viernes, 12 de septiembre de 2008

La Feria de Día de Salamanca, todo un éxito

Desde hace una semana, Salamanca vive sus particulares Ferias y Fiestas 2008. En esta ocasión, como viene siendo habitual, la atracción más llamativa y con más éxito no son los conciertos (de los que han destacado el de Muchachito Bombo Infierno, Gwendal y ayer Los Ilegales junto a los míticos Siniestro Total), ni la feria de noche, ni el paupérrimo catálogo de actividades diarias, ni siquiera por las deplorables corridas de toros que aglutinan a lo más granado de la prole salmantina con puro y peineta, la cremè de la cremè, en definitiva, el ascopénico espectáculo borreguil. El protagonismo de las Fiestas se lo lleva la llamada Feria de Día, las casetas, esas pequeñas sucursales de grasa y alcohol que suministran la gran pasión de cualquier celebración que se precie. Casetas que han ido evolucionando en su acomodo en zonas determinadas, donde abundan comensales y bebedores, curiosos ocasionales o aficionados diarios a este solaz entretenimiento que, pese a su lamentable fondo de intereses e hipocresía, dan vida y color a las Ferias.
La idea es la de un botellón colectivo, fraccionado en pequeños espacios que, en espíritu, esencia e imagen, representa esa actividad tan perseguida durante el año en esta ciudad universitaria; la de un grupo inmenso de gente reunida para beber, comer y más beber en plena calle, con la exención absoluta de normas o decoro. Es cierto que desde la última vez que este hecho fue comentado aquí, la cosa ha ido mejorando y hasta un servidor disfruta de la rapiña y el abuso por parte de la Asociación de Hosteleros Salamantinos, que ya han copado todos los palos de la baraja, haciendo usufructo de la tradición universitaria festiva y de la propia ciudadanía, pero también lo es aquel último párrafo de la reflexión sobre este fenómeno desde este blog; la deleznable hipocresía que se establece cuando la falsedad se alía con los intereses económicos, cuando los patronos del poder giran la cabeza ante las injusticias siempre y cuando les beneficien. Eso siguen las Ferias y Fiestas de Salamanca, por mucho que se disfrute del cotarro.