jueves, 16 de octubre de 2008

III Muestra de Cortos de la Audiencia

Hace quince días, la cita con el cortometraje tuvo lugar en La Audiencia, uno de los puntos ineludibles con el género dentro del panorama nacional en cuanto a muestras se refiere. Salamanca volvió a ser el centro de atención durante tres días en los que, bajo la tutela de un siempre dispuesto y diligente Rubin Stein, se pudieron visionar algunos de los trabajos más representativos de los últimos años dentro del ‘mondo corto’ nacional.
La recepción pública del primer día fue un poco más fría comparada a la de otros años, con menos expectación que la levantada en las anteriores ediciones, pero no por ello la calidad o el trato mermaron el resultado final de la fiesta. Puede achacarse este insustancial lastre a un admisible problema de logística, de falta de previsión, de precipitación, si se quiere, pero la explicación se encuentra en que el curso universitario apenas había arrancado. Lo que ha hecho que esta III Muestra no haya sido lo cálida y popular que hubiera gustado. No obstante, es un hecho puntual, porque no resta ni un ápice al mérito de sus responsables y organizadores y el éxito en cuanto a trabajo y a corolario cinematográfico logrado.
Los cortos exhibidos a lo largo de otras tres memorables jornadas respetaron la idea con la que se originó este necesario encuentro de jóvenes cineastas: el de congregar a nuevos cortometrajistas junto a los ya consagrados y también al público amante del género, que ve la oportunidad de acercarse a través de sus responsables a los trabajos llenos de ilusión que componen la muestra. Es una ideal fusión de talento que representa de lo más distinguido del cine en pequeño formato dentro de nuestro país. La Audiencia es, por tanto, un evento más que necesario que debe seguir su lógica evolución.
En esta nueva aventura no faltó absolutamente nada de las ediciones de 2006 y 2007; principalmente, la presencia de todas y cada una de las figuras que componían su atractivo cartel, ni los apasionantes ‘cineforums’ posteriores a la proyección de los cortometrajes, ni el buen ambiente que siempre se respira en el local del hospitalario Joserra. Ni tampoco la presentación del mítico Bruto Pomeroy. Ni siquiera las ulteriores noches locas, en las que público, organizadores, directores y amigos se unen en una devoción por las juergas que identifican la noche salmantina.
La III Muestra de La Audiencia nada tiene que envidiar a sus precedentes. Ni, por supuesto, a ninguna de las demás muestras que se puedan encontrar a lo largo y ancho del panorama nacional. Algo que hay que tener muy en cuenta para la larga vida de este entrañable proyecto.
Miércoles 1 Octubre
La cosa no pudo comenzar de mejor manera. El gran protagonista de la noche, el joven realizador gallego Jairo Iglesias, inició su exposición con ‘Llámame’, con la diversión y el desparpajo de esta simpática pieza en vídeo en el que un hombre y una mujer desconocidos juguetean lascivos en un bar para terminar haciendo partícipe al espectador con un final de ‘reality’ imbuido en la ironía de los nuevos tiempos televisivos. Prosiguió ‘Claustrofobia’ es un provocativo trabajo en el que dos personajes, uno de ellos en la piel del ganador del Goya Tamar Novas, incitan con sus comentarios a aquellos vecinos que van entrando en un aséptico ascensor. Tras este avance, se llegó a los que son sus más reconocidos trabajos hasta la fecha. A excepción de ‘Cicatrices’, los dos cortos proyectados desplegaron el talento visual de este realizador de inmenso futuro. Dos piezas que tienen como objetivo una mirada personal y equidistante a la Guerra Civil, dentro del entorno gallego del que proviene este inquieto creador.
‘Cores’ utiliza el conflicto bélico como fondo para narrar el choque entre dos soldados atrapados en la guerra, donde uno de ellos, a pesar de luchar por un bando concreto, no entiende ni de ideologías ni de colores. Su inocencia y su daltonismo le hacen un blanco perfecto para cualquier rival, si no fuera porque su antagonista reconoce el miedo y la incongruencia de la batalla. Iglesias conforma una mirada realista y lírica a la contienda, muy cercana al realismo mágico y arraigado a su tierra. Destaca su visualidad, su poder narrativo y la profundidad con la que logra captar el sentir de los personajes. Sin pretensión y desprovisto de superficialidad. Así se puede definir el cine de Jairo.
Virtudes que repite en ‘1936. Ribadeo’, una propuesta similar, de corte bélico, también con dos personajes enfrentados, esta vez del mismo bando, sumidos en un conflicto mucho más importante que el que les rodea; el enfrentamiento personal con hechos del pasado que poco tiene que ver con la Guerra Civil. En ambos y muy premiados trabajos, Jairo Iglesias define un incipiente estilo de calado íntimo, depuradamente visual y con un encomiable porvenir.
David Valero, por su parte, presentó uno de los dos cortos que presentaba en la muestra este año ‘Me está mirando’. Sin embargo, su trabajo más acabado y reconocido, ‘Niños que nunca existieron’, se exhibiría el día después, por lo que le tocó el turno al trabajo que fue presentado a la última edición de Notodofilmfest.com y que está protagonizado por José Solaz y Manuel Rodríguez. Se trata de una breve comedia sobre el encuentro de dos antiguos amigos que comienzan a discutir sobre una mirada fugaz sin objetivo aparente, que acaba con el enfrentamiento de todo aquel que pasa por allí.
Pero la sorpresa fue ese corto titulado ‘Gritos al atardecer’, representante de la caspa sin prejuicios de la juventud, la desenvoltura y las ganas de cachondeo en un corto a medio camino entre el ‘gore’ y el cachondeo determinado en la imborrable imagen de un bocadillo de chorizo asesino cantando “Chiquilla” y lanzándose a matar a uno de los jóvenes protagonistas que son víctimas de una maldición provocada por una invocación demoníaca.
La noche terminó con el también muy ‘freakie’ ‘El ataque del increíble hombre de las manos pringosas’, homenaje a la serie B policíaca y de Ciencia ficción de los años 50 por parte del sin par Sami Natsheh. Es una certera visión al género, donde no falta materia y lugares comunes a sus estereotipos, a las acciones y personajes de dos géneros que se entremezclan con gran capacidad de entretenimiento pese a la duración del corto (20 min.). Natsheh da un recital de desparpajo y manejo de la cámara, de la reinvención de situaciones estrambóticas y de un humor que reside en una enfocada acepción de carácter nostálgico y revisionista. Como no menos ‘freak’ fue uno de sus primeros trabajos realizado en una tarde, con una cámara de mano y con amigos. pusieron punto y final a un primer día que siguió, como no podía ser de otra manera, con la consecuente fiesta nocturna que llevó a los directores y a parte del ‘staff’ a buscarse el esparcimiento dipsomaníaco en bares con barra libre de cerveza a 4 euros, sitios medio vacíos y discotecas atestadas de renovada juventud universitaria.
Jueves 2 de octubre
Rescatando un par de trabajos que iban a proyectarse la primera día, David Valero y Sami Natsheh, presentaron sus más destacados proyectos. Valero habló de las interioridades de su corto más aplaudido: ‘Niños que nunca existieron’, apasionada y cuidada obra que traslada al espectador a la realidad de unos infantes que sobreviven perdiendo su niñez en un mundo amenazante y cruel, donde la guerra y los disparos son el día a día de unos mártires sin futuro. Cortometraje que se asocia al cine de autor, a la calidad narrativa, sin que se renuncie a un discurso y reflexión a la altura. Valero golpea con sus imágenes a la emoción del espectador, hasta rebasarlo con unos títulos de crédito que tienen el colofón final con la suerte de uno de los protagonistas. Destaca la naturalidad de unas interpretaciones fascinantes, teniendo en cuenta, como contó el propio realizador, que se trataba de niños sin experiencia previa en el mundo actoral. De Natsheh, quedaba también su cortometraje más reconocido.
Si en la jornada anterior, la ficción fue la muestra de este inquieto joven creador, ‘Spaghetti Western’ simboliza la cima (hasta el momento) de su conocida faceta como creador de animación. Se trata de un sincero homenaje al género tan profuso a mediados de los 70 que revolucionó la forma de ver el ‘western’ y que tanto se ha revisitado posteriormente. Y lo hace literalmente, puesto que los animados protagonistas del corto son spaghetti, macarrones, fideos… que disparan Ketchup en vez de balas. Con unos fondos de la Almería real y la voz del conocido actor Paco León, esta maravilla de la animación nacional, levantó aplausos ante una simpática historia llena de vida en la que, según contó el propio creador sus personajes principales, Spaghetti Kid y Fideo Jack, están inspirados directamente en dos de los actores fetiche de Leone, Clint Eastwood y Lee Van Cleef.
El programa siguió su orden lógico y llegó el turno del guionista y director Guillermo Zapata, conocido en el mundo del corto por conseguir un hecho insólito: gracias a la difusión gratuita en Internet, utilizando dos armas como son la Creative Commons y el portal Youtube, ha convertido en sendos éxitos de público sus trabajos en dos de las piezas cinematográficas de corta duración. Tanto es así, que está a punto de llegar a los 90 millones de visitas. Zapata proyectó ‘Lo que tú quieras oír’ y ‘Todo va bien’. El primero es expuesto como drama costumbrista, sobre una ruptura telefónica, sobre ese terrible “ya no te quiero” más bronco y egoísta que existe, el del refugio de la distancia, sin dar la cara, escapando al término de una pareja. Zapata se sumerge en el desconcierto emocional que supone la renuncia de un segmento de la relación y la consecuente destrucción de una vida en común para dar paso a la soledad imprevisible. La agonía de la incomunicación y la tristeza del abandonado dan paso a la manipulación de una realidad injusta para convertirla en una hermosa mentira que permita el poder sentir el recuerdo extinguido que nunca volverá y poder contestar a aquello que no se ha podido adecuadamente, con dignidad.
Por su parte, ‘Todo va bien’ encuentra puntos en común en el desengaño y la falta de comunicación. Aquí, Internet, el medio que tanto le ha reportado a este valor cinematográfico de sólidos pilares dentro del mundo del guión (trabaja desde hace tiempo en la televisiva ‘Hospital Central’), es el elemento fundamental para narrar, con un reconocible estilo cercano, la historia de dos personas, un hombre y una mujer, anclados en una rutina que ha transformado sus respectivas vidas en una absurda redundancia de insufrible monotonía. Seres desorientados en busca de una salida, que necesitan una novedad en su vida para acabar con ese hastío que les coarta.
Eva Gallego llegó con un solo cortometraje. Pero tampoco hizo falta mucho más. Su ‘Normas de la casa’ es una bella historia llena de dolor e incomunicación, al igual que Zapata, pero con otro estilo algo más preciosista y vinculado a la emocionalidad de las imágenes. Su corto aborda la incomunicación, la soledad y los caprichos del imprevisible destino. La historia gira en torno a un hombre triste, de oscuro pasado, que ha cometido el terrible y atroz delito de matar a la mujer que amaba. Desesperado y a punto de cometer otro acto peor, encuentra en la voz de una teleoperadora que trabaja para una empresa que ayuda a la gente a suicidarse, el escollo al que sujetarse, una luz al fondo del túnel. Bajo un sobrio B/N, Gallego se escuda en las loables interpretaciones de Félix Corcuera y Andrea Lebeña para conmover con esta historia de encuentros, de necesidades y de comprensión.
Miguel Á. Escudero, por su parte, dosificó la contundencia de ‘Mala sombra’ con el curioso documental ‘Binomio’. El primero comienza, literalmente, con dos chavales partiéndose la cara encima de un ring bajo unas melódicas notas. El boxeo juvenil es el centro de este trabajo que reflexiona sobre las decisiones de la vida, la nobleza y la filosofía al que conlleva el sufrimiento ante los obstáculos de la vida. Con una precisión visual matemática, Escudero expone sus mejores armas en una atmósfera y un montaje que se delimitan a las grandes interpretaciones de Adrián Gordillo y del veterano Txema Blasco. ‘Binomio’, por su parte, se muestra como un documental sobre los únicos siameses adultos de España, Cosme y Damián. A lo largo de imágenes, documentos, apariciones televisivas y entrevistas, el espectador entra de lleno en el día a día en la vida familiar y profesional de estas dos personas unidas para siempre en un canto a la independencia y a la libertad, aún en condiciones imposibles para darse.
La noche del jueves acabó con la proyección de dos de las obras de Alfonso S. Suárez. ‘El corazón delator’ se inspira en la obra homónima de Edgar Allan Poe para adentrarse en la oscuridad de la visita de un hombre a su hermano. Ambos empiezan a recordar su pasado común, pero una misteriosa llamada de teléfono en plena madrugada rompe la placidez del encuentro. Es cuando descubrimos que la visita tiene un objetivo; saldar una deuda con la locura y con el pasado. Bien podría definirse este impecable trabajo como un homenaje no ya a la literatura del autor de ‘El Cuervo’, sino como un nostálgico episodio de ‘Historias para no dormir’. En apenas diez minutos, Suárez convoca el clasicismo tenebroso del género, la oscuridad del gótico de luces y sombras para narrar, por medio del protagonismo absoluto del mítico Paul Naschy (hay que reconocer que su partenaire Eladio Sánchez poco tiene que hacer ante la gran interpretación del mito del terror patrio), que es el punto clave para que este trabajo se sitúe en un nivel superior. Incluso el doblaje, por parte de Javier Franquelo y Francisco Hernández, le da una sensación de claustrofobia y regusto arcaico del que se aprovecha el cortometraje.
Siguió, para acabar la noche, ‘…Y del Hijo’ es una ofrenda al mundo teatral, pero también a los sentimientos, a la relación paternofilial abandonada, a la relación que tiene la ficción y la realidad. Es la historia de un actor está interpretando una obra de teatro en la que un hombre se obsesiona con la idea de no haber podido hablar con su padre por última vez. Cuando regresa al camerino, aparece su auténtico padre, al que nunca había visto. A través de ella, viajamos a un emocional estado de sorpresa, la del padre y el hijo reencontrados en una extraña situación de paralelismo ficcional. De nuevo, Suárez, sabe sacar partido al montaje y a la interpretación, en esta caso de Avelino Arias y, de nuevo, Eladio Sánchez.
Viernes 3 de octubre
El último día aguardaba la sesión más larga de toda la Muestra. Y esta sensación de durabilidad vino a ceder el aplomo del primer realizador de la noche. Lino Escalera mostró dos trabajos de ambiciosa factura, pero que como comienzo, dado su excesivo metraje, no concilió todo lo que se espera de un buen arranque de fiesta final. ‘Espacio 2’, el primer trabajo exhibido, bien podría haberse titulado ‘Despacio 2’. El tempo que el director otorga a la narración, aplacado en la pausa, en el detalle, en los tiempos muertos, en las miradas y en la disposición temporal no contribuyen al interés de un trabajo que, con la mitad de tiempo, podría haberse convertido en la controvertida, apasionada y provocadora cinta a la que aspira ser. Una historia de desengaño vista desde los ojos de un ser que sufre la monotonía, la soledad de una parte de la pareja y que encuentra su momento en una fiesta donde, de nuevo, se vuelve a sentir relegado.
Correctamente dirigido, mejor interpretado, lo mejor de este cineasta que declaró ‘in situ’ “que no quiere volver a dirigir cortometrajes porque en realidad lo único que le importa es el largometraje como género”, llegó con ‘Elena quiere’, otro corto de excesivo metraje, pero que encuentra muchos factores a su favor como para pasar desapercibido. Primero, que la realización de Escalera es intachable, con un montaje milimétrico. Segundo, que posee una de las mejores direcciones de fotografía vistas en un trabajo nacional de corta duración en muchos años, gracias a la soberbia labor del siempre magistral Unax Mendía. Y tercero, las encomiables interpretaciones de Víctor Clavijo y Marta Belenguer en otra historia de soledad e incomprensión, donde una triste mujer se arrastra en busca del perdón en una fría noche en la ciudad. La descripción de los lugares, las miradas, los silencios y el rechazo aturden en un bello poema a las segundas oportunidades. Un corto fantástico, sin duda alguna.
El valenciano David Moreno brindó ‘Happier?’ y ‘Unday’ (parte 1 y parte 2), dos cortometrajes que responden a una misma historia, pero que el realizador diferenció enfatizando que “son dos cortometrajes distintos”. Ambos narran las complejas relaciones paternofiliales a través del enfrentamiento dialéctico entre un padre y un hijo, con la barrera de la alejamiento que les separa, con el trauma de enfrentarse a los defectos de uno por parte del otro. Es la descripción de un trauma marcado por la distancia, desde dos puntos de vista; ‘Happier?’ en la metáfora de un atasco automovilístico que representa el lapso que atraviesan un padre y un hijo que reacciona ante una explosión de ira de su progenitor, sacando a la luz todo lo que siente respecto a él, haciéndole ver lo que piensa sobre la agresiva actitud de un padre que esconde en ese enfado problemas mucho mayores.
En su versión cinematográfica, rodada en 35 mm., Moreno merma la edad del hijo, en la piel de un estupendo descubrimiento, el del niño actor Edgar Blanco, en una progresiva pugna ante un padre interpretado con soltura y devoción por un entregado Javier Batanero, en un reto interpretativo donde la dirección de Moreno va cadenciando el ritmo dramático de la historia, alcanzando un clímax en el que el choque entre el pequeño y su padre va perdiendo la posibilidad de acercar a su hijo a ese futuro que es tan desigual para ambos. La ternura con la que Moreno acomete ambos proyectos se nota en sus resultados. Son dos piezas ejemplares, en cuanto a su aspecto técnico, como el interpretativo. Ambos disertan sobre un día en que ya nada volvió a ser lo mismo entre estos cuatro personajes que, según indicó el joven cineasta, responde a una experiencia biográfica.
Pocas cosas buenas se pueden decir del trabajo como director de Iván Sáinz-Pardo. La convicción y pureza visual que desprenden sus obras hacen evidente que estamos ante uno de los grandes autores cinematográficos del panorama español. Sus cortometrajes son obras de arte, imbuidas en la inalcanzable disposición de un cineasta total. Sáinz-Pardo, que ya estuvo presente en la primera edición de La Audiencia, presentó dos piezas menores, trabajos que amplifican la diversidad de este director madrileño. ‘La Marea’ desprende un sugerente enigmatismo argumental, capaz de desbordar los sentidos, en una extraña fusión de suspense y sensibilidad del lado más oscuro del hombre, que explora un complejo tratamiento de las relaciones humanas, siempre adentrándose en el espacio del subconsciente y los sueños, del misterio de la vida y la pérdida de la amistad. “Cuántas veces tenemos que morir… para llegar a ser quiénes somos” era la inquietante leyenda que aparecía en su trailer y evidencia el complejo entramado de una obra hipnótica. Junto al gran Jim-Box y el alemán Dirk Soldner, convida al misterio de una pieza de poderoso sortilegio. Un corto realizado sin ningún tipo de presupuesto (otra de sus muchas virtudes), un trabajo poco convencional y a contracorriente, que funciona como poética rapsodia de la vertiente menos conocida del ‘cine de guerrilla’ de Jim-Box (que ofrece aquí algo antagónico a lo que el espectador está acostumbrado) y la artística omnisciencia del duplo Sáinz Pardo & Soldner.
También se pudo ver los primeros 11 minutos de la serie inédita ‘Die Schöne und der Mörder (La bella y el asesino)’ para la productora alemana Hoffman & Voges y el canal de televisión PRO7, un proyecto televisivo que, pese a lo conocido de su argumento (vendría a ser una revisión teutona de ‘El Silencio de los corderos’), exhibe el talento visual con el que Pardo acomete todos sus proyectos, en una mixtura de elegancia, talento e intuición visual que sólo él sabe dotar a sus trabajos.
Si por algo se ha caracterizado David Planell a lo largo de su granada y premiadísima trayectoria como cortometrajista es por la maestría con la que dirige a los intérpretes de sus trabajos. Tres fueron los cortometrajes que pudieron verse dentro de esta III Muestra de La Audiencia: ‘Banal’, ‘Ponys’ y ‘Subir y bajar’. En todos ellos, la magnitud que se desprende como director de actores y actrices, de la ternura con la que cuida los diálogos y la afectividad con la que los intérpretes dotan a sus personajes, entrega al espectador una satisfacción compartida, valedora de un reconocimiento traducido en trabajos de una enjundia más que sobresaliente. ‘Banal’ se recrea en el diálogo por parte de una hija y un padre que empiezan a unirse tras una conversación que, en boca de Barbara Muñoz y Joaquín Clement, se cristaliza en contigüidad respecto a los personajes, acercándonos a sus aprensiones y anhelos. Planell sabe absorber con delicadeza la sensibilidad que anida en unos caracteres arrolladores y en la naturalidad con la que se desenvuelven delante de la cámara.
Ejemplo de ello es ‘Ponys’, donde la exhibición de talento por parte de sus tres actrices, Marta Aledo, Natalia Mateo y Esther Ortega, atribuyen a un corto sencillo y basado en los diálogos, en un espacio que no disimula la intención del realizador por concretar el interés en su hondura psicológica y su tonelaje satírico. Tres amigas inician una conversación intrascendente sobre recuerdos vergonzosos de su pasado. Lo que parece un divertido juego se acaba por convertir en ataques envenenados que deviene en incómodo descubrimiento de sus respectivas miserias.
Planell no utiliza alardes visuales, su cine es un cine cercano, que se sustenta en la efectividad de sus mejores armas dramáticas ya citadas. ‘Subir y bajar’ es una contundente pieza rodada con una cámara no profesional, sin atender a cuidados fotográficos. Sin embargo, no importa en absoluto. Lo que realmente importa aquí es narrar una conversación entra una mujer acosada por su marido a través del telefonillo del portal. La gran interpretación de Irene Anula transmite el miedo y la angustia de una mujer que no logra evitar un momento de debilidad. Magnífica selección de trabajos de un director con sorprendente potencial y habilidad cinematográfica que manifestará en el debut de su largometraje ‘La vergüenza’.
La noche se cerró de forma inmejorable con ‘Test’, primer trabajo tras las cámaras de las actrices Natalia Mateo y Marta Aledo. Un ejemplar trabajo en el que la sencillez de una idea y su cristalización imponen la lógica de la grandeza que tienen aquellos trabajos destinados a ejercer una mágica afinidad sobre el público. A través de las reacciones de cuatro mujeres que acaban de hacerse el test de embarazo, asistimos a pequeños fragmentos de sus vidas, en un instante trascendental, cuando la alegría, el desinterés, la sorpresa y la casualidad unen a todas ellas con una noticia que les cambiará la vida para siempre. Un cortometraje lleno de ilusión, que ha sido además de rodado por estas dos fantásticas actrices, interpretado por mujeres y elaborado hasta su estreno por un equipo técnico exclusivamente femenino. Hay que destacar un elenco formado por Ana Wagener, Pilar Castro, Sandra Farrús y Nadia de Santiago que ayudan a que el corto sea una pequeña pieza de brillantez adorable.
Un año más, la Audiencia ha respondido a las expectativas siguiendo un objetivo que este año se ha vuelto a ver superado; la evolución de una muestra destinada a albergar a las más destacadas figuras del mundo del cortometraje. En esta III edición, la congregación de talento y el consabido ambiente de cordialidad entre realizadores y público volvió a repetirse. La Audiencia sigue creciendo en su idea de hermoso proyecto donde la competitividad se queda a un lado, ensombrecida por el buen contexto que se da en una muestra que seguirá dando lo mejor, como hasta ahora, de un orbe cortometrajístico que encuentra en esta iniciativa un marco incomparable para la unión colectiva de todos aquellos que pasan por esta entrañable cafetería a disfrutar de los cortometrajes. Independientemente de la condición de director o público. Es lo grande de la muestra. Y así seguirá siendo.
Hasta el año que viene.