martes, 30 de septiembre de 2008

Review 'Wanted (Se busca) (Wanted)'

Entre la pretensión y el apático delirio visual
Sustentada en la sofisticación y sus numeritos de acción a golpe de ralentí y aceleración inmediata, Timur Bekmambetov desperdicia la obra de Mark Millar para ofrecer un vacuo espectáculo sin ningún tipo de atractivo.
Para el cómic ‘Wanted’, uno de los mejores y más aclamados guionistas del universo de la viñeta, el británico Mark Millar, aportó una controvertida novela grafica que tenía como esencia la destrucción de los cánones habidos y por haber con el protagonismo único de un mundo en el que los superhéroes no existen y sólo hay cabida para los antagonistas del Mal, los supervillanos, en una contestataria y transgresora historia donde la moralina, el comedimiento y el mensaje escapaban a cualquier discurso panfletario o coyuntura discursiva. El cómic de Millar (en conjunción con J.G. Jones y Paul Maounts) se sustenta así en la anarquía como motivo de conducta, en una trama llena de acción y ultraviolencia.
El filme del ruidoso director ruso-kazajo Timur Bekmambetov plantea un inicio casi calcado a las escandalosas viñetas, describiendo (a imagen y estructura de las páginas tebeísticas) el día a día de Wesley Gibson, un joven gris y anodino que ve cómo su vida se consume en la frustración y la cotidianidad de un trabajo como contable en el que es puteado por una oronda y autocrática jefa. Mientras, su mejor amigo se folla a su novia y su cuenta corriente está vacía. Cuando la resignación parece ser la elección más fácil, una Organización secreta de Asesinos profesionales le revela que es el primogénito de un famoso villano del que hereda una enorme suma de dinero y la capacidad de poder matar con técnicas prácticamente sobrehumanas. Hasta ése momento, más o menos, todo parece ir por su cauce en términos de fidelidad, pero muy pronto el ‘Wanted’ cinematográfico se disocia eliminando de su trama lo más atractivo del cómic de Millar; un mundo donde los superhéroes han sido aniquilados y los supervillanos actúan con impunidad en una sociedad totalmente corrupta que permanece ajena a las barrabasadas de estos villanos.
Para Michael Brandt, Derek Haas y Chris Morgan (es inconcebible que un guión de, digámoslo ya, una adaptación tan pobre, se haya utilizado a tres guionistas) el elemento referencial es el de ir desgranando el caudal de ira rutinaria al que es sometido el personaje principal como catalizador de una explosión de violencia y adiestramiento de un pringado convertido en una máquina de matar. El prólogo anuncia una narración sin freno, dinámica, que predice una obra llena de furia y acción, de divertimento sin límites con una narrativa expedita, netamente de montaje, con efectos especiales puestos al servicio del arrebato visual. Nada más lejos de la realidad. De pronto, el filme deja a un lado el cómic y plantea su propia historia. Lo que debería haber sido una película de inspiración nihilista llevada al límite del espíritu de obras literarias de autores contracorrientes como Chuck Palahniuk, Easton Ellis o Frédéric Beigbeder se transforma en el enésimo facsímil y simulacro de los rudimentos ‘The Matrix’ y toda la pseudoescuela estilística creada a raíz de la obra cumbre de los hermanos Wachowski con intencionales referencias a ‘El Club de la Lucha’.
Wesley Gibson ya no es el heredero de unos superpoderes que se pone al servicio de una organización dominada por supervillanos en un mundo donde los superhéroes existen solo en los comics y que albergaba una esencia perturbadora y lasciva donde destacan nombres de malvados como Cabeza de Mierda, Subnor o Johnny Dos Pollas, ni hay un antagonista a la altura como Mr. Rictus, sustituido por un inoperante Sloan al que da vida Morgan Freeman. Asimismo, la fraternidad de asesinos que se odian entre ellos y les une la animadversión por la raza humana se sustituye en su homólogo cinematográfico por un grupo de asesinos sin poderes que operan por designios del destino, determinados en sus objetivos por una máquina de tejer. Ahí es donde ‘Wanted (Se Busca)’ desperdicia el material precedente y se dedica a exponer torpezas y desaguisados varios.
Si en el cómic Millar juega con el concepto de antihéroe llevado hasta las últimas consecuencias, la película de Bekmambetov abandona cualquier signo humorístico y se deja caer en una apatía argumental que no encuentra ningún tipo de confidencialidad con el espectador, sometido al mero artificio. Lo importante aquí es que prevalezca el gusto por el exceso y por la pirueta visual de digitalizada impavidez, haciendo de este aspecto la única coartada con la que intentar ir abrumando al público, reiterando una y otra vez la esencia computerizada del medio, el bastimento de adrenalina sin gracia por medio de visuales secuencias en las que se desafía a la aerodinámica, dejando que la realidad de la física se tome como un juego (supuestamente) divertido. Y lo hace sin poder esconder su aplastante vacuidad y su ostracismo congénito, pese a su elevada sofisticación y sus numeritos de acción a golpe de ralentí y aceleración inmediata.
Si hubiera seguido por esos cauces, igual hubiera quedado como otra película con ínfulas de revolución dentro del género, pero lo peor de todo es cuando ‘Wanted (Se Busca)’ pretende volver a la esencia del cómic, a ese alejamiento de cualquier parámetro maniqueísta, pretendiendo proponer cuitas filosóficas y morales de altos vuelos, como esa analogía bíblica que expone a Gibson como un apóstol en el que su tarea no es interpretar el mensaje descifrado de un trozo de tela, sino cumplirlo. El material inicial ha pasado a ser una sucesión de paridas ridículas, en el reciclaje de idearios metafísicos que resultan no ya confusos, sino explícitamente banales, con frases estrambóticas que devienen en grotescas decisiones como la de destruir una fortaleza con mil ratas atadas a un explosivo cada una o giros argumentales que revelan la importancia paternofilial como signo de doble venganza. Es una película que se propone llegar muy lejos en un entorno donde términos como destino, identidad o justicia suenan tan superficiales que determinan el absurdo en el que se mueven constantemente unos personajes que reiteran su capacidad de hacer que una bala trace una curva imposible para impactar en su objetivo. Eso, sin duda, debe ser lo que más mola de todo.
Artificiosa y, por momentos, surreal, podríamos calificar este desaguisado como un soporífero mojón que parece no acabar nunca. Este amago de ‘blockbuster’ revolucionario en lo técnico y adulterado en lo visual no suscita un interés que no vaya más allá de verle el culo a Angelina Jolie un par de segundos y comparar las ganas que le pone James McAvoy por alejarse de sus dramas de época. Sin olvidar la desgana interpretativa de Freeman, Terence Stamp e incluso la propia Jolie. Tampoco ayuda mucho la indolencia con la que está filmada su aparatosa violencia explícita, ni su previsible desenlace. Incluso se permite destrozar la macarrada final del cómic por una apestosa moralina echa por tierra cualquier lógica, imponiendo, eso sí, la moraleja de asesinar como acto de realización personal, ego, autoestima, prestigio y distinción.
Se conoce que a Bekmambetov y a sus guionistas esta parte les encantaba y había que meterla como fuera, aunque no tuviera nada que ver con la perpetración respecto a la obra de Millar. Un hecho que no hace si no exponer los defectos de una inmerecida adaptación de uno de los mejores y más gamberros cómics de los últimos años. Sea como fuera, como película ajena al cómic y dejando a un lado comparaciones (por eso de que los dos medios artísticos suelen ser incompatible), si esto es una muestra de lo que el cine comercial de acción creado por la maquinaria ‘hollywoodiense’ puede llegar a ofrecer, apaga y vámonos.
Miguel Á. Refoyo "Refo" © 2008