humaine), de Nicholas Klotz.
Considerada, con todo merecimiento, como una de las grandes películas de 2008, ‘La cuestión humana’ aborda una exploración sobre la verdad y la apariencia dentro de un viaje a un pasado tenebroso imposible de olvidar. A medio camino entre el drama, el ‘thriller’ de cine negro y el fantástico realista, Klotz desgrana los mecanismos del funcionamiento interno de una gran empresa para equipararlos a los del nazismo, en una oscuro y siniestro cotejo entre la selección de personal y la “Solución Final”, ya que ambas utilizan un sistema de depuración cruel que posterga al individuo a la última categoría.
La reubicación, la congelación de sueldos, el despido como depuración y la imposición natural del departamento de Recurso Humanos son las herramientas con las que se va embaucando al espectador hasta conducirle por una realidad ignorada. La percepción de la realidad va mutando según transcurre el lento proceder de una apasionante historia que maneja los mecanismos de la dominación y de las apariencias para conseguir un tono asfixiante de locura, de hiperrealidad con la que la percepción de los hechos es transformada por la despótica forma de proceder de estratos de poder.
4. NO ES PAÍS PARA VIEJOS (No country for old men), de Joel y Ethan Coen.
‘No es país para viejos’, es el resurgimiento que devuelve a Ethan y Joel Coen al universo de referencias cinéfilas y siniestras que concentran su estilo hiperreal y abruptamente complejo, a la riqueza compositiva de un ideal de cine que se iba echando de menos. Y lo hacen, nada menos, con la adaptación de la novela homónima de Cormac McCarthy, desarrollada en un contexto de rudeza extemporánea, situando esta áspera fábula en la Norteamérica rural, sucia y fronteriza, que emplea personajes comunes que vulneran la cotidianidad para verse envueltos en una pesadilla de violencia extrema donde el destino tiene la última palabra.
El laconismo parece apoderarse de esta historia sobre el Bien y el Mal, un tema subrayado en varias ocasiones por los Coen, que describen de nuevo personajes que arrastran sus remordimientos y secretos bajo un implacable sol fronterizo. Quizá por ello, la tensión de cualquier movimiento acaba transformándose en una situación extrema que se dirige a lo inevitable; como la trascendental forma en que se amartillan las armas antes de ser disparadas, la recreación insana de Chigurgh con su bombona de aire comprimido antes de ejecutar sus matanzas, la suciedad y el calor que transpira la chabacanería de la iniquidad. Es su particular regeneración de lo clásico, la forma que tienen los Coen de advertir cómo los nuevos tiempos de violencia aplastan los ideales de los héroes en pleno crepúsculo.
3. WALL•E (WALL•E), de Andrew Stanton.
Con casi veinte años de historia, Pixar se ha consolidado como la mejor productora de animación del mundo. ‘WALL•E’ no podía ser alejarse de los conceptos de perfección de la factoría de John Lasseter y vuelve a ejemplarizar la distintiva necesidad expresiva que mueven los proyectos de Pixar, aventajando en este terreno su reconocido exhibicionismo tecnológico. Que un trasto como WALL•E sea el emblema más destacado del lenguaje físico y pantomímico metamorfoseado en la gramática de la articulación de las máquinas sitúa a esta obra de grandeza cinematográfica inexpugnable a otra división dentro de las altas cotas a las que están acostumbrados sus responsables. Esta decisión apela directamente a la expresividad fílmica de los grandes clásicos como Buster Keaton, Charles Chaplin o Jacques Tati, acudiendo a los introductorios elementos humorísticos basados en el ‘gag’ más tradicional, muchas veces cerca del ‘slapstick’, como tributo al cine clásico, al que acude constantemente en intenciones, homenajes y esencia.
El filme de Andrew Stanton es un memorable y hermoso viaje con una fábula de ciencia ficción y ecología antropológica que se sirve de la gramática de la articulación de las máquinas para obtener una película inolvidable.
2. POZOS DE AMBICIÓN (There Will Be Blood), de Paul Thomas Anderson.
Podría considerarse la obra más arriesgada de Paul Thomas Anderson hasta el momento. Se podría decir que también la más personal. Más allá del drama, de la odisea de megalomanía que esconde el cineasta y su historia sobre los pioneros que forjaron una nación, ‘Pozos de ambición’ es una película de terror que manipula con destreza el desasosiego, los sonidos, sus ecos de tragedia y el olor de la sangre mezclándose con el petróleo, así como el calor asfixiante, las miradas de Plainview y sus maniqueas acciones.
Anderson disecciona la época con un destreza visual y una maestría compositiva que no hacen sino confirmar su talento, su sobresaliente posición en el cine actual, con una personalidad fuera de toda duda, sin economizar la obsesiva meticulosidad con la acomoda los encuadres y los movimientos de cámara que consolidan un virtuosismo formal más equilibrado que en sus obras precedentes. Una película de controvertida lucidez, sobrecogedora e inquietante, cruel y desgarradora, donde no existen cortadas en el mensaje, carece de moralina y de cualquier pretensión de adoctrinar. La exégesis es la simple sucesión de lo que acontece, contado desde un punto de vista hipnótico, con esencia formal de cine clásico que rebosa efluvio de epopeya, donde es absolutamente ineludible destacar el recital interpretativo que aporta la grandiosa, enérgica y desalmada interpretación de Daniel Day-Lewis.
1. ANTES DE QUE EL DIABLO SEPAS QUE HAS MUERTO (Before the Devil Knows You're Dead), de Sydney Lumet.
Cualquiera podría decir que ‘Antes de que el Diablo sepa que has muerto’ fuera una apasionada ‘opera prima’ de un joven cineasta con un talento fuera de lo común. El entusiasmo y la fuerza que anida en esta prodigiosa muestra de talento destilan admirable clarividencia y la fertilidad del atrevimiento. Cine con estigma de cine clásico rodado con una perspectiva de ruptura, modernizando la ya desgastada relectura del ‘thriller’ en su discurso escéptico y dramático, con una historia cruel y despiadada llevada a cabo con la sabiduría del veterano Sidney Lumet.
La gran valía del último filme de Lumet se vertebra a través de unos personajes rigurosamente fascinantes, descritos con la escrupulosidad asombrosa de un maestro, capaz de ofrecer una suntuosa planificación formal a la vez que evidencia un gusto casi minimalista por los detalles, por los pequeños rasgos que perfilan a estos perdedores sin futuro que no saben aceptar las derrotas. Tragedia ética sobre la desintegración humana y familiar, cuyos pilares han sido derribados por el paso del tiempo, ‘Antes de que el Diablo sepa que has muerto’ atesora, bajo su caótica estructura temporal, uno de los manifiestos más escépticos de los últimos años en ese ‘thiller’ melodramático que se alimenta del drama moderno de incomunicación paternofilial, con la feroz crítica a una sociedad americana donde las miserias humanas, salpicadas de secretos inconfesables, se transforman en una cruel amenaza que va más allá de la ambición y del egoísmo.
ACTRIZ 2008
Tilda Swinton (‘Julia’, ‘Las crónicas de Narnia. El Príncipe Caspian’, ‘Quemar después de leer’).
Es una pena que ‘Doubt’ se estrene en 2009 en nuestro país, porque Meryl Streep era una candidata ideal para ser considerada la mejor actriz de este año que se consume. También, por carisma, belleza, talento y versatilidad dramática, Charlize Theron ha tenido un buen año. Pero lo cierto, es que, unido al Oscar como mejor actriz secundaria por ‘Michael Clayton’ y a su portentosa capacidad interpretativa, la elegida ha sido la escocesa Tilda Swinton, sin haber podido echarle un vistazo a ‘The Curious Case of Benjamin Button’, de David Fincher. Su inquietante apariencia andrógina, su tez pálida y algo antipática no entorpecen el brutal talento de una actriz en constante estado de gracia. Su firmeza y discreción hacen que pase desapercibida como una de las grandes reinas de la interpretación actual. Sin embargo, pese a que su actividad se haya encasillado voluntariamente en papeles de reparto, es capaz de robar el protagonismo a las grandes estrellas con una contundencia y una frialdad descomunales. Ni siquiera cuando sus papeles se sostienen en la ausencia de empatía por parte del espectador hacen mella en la dimensión actoral de esta gran dama. Todo lo contrario, es cuando más se engrandece su talento. Es, sin ningún género de duda, una de las mejores actrices que ha adoptado Hollywood en mucho tiempo.
ACTOR 2008
Daniel Day-Lewis (‘Pozos de ambición’).
A falta de ver los trabajos de Sean Penn y Mickey Rourke en ‘Milk’ y ‘The Wrestler’, respectivamente, este 2008 tuvo desde su inicio un claro vencedor en este apartado: Daniel Day-Lewis. El actor británico nacionalizado irlandés ofrece un solemne recital de interpretación, una inconmensurable composición capaz de desclavar los más diversos sentimientos en el espectador; desde la comprensión de su desfogada ambición hasta el odio repulsivo que transmite en su parte final. El personaje Daniel Plainview pasa de la avidez de dinero a la absoluta falta de escrúpulos bajo la mirada impasible de un intérprete en constante reto consigo mismo. El talento de Day-Lewis traspasa la convencionalidad, la gracia de un actor prodigioso hace que los diálogos estén cargados de verdad, que su miserable personaje rebose vida y que dignidad tocada de muerte de su historia llegue al alma. Day-Lewis se prodiga poco en el cine, pero cuando es así, lo hace para instruir al cine con lecciones de pura interpretación.
DIRECTOR 2008
Joel y Ethan Coen (‘No es país para viejos’ y ‘Quemar después de leer’).
Indudablemente si este año pertenece a unos cineastas, esos son los hermanos Ethan y Joel Coen. Nada menos que dos películas en un mismo año ‘No es país para viejos’ y ‘Quemar después de leer’ ha supuesto un agradecido resurgimiento que devuelve a los hermanos al universo de referencias cinéfilas y siniestras que concentran su estilo hiperreal y abruptamente complejo, a la riqueza compositiva de un ideal de cine que se iba echando de menos. Por un lado, adaptando la novela de Cormac McCarthy a un contexto de rudeza extemporánea, situando esta áspera fábula en la Norteamérica rural, sucia y fronteriza, que emplea personajes comunes que vulneran la cotidianidad para verse envueltos en una pesadilla de violencia extrema donde el destino tiene la última palabra. Por otro, devuelve también el mejor cine de estos inquietos consanguíneos a las fronteras de la comedia que les caracteriza. Aquella que se muestra como exposición casi antropológica sobre la imbecilidad que anida en el hombre moderno, haciendo una crítica sardónica sobre la sociedad americana, donde, como viendo siendo habitual, se subraya la ambición, los miedos y la violencia. Los Coen han vuelto por la puerta grande y han hecho de 2008 su año.
PELÍCULAS DESTACADAS
- ‘La noche es nuestra’, de James Gray. (Leer crítica).
- ‘The Darjeeling Limited’, de Wes Anderson. (Leer crítica).
- ‘El intercambio’, de Clint Eastwood.
- ‘Sweeney Todd’, de Tim Burton. (Leer crítica).
- ‘John Rambo’, de Sylvester Stallone. (Leer crítica).
- ‘La escafandra y la mariposa’, de Julian Schnabel.
- ‘Los falsificadores’, de Stefan Ruzowitzky. (Leer crítica).
- ‘En el valle de Elah’, de Paul Haggis.
- ‘Rebobine, por favor’, de Michel Gondry. (Leer crítica).
- ‘Enfrentados’, de David Von Ancken.
- ‘Hacia rutas salvajes’, de Sean Penn.
- ‘La banda nos visita’, de Eran Kolirin.
- ‘Margot y la boda’, de Noah Baumbach.
- ‘Escondidos en Brujas’, de Martin McDonagh. (Leer crítica).
- ‘Mamma mia!’, de Phyllida Lloyd.
- ‘Los extraños’, de Bryan Bertino.
- ‘Gomorra’, de Matteo Garrone.
- ‘JCVD’, de Mabrouk El Mechri.
CINE ESPAÑOL
- ‘Los Cronocrímenes’, de Nacho Vigalondo. (Leer crítica).
- ‘El rey de la montaña’, de Gonzalo López-Gallego.
- ‘3 días’, de F. Javier Gutiérrez.
- ‘Casual Day’, de Max Lemcke.
- ‘Los crímenes de Oxford’, de Álex de la Iglesia. (Leer crítica).
- ‘Amateurs’, de Gabriel Velázquez.
- ‘El menor de los males’, de Antonio Hernández.
PEORES PELÍCULAS
- ‘En el punto de mira’, de Pete Travis. (Leer crítica).
- ‘El último justo’, de Manuel Carballo.
- ‘Las hermanas Bolena’, de Justin Chadwick.
- ‘88 minutos’, de Jon Avnet.
- ‘Speed Racer’, de los Hermanos Wachowsky. (Leer crítica).
FUTURAS CULT MOVIES
- ‘Cloverfield’, de Matt Reeves. (Leer crítica).
- ‘Doomsday’, de Neil Marshall.
- ‘This is England’, de Shane Meadows.
- ‘Lars y una chica de verdad’, de Craig Gillespie.
- ‘Juno’, de Jason Reitman. (Leer comentario).
- ‘Las crónicas de Spiderwick’, de Mark Waters.
- ‘Joe Strummer: Vida y muerte de un cantante’, de Julien Temple.
Esperemos que 2009 nos traiga mucho mejor calibre en las producciones nacionales e internacionales que se estrenen en este nuevo año a punto de comenzar. 2008 no ha sido un buen año fílmico. En general, 2008 no ha sido un buen año para casi nadie. Por lo menos para mí.
Por eso, deseo que este Año Nuevo sea el año que definitivamente cambie nuestras vidas para bien y MUCHO CINE para todos.
FELIZ 2009 y gracias a todos por seguir el Abismo.

Series de Internet: Tú antes molabas

Ya se habló hace tiempo en el Abismo del ex reportero ‘CQC’ Antonio Castelo, un humorista con futuro que ahora triunfa dentro del poderoso medio como es Internet con la serie ‘Tú antes molabas’, dirigida por el guionista y director Adolfo Valor. En ella, ambos juegan a la autoparodia dentro del cruel mundo de la tele, utilizando la realidad y la ficción para narrar, desde el punto de vista de Castelo, la vida de un personaje que hace todo lo posible por volver al medio que le dio la fama. Castelo se interpreta a sí mismo con convicción en episodios cuyo eje temático reside en la degradación situacional y el malentendido, que es la guinda humorística de la serie. El presentador televisivo da testimonio de su diversidad como actor y cómico todoterreno, de su capacidad para convertir a un personaje creado a partir de su propia persona en un ser mezquino, torpe y arrogante, pero con un punto entrañablemente inocente.
La estructura bebe de las fuentes de la ‘sitcom’, con un cinismo y unos recursos que han ido en magnífica progresión desde el comienzo de la serie hasta llegar al mejor episodio hasta el momento, el Especial de Navidad (que podéis ver arriba). Con sólo seis episodios, ya es una obra de culto, pionera en un estilo de hacer televisión a través de Internet, de manifestación sobre las posibilidades del metalenguaje. ‘Tú antes molabas’, ciertamente, mola.
Podéis ver todos sus anteriores capítulos en la página web oficial de la serie.

lunes, 29 de diciembre de 2008

Como cada año, las 10 de Harry

Como cada año por estas fechas, además de los turrones, las borracheras, las cenas y los adornos navideños llegan las diez películas del año elegidas por el gran Harry Knowles a través de Ain't It Cool News.
Habrá que esperar, también como cada año, al día 31 para el especial de lo mejor de 2008 en este mundo abismal.

sábado, 27 de diciembre de 2008

'Back to the future': Preguntas pasadas acerca del futuro y del presente

A lo largo de mi vida cinéfila siempre ha habido algo que me ha inquietado. Se refiere a una de mis películas favoritas de todos los tiempos. Un filme taquillero de los 80 y que, por obra y gracia del tiempo, se ha convertido en un clásico irreprochable. Se trata de ‘Regreso al futuro’, de Robert Zemeckis. Probablemente, en alguno de los extras perdidos de las múltiples ediciones que han ido apareciendo a lo largo de los años hayan ofrecido la respuesta a la incógnita que he planteado en muchos coloquios y charlas con amantes de esta saga. Durante años una pregunta venía a mi mente cuando visionaba convulsamente esta obra de culto ¿Por qué son amigos Marty McFly (Michael J. Fox) y Emmet Brown (Christopher Lloyd)? ¿Qué aficiones comunes les unen? ¿Qué relación tienen exactamente? ¿Dónde se conocieron?
Veamos; Marty es un joven algo vago para los estudios que siempre llega tarde, que va al Instituto en ‘skate’, tiene un grupo algo estridente llamado The Pinheads con el que sueña con ser una estrella del ‘rock’. También le pierde que le llamen ‘gallina’ y fantasea con perder la virginidad con su novia Jennifer Parker (Claudia Welles) en un apasionado viaje al lago en un Statler Toyota 4x4. Por su parte, “Doc” Emmet Brown es un científico enloquecido, que colecciona relojes y experimenta con el tiempo, que tiene un equipo de altavoces conectado a un amplificador gigante y que roba plutonio a un grupo terrorista libio con el fin de llevar a cabo el proyecto más apasionante de su vida: una máquina del tiempo construida en un DeLorean. Otro dato a tener en cuenta según el Hill Valley Telegrapher; la mansión Brown fue totalmente destruida años antes.
Desde el comienzo, Marty y “Doc” son amigos, pero en ningún momento se establece un vínculo aclaratorio de esta amistad. Una vez presentados los personajes, el guión va engranando sus elementos narrativos de una forma inexpugnable. No es absurdo sentenciar que ‘Regreso al futuro’ tiene una estructura de guión casi perfecta. Dentro de su complejidad, los mecanismos argumentales funcionan como un lapidario dispositivo de relojería. Pero hay algo que no se desvela, que queda como incógnita: el punto de unión de Marty y “Doc”.
Las preguntas se hacen evidentes una vez vista la película ¿Se conocen en el presente de 1985 o por el contrario se conocen por primera vez en 1955 cuando Marty viaja desde el año 1985? Podría ser algo nomotético que “Doc” busque a Marty antes de 1985 con el fin ya no de llegar al cúlmen de su gran invento, sino para salvar su vida. Otras teorías apuntan a que posiblemente se hayan conocido en Hill Valley High School, con Emmet como profesor durante una época anterior a 1985, en la que “Doc” podría haber impartido clase en el centro donde estudia Marty, ya que el profesor Strickland (James Tolkan) le conoce de primera mano. Cuando nuestro protagonista asegura que llega tarde porque “Doc” ha retrasado todos sus relojes 25 minutos, Strickland, decepcionado, le recrimina “Déjame que te dé un consejo gratis jovencito… el llamado Doctor Emmet Brown es peligroso, es un loco, si sigues con él acabarás teniendo graves problemas…” ¿Por qué no? Lo que está claro es que cuando Marty viaja al pasado está sobrado de sobreinformación que utiliza para poder manipular a los personajes y hacer que un hecho imprevisible, que su madre se enamore de él por la intromisión de Marty en el desarrollo lógico de los acontecimientos, pueda desembocar no sólo en un cambio de los hechos para encauzar la historia tal y como se produjo, sino para mejorarla de cara al futuro, al presente de 1985.
En la segunda parte de esta magnífica saga, Marty viaja a través del pasado, presente y futuro con más soltura gracias al hallazgo de ése entorno espacio-temporal conocido por ambos, lo que podría sugerir una especie de ‘bucle’ de viajes en el tiempo donde las alternativas y respuestas se ampliarían hasta lo inagotable en ese periplo sin fin por diversos multiuniversos. ‘Regreso al futuro’, sobre todo en sus dos primeras partes, desenvuelve un apasionante ejemplo de ‘Historias dentro de historias’, como explica Linda Seger en ese libro de marras que anida y coge polvo en todas las estanterías de guionistas y aspirantes a ello. No hay espacio para aludir a esa paradoja en la que si Marty evita el enamoramiento de sus padres, nunca nacerá... y si nunca nace ¿cómo ha podido viajar al pasado y evitar que sus padres se enamoren? Cierto es que toda la trama está planteada desde que Marty es despertado por la alarma y una llamada de “Doc” para acabar de forma circular con una secuencia parecida en el 1985 alternativo. Pero eso… es otra historia.
Además de filme modélico, de cinta generacional de culto y de una de las más emocionantes y sugerentes muestras de ciencia-ficción de los años 80, ‘Regreso al futuro’ consumó la eficacia de la comercialidad de aquellos años con una propuesta divergente, simbolizando una época de cine de entretenimiento que impuso una senda en el cine taquillero desprovisto de condicionantes, pero asumiendo un modelo y un ‘target’ ajustado a unos tiempos que se han diluido por otro tipo de cine más asentado en el ‘mainstream’ y la necedad. La aventura propuesta por Robert Zemeckis evoca una nostalgia, un tiempo pasado que recupera lo mejor del cine comercial hace dos décadas. ‘Regreso al futuro’ es una pequeña obra maestra que sigue proponiendo una historia imperecedera dentro de los anales del cine contemporáneo.

jueves, 25 de diciembre de 2008

Especial 'Top ten' personajes navideños

10.- Chencho (Alfredo Garrido).
‘La gran familia’, de Fernando Palacios (1962).
Una de las estampas ibéricas más navideñas se representa en ese niño pequeño y cabezón vestido a lo Cristobalito Gazmoño que se pierde en la Plaza Mayor de Madrid, entre los puestos del rastrillo lleno de figuras de vírgenes, sanjosés y belenes. La culpa es del pobre abuelo interpretado por Pepe Isbert, descolocado patriarca de una familia de quince hijos que despiertan las sospechas de que ese arquitecto paciente padre (Alberto Closas) era un selecto componente de un supuesto pre-Opus Dei.
‘La Gran Familia’ es una gollería argumental tan edulcorada o más que los pasteles que les lleva a los niños el Padrino “Bufálo” (José Luis López Vázquez), que atribuye con su afectación ñoña un halo de benevolencia de pretenciosas subordinación política que subvierten un mensaje que acomoda al modelo de familia numerosa y feliz que trataba de atribuir el régimen franquista. Lo mejor, los petardos y la insubordinación de Críspulo (Pedro Mari Sánchez).
9.- Billy Chapman (Robert Brian Wilson).
‘Noche de Paz, Noche de muerte’, de Charles E. Sellier Jr. (1984).
Para Billy Chapman las Navidades simbolizan un trauma infantil difícil de superar, ya que cuando era un tierno infante que adoraba a Santa Claus, sus padres fueron asesinados delante de sus narices por un tipo disfrazado del entrañable gordo vestido de rojo y blanco. Más de una década después, trabajando en una juguetería, recibe un terrible precepto que despertará sus pretéritos y oscuros fantasmas: su jefe le ha pedido que se disfrace de Papa Noel para aumentar las ventas.
La herida del pasado se abre y, reconvertido en aquel psicópata que le arrancó su infancia, Billy sustituye el saco por un hacha y los regalos por el castigo en forma de sádicos asesinatos que “merecen” los que han sido malos. Nunca unas Navidades evocaron de forma tan siniestra el espíritu de Batman en su reconversión de epifanía y maldad.
8.- Kevin McCallister (Macauley Culkin).
‘Solo en Casa’, de Chris Colombus (1990).
Kevin McCallister, a pesar de su irritable tono repipi, supone un nostálgico icono de un cine ‘ochentero’ que daba sus últimos coletazos a comienzos de la década de los 90. Una familia numerosa que se va a Francia dejando al más insurrecto de sus miembros olvidado en Chicago. Una lección de supervivencia en la que el pequeño aprenderá a subsistir e incluso salvaguardar su casa de los ladrones Harry y Marv, que padecen el ilógico salvajismo de un no tan dulce niño de ocho años.
Aventura infantil por antonomasia de los 90 que bebe del ‘slapstick’, ‘Solo en Casa’ proporcionó una de las películas familiares más antológicas de los últimos tiempos. Una cinta llena de humor, de mala hostia y de una estructura narrativa inspirada directamente en el cine de John Hughes (productor de esta película). A destacar, el desparpajo de un Macauley Culkin (antes de andar con Michael Jackson), el orondo John Candy como líder de una banda de Polka y la magistral partitura de John Williams en una de mis predilectas óperas navideñas menos valoradas.
7.- Stripe.
‘Gremlins’, de Joe Dante (1984).
Al líder más protervo de los Gremlins, el conato de punkie llamado Stripe, le gusta la Navidad, le gusta robar los regalos, le gusta la nieve, le gustan los villancicos y sobre todo, le gustan los excesos de diversión sin fin que traen estas fiestas y que conllevan al vandalismo llevado al extremo, cosa de la que Stripe y sus acólitos saben mucho. Sobre todo si nuestro antagónico bicho se da un chapuzón en una piscina olímpica.
‘Gremlins’ tal vez sea la película más mordaz hecha nunca contra la Navidad. Y eso que es una cinta infantil y juvenil. Circula en su trasfondo un mensaje ‘antinavideño’ de brutalidad exacerbada, de un cinismo y maldad tal vez excesivos. Esa malévola Ruby Deagle espetando a una madre delante de sus hijos que si no tiene dinero se lo pida a Santa Claus, el enrarecido ambiente totalmente navideño lleno de luz, pero, sobre todo, la atroz confesión de niñez de Kate Beringer (inolvidable Phoebe Cates) sobre el terrible descubrimiento de la muerte de su padre obstruido meses antes en la chimenea cuando pretendía sorprender a su mujer y su hija vestido de Santa Claus. ‘Gremlins’ es una obra de culto, imprescindible, desalmadamente deliciosa y una referencia generacional en toda regla para aquellos que amamos regresar cada año a Kingston Falls.
6.- Willie T. Stokes (Billy Bob Thornton).
‘Bad Santa’, de Terry Zwigoff (2004).
Uno de los últimos y más mitológicos personajes añadidos a la galería de la Navidad cinematográfica es Willie T. Stokes, un infame ladrón, borracho, pendenciero y malhablado que no duda en acostarse con jóvenes camareras con sexuales filias fetichistas por los disfraces de Papa Noel, preparar junto a su compinche enano Marcus (Tony Cox) robos en los grandes almacenes en los que trabaja que termina encontrando el espíritu de las Pascuas en un niño gordo y medio imbécil cuya máxima esperanza navideña es que Santa Claus le traiga un elefante violeta como regalo.
Terry Zwigoff recreó una comedia despiadada y misantrópica, ejemplarizadora, políticamente incorrecta que sustenta su eficacia en un malsano humor negro sobre aquellos perdedores a los que el patetismo existencial aúna en la frustración y el fracaso en contra del conservadurismo propicio de las Navidades.
5.- El Sr. Mojón (Trey Parker).
‘South Park’, de Trey Parker y Matt Stone (1997).
Es la más brutal de las efigies alegóricas de la Navidad actual. El Señor Mojón es una mierda, en el concepto físico de la palabra. Un trozo de caca que simboliza esa noción de fiesta navideña aceptada por los habitantes de ‘South Park’ (y, por extensión, al resto de aquellos que han dejado de creer en estas fechas). Sin embargo, a pesar de su naturaleza, el Señor Mojón conlleva una actitud fraternal y tradicional de las entrañables fiestas. Encomia la amistad, los buenos sentimientos y la sana devoción por la fibra y la regulación intestinal.
Trey Parker y Matt Stone crearon el escatológico personaje sin saber que se convertiría en un icono navideño imperecedero. El ‘spot’ publicitario de su lanzamiento que contenía unas redes para coger los mojones del water y un ‘kit’ de accesorios para crear tu propio Mojón es uno de los momentos más delirantes de la serie: “Qué pena que papá no esté vivo”. El Sr. Mojón es uno de los roles catódicos más asombrosos y originales que ha dado la televisión en los últimos años.
4.- Francis Xavier Cross (Bill Murray).
‘Los fantasmas atacan al Jefe’, de Richard Donner (1988).
Charles Dickens creó a Scrooge como representación de la ‘Anti-Navidad’ en un sibilino y amargado viejo cuyo odio le granjea el respeto de un pueblo al que tiene atemorizado por su excesiva maldad. Esos tres fantasmas del pasado, presente y futuro que abren el oxidado corazón del resentido anciano han sido llevados en varias ocasiones al cine y la televisión. Pero no con tanta fortuna como Mitch Glazer y Michael O'Donoghue para la cinta de Richard Donner ‘Los fantasmas atacan al Jefe’, siniestra comedia encabezada por el mítico Bill Murray que disfruta cada gesto de cinismo de Francis Xavier Cross, un Scrooge actualizado, directivo de televisión que abarca los defectos más tradicionales del poder; la tacañería, el menosprecio a toda la sociedad, la ingratitud, la implacabilidad y un cruel sentido del humor.
Cierto es que muchos son los que acometen contra la cinta de Donner, ultrajándola por su fácil comercialidad, pero lo cierto es que ‘Los fantasmas atacan al Jefe’ sigue teniendo un difícil hechizo con inabordables virtudes cómicas y narrativas. Los tres fantasmas son impagables y esos cameos de todos y cada uno de los hermanos de Murray resultan de lo más anecdótico. Una película para almas caritativas impregnadas de un cínico humor negro que aún creen en la Navidad.
3.- El Grinch (Jim Carrey).
‘The Grinch’, de Ron Howard (2000).
Personaje surgido de la imaginación del gran Theodore S. Geisel (más conocido por todos como Dr. Seuss) y llevado a los fastos de los dibujos animados más memorables con aquella narración impoluta de Boris Karloff, el Grinch es un simpático personaje de malévola sonrisa que pretende robar todos los adornos navideños a los habitantes de Whoville.
A pesar de ser un antipático y peludo monstruo verde que vive en lo alto de la montaña en compañía de su perro, el Grinch cae bien, porque personifica perfectamente la Navidad moderna asumida como una farsa comercial sin espíritu, llena de derroche y estética. En la cinta de Ron Howard, protagonizada por Jim Carrey, ‘The Grinch’ se centra en Cindy Lou Who, esa dulce niña que intentará averiguar por qué el Grinch detesta tanto las Navidades. La pena es que la obra del Dr. Seuss sea tan desconocida en España.
2.- Jack Skellington (Danny Elfman).
‘Pesadilla antes de Navidad’, de Henry Sellick (1993).
Jack Skellington es el siniestro guía tótem del oscuro pueblo de Halloween, cuya subsistencia es la celebración de esta tradicional fiesta pagana. Por accidente, Jack descubre la puerta al estético y luminoso mundo de la Navidad, que despierta su lógica fascinación. Hipnotizado por este nuevo mundo, Jack elabora así un funesto plan: secuestrar a Santa Claus y sustituirle para mezclar lo mejor de la pascua y lo más divertido del tétrico Halloween.
Skellington es un clásico moderno, un ejemplo de la imaginería sin límites de Tim Burton en manos de un Henry Sellick en estado de gracia, con personajes inmersos en un universo de lúgubre lucidez, rodeados de tristes muñecas de trapo que ejercen de brujas, esperpénticos personajes de sombría raigambre, científicos simbolizados en ‘mad doctors’, el avieso Oogie Boggie y un poso de refulgente cinismo que convierten a ‘Pesadilla antes de Navidad’ en una obra imprescindible en la Historia del Cine Moderno.
1.- George Bailey (James Stewart).
‘¡Qué Bello es Vivir!’, de Frank Capra.
George Bailey es un sufridor nato, un tipo con buen corazón que ha estado siempre sometido a los deseos de los demás sin esperar nada a cambio. Le salva la vida a su hermano Harry, es capaz de soportar estoicamente una paliza del Sr. Gower porque éste ha perdido un hijo y, por último, se hace cargo del negocio de su familia cuando muere su padre, malogrando su inquietud aventurera. Sólo un ángel bastante desgarbado y lerdo llamado Clarence (Henry Travers) que quiere conseguir sus alas es capaz de hacerle ver al pobre Bailey cómo hubiera sido la vida de los que le rodean si él no hubiera existido en el momento en que está a punto de suicidarse.
Clásico irrefutable que supone la gran obra maestra de Capra, ‘¡Qué bello es vivir!’ es una hermosa fábula de buenos sentimientos, filantropía existencial y un trasfondo social de calado esperanzador y reflexivo. Inolvidable la frase de “Ninguna persona es prescindible, si tiene amigos”, imposible no enamorarse de Donna Reed o admirar la mala hostia del Sr. Potter (interpretado por Lionel Barrymore). Siempre es toda una experiencia volver a la pacifica Beldford Falls.
Y aquella canción… “Búfalo no puede dormir, no puede dormir…”.

lunes, 22 de diciembre de 2008

FELIZ (y Abismal) NAVIDAD 2008

Con el tradicional Gordo del Sorteo Extraordinario de esta mañana ha dado comienzo la Navidad 2008. Aunque si nos atenemos a la campaña previa comercial, estas fiestas llevan casi mes y medio instaladas en las estampas de los grandes centros comerciales. Ya están aquí la época idealizada y luminosa que sirve como excusa para el desfase total; es la hora de salir de fiesta, de emborracharse, de tirarle los trastos a la compañera de trabajo, de proponerse sin éxito ser mejor persona, de cenar en familia, de aburrirse, de sonreír sin ganas, de comer y beber de todo sin control. Durante varios días de fiesta, se alternan toda clase de opulentas cenas y comidas con compañeros del curro, con amigos y familiares, Nochebuena con Navidad, Nochevieja con Año Nuevo, cena de antiguos compañeros, habituales cogorzas semanales con los amigos. Fiestas arraigadas a las guirnaldas, al muérdago, a las luces de colores, a los belenes, a un pequeño pino talado violentamente para goce efímero de la vista, a la predisposición de los buenos sentimientos convertidos a la mínima de cambio en encendida mala hostia. Eso es la Navidad.
Acudiendo a la Historia, en las épocas romanas, la Navidad era un festival que honraba a Saturno o Mitras. Es más, según muchos historiadores y estudiosos de esta materia, Jesucristo no nació ni en diciembre ni en enero, sino con toda probabilidad en septiembre. Pero la historia nos la sopla si el pretexto es la diversión sin freno. La Navidad es algo más. Es un cúmulo de alegría estética de guirnaldas e iluminación hipnótica. El concepto de Navidad está más allá de la parafernalia consumista, porque a cuando llega la hora de celebrarla, abrir regalos y apreciar ese ambiente frío y resplandoroso de las calles iluminada cuando uno sale de fiesta hasta altas horas, todos se apuntan al carro navideño. La idea es pasárselo bien, como todo lo importante en esta vida. No importa si este año las cestas son ridículas y se han rellenado con embutido barato y vino de mesa. Estamos en crisis y hay que aguantarse. Es hora de disfrutar y adornar nuestros hogares, de comer sin freno y de procurar reírnos de todo. Es la tradición inquebrantable que todos tenemos que pasar, queramos o no. Por eso, es aconsejable hacerlo con alegría.
Desde el Abismo, os deseo una Feliz Navidad y un próspero año nuevo que se porte mejor que este 2008 que vamos a finiquitar de una vez. Nos merecemos una oportunidad para cumplir nuestros sueños y este nuevo año puede ser la gran oportunidad. Sólo hay que poner un poco de empeño y no perder la esperanza.
Un abrazo a todos y un beso a todas.

sábado, 20 de diciembre de 2008

Lista de nominados de XXIII edición de los Goya

Uno de los eventos prenavideños siempre viene dado por la lista de candidatos que optarán a los Goya. Este año, como en otros, la cosa se prevé bastante insulsa, en unos premios que cada día son más acomodaticios en cuanto al riesgo de sus resultados. Y eso, teniendo en cuenta que la última película premiada con el máximo cabezón fue ‘La Soledad’, de Javier Rosales.
Este año dos películas son las que más candidaturas acaparan; ‘Los girasoles ciegos’, de José Luis Cuerda y ‘Sólo quiero caminar’, de Tano Díaz-Yanes, con quince y once respectivamente. Más interesantes son las otras dos candidatas a mejor película y que les siguen en cuanto a número de nominaciones a las dos citadas cintas; ‘Los Crímenes de Oxford’, de Álex de la Iglesia, con seis, y ‘Camino’, de Javier Fesser, con siete. Poco más hay que destacar. Si acaso, que Nacho Vigalondo ha sido recompensado con una mención por su ‘ópera prima’ ‘Los Cronocrímenes’ como mejor cineasta debutante, pero en la lista no se en encuentra por ningún sitio a Javier Gutiérrez por su estupenda ‘3 días’ ni a Gonzalo López-Gallego por la película revelación del año ‘El rey de la montaña’.
Esperamos así otra bochornosa noche de ridículos, inconsecuencias, gala soporífera y los galardonados previstos. Y entre estos, destacará uno en particular, el del tío Jess, Jesús Franco, que recibirá un más que merecido Goya de Honor por una vida plenamente dedicada al séptimo arte.
Antentos a la nominación de mejor película europea a ‘The Dark Knight’. Spain is different.
La lista de candidatos, en El País.

miércoles, 17 de diciembre de 2008

Review 'Crepúsculo (Twilight)'

La insulsez del vampiro adolescente
Los fenómenos literarios adolescentes suelen ser, por norma, una moda que produce unas ventas multitudinarias llevadas a cabo por enormes maquinarias de promoción que contribuyen a difundir y multiplicar estos milagros efímeros. Como la saga de ‘Harry Potter’, que bebió de las fuentes de los ‘best sellers’ modernos, llega el nuevo grito juvenil que acapara la atención de la muchachada internacional con aficiones literarias monopolizadas por la globalización dictatorial: ‘Crespúsculo’. Es la primera entrega cinematográfica de la saga de literatura adolescente creada por Stephenie Meyer.
Todo un fenómeno fan que, dadas sus millonarias ventas, está llamado a suceder al todopoderoso y acaudalado producto de J.K.Rowling. Sabedores del potencial cinematográfico de esta novedad, la película dirigida por Catherine Hardwicke se aprovecha del oportunismo desde el reciclaje y el estereotipo, de la genealogía del vampirismo comercial de los 80 hasta la estirpe más clásica del mito adolescente y el amor doliente e imposible que bebe de la cultura popular.
La historia de ‘Crepúsculo’ se nutre del romanticismo inconsecuente entre un vampiro y una humana muy inteligente que deviene en empalagoso fárrago de ideas y conceptos vistos una y mil veces, sin ocultar su inocencia y poca pretensión a la hora de entregarse a la cursilería ‘teen’, a la idiotez de amor de instituto, a la necedad rosácea impúber que embelesa a los seguidores del tipo de entes multitudinarios del tipo Hannah Montana. Es decir, que se trata de una película manufacturada para chavales aficionados a la efímera novedad instrumentalizada por los medios de comunicación para convertirse en productos ‘mainstream’ con cierta repercusión en el ámbito social.
Su estilo oscuro y nostálgico, su espíritu trágico y ‘shakesperiano’ no son más que una excusa para el decoro de las imágenes idílicas, de los juegos de miradas, de los ralentís cargados de aparente profundidad, pero empapados de una vacuidad absorbente sin riesgo ni transgresión. Y lo que es peor, sin interés. En este sentido, por mucho que pueda gustar ‘Crepúsculo’ a los jóvenes, ésta no deja de ser otra película de éxito perecedero destinada a perderse en el olvido del cine. Por mucha referencia generacional que se le pretenda colgar.
Miguel Á. Refoyo "Refo" © 2008

miércoles, 10 de diciembre de 2008

Rumbo a Dublin

Gracias a los vuelos ‘low cost’, a la providencia de fechas tan cercanas a la Navidad y, sobre todo, la imperiosa necesidad de escapar unos días de la cotidianidad, nos vamos a Dublin. Es necesario. Los acontecimientos que tuvieron lugar dentro de las truncadas vacaciones norteñas han hecho que este nuevo viaje sea la única y exclusiva oportunidad para escapar de la realidad e intentar regresar todo a su cauce de este desastroso 2008. Es hora de olvidar la locura y el drama. Las cosas se han desordenado demasiado como para no querer disfrutar de estos cuatro días entre Guinness, el Trinity College, el Temple Bar y varios instantes de fuga que se prevén como un páramo mental y físico.
Llega la evasión. Voy a emborracharme hasta caer al suelo a base de cerveza negra. A ingerir tanta ‘stout’ que reviviré el espíritu de Molly Malone allá donde vaya. Tampoco hay miedo a las dioxinas en la carne. A estas alturas, las neuronas ya no sirven para nada. Hay que disfrutar hasta el final.

Review 'Quantum of Solace'

Un paso atrás en la desmitificación
La última aventura de Bond mantiene con estragos la funcionalidad de ‘Casino Royale’, donde la acción lo es todo, dentro de un guión demasiado irregular que no supera las exigencias.
‘Quantum of Solace’ pretende seguir la estela dejada por la sorpresiva ‘Casino Royale’ en su intención de marcar distanciamiento propio merced a ofrecer una visión específica y diferente del agente 007. Si en aquélla se reforzaba el carácter humano y emocional haciendo hincapié en la inseguridad, las dudas y fondo realista del mito creado por Ian Fleming, aquí las cosas no cambian. Como secuela de iniciación a un nuevo rumbo respecto al personaje, el Bond personificado por Daniel Craig sigue presentándose como un tipo acerbo y obstinado, visceral y despiadado con las misiones que acomete, rayano en la brutalidad inhumana de algunas de sus acciones para con sus enemigos. El nuevo 007 es un tío duro y enardecido, que no tiene tiempo para el ‘glamour’, la sofisticación y que acentúa su carisma a base de hostias inmersas en un ritmo sin freno, que no deja respiro a un espectador alucinado con la fuerza bruta del agente al servicio de su majestad y sus decisiones ante las contrariedades de su cometido.
La historia arranca instantes después del epílogo de la anterior cinta dirigida por Martin Campbell, cuando Bond, cegado por la venganza en compensación por la muerte de Vesper, el amor de la primera entrega, inicia una nueva misión para desgranar una sombría organización secreta llamada Quantum, poseedora de contactos y cómplices de alto grado gubernamental y social que se dedica a sobornar a la política internacional dado su poder sobre materias primas de primera necesidad. James Bond utilizará los viajes y averiguaciones para esclarecer el caso como excusa para encontrar al hombre que vendió a Vesper y poder llevar a cabo su violento desagravio. ‘Quantum of Solace’ transcurre así con vaivenes entre Europa y Sudamérica, dejando al paso de este peligroso y controvertido espía un reguero de sangre y cadáveres, en busca de no se sabe muy bien qué, puesto que los guionistas, Paul Haggis, Neal Purvis y Robert Wade, proponen una misión algo inexacta.
Lo único que el espectador sacará como conclusión es que Bond es un culo inquieto que lucha contra varios frentes; la organización que lidera Dominic Greene, el filántropo ambientalista que esconde un villano con poco carácter, la C.I.A., que considera a Bond un traidor y un asesino, el propio MI6 y toda la policía mundial. El problema de esta secuela es que, en su énfasis por aportar un argumento que pretende ser complejo, no es mas que un falso artificio. Haggis y compañía aspiran a que, por medio de la acción descontrolada, haya espacio para una coherente construcción de personajes y contextos, pero no funciona. Al contrario que ‘Casino Royale’, la acción y la incertidumbre sobre un fondo argumental no esconde ninguna profundización en los dilemas morales y la ambigüedad de sus personajes principales. Directamente, la acción aquí lo es todo. No importa mucho ese tormento del personaje, la tragedia interior que le mueve a apretar el gatillo antes de preguntar, sino que es substancial que prevalezca el movimiento adrenalítico por encima de la gravedad dramática. Un elemento superficial utilizado como pretexto, que precipita las escenas de acción sin inquirir en el motivo por el que se mueve la historia.
‘Quantum of Solace’ se define por lo bien que da caña a su archiconocida “licencia para matar” el agente 007, haciendo de las peleas, las persecuciones, las huidas y las muertes algo más visceral que racional, siempre bajo la pétrea mirada de un personaje curtido y cicatrizado que procura levantar esa doble vertiente de innovación en el icono literario; un individuo que, pese a su heroicidad y carisma, despliegue un fondo de compasión. El nuevo James Bond ha mutado en sus aventuras, el clasicismo queda a un lado. Su indestructible periplo por el mundo del hampa no es óbice para arrastrar al público (o al menor eso parece) a sus tragedias introspectivas subsanables con dosis de venganza. Por eso, este nuevo Bond es más taciturno, melancólico y avieso que el que se mostró en ‘Casino Royale’. Por eso, también, a este nuevo Bond de esta segunda parte, le falta el humor cínico, la elegancia chulesca y el estilo reinventado de su primera función.
Sin embargo, han cuidado muy bien su actitud temeraria y vengativa frente a los villanos, puesto que Bond sigue manteniendo una esfera de justicia intachable y leal a la Corona, a su país y al mundo, por mucho que actúe promovido por el egoísmo. En ése sentido, ‘Quantum of Solace’ sigue los designios de readaptación genérica, prolongando la innovación narrativa de referencias argumentales y visuales, olvidando los desgastados arquetipos del pasado y haciendo, de forma inteligente, que se considere más importante la forma respecto al fondo. Las intachables secuencias de acción se nutren de una cuidada utilización del sonido y del montaje, donde la acción es el epicentro de cualquier convulsión argumental, fusionando a golpe de ‘set pieces’ el desarrollo de una historia endeble pero autoconsciente de sus limitaciones. Y es donde esta vigésimo tercera adaptación de Bond al cine encuentra su mejor aliado.
Se podía prever a un Marc Forster desubicado dentro de una saga que no se identifica mucho con su arte, un cine más intimista y poco dado a la hemostática fanfarria de acción sin freno. Pero lo cierto es que, despojado de su nervioso y enfático arranque, el director de ‘Finding Neverland’ dispone con oficio un talento al servicio de esa extraña mezcla entre arbitraria complejidad y su exposición incongruentemente superficial y frívola. Y sí, es cierto. Se ha escrito una y otra vez hasta el agotamiento, pero este nuevo Bond le debe su existencia, personalidad y movimientos a la saga de Bourne. Es lo que concede esa remodelación desde sus bases, de esa buscado realismo y credibilidad de la acción, sin levantar el pie del acelerador, con la consabida cámara en mano e iluminación y montaje de ritmo vehemente. Es lo que la distancia de las visiones de James Bond, pero, a la larga, es lo que le hace perder enteros, lo que enflaquece la coherencia con la delimitación entre el clasicismo de la saga y esta renovación a los tiempos modernos.
Sin duda alguna si algo tiene estas nuevas aventuras de 007 es la masculinidad ruda y sin complejos, muy física e hierática que impone Daniel Craig al personaje. Él sólo es capaz de acaparar todas las miradas dentro del filme. Entre otras cosas porque, salvo el personaje de M. que ya no es concebible sin el rostro de la gran Judi Dench, los demás roles secundarios carecen de empaque y poseen poco peso específico en el total de la película. De ahí que el villano de turno interpretado con solvencia por Mathieu Amalric no sea excesivamente amenazante, ni que Jesper Christensen, Jeffrey Wright, Giancarlo Giannini o Joaquín Cosio tengan mucho que decir. Tampoco que esa chica Bond interpretada por Gemma Arterton Strawberry Fields sea más que un mero escarceo innecesario para ver que Bond sigue siendo irresistible (y de paso sea excusa para un homenaje a ‘Goldfinger’). Ni siquiera se puede destacar la sugerente y agradecida belleza de la modelo Olga Kurylenko, cuya presencia deslumbra en pantalla, pero que no es más que un hermoso rostro de decoro, más que un personaje con identidad propia y trascendente.
‘Quantum of Solace’ se une al nuevo cine de género que ha cambiado a un perverso malvado sin entrañas por algo más tangible y cercano al mundo actual. El villano ya no es un hombre sin escrúpulos. El malo de la función personifica al miserable representante del mal moderno y el orbe mundial que defiende sus intereses a cualquier precio en nombre de las multinacionales explotadoras en un universo de corrupción en el que convivien políticos y especuladores, dirigentes y villanos que tejen movidas económicas sin pensar en los abusos económicos por encima del valor humano.
Esta última aventura de Bond mantiene con ciertos estragos su funcionalidad respecto a ‘Casino Royale’ y parece salir indemne en su evolución de la desmitificación de la imagen del superagente secreto sin defraudar a mitómanos y espectadores ajenos al clásico. No faltan enredadas maquinaciones políticas, complots de intereses con recursos naturales de por medio, políticos manchados de sangre, dobles agentes y los elementos que se esperaban de esta nueva película de Bond. Su final hace albergar esperanzas en la saga. Bond deja a un lado su vena más libertaria y contestataria, más personal. En su conclusión, el viaje a los inicios del agente ha concluido. Bond ha crecido en sus impulsos vengativos, pero los logra aplacar y lo personal parece quedar a un lado. Está preparado para asumir misiones con directrices propias, manipuladas por M. Puede que, a partir de ahora, con los errores cometidos aprendidos, la siguiente secuela o adaptación se ponga al nivel de ‘Casino Royale’. Para un buen Bond es necesaria una buena historia. Y el guión de ‘Quantum of Solace’ no lo es. Así de simple.
Miguel Á. Refoyo "Refo" © 2008

lunes, 8 de diciembre de 2008

'La carretera'

La densa y gris capa de ceniza va cayendo sin remisión en forma de enferma lluvia. El mundo, tal y como lo concebimos, no existe. Los vastos parajes que antes albergaban árboles y vegetación han dejado la desoladora lobreguez de un paisaje sin vida. En un futuro post-apocalíptico, escenario de radical pesimismo, Cormac McCarthy omite cualquier acotación o referencia explícita para esclarecer el envolvente contexto que empapa cada acción, cada palabra y cada hoja de esta novela irrepetible titulada ‘La carretera’. Un entorno donde la violencia amenaza silenciosa a ese padre y a su pequeño hijo encaminados hacia un rumbo desconocido, que avanzan muertos de hambre y de frío por una carretera acompañados de un carrito de supermercado con bártulos y poca comida, hacia el sur, buscando el mar, sumidos en el miedo, la incertidumbre y la desesperanza. Es una eficaz narración de supervivencia, de iniciación, de búsqueda y, por último, una hermosa historia de amor paternofilial que reflexiona sobre nuestro mundo, sobre la proximidad de una sociedad descompuesta sumergida en el caos.
McCarthy propone así una parábola contundente y sobria, que encuentra en la desnudez de sus elementos sus mejores valores literarios, logrando además anular la recreación épica, haciendo que incluso la frialdad y el detallismo resulten inquietantes e incómodos para el sobrecogido lector. Se trata de un viaje a un mundo sin futuro, parabólico, que esgrime un lenguaje incisivo y minimalista en las descripciones, alejado del boato decorativo, pero que se sostiene con un perfecto grado de un lirismo sombrío que define ese infecundo paisaje cubierto de ceniza por el que el padre y el hijo encaminan sus pasos en un indefinido éxodo hacia la nada.
El frío, la oscuridad y el miedo componen la esencia de una fábula en el que realismo que desprende cada palabra de McCarthy ahonda en el sentido vital de la necesidad de creer en una esperanza que se desvanece con el razonable desánimo a la hora de encontrar una salvación, pero que se contrapone a la actitud del niño, único personaje capaz de creer en la bondad, en la compasión y en la libertad.

miércoles, 3 de diciembre de 2008

El regreso de 'Ghostbusters'... es una realidad

Tantos años esperando el regreso de ‘Ghostbusters’ y por fin se ha hecho realidad.
Es una noticia muy esperada, por supuesto. Sin embargo, no será en una pantalla de cine. La cinematografía está perdiendo su interés por un coloso del ocio que le come el pan a pasos agigantados. ‘Cazafantasmas’ tendrá su regreso en un videojuego que Atari ha anunciado en colaboración con Sony Pictures y el aclamado estudio de desarrollo Terminal Reality. El esperado evento en forma de juego saldrá a la venta coincidiendo con la celebración del 25º Aniversario de la película dirigida por Ivan Reitman y contará no sólo con los guionistas originales de la película, Harold Ramis y Dan Aykroyd, sino que además ha reunido a los miembros del reparto original, por primera vez, 20 años después.
Bill Murray, Dan Aykroyd, Harold Ramis y Ernie Hudson han prestado sus voces y su imagen para sus respectivos avatares virtuales en una historia original que se sitúa dos años después de ‘Cazafantasmas II’, con una Manhattan repleta de nuevo de fantasmas y fuerzas sobrenaturales. El juego también contará con las actuaciones de William Atherton (Walter Peck), Annie Potts (Janine Melnitz) y Brian Doyle-Murray (en el papel del Mayor Jock Mulligan), también aclamados por los fans de esta franquicia inmortal.
2009 traerá este ‘revival’ nostálgico con un producto que se presentará como una superproducción para las plataformas Playstation®3, Xbox 360®, Windows® PC, Wii y Nintendo DS™.
Aquí tenéis algunas capturas de lo que será uno de los acontecimientos dentro del entretenimiento audivisual del próximo año. (Pinchad las imágenes para verlas en grande).