miércoles, 10 de septiembre de 2008

Hace seis años...

“Junto a Israel Seoane “Azazel” me quedo esperando a que llegue el generador, ése trasto que tantos problemas nos ha dado, dudando si tendría o no un estabilizador. Cuando lo traen, nos quedamos acojonados por sus descomunales dimensiones; parece el ataúd de un elefante. Lo probamos. Las cosas parecen comenzar bien. Como nos dijeron, está insonorizado. Y lo más importante, tiene el estabilizador de los cojones. Los chicos que conforman el equipo de cámara preparan y dejan en una siniestra penumbra lo que se hace llamar La Salle. ‘El límite’ está a punto de comenzar y siento sobre mí el peso del mundo, una especie de nervios incontrolables y un entusiasmo difícil de explicar con palabras. No me creo que vaya a empezar este sueño, este difícil y esperado proyecto que me está proporcionando el más arduo y provechoso adiestramiento que podía esperar. Comemos en la localización unas hamburguesas ‘made in Gema’ esperando a que esto dé comienzo…”.
Estas son las primeras palabras que aparecían en el diario de rodaje de ‘El Límite’, mi último cortometraje hasta la fecha. Si hace pocos días celebraba aquí mismo el nacimiento de este blog, tal día como hoy, un 10 de septiembre, comenzaba el rodaje de de pieza con desigual suerte. Después de un verano de trabajo sin freno, de colaboraciones y vértigos varios, daba comienzo el reto de crear un corto a la altura de las exigencias impuestas por un equipo que luchó hasta la extenuación para que las cosas fueran por buen cauce. Era 2002, año en el que se celebró la Capitalidad Cultural Europea de Salamanca. Hace ya seis de aquella odisea que se aleja en el tiempo y deja una herida cicatrizada en el recuerdo.
Hasta entonces, muchos han sido los proyectos que hemos manejado para mi regreso detrás de una cámara; ‘El reencuentro’, una historia romántica con fondo de terror demasiado costosa, ‘Una sombra en el espejo’, un pequeño ‘cyberpunk’ de apenas cinco minutos, ‘Día de campo’, inquietante historia de un dominguero o ‘Schmerzloss (The Painless)’, cinta de peleas ilegales con guión del gran Iván Sáinz-Pardo. Hasta un ‘western’ de terror acojonante en el que me hubiera gustado involucrarme de una forma más personal. Pero de todos hay uno que lleva estando latente durante largo tiempo: ‘KM.’, una extraña ‘road-movie’ que se está preparando desde hace tres años y que nunca se materializa. Es el trabajo que supone la vuelta, el ansiado retorno que no llega. Se trata de un cortometraje que está en el limbo por voluntades propias y ajenas, en una fase de absurda espera que nadie parece querer romper y cuyo máximo responsable soy, en último término, yo mismo.
Desde aquel rodaje, la necesidad, en forma de autoexigencia, ha ido convirtiéndose en una obsesión vital que cumplir, pero imposible de llevar a cabo (a excepción de las dos piezas para el festival de ESCORTO, de las cuales una logró dos premios). Si no se toman las medidas necesarias y se mueve a quien se tiene que mover, los sueños del pasado van empañándose y el paso del tiempo hace inquebrantable la frontera entre lo que se tiene y lo que se quiere, precisamente, uno de los temas principales de ‘El Límite’. Os dejo, eso sí, en exclusiva y en primicia absoluta y mundial, un avance de lo que será la web www.refoyo.com, a punto de ver la luz después de otra tortuosa y larguísima fase de hibernación. En esta ventana emergente tenéis todos los detalles de aquel maravilloso viaje a lo largo de cinco días con un equipo al que sigo adorando y añorando a partes iguales. Es un enlace provisional, así que si algo falla, sabed disculpadme.
Sin embargo, aquí estoy, seis años después, rememorando las sensaciones perdidas, casi borrosas, que supusieron la semana más feliz de mi vida. Y lo hago esperando retomar algún día la senda de lo que para mí fue lo más importante y que poco a poco va cayendo en la indolencia. Me refiero a recuperar ese estado de ánimo que muchos conocéis, ése afán por narrar historias. Con escepticismo, mirando hacia atrás, echo de menos aquel veinteañero que iba cumpliendo sus expectativas de forma paulatina. Lamentablemente, el estancamiento anímico y la falta de esperanza han ido mermando tanto el ímpetu que, simplemente, lo único que puedo hacer es asumirlo. Me he convertido en uno de esos personajes de mis propias historias sumido en la rutina que espera que algún día suceda algo importante. Y creo que ése no es el camino.
Aunque necesite de otros socios para sacar alguno de esos citados proyectos adelante, auguro un cambio de actitud, una próxima definición de objetivos. Me gustaría pensar que el resurgir está en el horizonte ¿Por qué no? 2009 suena muy bien para que las cosas cambien. Eso sí, es la última oportunidad.
Después de seis años... la espera debe acabar.