lunes, 7 de julio de 2008

Histórico espectáculo en Wimbledon

El deporte español está de enhorabuena. Si hace unos días la selección española de fútbol se proclamaba campeona de Europa rompiendo una racha de 44 años sin conseguir un título continental, ayer, Rafa Nadal, más acostumbrado a la victoria y a las alegrías deportivas para la multitud, fulminó otra mala período de sequía; los 42 años que separaban la última vez que un español, en aquélla ocasión Manolo Santana, del triunfo en Wimbledon (4-6, 4-6, 7-6, 7-6 y 7-9) en un partido legendario donde dos de los mejores tenistas de todos los tiempos demostraron una fuerza física imponderable, dos titanes de la raqueta dando lo mejor de sí mismos en más de cuatro horas de un encuentro que será recordado por durante décadas.
Roger Federer no pudo con un titán en estado de gracia. El hasta entonces cinco veces ganador de este celebérrimo torneo londinense, luchó hasta el desgaste en pos de remontar a un adversario que casi desfallece por culpa de su maltrecha rodilla, levantando tres bolas de partido y reiterando lo que bien sabe hacersolfa de ‘aces’ que éste está acostumbrado. Rafa Nadal, por su parte, hizo uno de los mejores partidos que el aficionado recuerda. Simplemente admirable. Un choque a muerte, de sudor y lágrimas, de tensión insostenible, donde sobrevivió el que más ímpetu tuvo para darlo absolutamente todo. El sufrimiento, la parte técnica y el tesón extenuante fueron ayer el mejor aliado del más perfecto tenista que ha tenido España en toda su Historia.
Es cuestión de un breve periodo de tiempo que se haga oficial. Todos los saben. Pero ayer se reafirmó que el trono que aún regenta Federer tiene ya un heredero natural. Nadal es, hoy por hoy, el mejor jugador de tenis del mundo, por encima del actual número 1.
Y que sea por muchos años.