domingo, 10 de agosto de 2008

Empiezan los Mejores JJ.OO. de la Historia

Este fin de semana los JJ.OO. de Beijing han pasado a acaparar la atención de la prensa internacional y se han convertido en el acontecimiento del verano, en el tema fundamental a la hora de iniciar debates y comentarios sobre la actualidad que nos rodea. La ceremonia de inauguración sentó las bases de lo que va a ser el desarrollo de estas Olimpiadas: un país volcado con la minuciosa organización capaz de ofrecer una demostración de espectáculo visual y coreográfico jamás vista antes, de una perfección y articulación humana brindada al mundo como acontecimiento universal irrepetible. Es el primer ejemplo de un poder organizativo sin precedentes. Pekín (o mejor dicho, el Beijing que se ha puesto tan de moda), ha concebido una Olimpiada como una operación de lavado de cara a gran escala, tanto en el terreno deportivo como frente al mundo occidental, manifestando su potencial en los que serán, a buen seguro, los Juegos Olímpicos más grandes y mejor organizados de la Historia.
Extradeportivamente, está el tema sociopolítico que rodea el gigantesco acontecimiento deportivo; tras la espléndida cultura ancestral y el incitante patriotismo de China, se han subrayado las contradicciones que ocasiona la divergencia de la explosión tecnológica, casi futurista, de un país que pese a ser una de las potencias más ricas del mundo se sustenta en un sistema represor y despótico, que pretende ocultar la pobreza y miseria devenida en explotación laboral. China podría ser el ejemplo perfecto de progreso, si no fuera por la autocracia imperativa y el desprecio a los Derechos Humanos que propugna impíamente. Sin olvidar que estamos ante el país más nocivo para el medio ambiente, un tema que, para los mandamases chinos, es un incomodo invento de la prensa.
Sin embargo, por encima de todo ello, Pekín y China saldrán beneficias con estos Juegos que servirán al mundo como escaparate mundial. Se trata de no ensuciar en exceso la más importante, ecuménica y magna confluencia de deportistas y espectadores del mundo, que acopiará a lo largo de la próxima quincena grandes gestas a modo de victorias, derrotas, celebraciones y lágrimas amparadas en el espíritu del Barón Pierre de Coubertin. Es tiempo de consolidación o derrocamiento de héroes enciclopédicos. Es lo que debe sobresalir estos días. Lo que importa es destacar el trabajo, el esfuerzo y el sufrimiento de los atletas. En definitiva, apelar al espíritu olímpico donde lo que importa es participar y acudir a la reconducción del célebre “citrus, altius, fortius” como el eterno emblema de la superación deportiva y humana. Y a buen seguro que los logros de Pekín serán un ejemplo de ello.