jueves, 10 de julio de 2008

Review 'El Increíble Hulk (The Incredible Hulk)'

Enfatización de la diversión digitalizada
Louis Leterrier reformula la adaptación de la versión de Ang Lee olvidando la vena dramática y sostenida para ofrecer un espectáculo pirotécnico sin muchas pretensiones.
A muchos el ‘Hulk’ de Ang Lee les decepcionó, en parte, por la libertad introspectiva con la que se abordó al personaje creado para la compañía Marvel Comics en 1962 por Stan Lee y Jack Kirby. En una época de fiebre de adaptaciones del cómic a la gran pantalla, ‘Hulk’ emergió como una ‘rara avis’ dentro del género, ya que la acción y espectáculo que se esperaba de un poderoso rol como ese ente encabronado que se conoce en España como La Masa se vio restringido por una pátina de cine de autor y de intimismo soterrado que dejó a muchos con la sensación de una fallida perspectiva del antihéroe basado en la obra de Stevenson ‘El Extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde’.
El director de ‘Sentido y Sensibilidad’ y ‘La tormenta de Hielo’ se desmarcó de los preceptos del ‘blockbuster’ por los que se apostaba, convirtiendo el mito del cómic en una demostración personal de estilo. El resultado puede considerarse un tremendo error de cálculo, puesto que Lee no supo equilibrar la balanza entre el drama interno del personaje con el acercamiento a una estética puramente tebeística, al cómic como arte, pretendiendo adoptar el aspecto y los procedimientos narrativos del cómic al cine, abusando del ‘split screen’ a modo de viñetas o de la utilización del montaje fragmentado para ofrecer algo de epidermis ornamental para penetrar el único tema que al cineasta oriental parecía interesarle; la tragedia como concepto que se deriva del ser y de sus consecuencias. Vamos, que Ange Lee, en conjunción con sus guionistas, intentó zumbarle al espectador una soflama psicológica sobre el gigante verde, en una disertación sobre la relación paternofilial de Bruce Banner y su padre. De ahí que tal alteración en la aplicación natural de una adaptación de un tebeo como éste no fue entendida ni por parte de sus responsables ni por parte de un público que, obviamente, le dio la espalda a la película.
Con el control sobre todas las adaptaciones que lleven su sello, la Marvel Studios, con la intención de tener un mayor control creativo y de mayores ganancias, ha optado por no salirse de los márgenes de calidad y entretenimiento a los que van a acomodar a sus próximas franquicias, como lo ha demostrado con la apreciable ‘Iron Man’. De hecho, aquí Robert Downey Jr. hace un pequeño cameo como Tony Stark y se habla dentro del filme de un plan heroico que pertenece a un inminente Capitán América, personajes junto a Thor (de estos dos últimos ya se está preparando el correspondiente filme), formarán parte de la historia definitiva de cómic bajo el título ‘The Avengers’. La madre de las películas de superhéroes. O así lo están vendiendo.
‘El Increíble Hulk’ tampoco genera unas expectativas muy elevadas respecto a su predecesora, situándose como mero espectáculo que comienza introduciendo de forma breve y diligente el origen y maleficio del héroe, en unos títulos de crédito aprovechados con gran capacidad de síntesis. Con esto, la historia arranca en Brasil, donde Bruce Benner busca la curación que detenga los efectos que la sobreexposición de rayas gamma y librarse del monstruoso alter ego en que se convierte cuando su ira aflora al exterior. Tampoco faltan en escena los personajes de Betty Roos, la mujer que le robó el corazón y de la que se alejó para no hacer daño y el padre de ésta, el General Thunderbolt Ross, que logra junto a un agente de la KGB, Emil Blonsky, crear otra criatura similar a Hule exponiéndole a una dosis superior de la radiación que convierte a Banner en la bestia verde.
Con esto, lo que deja claro desde su inicio es que este producto no se trata de una secuela, ni de una prolongación de las desventuras de Bruce Banner, sino que la nueva derivación de Hulk, como una revisión en toda regla que ha sido creada para impugnar y disentir sobre el trabajo de Lee, recusando su adaptación hasta el transformación. El filme de Louis Leterrier se sitúa en las antípodas de su antecesora, más cerca del remedo de la serie televisiva de los finales de los 70 protagonizada por Bill Bixby y Lou Ferrigno para sostenerse a lo largo de toda la trama en una descarada enfatización por el espectáculo devenido en agradecidas persecuciones, acción desbordante y esa abrumante pelea final entre la Masa y Abominación, en una disposición por dilucidar a trazos de brocha gorda sobre el drama interior del científico, sabiendo introducir las enorme separación entre este producto con el primer acercamiento de ‘Hulk’, tanto en sus recursos estéticos como en los conceptuales.
Bruce Banner toma los rasgos de un actor como Edward Norton, que introduce al rol como un hombre sometido a un férreo autocontrol, delimitando esa condición de mártir como única abstracción personal del antihéroe, jugando incluso a darle un cierto toque de humor con respecto a los pantalones de Hulk, algo que siempre se ha preguntado el lector del cómic, que alude obligatoriamente a su inhibición sexual. A medio camino entre el mito de ‘Frankenstein’ y ‘La Bella y la Bestia’, la historia de amor y distanciamiento entre Banner y la bella Ross se resiente por la inundación de las implacables y grandilocuentes fugas de Banner.
Cierto es que este nuevo Hulk acaricia en muchos instantes la mediocridad, cayendo en ella aunque sea de forma fugaz, pero lo más destacado es que el filme del cineasta francés sabe estabilizar su acción pirotécnica con un fondo existencialista que no molesta, pero que, obviamente, resulta bastante rácano en márgenes para la profundidad dramática. ‘El Increíble Hulk’ mantiene un ritmo que es, en todo momento, el salvoconducto de una película veraniega que funciona discretamente, como un videojuego de calculada seguridad, echando en falta algo más de espesor en todas su esferas. Es insuficiente como filme, pero se suple con una loable consecución del sentido de la diversión digitalizada que se requería para la función, ciñéndose a sus propias reglas y convenciones genéricas.
Lo mejor, sin duda alguna, es un Edward Norton que no escatima en talento a la hora de abordar el perfil de Banner, en una esforzada atribución interpretativa digna de elogio, restada en todo momento por la irrupción del ente digital, que parece sustraer la esencia humana que el actor otorga a su rol. ‘El Increíble Hulk’ es, por tanto, un espectáculo ágil y hacendoso al que no se le puede reprochar su absoluta condición de ‘blockbuster’ de esta época del año.
Miguel Á. Refoyo "Refo" © 2008